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| 8/7/2005 12:00:00 AM

La justicia es ciega

José de los Santos Suárez, un humilde invidente de 59 años, estuvo 22 meses en la cárcel acusado de ser jefe de explosivos de la guerrilla. Esta es su historia.

La justicia es ciega El pasado viernes, toda la población de Quinchía festejó la liberación de José de los Santos Suárez y del alcalde del pueblo, Jorge A.Uribe.
José de los Santos Suárez Guevara fue uno de los 117 detenidos en la Operación Libertad que realizaron la Policía y la Fiscalía en Quinchía, Risaralda, el 27 de septiembre de 2003. El martes, casi dos años después, fueron puestos en libertad 62 de los detenidos, por falta de pruebas. No era necesario tanto tiempo para saber que José de los Santos no podía ser jefe de explosivos de la guerrilla. La razón es que es ciego desde los 4 años.

A los 16 años, José perdió a sus padres. En la orfandad, e incapaz de ver, sólo pudo estudiar hasta segundo de primaria. Así creció sólo con la solidaridad de los habitantes de Quinchía.Ese día estaba dormido cuando, a las 4 de la mañana, unos policías tumbaron su puerta y lo sacaron de su casa. "¿En dónde está la plata que le dio la guerrilla? ¿Usted cómo colabora con ellos?", recuerda que le dijeron. Después, los policías revisaron la pequeña casa de bahareque y sólo encontraran la pala y el machete que José utiliza para producir caña. Por fin, le dijeron que subiera al camión, que por alcahuete con la guerrilla se iba para la cárcel.

El entonces subdirector general de la Policía, general Darío Castro, señaló el operativo como exitoso: 800 policías y 200 unidades de la Fiscalía habían capturado más de un centenar de "peligrosos subversivos", supuestamente, aliados del frente Óscar William Calvo del EPL.José, acusado por el fiscal 20 delegado ante la Unidad de Derechos Humanos y el Derecho Internacional, de ser integrante del EPL y experto en la fabricación de explosivos, hizo parte de los liberados.

A la salida de la cárcel La 40 de Pereira, lo esperaba su hermana. "Ese tiempo encerrado fue muy complicado. Me costaba entender que me acusaran de algo que ni siquiera entiendo cómo funciona", le dijo a SEMANA José de los Santos. Estaba triste porque además encontró su casa destruida, por lo que tuvo que irse a vivir donde su hermana. "Lo único que uno puede hacer es encomendarse a Dios y pedir justicia, pero a pesar de eso, hay momentos en que uno no quiere seguir".Este es sólo un caso más de los muchos que se oyen acerca de inocentes civiles que caen en capturas masivas. Los expertos en defensa de derechos humanos dicen que este tipo de medidas violan preceptos básicos. En el gobierno actual se han realizado 77 capturas masivas. Según la Procuraduría, de los 1.957 retenidos en 2003, a mediados de 2004 se han liberado 754 personas. La mayoría de ellas ahora van a demandar al Estado.

En el caso de Quinchía, Bernardo Isaza, uno de los abogados defensores, explica que las detenciones se hicieron por testimonios de hombres que dijeron conocer una red de auxiliadores del EPL. "Al conocer las pruebas fuimos a buscar a los incriminados. Algunos no tenían ni idea de quién era quién y otros acusaban a personas conocidas del pueblo de toda la vida. Incluso, uno de ellos, Raúl de Jesús Chiquito, involucró a su abuela. Después comprobamos que les pagaron por eso". Nadie, sin embargo, ha logrado establecer a quién se le ocurrió sindicar a un hombre que no ve de ser la persona que arma bombas. "Me duele. Me duele mucho ser víctima de una acusación cuando la gente de mi pueblo sabe que ni siquiera puedo ver. A quién se le ocurre, entonces, cómo voy a hacer una bomba". Su tristeza quedó a un lado momentáneamente el viernes de la semana pasada, cuando en Quinchía el pueblo se volcó a celebrar la liberación de unas capturas que todos consideran injustas y ciegas.

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