Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 9/19/2004 12:00:00 AM

La parábola de Londoño

El fallo de la Procuraduría contra Fernando Londoño deja un mensaje claro: las instituciones en Colombia están por encima de la soberbia de sus líderes.

En la vida pública colombiana Fernando Londoño Hoyos es un gallo de pelea. Y cuando sale al ruedo, la tribuna siempre se llena. Pero en la vida política, como en las galleras, hay júbilo en el público y sangre en la arena. La semana pasada la arena quedó impregnada con sangre de Londoño. El Procurador General lo inhabilitó para ejercer cargos públicos por 12 años por irrespeto a las decisiones judiciales y abuso del cargo.

La decisión de la Procuraduría se refiere a las acusaciones que hizo el ex ministro del Interior y de Justicia contra un juez luego de que éste dejó en libertad a los Rodríguez Orejuela. "Las actuaciones del juez Suárez Vacca estaban bien orquestadas y muy de acuerdo con la familia Rodríguez Orejuela", dijo en su momento Londoño. La justicia demostró que el juez sólo estaba cumpliendo los términos de la ley. Lo que sí parece excesivo es la severidad del castigo, la que le da argumentos a quienes ven en la decisión una revancha política.

Con el fallo parece cerrarse la fugaz carrera política de uno de los ministros más controvertidos y de mayor proyección en la política. ¿Es este el fin de quien parecía predestinado a representar a los conservadores en una eventual contienda electoral? Aparentemente sí, pero Londoño no es un hombre predecible, tal como lo demostró en su breve paso por el gobierno.

En julio de 2002, el presidente Álvaro Uribe sorprendió al país cuando nombró ministro del Interior y de Justicia a Londoño Hoyos. Su nombre nunca se barajó entre los ases del uribismo, pues en la campaña apenas tuvo una discreta participación como asesor en temas de justicia, gracias a su estrecho vínculo con el Instituto de Ciencia Política, que lidera el patriarca de los industriales Hernán Echavarría Olózaga, que desde hace años es mentor del ex ministro.

Aunque sus coqueteos con la política se habían limitado a figurar en la lista de Rodrigo Lloreda para la Asamblea Constituyente, este conservador chapado a la antigua no era un hombre ajeno a la vida pública. Por el contrario, desde niño vivió en medio de ella. Su padre, Fernando Londoño y Londoño, fue uno de los grandes dirigentes del conservatismo caldense en la primera mitad del siglo XX, fundador de uno de los grandes emporios cafeteros y pionero de la banca regional. De su padre, a quien todavía se le recuerda con el remoquete de 'Pico de Oro' por su elocuencia al hablar, heredó su oratoria grecoquimbaya y su capacidad de argumentación.

Su pasión por la lectura, como su espíritu católico y conservador, se refinaron en su época de estudiante con los jesuitas. A los 22 años ya se había graduado de abogado y economista en la Universidad Javeriana y emprendió una meteórica carrera. Primero como superintendente de control de cambios, luego en Analdex y finalmente como abogado litigante y experto en temas cafeteros. Sus pleitos lo catapultaron como un sagaz y temido abogado. Siendo superintendente, a los 23 años, tuvo el coraje de obligar a Julio Mario Santo Domingo a viajar desde Nueva York para declarar en una investigación que le abrió el propio Londoño, so pena de expedirle una orden de captura. También se convirtió en el defensor de los Gilinski en el pleito contra el Sindicato Antioqueño cuando los paisas compraron el Banco de Colombia. Y tampoco se escapó el otro titán del gran capital, Luis Carlos Sarmiento Angulo, a quien acusó de prácticas indebidas cuando tomó el control del Banco Popular.

Si bien ya era conocido en los altos círculos del establecimiento, el país supo de él cuando asumió la defensa de Fernando Botero en el proceso 8.000. Londoño no se limitó a la defensa jurídica de su cliente, sino que emprendió una cruzada política y moral contra la corrupción y el narcotráfico que, según él, encabezaban el presidente Ernesto Samper y su ministro del Interior, Horacio Serpa.

Pero todo el valor que demostró Londoño para enfrentar a los más poderosos se vio empañado cuando compró un paquete de acciones de Invercolsa, haciendo uso de un beneficio que se les otorgaba sólo a los trabajadores de esta empresa, de la que él fue apenas un asesor externo. Desde ese momento entró en un litigio con Ecopetrol que ha durado más de un lustro.

Por eso cuando el presidente Álvaro Uribe mencionó su nombre para ministro, la polémica no se hizo esperar. Los líos de Invercolsa se convertirían en su espada de Damocles. Pero ni Londoño ni Uribe hicieron caso de las críticas. Por el contrario, para desagraviarlo de las dudas sobre su nombramiento, Hernán Echavarría le organizó un almuerzo de respaldo, de donde salió ovacionado por la crema y nata de la alta burguesía.

