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| 7/15/1996 12:00:00 AM

LA HISTORIA SECRETA

¿ Rescate ? ¿ Negociación? ¿ Cange? SEMANA revela toda la verdad tras la liberación de Juan Carlos Gaviria y analiza la polémica desatada.

LA HISTORIA SECRETA, Sección Nación, edición 737, Jul 15 1996 LA HISTORIA SECRETA
EL VIERNES PASADO, AL terminar una de las semanas más agitadas de los últimos tiempos en Colombia, la gente estaba tan confundida en relación con lo que realmente sucedió en la liberación de Juan Carlos Gaviria Trujillo, hermano del ex presidente y secretario general de la OEA César Gaviria, como lo ha bía estado durante los últimos dos meses en relación con su secuestro. ¿Se trató de una labor de inteligencia de la Policía que condujo a su rescate por presión de las autoridades sobre los captores? ¿Fue en cambio una liberación negociada secretamente entre el gobierno, la familia Gaviria y el grupo Dignidad por Colombia, con la participación de las autoridades de Cuba? ¿Hubo un canje entre el secuestrado y hombres vinculados a esa organizaci6n terrorista?
La respuesta más sencilla es que hubo un poco de todo, pues en efecto una excelente labor de inteligencia de la Policía permitió identificar a los secuestradores y ubicar a algunos de sus colaboradores, a partir de lo cual se inició una negociación entre autoridades, familia y captores, que contó con la participación directa de delegados personales de Fidel Castro, y que culminó con una operació de canje entre informantes del propio grupo terrorista y el secuestrado.
Para entender el asunto es necesario remontarse a los primeros días del plagio, cuando se inició una compleja y apasionante historia secreta que SEMANA investigó y reconstruyó íntegramente, y que por mucho tiempo seguirá despertando especulaciones adicionales y polémica.

