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| 6/10/1996 12:00:00 AM

LA GUERRA DEL GOLFO

GUERRILLA Y PARAMILITARES DESATAN LA GRAN GUERRA EN URABA, MIENTRAS EL ESTADO PERMANECE DE ESPECTADOR Y LA POBLACION CIVIL MUERE EN EL FUEGO CRUZADO

LA GUERRA DEL GOLFO LA GUERRA DEL GOLFO
La semana pasada se habló mucho de Urabá pero, curiosamente, la discusión estuvo centrada en una hipotética guerra de invasión de Estados Unidos y no en la guerra real que se está librando en esta zona entre guerrilla y paramilitares y que ha dejado ya 165 muertos en los últimos 10 meses. El asesinato de 16 personas el pasado 5 de mayo en los corregimientos de Pueblo Bello y Alto de Mulatos en el Urabá antioqueño no fue un episodio más de la guerra a la que tristemente ya está acostumbrada Colombia. Esta masacre por parte del V Frente de las Farc, tenía como fin cobrar una incursión de los paramilitares a un campamento de la guerrilla hace dos meses. Más de 180 hombres, pertenecientes a dos grupos de las autodefensas, según se dice financiados por algunos ganaderos de la región, se trasladaron hasta un campamento guerrillero en la frontera con Chocó y en un enfrentamiento directo con las Farc prácticamente exterminaron el centro subversivo. Este asalto y la retaliación que vino después marcaron una nueva etapa en la vida de Urabá. Según un miembro de los paramilitares que habló con SEMANA, "desde este ataque guerrillero la guerra va a tomar otras dimensiones. La guerrilla penetró un área que ya estaba conquistada por nosotros y ahora tendrán que pagar de la misma forma ". Pero la historia no empezó el pasado 5 de mayo y seguramente tampoco terminará ahí. La guerra por el dominio territorial ha tenido en Urabá varios capítulos. El primero de ellos fue entre los trabajadores de las fincas bananeras y sus patronos. Después entre las Farc y el EPL por el control de los sindicatos bananeros. Vinieron luego los grupos paramilitares, surgidos como reacción a la guerrilla y los asesinatos colectivos que enmarcaron la violencia de los años 88, 89 y 90. Cuando el EPL se desmovilizó en 1990, Fidel Castaño, jefe paramilitar de la zona también entregó parte de su ejército, pero las Farc enfilaron entonces sus baterías contra los reinsertados de Esperanza, Paz y Libertad a los que nunca perdonaron su traición al movimiento guerrillero y a quienes veían como una seria amenaza para sus intereses políticos. Con la reactivación de la disidencia del EPL en el norte de Urabá a finales de 1991, los paramilitares volvieron nuevamente a la escena. Continuó la violencia, pero las nuevas características de la guerra sólo empezaron a hacerse evidentes el 12 de agosto pasado, cuando lista en mano, un grupo de hombres armados irrumpió en una taberna de un barrio de invasión de la Unión Patriótica en Chigorodó y asesinó a 18 de los asistentes. Con esta masacre, los paramilitares anunciaron su ofensiva para apoderarse de la zona. La retaliación de las Farc no se hizo esperar y con ella se dio inicio a la que más tarde denominarían campaña por la 'Dignidad Guerrillera', cuyo objetivo, según las propias palabras de las Farc es acabar con "todo lo que huela a paramilitar, incluyendo ganaderos, políticos y militares". Desde entonces se ha dado una especie de ping-pong de nueve masacres más entre las Farc y los paramilitares. En ellas las víctimas han sido en la mayoría de los casos, trabajadores o habitantes de barrios de influencia de alguno de los bandos. En palabras del investigador de la Universidad Nacional, Alejandro Reyes, "Esta es una guerra de mensajes, donde cada masacre es un mensaje al adversario. Estamos frente a una disputa de posiciones en términos de estrategia militar". Según algunas interpretaciones, el último de esos mensajes habría sido precisamente