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| 5/17/1993 12:00:00 AM

LA GUERRA ES LA MUERTE

En el humo del atentado de la 15 con 93 se esfumaron las posibilidades de entrega de Escobar, y ahora las autoridades sólo piensan en una solución definitiva.

LA GUERRA ES LA MUERTE LA GUERRA ES LA MUERTE
AL CAER LA NOCHE, LAS CALLES DE LA Ciudad se humedecieron con una llovizna. En la carrera 15 con calle 93 había culminado ya el levantamiento de 10 cadáveres y más de 100 heridos habían sido trasladados a hospitales y centros de salud. En la Casa de Nariño las secretarias del despacho presidencial convocaban uno a uno a todos los integrantes del consejo de ministros. El presidente Cesar Gaviria invitaba personalmente al fiscal deneral Gustavo de Greiff, al vicefiscal Francisco Sintura y al alcalde de Bogotá, Jaime Castro, para que estuvieran presentes durante la sesión.
A pesar de tratarse de un consejo de ministros extraordinario, nadie esperaba mayor debate, pues todos asumían que sería aprobado un paquete de medidas diseñadas en el curso de la tarde por la Fiscalía, el Ministerio de Justicia y la Secretaria Jurídica de la Presidencia. El retoque de algunos detalles del borrador de decreto demoró el inicio de la sesión, citada en principio para las siete de la noche.
Pasadas las ocho y media, Gaviria entro finalmente al salón del consejo y con unas breves palabras inauguró la reunión. Con ayuda del Fiscal, del secretario Jurídico Luis Fernando Uribe del ministro de Justicia Andres González, explicó el Contenida los propósitos de las decisiones sometides a consioderación de los ministros.
En términos generales, el Gobierno decidido por medio de Secreto expedito en el marco de la Conmoción interior, duplicar las penas por terrorismo que ahora podrán llegar hasta 60 años lo que equivale prácticamente a una cadena perpetua y eliminar las rebajas por confesión o entrega para los vinculados a acciones terroristas, de tal modo que sólo habrá reducción si el sindicado colabora con la justicia en la delación de los demás autores del crimen. Se considerará terrorista no sólo al que ordene colocar o coloque un carro bomba, sino a quien ayude a transportar el explosivo y a quien robe un carro con el fin de cargarlo de explosivo. Se busca con este conjunto de medidas que los sicarios del cartel que se entreguen o sean capturados y puedan ser procesados por terrorismo, delaten a los autores intelectuales ante la perspectiva de una condena de hasta 60 años sin posibilidad de rebaja si no contribuye a denunciar a los demás autores.

LA HORA DEL DEBATE
De parte de los ministros, consejeros presidenciales y secretarias no hubo mayores observaciones. El Fiscal y el vicefiscal también se identíficaron con las medidas. Fue entonces cuando pidió la palabra el alcalde Castro. Dijo, para empezar, que publicamente respalaría al Gobierno nacional en todas las medidas que adoptara, y que estaba de un solo lado, el de la aplicación de la ley. Sin embargo, agrgó que deseaba plantear ante el consejo de ministros "unas reservas reservadas" con respecto a todo lo que estaba ocurriendo, pues dudaba mucho de la efectividad que pudieran tener las medidas adoptadas.
Continuó su exposición asegurando que creía que Escobar estaba intacto y que lograba los objetivos terroristas que se proponía. Luego se refirió al Bloque de Búsqueda de Escobar y dijo que se hacía eco de los términos con que el Físcal se había referido a dicho grupo hace algunas semanas, cuando hablo de ineficacia, corrupción y cobardía", al responder a preguntas de los periodistas sobre las razones que en opinión del Fiscal había detrás de la no captura de Escobar.
Castro también cuestionó la labor de la policía y se quejó de la forma como Bogotá, a la que calificó como "ciudad ajena al conflicto", ha sido afectada este año por el terrorismo. La expresión de que la capital era ajena al conflicto hizo que la mayoría de los asistentes al consejo levantara la vista con rostro de sorpresa.
Finalmente el mandatario capitalino concluyó que, no tenía ninguna propuesta concreta para plantear al Gobierno nacional, esta convencido de que era necesario cambiar profundamente la estrategia, en particular en lo referente al frente operativo y de inteligencia.