SIN RASTRO
"Es como si la tierra se lo hubiera tragado". Así definió un oficial de la Policía el fracaso de las primeras averiguaciones por el secuestro de Juan Carlos Gaviria, ocurrido el martes 2 de abril, en plena Semana Santa. Curtido en estas lides, el uniformado no estaba exagerando. Era uno de esos pocos casos en los cuales los delincuentes no dejan rastro alguno. Por esa razón pasaron muchas horas antes de que las autoridades señalaran oficialmente que Juan Carlos Gaviria había sido secuestrado. El escenario de los hechos parecía sacado de una novela de Agatha Christie. Todo era misterioso. Nadie había visto nada. Nadie sabía a qué horas, ni cómo se lo llevaron. Nadie se atribuyó la autoría del secuestro. La única evidencia que existía era el carro particular de Gaviria con las llaves puestas en el encendido.
Frente a este panorama, dos días después en Bogotá el grupo de inteligencia de la Policía integrado por hombres que tenían en su hoja de vida misiones tan delicadas como la de haber dado con el paradero de Pablo Escobar o haber desmantelado al cartel de Cali se reunió en pleno para dar comienzo a las pesquisas. El trabajo de los primeros días fue un fracaso. Todas las puertas parecían cerradas y ninguno de los informantes de la Policía sabía del tema. Las cosas continuaron así hasta el 9 de abril, cuando los secuestradores dieron a conocer su primer comunicado. En cinco extensos párra- fos, Ios delincuentes se identificaron como Dignidad por Colombia reconocieron tener en sus manos a Gaviria. Además, atacaron a la Fiscalía y a la Iglesia por estar en contra del gobierno, se atribuyeron el atentado contra Antonio José Cancino y se fueron lanza en ristre contra Estados Unidos y César Gaviria, secretario general de la OEA.
Los investigadores de la Policía estudiaron a fondo el documento, pero el estilo de redacci6n y los diversos matices ideológicos que contenía los confundieron aún más. Descorazonado, una parte del grupo concluyó que los secuestradores podrían ser muchos grupos a la vez: delincuentes comunes, narcotraficantes o guerrilleros. Al finalizar el día, Ios investigadores de la Policía concluyeron que estaban como al comienzo: no sabían nada. Frente a esta verdad de a puño, tomaron la decisión de reactivar las redes de informantes, especialmente las que el Bloque de Búsqueda tiene en el Valle, Risaralda y Quindío. Al mismo tiempo ejecutaron numerosos allanamientos en busca de alguna pista. Pero los resultaron también fueron negativos.
Cuando los investigadores se encontraban en un túnel sin salida, llegó el segundo comunicado, esta vez dirigido a César Gaviria. Fue el lunes 15 de abril. En ese nuevo documento los analistas hallaron dos pistas que les llamaron la atención. La primera, que postulaban a Maria Eugenia Rojas como reemplazo de Samper, reforzaba la teoría de que el grupo secuestrador podría estar integrado por ex miembros del M-19. La segunda tenía que ver con el logotipo del comunicado, en el que aparecía la fotografía de Luis Carlos Galán dentro de un mapa de Colombia y en la parte superior el nombre de Dignidad por Colombia con dos fusiles Galil cruzados. Este detalle se convirtió en la primera pieza del rompecabezas.
Ese mismo día los analistas se metieron de cabeza en los archivos y por primera vez tuvieron éxito. En un viejo fólder encontraron una docena de comunicados del movimiento Jorge Eliécer Gaitán, JEGA. Uno de ellos hacía referencia a una operaci6n desarrollada en octubre de 1987, cuando ese grupo se tomó el museo Jorre Eliécer Gaitán, en el centro de Bogotá, y dejó un folleto de 14 páginas con su plataforma política y una serie de fotografías donde aparecían sus integrantes frente a la tumba del caudillo liberal, cubiertos por una bandera del movimiento.
Al hacer un análisis de los logotipos del JEGA y de Dignidad por Colombia, los oficiales encontraron que solo tenían una diferencia: que Dignidad por Colombia había cambiado la fotografía de Gaitán por la de Galán. Pero en el contenido de los comunicados de JEGA y de Dignidad por Colombia había grandes coincidencias puntuales: ambos atacaban el IVA como una de las mayores cargas impuestas por la oligarquia, planteaban conceptos fiIosóficos de inspiración anarquista y criticaban por igual a los diferentes sectores de la clase dirigente. "Si bien encontramos algunas similitudes entre JEGA y Dignidad por Colombia, había que investigar mucho más porque podría tratarse de la simple copia de un logotipo y unos textos cuya finalidad fuera despistarnos', dijo a SEMANA uno de oficiales de inteligencia de la Policía.

EL PRIMER PASO
A partir de ese momento la suerte empezó a sonreir a los investigadores. El martes 16 de abril, en las horas de la tarde, un extraño visitante llegó a la Dirección de la Policía y preguntó por su comandante, el general Rosso José Serrano. Allí le dijeron que el alto oficial se encontraba fuera del país y que regresaba una semana más tarde. El hombre insistió en que la información era muy importante y que no podía esperar tanto. Frente a esta situación, los oficiales de turno le plantearon una solución: que dialogara con uno de los integrantes del grupo de inteligencia.
La reunión fue clave. Sin mayor preámbulo, el hombre abrió una bolsa de manila y sacó dos libros y los puso sobre una mesa. Uno de ellos se titulaba 'La Toma del Poder', y el otro 'Proyecto Estratégico Táctico'. Las portadas de las dos publicaciones estaban ilustradas con el logotipo del JEGA. El oficial quedó desconcertado. El hombre, con voz pausada, le so1tó una frase a boca de jarro: "Yo sé toda la historia del JEGA". Acto seguido le contó al oficial que los libros habían circulado poco y que no se imprimieron más de 100 ejemplares. Agregó que fueron escritos en noviembre de 1995 y que su autor era Hugo Toro Restrepo: "Ese tipo está detenido en la carcel de la picota en el pabellon septimo, pagando una condena de 25 años de prisión por homicidio ".Para los analistas de la Policía, fue inevitable atar cabos: como Toro estaba detenido en La Picota y podía tener contacto con algunos de los importantes narcotraficantes allí recluídos, eso podía explicar que aparte del discurso político, en los comunicados hubiera ataques a la extradición, e incluso no era descartable que tras la operación de Dignidad no sólo estuviera Toro sino la mano financiera de la mafia. Antes de marcharse, el informante le dijo al oficial: "Si quieren encontrar más pistas, lean los libros y compárenlos con los comunicados de Dignidad por Colombia. Ahí está el secreto del Bochica que ustedes están buscando ".
Seis miembros del grupo de inteligencia se concentraron en la revisión de los libros. Confirmaron que el logo del JEGA era idéntico al de Dignidad, salvo el cambio de Gaitán a Galán, que en los comunicados sobre el secuestro de Gaviria fueron utilizadas 35 ideas contenidas en los libros del JEGA, que en uno de los comunicados prácticamente fueron transcritos los párrafos de la página 82 del libro 'La Toma del Poder', y que la referencia al atentado a Cancino contenida en el primer comunicado tras el secuestro de Gaviria era un extracto idéntico del último párrafo de la página 77 del libro 'Proyecto Estratégico Táctico'. (Ver facsímil). La decisión fue sencilla: investigar a Toro Restrepo, para tratar de confirmar si el autor de los libros estaba relacionado con el secuestro.

