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| 9/18/2000 12:00:00 AM

La nueva ola

La proliferación de candidaturas cívicas e independientes que se tomarán las principales alcaldías y gobernaciones en octubre no es tan buena como parece.

La nueva ola, Sección Nación, edición 955, Sep 18 2000 La nueva ola
Las elecciones se acercan a pasos agigantados y hay quienes empiezan a vaticinar el fin de los partidos tradicionales. De hecho son muy pocas las personas que apuestan a la supervivencia de los partidos históricos y los próximos comicios parecen ser las honras fúnebres del bipartidismo. Son varias las ciudades y departamentos donde se da por descontado que el ganador no será el candidato del Partido Liberal, ni del Partido Conservador.

Las encuestas empiezan a mostrar que en esta ocasión en varios departamentos y ciudades la balanza se inclinará por los candidatos independientes o cívicos. Los casos que más llaman la atención en las elecciones de octubre son los de Bogotá, Barranquilla, Cali y Medellín, donde los candidatos que no se inscribieron con el respaldo de los partidos tradicionales tienen posibilidades de ganar.

El caso de Bogotá es bien particular. De ser uno de los fortines del Partido Liberal pasó a ser la plaza de los independientes. Y es que después de la elección de Antanas Mockus y Enrique Peñalosa resulta bastante difícil que cualquier candidato a nombre de uno de los dos partidos tradicionales vuelva a la Alcaldía Mayor. La lección fue aprendida por todos, empezando por la propia María Emma Mejía quien, pese a haber militado toda su vida dentro del Partido Liberal, prefirió en esta ocasión escoger el camino suprapartidista que le brinda más garantías de triunfo, puesto que le abre el espacio a otras tendencias políticas y de paso se ahorra el desgaste que carga el Partido Liberal.

En estos momentos en la ciudad hay varios candidatos arropados con las banderas independientes además de María Emma y Antanas Mockus, quienes hasta hoy puntean en las encuestas. En la baraja está Jaime Jaramillo, ‘Papá Jaime’, quien es reconocido por su labor en favor de los niños de la calle, especialmente aquellos que viven en las alcantarillas de la ciudad. Otros independientes son Héctor Riveros, que fue secretario de Gobierno de Enrique Peñalosa, y el ex representante a la Cámara Jairo Clopatofsky.

En Medellín uno de los favoritos a la Alcaldía es de origen conservador pero también se presenta como un candidato suprapartidista. Se trata del ex alcalde y dirigente deportivo Sergio Naranjo, quien se lanzó por su cuenta y riesgo al no tener el respaldo del Partido Conservador que lo apoyó hace seis años. Los dos candidatos de los partidos tradicionales —Luis Pérez (liberal) y Jaime Arrubla (conservador)— también figuran entre los favoritos, aunque con menos respaldo popular. La tradición conservadora de la capital paisa hace que candidaturas realmente independientes, como la del periodista y catedrático Sergio Fajardo, quien cuenta con un reconocido prestigio en los círculos académicos e intelectuales de la ciudad, no figuren en los primeros lugares de las preferencias de los votantes.

El caso de Barranquilla es también interesante. Después de mandar en la ciudad por cerca de 10 años, el cura Bernardo Hoyos empieza a sufrir el desgaste que han sufrido los dos partidos tradicionales. Ello resulta irónico si se tiene en cuenta que Hoyos llegó a la Alcaldía con un discurso que se basaba, precisamente, en una guerra frontal a la clase política tradicional.

Hay quienes aseguran que después de 10 años en el poder el candidato del cura Hoyos —Guillermo Hoenigsberg— perderá las elecciones a manos de un candidato respaldado por los partidos tradicionales, el médico Humberto Caiaffa, quien también cuenta con el respaldo de sectores independientes. Las circunstancias llevaron al cura Hoyos a apoyar a Alex Char —una de las nuevas figuras de la política local— a la gobernación del Atlántico a cambio de que el senador Fuad Char, padre de Alex, respalde a Hoenigsberg a la Alcaldía. Lo cierto es que el triunfo del cura en esta ocasión no está garantizado.

