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| 11/6/1989 12:00:00 AM

LA HORA DE LEMOS

SEMANA analiza los últimos cambios de ministros de Barco.

LA HORA DE LEMOS, Sección Nación, edición 388, Nov  6 1989 LA HORA DE LEMOS
Finalmente, después de tres semanas de limbo ministerial, la anunciada crisis llegó. Como en ocasiones anteriores, también esta vez se trató de una minicrisis, cuya solución estuvo lejos de dejar satisfechos a todos aquellos que creen que lo que el país necesita realmente para manejar la crisis es un gabinete de salvación nacional.

Sin embargo, en esta ocasión, a diferencia de las anteriores, el Presidente dejó de ser solamente original en sus nombramientos para dar cabida a una lógica que ya muchos consideraban ajena al primer mandatario, por lo menos en lo que a escogencia de su gabinete se refiere. Al nombramiento de dos nuevos ministros de bajo perfil - cualidad que últimamente parecía imprescindible para llegar a ser ministro en esta administración - Barco le añadió por fin al gabinete la dosis de habilidad política que tantos esperaban, al trasladar a la cartera de Gobierno al hasta ahora ministro de Comunicaciones, Carlos Lemos Simmonds.

En medio de gabinetes y nombramientos que no han convencido de a mucho a la opinión pública, Lemos ha sido de las pocas personas, quizás junto con César Gaviria, que han sacado la cara por el gobierno, en cualquier lugar donde lo pongan. Un "todoterreno" nato, que llegó tarde a la política pero aún así ha hecho parte de más de una administración, siempre con éxito, Lemos era, sin duda, el hombre llamado a ser el jefe de la cartera política en los tiempos que se avecinan. Ponderado, sensato, dueño de una mano de hierro que ejerce con guante de seda, hábil político y sobre todo hombre de confianza de Turbay, Lemos es quizás la única persona capaz de enfrentar en este momento los retos políticos que se aproximan para el gobierno.

Además de tener que manejar la campaña electoral que se avecina, Lemos tendrá que lograr en el Congreso, en menos de tres meses, la aprobación de la reforma constitucional y la ley de indulto y el referendo que permitirán que el M-19 pueda participar en las próximas elecciones. Para hacerlo, el ministro deberá no sólo atender todos los problemas propios de la mecánica preelectoral con todos sus conflictos regionales y locales, sino además ser capaz de pasar por encima de ellos para conseguir la mayoría parlamentaria que el gobierno necesita en el Congreso. Para lograrlo, Lemos cuenta con toda su experiencia y su prestigio dentro de la clase política, pero además con la ventaja que le da el contraste entre la confianza que produce un hombre de sus características y los escasos éxitos de su antecesor en la cartera, Orlando Vásquez Velásquez.

Lemos remplaza a un ministro de Gobierno que pese a su respetabilidad como parlamentario no logró consolidar su liderazgo ni frente a los demás ministros, ni frente al Congreso. A Vásquez Velásquez, nombrado para manejar la reforma, le tocó manejar la guerra y no le fue muy bien. Le cerraron la puerta en las narices cuando fue a nombre del gobierno a explicar las medidas contra el narcotráfico y su salida fue totalmente melancólica. Ante el botafuegos del senador Alberto Santofimio en su debate contra el gobierno, en el que insinuó varias veces vínculos con los narcotraficantes de altos funcionarios, incluido el propio mingobierno, Vásquez Velásquez en lugar de pedir que se precisaran las acusaciones se limitó a exaltar a Santofimio como un gigante del Parlamento, la democracia y la oratoria.
Si bien no puede negarse el gran acierto que representa el nombramiento de Lemos, no puede decirse lo mismo de los otros dos nuevos ministros: Roberto Salazar Manrique para la cartera de Justicia y Enrique Daníes para Comunicaciones. Salazar Manrique es, sin duda alguna, uno de los mejores especialistas con que cuenta el país en derecho cambiario y monetario. Con una rigurosa formación jurídica, Salazar era hasta ahora un hombre completamente desconocido en el ámbito político pero con cierto nombre dentro del campo económico por haber sido viceministro de Hacienda en la administración López y abogado subgerente del Banco de la República. A pesar de que como tal, su firma aparece en casi todos los billetes que se encuentran actualmente en circulación, para el país Salazar era un hombre completamente anónimo hasta el día de su nombramiento.

Con unas limitaciones políticas y de comunicación solamente comparables a las de uno de sus antecesores en el ministerio, Enrique Low Murtra, o a las del propio Barco, Salazar tendrá que hacerle frente al Ministerio más duro y menos apetecido del gabinete. Es por eso mismo que a pesar de que muchos dudan de que sea la persona más idónea para esa posición, nadie se atreve a negar que le de entrada merece el respeto del país por el simple hecho de haber aceptado el cargo en las actuales circunstancias.

El nombramiento de Daníes en la cartera de Comunicaciones no es tan "palo" como el de su colega de Justicia. Mal que bien, el nuevo mincomunicaciones es un hombre con cierta trayectoria política que fue gobernador de su departamento, la Guajira, durante la administración Betancur y gerente de Carbocol. Ingeniero mecánico especializado en Minas y educado totalmente en el exterior,Daníes, aunque no tiene la más mínima experiencia en el área de comunicaciones, cumple con ciertas condiciones que el gobierno necesitaba en este momento. Por ejemplo, remplazar la cuota costeña en el gabinete, sin estar directamente comprometido con ningún sector político en especial, ante el inminente retiro de Carlos Arturo Marulanda del Ministerio de Desarrollo.

Amigo personal de uno de los antiguos miembros del sanedrín, Gustavo Vasco, Daníes se caracterizó en su paso por la administración pública por ser un hombre serio, estructurado, terco, con vastos conocimientos técnicos y una gran fortaleza de carácter. Aun así, su nombramiento no dejó de sorprender, pues no sólo desconoce totalmente el campo de las comunicaciones, sino que además parece un poco absurdo dejar en manos de una persona inexperta y anónima para los medios de comunicación y la opinión pública, un proyecto como el de la privatización de la televisión, que ya había logrado despegar gracias a las gestiones de Lemos Simmonds.

En cuanto al ministro de Desarrollo, el Presidente lo había dejado en la cuerda floja cuando, sin pedirle la renuncia, a su regreso de Estados Unidos Barco le manifestó a los periodistas que Marulanda no se iría sino después de que terminara su defensa ante el Congreso por el escándalo de la venta de las tierras de su familia al INCORA. En privado, el Presidente considera totalmente falsas las acusaciones contra el ministro y el gerente del Incora, Carlos Ossa Escobar, sobre tráfico de influencias en el manejo de la negociación de la finca de los Marulanda.
Por eso no dejó de sorprender que finalmente el Presidente terminara cediendo a las presiones de la oposición conservadora y de sectores de la opinión pública por puro pragmatisma político y se confirmara el retiro de Marulanda para mediados de esta semana. En momentos tan críticos la pregunta que se hace todo el mundo es si en el actual gabinete - como dice el refrán - "están todos los que son y son todos los que están".












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