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| 2/17/2007 12:00:00 AM

La renuncia que no llegó...

La permanencia de la 'Conchi' en la Cancillería es entendible para el Presidente, riesgosa para el país y pésima para ella.

La renuncia que no llegó... La Canciller lee el viernes al medio día el comunicado en el que anunció que permanecería en el cargo, “con eficacia y alegría”
La opinión pública estaba ansiosa de la decisión de la Corte Suprema de Justicia que se conoció el jueves en la noche. La misma que definiría si cinco congresistas que rindieron indagatoria en diciembre pasado sobre supuestos vínculos con grupos paramilitares tendrían que ir a la cárcel. Curiosamente, las miradas no estaban puestas en ellos, sino en la ministra de Relaciones Exteriores, María Consuelo Araújo, hermana de Álvaro, senador que se convirtió en símbolo de este paquete de salpicados por el escándalo. Las apuestas estaban dirigidas a adivinar si la 'Conchi' se iba o se quedaba después de la previsible noticia de la detención de su hermano.

Cuando ésta se confirmó, el gobierno actuó con rapidez y disipó las dudas sin dejar espacio a las especulaciones. Minutos después de conocida la decisión de la Corte, el ministro del Interior, Carlos Holguín, y el propio presidente Álvaro Uribe, después, respaldaron a la Ministra. En la mañana del viernes, después de una reunión de la Canciller con su jefe inmediato, en un rápido comunicado leído ante los medios de comunicación la 'Conchi' anunció que permanecería. Justificó la decisión con tres argumentos: que así lo había decidido el Presidente, que acataba las decisiones de la justicia y que estaría en capacidad de superar el mal momento para continuar sin limitaciones su gestión como jefe de la diplomacia del país.

Las cosas para la 'Conchi' se han ido complicando. Lo que sí ha cambiado con el tiempo son las repercusiones de la permanencia de la Canciller en su exigente cargo. Una renuncia en el mes de diciembre, cuando el senador Álvaro Araújo fue llamado a indagatoria, la habría catapultado como una víctima injusta de la conducta de otros, así fueran parientes cercanos. Y habría salido en hombros: para ella están por encima los intereses de la Nación. El sacrificio la habría crecido, justo cuando la imagen de su desempeño en la cartera iba en ascenso y cada vez sorprendía en forma más favorable. Le habría dejado incólume un espacio para participar en la política en el futuro. Un segundo escenario, el de la salida a raíz de la detención de su hermano el jueves pasado, habría sido lógico, esperado y poco sorprendente. Una decisión segura, que le habría evitado riesgos. Se habría visto como una actitud reactiva y obligada por los hechos, pero también se habría interpretado como un gesto de desprendimiento personal a favor de intereses nacionales.

Pero no hubo renuncia y lo que se abre ahora es un tercer camino, tortuoso y lleno de peligros para el país y para el futuro político de esta joven costeña. El empeño que la Canciller le ha puesto a su trabajo y su carisma personal van a quedar a prueba. Y a merced del seguro desgaste que le va a generar la acusación permanente de ser la culpable de todos los problemas que enfrentará Colombia en los meses venideros en su flanco diplomático. Se verá acorralada frente a los diversos fallos que se irán produciendo en el futuro sobre miembros de su familia involucrados en investigaciones judiciales sobre la alianza entre políticos y paras. No sería imposible que la 'Conchi' tenga que irse más adelante, pero por la puerta de atrás.

El panorama es muy sombrío. Aunque las responsabilidades son individuales y nadie tiene que cargar con lo que hacen los parientes, son demasiados los miembros de la familia de la Canciller que están en problemas. Álvaro, el senador, ya está en la cárcel y tiene un cargo más que sus compañeros de celda: el de secuestro, que es muy grave y causa escozor en el exterior. Otro hermano, Sergio, está bajo investigación por las autoridades estadounidenses. Un primo, el actual gobernador de Cesar, Hernando Molina, fue llamado a indagatoria por la Fiscalía. Y su padre, el ex ministro Álvaro Araújo Molina, también ha sido convocado por la justicia. La sola historia del clan es un torpedo que puede 'tumbarla' de la Cancillería y herir gravemente su carrera política.

Su permanencia en el cargo mina el frente internacional. La agenda diplomática de Colombia en los momentos actuales tiene como columna vertebral la explicación del proceso de negociación con las AUC y la controvertida Ley de Justicia y Paz. Estos temas serán analizados con lupa en el Congreso demócrata de Estados Unidos, que es mucho más sensible a los derechos humanos que el gobierno republicano, cuando se estudien el TLC y el nuevo Plan Colombia. La Canciller también tendrá que frentear a vecinos como Hugo Chávez, quien considera que 'Jorge 40' -el supuesto enlace del senador Álvaro Araújo con los paras- planeó un atentado contra su vida. Y tiene que vincular a la reacia Unión Europea al proceso de reinserción de los ex combatientes paramilitares. La tarea es tan trascendental como compleja, y el inflamado talón de Aquiles de (izquierdala Canciller puede hacerle mucho daño al país. La 'Conchi' podía haber seguido en el gobierno con menos dolor en cualquier otro Ministerio diferente a la Cancillería y, tal vez, el de Defensa o Interior.

¿Por qué se quedó entonces en condiciones tan adversas? Sólo hay una explicación lógica: Álvaro Uribe. Los beneficios más evidentes de esta decisión son sólo para el Presidente. Para empezar, mantuvo a una colaboradora eficaz y leal a toda prueba. Además, desde cuando se destapó el escándalo de la para-política, el primer mandatario le ha jugado -como hizo, con éxito, Lula da Silva en Brasil, cuando estalló el escándalo de corrupción de su partido, el PT- a que no lo toca: son problemas de los políticos que lo acompañan.

Entregar la cabeza de la Canciller habría acercado al Palacio presidencial los temores del terremoto para-político. Habría generado la impresión de que la crisis crece como una bola de nieve. Y hasta habría generado un paralelo con el proceso 8.000, que en verdad sólo puso a tambalear a Ernesto Samper cuando renunció el ministro de Defensa, Fernando Botero. Con la decisión de mantenerla en su puesto, Uribe, más bien, envió la señal de que hay más normalidad de la que le reconocen sus críticos.

La ministra María Consuelo Araújo puede terminar convertida en pararrayos o en fusible. Los célebres memorandos que recibirán los Cancilleres con los que se va a entrevistar en ejercicio de su tarea para informarlos sobre quién es su interlocutora estarán encabezados por un resumen sobre las vinculaciones de los miembros de su clan familiar con la para-política. Las preguntas de los periodistas se van a concentrar, aquí y en el exterior, en este incómodo asunto. Y la oposición se armará de municiones para cargarle a la cuenta de la Canciller las consabidas críticas de las ONG y de algunos gobiernos al proceso de paz con los paras. Con su habilidad y con paciencia, la Ministra puede minimizar los efectos de todas estas puyas sobre su gestión. Pero el costo será enorme: para ella y para el país. Puede llegar a ser más alto el sufrimiento personal que el deterioro de su tarea.

El complejo cuadro corrobora, en fin, que la permanencia de la Canciller es un harakiri para su carrera política y un escudo para el Presidente. Pero Uribe le dio más prioridad a frenar las bocanadas de fuego de los dragones de la para-política. Tal vez piensa que la ministra Araújo se puede ir en otro momento en el que no proyecte la percepción de que la tumbó la oposición o la arrasaron los vientos huracanados del escándalo. Pero hay tantos riesgos, que el tiempo corre en contra y, a la hora de la verdad, su renuncia hoy habría sido mucho más prudente y diplomática que una dimisión postergada.

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