TRABAJO DE CAMPO
Al mejor estilo de las películas de espionaje, el equipo de investigadores montó su cuartel en las afueras de la cárcel de La Picota en Bogotá con el fin de establecer quiénes visitaban a Toro Restrepo. Fue así como a partir del sábado 20 de abril y aprovechando que era día de visitas, varios of iciales montaron puestos de ventas callejeras, que incluían desde expendio de bebidas y condones hasta fritanga. Con este trabajo de campo pretendían vigilar de cerca a las personas que visitaban a Toro. Otro grupo de oficiales tenía a su cargo el manejo de un observatorio para filmar y fotografiar a cada uno de esos visitantes. Y un tercer grupo tenía la responsabilidad de seguir a esas personas una vez salian de la picota.
Fue un trabajo dispendioso con resultados muy lentos. Tanto que ese sábado la única persona que visitó a Toro fue su esposa, Miriam Ospina, quien ingresó a la cárcel con una cédula falsa que alquiló en los alrededores de la penitenciaría. A las cinco de la tarde, cuando la mujer salió de La Picota, el grupo de seguimiento entró en acción. Hora y media más tarde establecicron el lugar de la residencia, en el populoso barrio Santa Isabel al sur de la capital. Al día siguiente los oficiales arrendaron un pequeño apartamenío cerca a la casa de Miriam Ospina, desde donde comenzaron a vigilar los movimientos de quienes entraban y salían.
Por las continuas visitas a la casa de Miriam Ospina y a la cárcel La Picota, en los siguientes días el grupo de inteligencia logró identificar a Freddy Llano Moncayo y a Rubén Darío Echeverry. El primero, conocido con el alias de Santiago, resultó ser el jefe militar del JEGA. El segundo, identificado con el alias de 'El Mono Bonito', era el jefe de finanzas. El trabajo de campo desplegado por los oficiales de inteligencia se prolongó durante un mes, tiempo durante el cual lograron identificar y localizar a ocho personas que hacían parte del JEGA y que periódicamente visitaban a Toro en la cárcel. Pero a pesar del intenso trabajo de seguimiento, hasta ese momento los investigadores no tenían ninguna evidencia que confirmara que esos hombres tenían a Gaviria.