En Cali los independientes también figuran como favoritos. Margarita Londoño, ex compañera de lucha de Ingrid Betancourt, John Mario Rodríguez, ex director de noticias de RCN Cali, y el ex ministro de Salud, Gustavo de Roux, cuentan con gran respaldo popular. El nombre de Gustavo de Roux ha tomado mucha fuerza en las últimas semanas, luego de inscribir su nombre con 120.000 firmas y sin contar con el aval de ningún grupo político. Es claro que en el caso de Cali, la ciudadanía le está pasando una cuenta de cobro a la clase política tradicional después de los lamentables episodios en que se vieron envueltas varias de sus figuras más representativas. El escándalo del proceso 8.000 marcó con fuego a las castas políticas de la región.

De cualquier manera y aunque todavía no se pueden aplicar los santos óleos al bipartidismo es un hecho incuestionable que a partir de octubre será mucho mayor el número de alcaldías y gobernaciones que estarán en manos de los independientes o cívicos.



¿Bueno o malo?

Aunque no se puede desconocer que se trata de un fenómeno creciente, las propuestas independientes o cívicas de los candidatos a las alcaldías y gobernaciones no dejan de generar controversia. Ellas tienen tantos seguidores como contradictores. Hay quienes cuestionan el hecho de que al ser movimientos eminentemente caudillistas basados más en el carisma personal de los candidatos, o en su renocimiento público, atenta contra el diseño y la ejecución de un programa de gobierno coherente, entre otras cosas porque la mayoría de las veces el candidato no tiene la infraestructura o el equipo de colaboradores que le permita ejecutar su plan.

En el caso de los alcaldes es claro que estos candidatos necesitan de un grupo de concejales que les evite —una vez elegidos— el desgaste que significa tener que negociar sus proyectos en condiciones desiguales. Así sucedió en Bogotá con Antanas Mockus y Enrique Peñalosa quienes, pese a tener una inmensa votación, no pudieron tener la mayoría de las curules en el Concejo, lo cual terminó por dificultar la realización de las obras y por consiguiente les generó un desgaste innecesario.

Pero el cuestionamiento a las propuestas independientes o cívicas van más allá de la falta de equipo de colaboradores. También cuestionan el comportamiento ético de los candidatos, quienes para poder lograr la mayor cantidad de votos se ven obligados a borrar las fronteras partidistas y en algunos casos a tratar de ocultar su militancia política pasada. “No es una propuesta sana. Se trata de una estrategia electoral de campaña que hace que el candidato abra la sombrilla para tratar de asegurar la mayor cantidad de electores”, sostuvo Rodrigo Lozada del departamento de ciencia política de la Universidad Javeriana.

Sin embargo algunos analistas reconocen que con la llegada de la nueva tendencia se hizo mucho más generoso el abanico de candidatos a los cargos de elección popular y ello sirvió para frenar los altos índices de abstencionismo que se venían presentando en algunas ciudades, entre ellas Bogotá. La gama de candidatos ha sido tan extensa que hasta la Iglesia Católica se ha dejado tentar y varios sacerdotes han sido alcaldes de Cúcuta, Montería, Sogamoso, La Dorada y Neiva, entre otras ciudades.



El peligro de la antipolítica

Esta nueva realidad política tiene a primera vista un mensaje positivo: un triunfo del cambio político frente al statu quo clientelista y burocratizado que representa el bipartidismo tradicional. Siempre es bueno que fluya sangre nueva por las arterias del poder y que haya movilidad en la política. Sin embargo, más allá del febril entusiasmo por los ‘antipolíticos’ y del paroxismo que irradian estas nuevas candidaturas, hay una preocupación que va a los más hondo del sistema político: no hay democracia sin partidos políticos.

Y la proliferación casi carnavalesca de candidatos independientes es la negación misma a los partidos y un duro golpe a la democracia. De ahí que muchos afirman que lo que necesita el país más que figuras carismáticas que encarnan deseos de cambio son partidos políticos fuertes y renovados que interpreten los intereses y las necesidades de la sociedad. Ya sea por modernización de los partidos tradicionales —liberal o conservador—, con nuevas ideas, nuevos cuadros políticos y una nueva estructura, o por la creación de una tercera opción política que represente a una franja de la sociedad joven y urbana que está harta del bipartidismo. Sólo el tiempo se encargará de mostrar qué tan buena es la fórmula que se inventaron los ciudadanos para castigar a los dos partidos tradicionales.

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