el atentado con un rocket contra Aída Avella en Bogotá, el pasado martes, del que la concejal de la Unión Patriótica se salvó milagrosamente. Después de la masacre de las Farc del domingo, los paramilitares habrían planeado una rápida y significativa retaliación que no fuera en Urabá, pues la semana pasada el general Manuel José Bonet, inspector de las Fuerzas Militares, realizaba una revista de inspección, y hacía difícil organizar cualquier tipo de operativo. Metro a metroDe lo que se trata esta vez, no es sólo del exterminio político del enemigo, sino de la disputa territorial de Urabá, metro a metro, entre las llamadas Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, lideradas ahora por Carlos Castaño, hermano menor de Fidel Castaño, y las Farc, a cuya cabeza se encuentra el legendario Efraín Guzmán, alias 'El Cucho' (ver recuadros). El problema es que ninguno de los dos bandos se va a dar por vencido fácilmente y que los dos están dispuestos a una guerra a muerte por el control territorial de la zona. Las Farc sienten que ese territorio les pertenece militar e ideológicamente. La explotación de la clase trabajadora por parte de los bananeros de la región fue aprovechada por las Farc para construir una base social que años después les sería de gran utilidad para apropiarse políticamente de la zona. Pero también tenían otros objetivos. De acuerdo con Alfredo Rangel, asesor de la Consejería Presidencial para la Seguridad Nacional, "la incursión de las Farc en Urabá también obedeció a una estrategia guerrillera de comienzos de los 70, cuando la idea era hacer un corredor desde Uribe hasta Urabá con el fin de tener acceso al mar y por ende, al mercado negro de armas". Y es precisamente este punto el que hace tan importante para la guerrilla esa zona. Al manejar militarmente el Urabá, manejan el sanandresito de las armas que ingresan por el mar y por Panamá.Los paramilitares, por su parte, tampoco piensan abandonar fácilmente un escenario donde tienen poco que perder y mucho que ganar. En un terreno que hasta hace pocos años era de dominio exclusivo de la guerrilla, han ido creando un enclave y desplazando a las Farc hacia el norte, poco a poco y con la ayuda tanto de los desertores de la guerrilla como de alguna gente del EPL a la que han convencido de que su verdadero rival político son las Farc y no los paramilitares. Castaño y su gente entienden que si acaban con el lugar clave para el suministro de armas de la subversión, le darían un golpe certero a la columna vertebral de las Farc. Se podría decir que Urabá hace parte de la mitología de este grupo guerrillero y que golpearlo en esta zona representa un golpe sicológico de gran envergadura, con el cual la moral de los combatientes se iría al piso.Hay serios indicios de que detrás de esta estrategia está también el propósito de los paramilitares de ampliar las fronteras de su área de dominio territorial, que ya abarca buena parte de Córdoba, Sucre, y el sur de Bolívar. Conocedores de la región aseguran que Castaño y sus hombres "son la retaguardia estratégica del cartel de Cali" y que uno de los objetivos de su ofensiva en Urabá es desplazar a la gente a punta de terror para poder comprar tierras que en un futuro se pueden convertir en unas de las más valiosas del país, dada la importancia estratégica de Urabá nacional e internacionalmente (ver recuadro). Para decirlo en pocas palabras, la dimensión de la confrontación es tal que guerrilleros, paramilitares y distintas fuerzas de la zona están convencidos de que el bando que gane la guerra en la región, la ganará en el resto del país. Tal y como le dijo el presidente saliente de Augura, Juan Diego Vélez, a SEMANA, "en Urabá hoy se está jugando la suerte de la guerrilla y de los paramilitares en Colombia".