CONTACTO EN LA HABANA
Mientras continuaba la búsqueda por parte del grupo de inteligencia de la Policía, el ex presidente César Gaviria se encontraba en una encrucijada porque no tenía la certeza de quién o quiénes habían secuestrado a su hermano. Unas informaciones hablaban de la delincuencia común, otras de los carteles de la droga y unas más de los grupos subversivos. Frente a esta incertidumbre, a comienzos de mayo Gaviria tomó la decisión de enviar a La Habana para que se entrevistara con Fidel Castro a Ricardo Santamaría, ex embajador en Cuba y la persona designada por la familia del secuestrado para mantener contacto permanente con el zar antisecuestro Alberto Villamizar y con la Policía. Santamaría dialogó con el mandatario, con el vicepresidente Carlos Lage y con dos secretarios de Castro, y les solicitó ayuda para establecer si algún grupo guerrillero colombiano tenía en su poder a Juan Carlos Gaviria. También les dijo que si llegaban a confirmar esa información, les pidieran públicamente a los captores que respetaran la vida del secuestrado.
Castro lo escuchó con atención y de inmediato llamó por teléfono a José Arbezú, director del Departamento América del Partido Comunista de la isla, que en los 60's y 70's tuvo mucho que ver con las guerrillas del continente. Enterado de la solicitud, Arbezú se comunicó con Antonio López y José Luis Joa, especialistas en el tema de los alzados en armas de Colombia, para que se pusieran al frente de las indagaciones. Cumplida su labor, Santamaría regresó a Bogotá.

Mientras el grupo de inteligencia de la Policia mantenia la vigilancia sobre los miembros del JEGA, y Santa maría seguía a la expectativa de las averiguaciones de Cuba, a mediados de mayo Dignidad por Colombia produjo nuevos comunicados en los que hizo exigencias casi imposibles de cumplir al secretario de la OEA. Los secuestradores le pidieron a Gaviria que lograra la renuncia del presidente Samper y del vicepresidente, Humberto de la Calle; también solicitaron la publicación de las declaraciones de renta de toda la familia Gaviria y que el ex presidente desmontara el aumento del IVA aprobado el año pasado.
Pero el comunicado más fuerte de la organización se produjo el miércoles 29 de mayo. Por medio del periodista Carlos Humberto Castillo, a quien secuestraron en Tuluá tres días antes, Dignidad por Colombia anunció que era el último boletín para el ex presidente Gaviria. En el documento lanzaron un ultimátum: si la Cámara de representantes absolvía al presidente Samper, Juan Carlos Gaviria sería ejecutado. También amenazaron a los parlamentarios que votaran a favor del presidente o a aquellos "que se laven las manos" posesionando a sus suplentes. El comunicado agregó que la ejecución de Gaviria ocurriría dentro de Ios cinco días siguientes contados a partir de la absolución.

LA DESBANDADA
Tan pronto la opinión pública conoció las nuevas exigencias de los secuestradores, el grupo de inteligencia de la Policía descubrió un hecho inquietante. Las ocho personas relacionadas con Toro que vigilaban comenzaron a desplazarse de Bogotá hacia Cali. Pero quizá lo que más los preocupó fue que el 30 de mayo Miriam Ospina, la esposa de Toro, comenzó a hacer preparativos para trastearse.
En una audaz decisión, los oficiales de inteligencia lograron establecer el nombre de la empresa que haría el traslado de los enseres de Miriam Ospina. Cinco oficiales reemplazaron a los empleados de la compañia de trasteos, luego se presentaron en la casa de la mujer y ayudaron a cargar el camión en el que posteriormente se desplazaron a Cali, donde Miriam Ospina fijó su nueva residencia.
El sábado 1o. de junio, un oficial de la Policía viajó a Panamá para entrevistarse con el ex presidente Gaviria =quien presidía en esa ciudad la asamblea de la OEA y lo puso al tanto de todo lo que se sabía sobre el JEGA. Le dió una noticia buena y una mala. La buena, que existía la certeza de que Dignidad era el JEGA y Bochica era Toro. Y la mala, que a juzgar por la desbandada de las personas que habían sido vigiladas tras sus visitas a La Picota, "la orden de ejecución está dada y por eso ya no necesitan visitar a Toro". De inmediato, Gaviria llamó a Fidel Castro, le contó en detalle la delicada situación y por primera vez le habló de la existencia del JEGA. El presidente cubano le contestó que al día siguiente José Arbezú llegaría a Ciudad de Panamá.
Santamaría viajó entonces a esa ciudad. El domingo 2 de junio, él y Gaviria se entrevistaron con el enviado de Castro. En esa reunión, Arbezú fue en terado sobre la historia del JEGA y su comandante Bochica. Le informaron además que el trabajo de inteligencia los llevaba a pensar que esa organización tenía secuestrado a Juan Carlos Gaviria. "Todo indica que Toro, es decir Bochica, admira mucho al presidente Castro agregaron y por eso sería muy bueno una declaración del comandante para que le respeten la vida a Juan Carlos".

