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| 5/19/1997 12:00:00 AM

LA PIONERA

Si no fuera por Esmeralda Arboleda las mujeres no estarían hoy donde están en Colombia.

LA PIONERA, Sección Nación, edición 781, May 19 1997 LA PIONERA
Ahora que las mujeres participan de la vida política como concejales, representantes, gobernadoras, senadoras, ministras, embajadoras, designadas y hasta candidatas presidenciales, no deja de ser anecdótico que apenas hace 40 años todos estos derechos fueran reclamados por las mujeres en una lucha comparable a la librada en el siglo pasado contra la esclavitud.A pesar de los esfuerzos de la ley 28 de 1932 por reconocer de alguna forma la igualdad civil entre los sexos, en la década del 50 las mujeres seguían siendo consideradas prácticamente como ciudadanos de segunda, sin derecho a voto ni a elección popular, con escasas oportunidades laborales y una dedicación ineludible: la de ama de casa. Pero la historia habría de cambiar, y si hoy figuras de la talla de Noemí Sanín y María Emma Mejía ocupan lugares de privilegio que años atrás eran exclusivos de los hombres es por la labor realizada hace medio siglo por verdaderas líderes de la causa feminista en Colombia. Una de ellas fue Esmeralda Arboleda, una vallecaucana echada para adelante que a fuerza de discursos y manifestaciones se convirtió en uno de los bastiones más efectivos en la lucha por garantizarle a la mujer los mismos derechos civiles y políticos de los hombres. A lo largo de su vida pública no sólo se dio el lujo de ser la primera senadora del país elegida popularmente, sino también la primera embajadora y la primera ministra de un gobierno democrático. Nacida en Palmira en 1921, en el hogar de un inmigrante antioqueño y una payanesa que se encargó de criar a sus seis hijas vendiendo flores, Esmeralda se erigió también en la primera abogada egresada de la Universidad del Cauca y la segunda en el país, detrás de Rosa Rojas. Fueron sus estudios de derecho los que hicieron germinar en su mente la semilla feminista con la que había nacido. "Era el drama de tener que estudiar las leyes de una Nación que con total desvergüenza legitimaban la discriminación y la supuesta inferioridad femenina", confesó hace pocos años en una entrevista. Liberal convencida, pero todavía ausente de las lides políticas, tuvo la oportunidad de conocer a Jorge Eliécer Gaitán meses antes del asesinato del líder. Quizás fue ese 9 de abril de 1948 el que la impulsó a darle rienda suelta a sus convicciones. Sólo esperaba el momento justo para pronunciarse. Y ese momento llegó al poco tiempo de que el general Gustavo Rojas se tomara el poder en 1953 tras los oscuros años de violencia política. Si el propósito del gobierno de Rojas Pinilla era la paz, la justicia y la libertad para todos los colombianos, no era posible excluir de él a la mitad de los ciudadanos, pensaba Esmeralda. Entonces, apoyada en su compañera de luchas, la conservadora Josefina Valencia de Hubach, hermana de Guillermo León Valencia, emprendió la tarea de allanar el camino hacia el reconocimiento de la plena ciudadanía para las mujeres. Ese reconocimiento no era otro que el voto.En una campaña sin antecedentes en el país que se prolongó durante casi todo el decenio, Esmeralda Arboleda logró su cometido cuando el plebiscito de 1957 introdujo la ley que permitió en adelante a la mujer participar en elecciones populares. A partir de entonces cosecharía lo que había sembrado. En 1958 fue elegida senadora por su departamento, un acontecimiento que marcó un hito en la historia política del país. Más tarde, en 1961, Lleras Camargo la nombraría Ministra de Comunicaciones y en 1967 Lleras Restrepo la enviaría como embajadora de Colombia ante los gobiernos de Austria y Yugoslavia.Un año después, como embajadora de Colombia ante las Naciones Unidas, conocería al que sería su segundo esposo, el entonces embajador de México ante la ONU, Francisco Cuevas. El primero, el ingeniero Samuel Uribe Hoyos, con quien se casó en 1946 y tuvo su único hijo, Sergio, había muerto años atrás. Era el comienzo de una vida diplomática que la llevaría por Brasil, Francia, Bélgica y Gran Bretaña. Sin embargo, durante todo este lapso nunca se separó de la política. Había sido pieza fundamental del movimiento femenino en la campaña presidencial de Carlos Lleras y seguiría cumpliéndole al Partido Liberal con la misma fidelidad en las de Alfonso López y Virgilio Barco."Para pantalones bien puestos, las faldas de Esmeralda", solían decir de ella, y no cabe duda de que no le quedó corta la frase. Y a pesar de no haber hecho realidad su más grande sueño, ver sentada a una mujer en el solio de Bolívar, Esmeralda Arboleda murió la semana pasada con la satisfacción de haber trazado la ruta de un camino que hoy tiene a la mujer disputando los cargos más importantes del Estado.

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