En el centro de esta guerra sin cuartel, se encuentra una población civil inerme, cuyo único pecado en la mayoría de los casos, es estar en el territorio de uno u otro bando, lo cual la convierte en aliado natural de éste. Pero el problema, según expertos en la región es que, en una zona donde el Estado ha sido el gran ausente por muchos años, el Ejército _la mayor presencia de Estado que ha habido en Urabá_ no es percibido por una buena parte de la población como un Ejército imparcial, operante y respetuoso de la gente. Según palabras de los mismos pobladores de Urabá, ha sido un espectador pasivo que "solo viene a recoger los muertos". Es por esto que los ciudadanos están en manos de los paramilitares o en manos de la guerrilla. Los liderazgos civiles tienen poco eco y cuando lo logran, como el de la alcaldesa de Apartadó, Gloria Cuartas, sólo tienen un alcance limitado o pronto empiezan a ser desacreditados por los mismos actores del conflicto que buscan quitarles el piso político. Qué va a pasarEn medio de este desolador panorama, qué va a pasar en Urabá es todavía incierto. Son muchos los esfuerzos que desde distintos sectores de la sociedad se están realizando para que Urabá pueda finalmente vivir en paz. El reclamo por una mayor presencia del Estado con planes de desarrollo económico y social es unánime. En este sentido, no se puede negar que el gobierno nacional y regional están, desde distintos frentes, tratando de recuperar parte del tiempo perdido. Organizaciones como la 'Corporación Amigos de Urabá', así como la Comisión de Conciliación Nacional creada por el gobierno en agosto del año pasado, han trabajado también intensamente buscando alternativas. Pero la tarea no es fácil. El catálogo de propuestas es largo y va desde la iniciación de diálogos regionales, la búsqueda de una veeduría internacional para el conflicto, o la presencia de los cascos azules de las Naciones Unidas, hasta la creación de cooperativas de seguridad, el fortalecimiento de la presencia de las empresas antioqueñas en la zona y la implementación de una verdadera reforma agraria. Sin embargo, ninguna de ellas dejará de ser parte de un catálogo de buenas intenciones, si no se logra modificar la decisión de los dos principales actores del conflicto de continuar la guerra. Según el presidente de Esperanza, Paz y Libertad, Mario Agudelo,"el gran obstáculo para la paz es que se ha demostrado que el poder de los grupos armados es mayor que la capacidad de la sociedad civil de cerrarle el paso a los violentos". El Estado se ha visto desbordado por los grupos armados y no tiene capacidad para neutralizarlos.Para monseñor Isaías Duarte, hasta hace pocos meses obispo de Apartadó, lo primero que hay que hacer es "romper la espiral de que si se mata de un lado, hay que matar del otro" y empezar a trabajar intensamente en educar a la gente para la convivencia y la tolerancia. Es este precisamente el sentido de la campaña de 'No a la venganza' lanzada la semana pasada por la gobernación de Antioquia. Si con este u otro tipo de acciones no se logra detener el círculo inacabable de retaliaciones será imposible pensar en iniciar el camino hacia la paz. Y, como lo dijo el presidente de Augura, Juan Diego Vélez, "lo más grave no será lo que ya pasó, sino lo que falta por pasar". nSegún los pobladores de Urabá, la presencia del Estado se limita a que el Ejército llega a recoger los muertosn En Urabá hoy se está jugando la suerte de la guerrilla y de los paramilitares en ColombiaLa izquierdafraín Guzman, el comandante del V Frente de las Farc, es una de las figuras mitológicas de la guerrilla en Colombia. Es uno de los pocos fundadores de las Farc que aún sigue con vida. Lo llaman 'El Cucho'. Tiene cerca de 70 años y dicen que no ha bajado del monte desde hace por lo menos 25. La mayoría de las acciones de la guerrilla en Urabá son órdenes suyas. Incluso, en ocasiones hace caso omiso a las políticas del secretariado general. Es un viejo terco que usualmente está aislado de la base de combatientes. Su único trato con ellos es cuando da órdenes, generalmente inflexibles. Quienes lo han tratado afirman que siempre que habla deja sentir un leve tufillo a aguardiente. No es un hombre político sino más bien de formación militar. Y tampoco es un estratega. Sus acciones son casi siempre operativas y dicen que en eso no hay quien le gane. De acuerdo con las autoridades, su verdadero nombre es Noel Matta. Algunos reinsertados dicen que 'El Cucho' ya no conoce la realidad del país y eso, agregado a su escaso discurso político, es lo que ha hecho que