EL TRASLADO
El martes 4 de junio fue quizás uno de los días más críticos y trascendentales del secuestro de Juan Carlos Gaviria. Ese día, Dignidad por Colombia dio a conocer un nuevo comunicado en el que le exigió a César Gaviria que lograra que la Cámara de Representantes acusara por indignidad ante el Senado al presidente Samper, al vicepresidente De la Calle y al fiscal general, Alfonso Valdivieso. Una vez más, se unían las intenciones revolucionarias de Dignidad contra el gobierno y las de los narcos contra su implacable perseguidor, el Fiscal. Si las exigencias no se cumplían, dijo el comunicado, el arquitecto Gaviria sería ejecutado. A ese hecho se sumó el que los hombres de inteligencia recibieron serios rumores de que el hermano del ex presidente Gaviria ya no estaba con vida.
Frente a esta delicada situación, 1os investigadores se reunieron con el general Serrano para evaluar la situación. Decidieron reforzar la vigilancia sobre los miembros de JEGA que se encontraban en Cali, aumentar la vigilancia sobre Toro y sus visitantes en La Picota, y arreglar una reunión secreta con el informante cuya credibilidad ya estaba fuera de discusión con el fin pedirle que ayudara a las autoridades a ubicar al secuestrado.
El encuentro entre el informante y Serrano era arriesgado, pues si los secuestradores con quienes el hombre había tenido contacto y lo podían estar vigilando se daban cuenta, la muerte del secuestrado seria un hecho. Para mitigar Ios riesgos el grupo de inteligencia montó un operativo especial. Una ambulancia recogió al informante en su casa a las tres de la tarde, simulando que había caído enfermo de urgencia. En una camilla y acompanado de varios paramédicos, fue llevado a la Clínica San Pedro Claver, de donde salió minutos después y sin que se notara, rumbo a la Clínica de la Policía, donde lo esperaba el general Serrano en uno de los consul torios médicos. Allí permanecieron por espacio de tres horas. El grupo de inteligencia grabó en video la reunión.
El informante le contó a Serrano que era irreversible la orden de ejecución contra el secuestrado. Agregó que el JEGA estaba totalmente radicalizado contra el ex presidente Gaviria y contra la absolución de Samper. El informante también le dijo a Serrano que no podía precisar Ios datos, pero que sabía que algo grande iba a pasar en La Picota pocos días después. Preocupado por Io que acababa de escuchar, Serrano se convenció de que Juan Carlos Gaviria tenía las horas contadas. Por ello les ordenó a sus hombres que establecieran qué era lo que iba a ocurrir en la cárcel. Mes y medio después de que el grupo de inteligencia había lo grado montar una sofisticada red de monitoreo en torno a Toro, no le quedó difícil confirmar el jueves 6 de junio, que Toro tenía preparado un plan de fuga para el domingo 9. Para el escape utilizaría un armario que hacía parte de unos enseres que ese día serían sacados de La Picota para su reparación. La fuga del comandante Bochica estaba en marcha.
Ese mismo jueves, el secretario de la OEA llegó a Bogotá y en una reunión con Serrano y el grupo de inteligencia, fue informado esa noche de to- do Io sucedido. Serrano le contó a Gaviria que habían estudiado una serie de medidas encaminadas a estrechar el cerco sobre los ocho miembros de JEGA que se encontraban en Cali y que para contrarrestar la posible fuga de Toro habían decidido trasladarlo esa misma noche a La Modelo, lo que en efecto se cumplió horas más tarde.
Para Toro fue un golpe muy duro. Parte de sus planes se fue a pique y perdió todo contacto con la gente de su organización. Ese fin de semana, puente festivo, el comandante Bochica entró en una fuerte depresión que lo llevó a perder el control de sí mismo y a soltar la lengua por primera vez. El domingo 9 de junio en la noche, asistió a una tertulia con varios de los presos del pabellón de alta seguridad y les dejó entrever que él tenía secuestrado a Gaviria. Agregó que había ordenado su ejecuci6n y que la única manera de reversar esa decisión era que el propio Fidel Castro se lo pidiera por escrito.
Entre los presos que escucharon la confesión de Toro había algunos narcotraficantes interesados en que esa historia la conocieran las autoridades, con el fin de evitar que los siguieran señalando como los autores intelectuales del plagio. Por el correo de las brujas en la tarde del lunes 10, el grupo de inteligencia recibió la información. Ante estas revelaciones, los oficiales encargados de manejar el caso tomaron la decisión de estrechar aún más la presión sobre los miembros de la banda de Bochica. Por eso, de manera simultánea, fueron ocupados numerosos predios en Cali. También fue interceptada una central de bíper que servía de comunicación entre la gente del JEGA en Cali y los hombres que tenían bajo su cuidado a Gaviria en algún lugar al occidente de la zona cafetera.
A eso de las diez de la noche el general Serrano y varios oficiales del grupo de inteligencia se reunieron con el ex presidente César Gaviria en el hotel Casa Medina y le contaron lo que estaba ocurriendo. De inmediato, el secretario de la OEA llamó a Fidel Castro a La Habana y le contó que Bochica había dicho en la cárcel que sólo revocaría la orden de ejecución si Castro se lo pedía.