No es de extrañar que en pocas semanas se convirtiera en el 'superministro' del gobierno.



Auge y caída

Fernando Londoño Hoyos entró a la política por la puerta grande, a los 58 años. Desde el gobierno, podía poner finalmente en práctica la doctrina que expresaba en sus clases universitarias: que en la actual coyuntura de conflicto interno el exceso de libertades y derechos impiden la eficacia del Estado. Es decir que la restricción de ciertas garantías es necesaria para que se mantenga el orden y la seguridad ciudadana.

Londoño se convirtió rápidamente en el álter ego de Uribe, el Presidente más popular de los últimos años. A sólo dos meses de gobierno, la revista Credencial publicó una encuesta en la que Londoño aparecía como el Ministro estrella con el 53 por ciento de favoritismo. Marta Lucía Ramírez ocupaba el segundo lugar con el 13 por ciento. Una diferencia abrumadora que interpretaba los ánimos de un país hastiado por la anarquía y con una opinión pública que jalaba cada vez más a la derecha.

En su abultada carpeta ministerial se contaban proyectos como la reforma a la justicia, el estatuto antiterrorista, la reforma política y la fusión de ministerios. Pero su protagonismo no emanaba de la investidura de su cargo, sino de sus posiciones radicales, su carácter frentero y, sobre todo, de su nitidez ideológica. Él representa la derecha más pura y auténtica.

Sin duda, Londoño era el mosquetero del proyecto uribista. Era la punta de lanza de una contrarreforma cuyo objetivo fundamental era minar los pilares fundamentales de la Constitución del 91, por la que Londoño siempre ha mostrado desdén. Así lo expresó en 2001 con motivo de los 10 años de la Carta Magna: "Cuando alguien decida hacer algo serio por rescatar a Colombia del abismo al que ha sido arrojada, no podrá soslayar el ineludible desafío de romper en mil pedazos ese traje de arlequín que costureros tan ineptos tejieron en las deplorables jornadas del primer semestre de 1991, año sin gracia y para siempre de triste recordación" .

Por supuesto, también se convirtió en un rabioso detractor de la Corte Constitucional. Una de las propuestas de la reforma a la justicia, que hasta ahora no ha sido presentada por el gobierno, era darle el control constitucional a la Corte Suprema de Justicia y recortar los alcances de la tutela.

Pero si con la justicia sus relaciones eran frías, con los congresistas fueron de amores y odios. Londoño no transaba con la clase política ni a puestos ni prebendas. Quería mantener una relación ideológica y de bancadas. Nunca disimuló su simpatía por una eventual revocatoria del Congreso y usaba esta carta debajo de la manga como una velada forma de chantaje.

Londoño era respetado por su talante. En un país donde los políticos suelen ser vacilantes, el carácter del Ministro del Interior era de una verticalidad admirable. Por eso no lo amilanaban las críticas ni la lluvia de editoriales en su contra. Por el contrario, parecía coger más bríos para defender sus posiciones. Esa radicalidad lo llevó en muchas ocasiones a hablar más de la cuenta. Y a pagar muy caro por sus palabras.



El pez muere por la boca

El carácter de Londoño no le alcanzó para hacer una gestión exitosa, ni para sobrevivir en el complejo mundo de la política, sobre todo porque tenía dos grandes talones de Aquiles: sus negocios y su lengua.

El caso de Invercolsa se definió en su contra. No sólo perdió todas sus acciones sino los rendimientos que usufructuó durante años. Además deberá pagar una millonaria multa. Aunque usó todos los recursos jurídicos a su alcance, Londoño perdió el pleito.

Lo paradójico es que esa no ha sido su mayor derrota. Sus peores líos se los ha creado su propia lengua. En varias ocasiones las intemperantes palabras del entonces ministro tuvieron que ser rectificadas por el Presidente. En marzo del año pasado creó un verdadero problema diplomático, después de que Venezuela y Brasil se negaron a declarar a las Farc grupo terrorista, cuando dijo que "Chávez no va a estar dispuesto a hablar en contra de personas a las que ve con frecuencia... Lula ya encontró una disculpa estupenda y es que él quiere reservarse para servir de eventual mediador, cargo para el que nadie lo ha designado... pero uno tiene derecho a autonombrarse en alguna cosa".

Con las ONG no fue más generoso. Dijo que "muchas de ellas les hacen el juego a los grupos ilegales". Criticó duramente a las que se oponían a las fumigaciones con argumentos ambientalistas. Y llegó a decir que todos "los comunistas son verdes". Porque si algo parece ignorar Fernando Londoño es que la guerra fría terminó.