cada día sea más radical en sus acciones militares para no tener el riesgo de perder el mando. La derechal igual que muchos de los jefes guerrilleros, Carlos Castaño es un hijo de la violencia. Nació en Amalfi, una población del nordeste antioqueño. A su padre lo secuestró las Farc y después lo asesinó a comienzos de los años 80. Tiene 35 años y se dice que desde 1994 está al frente del grupo paramilitar que opera en el noroccidente del país. Es el hermano menor de Fidel, ideólogo y lider del movimiento de Autodefensas de Córdoba y Urabá. Contrario a Fidel, Carlos es el relacionista público del grupo. Constantemente se reúne con algunos ganaderos de la región para realizar alianzas y conseguir apoyo económico. Siempre que llega a uno de los campamentos deja sentir su presencia de jefe. Su trato con la base es distante. Nunca se ha dejado fotografiar de nadie y sólo ha concedido una entrevista a la prensa, a Germán Castro Caycedo. En dicha entrevista confiesa que en alguna oportunidad tuvo entrenamiento por parte del Ejército, pero que después decidieron aislarse para combatir a la subversión con las mismas tácticas de la guerrilla. También dice que su lucha es más de venganza que ideológica. Quienes lo conocen saben que no descansará hasta ganarle la guerra a los grupos de izquierda.Para algunos, el atentado a Aída Avella fue una respuesta de los paramilitares a la masacre de Pueblo BelloUrabá en la mirauando la semana pa-sada algunos titulares de prensa hicieron mención a posibles maniobras del ejército de Estados Unidos en la frontera colombo-panameña, el tema de Urabá adquirió otras características. Los estudiosos del conflicto social de esa zona y algunos dirigentes políticos consideraron que ya no sólo se trataba de una guerra interna entre paramilitares y guerrilleros, sino que también de un asunto de soberanía colombiana en esa región, frente a la posibilidad de una agresión militar de EE.UU. Aunque la teoría de una invasión a Urabá se tomó como una exageración de algunos sectores y las supuestas maniobras militares fueron negadas por el propio embajador norteamericano, Myles Frechette, el tema quedó sobre el tapete.Y es que si se tiene en cuenta que el embajador de EE.UU. en Panamá, William Hughes, declaró a los medios que en la zona fronteriza con Colombia, el narcotráfico tiene montada una gran infraestructura de 200 pistas clandestinas, la intervención del gobierno norteamericano en esa zona para combatir el envío de droga, no suena tan descabellada. Así lo recalcó el senador Fabio Valencia el pasado 7 de mayo en un debate sobre el tema en el Senado. "En países como EE.UU hace cada vez más carrera una teoría que habla de la extraterritorialidad de la ley _dice Valencia_. Desde esa concepción, EE.UU estaría supuestamente facultado para intervenir más allá de sus fronteras y para hacer cumplir la ley estadounidense cuando las autoridades del país en donde ocurren esas violaciones no están en capacidad o no demuestran voluntad de cumplirlas. Esa fue la justificación legal de EE.UU para su intervención en Panamá".Según esta interpretación, Urabá se puede convertir en otra piedra en el zapato en las relaciones entre Colombia y EE.UU. Incluso hay quienes piensan que no sólo por las actividades de narcotráfico en la zona es que los norteamericanos podrían intervenir militarmente en la frontera. De acuerdo con Alejandro Reyes, investigador de la Universidad Nacional, los desplazamientos de campesinos hacia la región del Darién ocasionados por el conflicto en Urabá, podrían terminar propiciando una intervención norteamericana. "Ante una movilización de esas características los soldados norteamericanos podrían terminar cuidando la frontera _dice Reyes_. Y si a algún frente de las Farc le da por hacer un ataque antiimperialista y mata por casualidad a un marine, EE.UU. tendría la disculpa perfecta para ingresar a territorio colombiano".Aunque Reyes aclara que se trata de una eventualidad, también asegura que es un ejemplo claro de cómo EE.UU podría aprovechar la coyuntura de la guerra de Urabá para meterse en una zona que es de gran importancia geopolítica y estratégica. La posibilidad de construir allí un canal interoceánico y un puerto marítimo está cada vez más cerca. Adicionalmente, la productividad de la tierra y la biodiversidad de la zona del tapón del Darién, convierten a Urabá en una región en la que más de una nación tiene los ojos puestos. Lo paradójico es que Colombia no parece darse cuenta de lo que tiene en Urabá y lo está dejando morir.

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