DE LA HABANA VIENE...
Castro le respondió a Gaviria que no tenía ningún problema en hacerlo. Al día siguiente, martes 11 de junio, Santamaría regresó a La Habana. A las 7 de la mañana el ex embajador colombiano abordó un avión de la organización Ardila Lulle y tres horas después estaba aterrizando en Cuba. Arbezú recogió a Santamaría en el aeropuerto y de inmediato se desplazaron a una casa de protocolo. Minutos después arribó el presidente Castro, acompañado por una secretaria con un computador.
El presidente cubano puso a consideración de Santamaría un borrador del comunicado y después de hacerle algunos ajustes, la secretaria lo pasó a limpio en el computador. Minutos después fue enviado a la agencia Prensa Latina para su difusión. Una copia del mismo fue enviada por fax a Gaviria para que lo distribuyera entre los medios de comunicación de Colombia. Desde la misma casa de protocolo, Castro llamó a Jesús Martínez, su embajador en Bogotá, y lo instruyó para que le diera la mayor importancia al comunicado que acababa de divulgar Prensa Latina. Esa misma llamada la repitió con su canciller Roberto Robaina. Por último, el mandatario llamó a Gaviria a Bogotá. El ex presidente le dió las gracias y Castro respondió: "No hay nada que agradecer, es un deber mío y de mi país ".
Pero el presidente cubano no paró ahí. Convencido de que Bochica debía enterarse de una fuente directa sobre el alcance del comunicado, le pidió a Arbezú y a José Luis Joa que volaran a Bogotá a ver si podían entregarle personalmente su comunicado a Bochica en la cárcel. Se trataba de que los dos enviados le dijeran que el comunicado era además la respuesta a una carta que Bochica le había enviado a Castro días antes. En efecto, el 4 de junio, dos hombres se presentaron en la sede diplomática de Cuba en Bogotá y pidieron hablar con el embajador a nombre de Dignidad por Colombia. Como el embajador no estaba, los mensajeros fueron recibidos por otro funcionario. Durante una corta reunión, los emisarios de Toro le entregaron una carta y los dos libros del JEGA. En el primer párrafo de la misiva a Castro, Bochica señaló que de seguro el presidente cubano debía estar muy "angustiado por el fracaso de su revolución ". Y agregó que si "se lee los libros le podrían servir de fuentees de inspiración para retomar el socialismo". No obstante sus críticas y consejos al más importante revolucionario del continente, Toro dejaba entrever su descomunal admiración por el comandante.
Por ello, Castro creía muy importante que sus enviados le dijeran a Bochica que el comunicado era una respuesta a su carta. El mandatario cubano impartió entonces instrucciones antes de terminar la reunión en la casa de protocolo. Se puso de pie frente Arbazú y con la solemnidad que lo caracteriza en momentos como ése, le dijo: Arbezu tu eres uno de los mejores cuadros del partido. Debes correr todos los riesgos personales para cumplir esa misión. Incluso si es necesario, debes quedarte como rehen. Y no puedes volver sin haber hecho, en coordinación con las autoridades colombianas y la familia del presidente Gaviria, todo lo que sea necesario para el exito de esa misión. Antes de despedirse remato: Te delego plenos poderes para comprometer al gobierno de Cuba en todo lo que contribuya a una solución. El mismo mensaje le transmitio a Joa.