RESPONDE GAVIRIA
Terminada la exposición del alcalde, hubo algún carraspeo de gargantas que fue interrumpido por el inicio de una nueva interverición del presidente Gaviria. Antes que nada, agradeció al alcalde "su franqueza". En tono fuerte, pero sereno, el primer mandatario empezó por aclarar que no podía permitir que las dudas planteadas por Castro quedaran sin respuesta.
En una exposición interrumpida de más de 20 minutos, rechazó la concepción sugerida por Castro. Comparó la situación actual de la lucha contra el terrorismo con la que se dio en 1984 cuando se inició la guerra contra Escobar tras el asesinato de Rodrigo Lara. En ese entonces, afirmó el Presidente, lo único que se tenía eran afirmaciones sin prueba alguna de que el jefe del cartel estaba detrás de los asesinatos. Según Gaviria, dicha situación se mantuvo esencialmente en el misíno nivel hasta 1991, cuando la creación de la Fiscalía permitió judicializar lo que hasta entonces no había sido más que informes de inteligencia sin mayor peso probatorio desde el punto de vista penal.
Gaviria también rechazó las críticas de Castro al frente operativo y de inteligencia. Aseguró estar de acuerdo en que es necesario seguir mejorando los resultados, pero aclaró que los centenares de miembros del cartel apresados o dados de baja eran prueba de que la estrategia estaba alcanzando importantes logros que hace apenas un par de años pocos creían que se pudieran dar.
Más adelante y en un tono realmente elocuente, habló de la situación del terrorismo en otros países del mundo. Citó a Inglaterra, cuyos cuerpos de seguridad son quizá los mejor preparados del planeta, y dijo que a pesar de ello los terroristas de Irlanda del Norte siguen colocando bombas en los grandes centros comerciales de Londres, sin que por ello alguien crea que el terrorismo le ganó la guerra a los ingleses, o que es necesario, por cuenta de un carro bomba, cambiar la estrategia. El Presidente mencionó luego el caso del World Srade Center, para decir que el país más poderoso del mundo, con servicios de inteligencia altamente preparados y sofisticados, no había podido evitar que en el corazón de su actividad financiera y empresarial, en su ciudad más importante, los terroristas colocaran una bomba 10 veces más grande que la de la carrera 15 con calle 93.
Para terminar, dijo que las medidas tomadas esa noche seguramente no obrarían milagros, pero que significaban profundizar la estrategia de fortalecimiento de la justicia, que era lo que había que hacer en vez de cambiar una política que había demostrado importantes resultados.
Un solo tema no fue respondido por Gaviria: el de que la capital era, en opinión del alcalde, una ciudad ajena al conflicto. Para referirse a ello pidió la palabra el ministro de Defensa Rafael Pardo, quien con su tradicional parquedad se limitó a decir que la visión presentada por Castro era la que correspondía "a quien piensa que la guerra que estamos librando es de otros".