También hizo carrera su caricaturesco vaticinio de que "este año vamos a acabar con el narcotráfico. Vaya usted a Putumayo y búsqueme un arbusto de coca. No hay uno". Y peor aún, cuando ocurrió el atentado terrorista contra el club El Nogal, del cual fue fundador y presidente, sus primeras palabras fueron más que camorreras. Dijo que el carro bomba "se construyó con la famosa dosis personal de cocaína que la Corte ha declarado como una manifestación del libre desarrollo de la personalidad".

Y finalmente vino la metida de pata con el juez Pedro Suárez Vacca, que motivó el reciente fallo de la Procuraduría. En este caso no se sabe qué molestó más al país. Si la injuria contra el juez Suárez, que pudo demostrar que actuó en derecho, o si la falta de respeto a la justicia y a la separación de poderes.

La excesiva locuacidad le costó a Londoño su cargo. En noviembre del año pasado, una emisora emitió un improvisado discurso de Londoño frente a un grupo de congresistas a quienes les dijo que "el Presidente estaría considerando adelantar las elecciones".

Esta imprudente revelación rebasó la copa del Presidente, y Londoño, el ministro estrella, se fue del gobierno sin mayores glorias, pero con un alto reconocimiento que siguió cultivando desde su columna en El Tiempo y como conductor de un espacio radial en la cadena Super.

Era evidente que el gusanillo de la política se le había despertado. En febrero de este año confirmó sus aspiraciones. "Yo dije que iba a hacer política desde hace varios meses y por ahora estoy estudiando cómo".

Desde entonces empezó a sonar como posible candidato a la Presidencia. Como el hombre bajo cuya égida se iba a reconstruir el Partido Conservador en medio de las cenizas.

Su ascendente entre los azules era evidente y su voz, una de las más escuchadas. Hasta esta semana, cuando el Procurador le dio la lección más amarga de su vida.



La parábola

La controvertida, efímera y en ocasiones brillante vida política de Fernando Londoño Hoyos lo mostró como un hombre que no era de su época.

Aunque el ex ministro ha salido a señalar culpables por la dura decisión de la Procuraduría, la realidad es que este es el desenlace de una carrera atrapada en las trampas de su propia radicalidad. Ninguno de los grandes proyectos que presentó como ministro salió avante. Ni la reforma a la justicia, que aún no se presenta; ni el estatuto antiterrorista, que tumbó la Corte Constitucional; ni su contrarreforma a la Constitución, que no logra levantar cabeza. Y sus grandes apuestas políticas, como el referendo, se hundieron.

Hasta una de sus peleas que despertaba admiración, como la lucha contra el clientelismo en el Congreso, se desvaneció con el proyecto de reelección presidencial, que les ha metido aceite a las relaciones entre el ejecutivo y el legislativo.

"Londoño simboliza el desentendimiento del gobierno frente a la ética pública. La sanción es un mensaje para el Presidente, a quien le importan las metas y no los medios para llegar a ellas", dice el senador y ex magistrado Carlos Gaviria, a quien Londoño señala como uno de los culpables de la sanción que se le impuso.

El fallo de esta semana, que bien puede ser la estocada final para Londoño, demuestra que en política no basta la retórica por muy redentora que parezca. Pero sobre todo deja en claro que el país tiene instituciones más fuertes de lo que los gobernados creen. El discurso mesiánico y conservador de Londoño, que interpretó a muchos colombianos hastiados por la violencia, se estrelló contra los cimientos de un Estado social de derecho profundamente liberal y progresista. La Constitución para ángeles triunfó sobre las águilas de la contrarreforma.

Pero esto no quiere decir que Londoño desaparezca de la vida pública. Porque si algo caracteriza la política colombiana es que está llena de sobrevivientes. Y quién mejor que él para buscar reinventarse. Aunque por el momento cualquier candidatura ha quedado enterrada, habrá Londoño para rato.

VIDEOS MÁS VISTOS

  • "La creatividad no se puede comprar, se adquiere invirtiendo en educación"

    close
  • El abecé del duquismo

    close
  • "Creemos que incluso en los negocios, vivir feliz es muy importante'

    close
  • Colombianos en Harvard: "para llegar acá no hay que ser genio"

    close
  • "Los procesos judiciales no han refutado mis pruebas sino que las han enriquecido": Petro

    close
MÁS VIDEOS

EDICIÓN 1896

PORTADA

El dosier secreto de las Farc

SEMANA revela explosivos detalles del más completo informe realizado sobre la historia, finanzas y los crímenes de la desmovilizada organización guerrillera.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1899

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.