Hacia las cinco de la tarde, los dos cubanos y Santamaría emprendieron el viaje de regreso. El pequeño avión ejecutivo se detuvo suavemente en uno de los hangares privados del aeropuerto Eldorado. Eran las 7 de la noche del martes 11 de j unio. En el terminal aéreo los esperaba uno de los oficiales del grupo de inteligencia de la Policía. Sin perder tiempo, Arbezú le dij o a Joa: " Yo me voy con el oficial a la cárcel a ver a Toro. Resérvate tú como segunda instancia, por por si acaso yo fracaso". Santamaría y Joa se desplazaron a Casa Medina a reunirse con Gaviria y a las 8:30 de la noche Arbezú y el oficial ingresaron al pabellón de máxima seguridad de La Modelo.
Arbezú entró solo a la celda. Se paró frente al comandante Bochica y le dijo: "Vengo de parte del comandante Fidel Castro". De un pequeño maletín sacó una carta y antes de entregársela le manifestó: "'Esta es la respuesta del comandante a la carta que usted le envió hace unos días". También le entregó el comunicado difundido por Prensa Latina. Toro quedó desconcertado. Se sentó en su cama y leyó detenidamente las cartas que le había entregado Arbezú. Los minutos pasaron y el funcionario cubano no obtenía respuestas de Bochica.
Hacia las 11 de la noche, Toro reconoció que él tenía en su poder a Juan Carlos Gaviria y que estaba dispuesto a negociar el respeto a la vida del secuestrado, pero no su liberación.
La situación empezó a complicarse en la celda de Toro y se hizo necesaria la presencia del oficial de la Policía. Este le manifestó que ocho personas del JEGA, entre ellas su esposa, Miriam Ospina, estaban en ese momento plenamente localizadas en Cali. Contrariado, Toro les contestó que no creía en esa información y que lo estaban engañando. Entonces el oficial le mostró las fotos de sus visitantes en La Picota y del seguimiento que les habían hecho. Toro palideció y entendió que estaba en un callejón sin salida. Acto seguido manifestó que estaba dispuesto a negociar. La primera exigencia que hizo fue que él y sus compañeros debían ser trasladados a Cuba y a cambio de ello respetaría la vida de Juan Carlos Gaviria y ordenaría su liberación. Les hizo ver con habilidad que las autoridades habían localizado al grupo en su totalidad, pero no el lugar donde se encontraba su rehén con varios vigilantes.
El oficial colombiano le dijo perentoriamente a Toro que no podía haber ninguna negociación que incluyera su salida para Cuba por cuanto la justicia lo había condenado a pagar 25 años de prisión por un homicidio común. Ahí empezó un tira y afloje que se prolongó hasta las tres de la mañana, en el que al final Toro aceptó hacer una llamada para reversar la orden de ejecución de Gaviria y liberarlo a cambio del traslado de las ocho personas a Cuba, algo que se facilitaba por la nueva legislación antisecuestro que permite que individuos vinculados a un secuestro, y que no hayan sido procesados, puedan quedar en libertad si contribuyen a liberar al cautivo cuando su vida esté en inminente peligro. La norma, aprobada meses atrás por el Congreso, había sido sancionado pocos días antes por el presidente Samper. A las 4:45 de la madrugada del miércoles 12 de junio, Arbezú y el oficial de inteligencia salieron rumbo al hotel Casa Medina para reunirse con Gaviria y comunicarle lo acordado.