¿QUE BUSCA EL CARTEL?
La sesión se levantó en medio de cierta tensión, y mientras el Ministro de Justicia y el Fiscal ofrecían a los medios una rueda de prensa, el saIón del consejo fue quedando vacío. Pero si en las altas esferas gubernamentales se había dado un debate sobre lo que estaba pasando y lo que se debía hacer, en el resto del país estaba sucediendo algo similar, pero no tanto en torno a la estrategia de lucha contra el narcoterrorismo frente a la cual hay tantas críticas como reconocimiento de que ha logrado desbaratar casi toda la organización de Escobar, sino con respecto a qué puede estar buscando el cartel.
Históricamente, Escobar ha tenido motivos suficientes para pensar que por el camino del terrorismo casi siempre se alcanzan objetivos. Sin embargo, ese camino, como todos, se agota. Y es posible que en ese orden de ideas, el carro bomba del jueves pasado tenga un significado terminal. No en cuanto a que vaya a ser el último, sino en el sentido de que después de su estallido es posible que nada de lo que fue la actitud condescendiente de autoridades y opinión pública para facilitar la entrega de Escobar y de sus hombres, vuelva a darse.
El terrorismo produce, casi siempre, un doble efecto de indignación y de intimidación. El caso colombiano no ha sido la excepción.
Desde cuando Rodrigo Lara fue asesinado, hace exactamente 10 años, las acciones narcoterroristas han desencadenado tanto miedo como rabia. Pero ese ciclo parece estar agotándose, para dar paso a uno en el cual el terrorismo cada vez más indiscriminado del cartel, produce sobre todo ira y no tanta intimidación.
En 1991, cuando estaban en pleno vigor los contactos con los abogados de Escobar para lograr su sometimiento y la liberación de secuestrados como Francisco Santos y Maruja Pachón, las acciones terroristas empujaron a autoridades y público en general a dar curso a amplias concesiones a Escobar y su gente. Pero hoy en día la opinión que tiende a ganar terreno entre muchos colombianos es la de que, después de todas las oportunidades que los hombres del cartel han tenido de someterse a la justicia en condiciones favorables, hechos como el del jueves úItimo, con dramas como el de la niña de siete años que murió destrozada mientras aguardaba a su padre en el carro, o el de los cuatro miembros de la familia Pinto de los cuales murieron tres, parecen marcar el cruce del Rubicón de tal modo que las concesiones que fueron tolerables en el pasado pueden haber dejado de serlo.
Esta actitud de seguro no toma por sorpresa a Escobar, y por eso mismo es difícil entender qué está buscando el cartel. Para definir el móvil del atentado, se barajan ya diferentes teorías (ver síguiente artículo).
Pero también es posible que tras el atentado solo se oculte el deseo de responder con la mayor de las fuerzas a la persecución diaria y sostenida que está sufriendo Escobar. Los úItimos atentados del cartel parecen escasos de táctica carecen del todo de estrategia. Los carros bomba son dejados no tanto donde los sicarios quieren sino donde pueden y los grandes objetivos de la organización, en el sentido de doblegar a la sociedad y someterla a sus designios, están hoy más lejos que nunca. Todo esto sin mencionar la respuesta que a cada acción terrorista del cartel le da el grupo de los llamados Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar), quienes a las pocas horas de la tragedia de la 15 con 93, quemaron algunas lujosas fincas de lugartenientes de Escobar y asesinaron, tras un breve secuestro, al abogado Guido Parra, a su hijo y a una tercera persona. Parra fue figura clave como vocero del cartel durante las fracasadas negociaciones que se adelantaron en forma secreta entre Escobar y el gobierno de Virgilio Barco.
Eso no quiere decir que más allá de los problemas que atraviesan Escobar y sus hombres, el narcoterrorismo no siga haciendo un daño inmenso. Un funcionario gubernamental comparó la situación del jefe del cartel de Medellín a la de Hitler en su bunker de Berlín durante los últimos meses de la guerra. "Aunque estaba prácticamente derrotado fue mucho el daño que alcanzó a hacer antes de caer, e incluso llegó a ordenar la total destrucción de París en medio de su delirio, pero por fortuna ya nadie le hizo caso, anotó la fuente.
Y si la situación de Escobar hoy es comparable con la de Hitler en sus últimos meses, la de Bogotá se parece cada vez más a la de Londres bajo los bombardeos nazis. Los habitantes de la capital cada vez sufren más, cada vez se indignan más, pero también cada vez enfrentan con mayor eficacia y solidaridad la emergencia desatada por los carros bomba. Gracias a la actuación de las distintas agencias distritales, es probable que se hayan salvado varias vidas, pues el traslado a los hospitales fue más eficiente que nunca. " No hay comparación-le dijo a SEMANA un funcionario distrital que lleva varios años en su cargo con la forma como la ciudad respondía a los carros bomba de la oleada terrorista de 1989 cuando por falta de planes de contingencia sucumbíamos ante el caos y solo después de un par de horas nos reponíamos y comenzábamos a actuar".

LO QUE VIENE
La gran pregunta es si el ciclo de actitud firme de autoridades y sociedad civil que parece haber marcado la reciente ola de acciones terroristas va a ser el último. A pesar de la indignación contra los narcoterroristas y de la solidaridad que caracteriza las horas que siguen a los carros bomba, no faltan las severas críticas de quienes como el alcalde Castro, siguen sin entender que Escobar no haya caído en manos del Bloque de Búsqueda, o las más agudas de quienes le recuerdan al Gobierno que tuvo a la cúpula del cartel, incluido Escobar, encerrado en la Catedral y lo dejó escapar.
Todo ello pone a las autoridades a correr una carrera contra el reloj, en la cual parecen hoy mejor ubicadas que nunca, pero aún no han logrado dar el golpe definitivo. Si el terrorismo continúa y el hallazgo de Escobar sigue siendo esquivo, es posible que a lo que ayer fue intimidación y hoy es indignación, mañana siga el desaliento.

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