EL REGRESO DE GAVIRIA
A las 7 de la mañana, las ocho personas fueron trasladadas de Cali a Bogotá en un avión de la Policía. Dos de ellos, un hombre y una mujer, abordaron otro avión en el que se encontraban el general Serrano, Joa y otro oficial del grupo de inteligencia. Los cinco partieron rumbo a Pereira, donde sería entregado Juan Carlos Gaviria. Cuando arribaron al aeropuerto Matecaña, los dos hombres de Bochica exigieron que les entregaran una camioneta y un celular, y se comprometieron a que dos horas después regresarían con el secuestrado. Pero el tiempo pasó y la liberación de Gaviria no ocurría.
Hacia las 10:30 de la manana uno de los hombres de Bochica se comunicó con Serrano y le dijo que todavía no se había podido llevar a cabo la liberación porque no encontraban a uno de los que cuidaba la caleta donde estaba el secuestrado. Las horas transcurrieron angustiosamente. A la 1 de la tarde Serrano y Gaviria acordaron esperar una hora más. Si no había noticias, desmontarían la operación.
Finalmente, a las 2 de la tarde, uno de los secuestradores llamó al general Serrano y le informó que ya iban en camino con Juan Carlos Gaviria. A las 2:20 la camioneta se estacionó frente a la escalerilla del avión en el aeropuerto Matecaña. El rehén fue subido a la aeronave e hizo todo el vuelo encañonado por uno de los hombres de Bochica. Serrano y sus hombres también iban armados, pero sus pistolas estaban envainadas. Joa llamó por celular a Santamaría y le dijo: "Ya vamos para allá y tenemos la mercancía ". De inmediato, Santamaría pasó el ex presidente Gaviria y Joa lo comunicó con su hermano. Hablaron durante pocos segundos, lo suficiente para que el ex mandatario supiera que su hermano estaba afectado, pero a salvo. Cuando el ex presidente colgó el teléfono, se dirigió a su cuarto en silencio y soltó las lágrimas que había contenido durante 75 días.

EL DEBATE
Pero no todo estaba consumado. Tras la liberación de Juan Carlos Gaviria y las confusas versiones sobre lo sucedido, sobrevino una gran polémica nacional e internacional. El gobierno, la Policía y el propio ex presidente Gaviria fueron objeto de duros cuestionamientos por la negociación y, sobre todo, por el viaje a Cuba en un avión de Avianca de las ocho personas en compañía de dos menores que a todas luces parecían haber estado involucradas en el secuestro. Ni siquiera las explicaciones sobre la base legal de la negociación, contenida en las nuevas normas antisecuestro, mitigaron las críticas.
El presidente Samper le salió al quite al debate con habilidad. En una entrevista de radio dijo que prefería esta polémica que la que habría podido originar un final trágico del secuestro. En cuanto al general Serrano, reivindicó la labor de inteligencia de sus hombres que más allá de la negociación final, habían hecho un impecable trabajo previo, y esgrimió argumentos emocionales sobre la salvación de la vida del secuestrado. Además, a las pocas horas logró la liberación de otro cautivo, mucho menos conocido que Juan Carlos Gaviria, en una operación en la que fueron detenidos seis secuestradores.
El palo más fuerte le cayó al ex presidente Gaviria. El contraste de su imagen de duro en los dias del secuestro de los periodistas por parte de Los Extraditables en 1990 y 1991, acentuada por Gabriel Garcia Márquez en su último libro, con la imagen de blando negociador para salvar a su hermano, le terminó costando no sólo en Colombia sino en los Estados Unidos. En efecto, un legislador anticastrista de La Florida le envió una carta en la que lo acusó de haber negociado con "el régimen terrorista de Castro".
En cuanto a las criticas en Colombia, Gaviria les salió al paso con un largo comunicado contando por menores de lo sucedido, con el fin de que las cosas no se volvieran menos presentables por cuenta del secreto y las incógnitas. Además, la felicidad de haber salvado a su hermano era suficientemente grande como para hac

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