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| 9/13/1993 12:00:00 AM

Las pruebas definitivas

Por primera vez las autoridades obtienen confesiones de las personas que estaban con Pablo Escobar el día en que se decidió asesinar a Luis Carlos Galán hace cuato años. SEMANA revela toda la historia.

Las pruebas definitivas Las pruebas definitivas
DURANTE CERCA DE CUATRO AÑOS, EL avance de las investigaciones sobre el asesinato de Luis Carlos Galán estuvo casi exclusivamente centrado en los autores materiales y en sus cómplices operativos. Esta situación cambió dramáticamente hace pocas semanas, cuando las autoridades judiciales obtuvieron cinco confesiones que les han permitido dibujar el panorama completo de la forma como se decidió, ordenó y planeó este crimen por parte de sus autores intelectuales. Con estos testimonios, todo lo que hasta ahora habían sido solo hipótesis y especulaciones, adquiere un alto grado de confirmación y se convierte en la base de procesos judiciales sólidos. La siguiente crónica resume los elemenos esenciales de la historia que los investigadores han reconstruido. Los nombres de los personajes que han resuelto colaborar con la justicia se mantienen bajo reserva, así como ciertos detalles cuya revelación afectaría el curso de las indagaciones.
El 17 de febrero de 1989, Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha, Gustavo Gaviria y sus más cercanos lugartenientes, planearon en una fiesta, en la hacienda Nápoles, el asesinato de Luis Carlos Galán. A ella asistieron también los administradores de las propiedades de Escobar ubicadas en Puerto Triunfo, La Estrella, Envigado y La Pintada. El convite fue en honor de su primo Gustavo Gaviria, quien estaba de cumpleaños. Esa noche hubo de todo: mariachis, conjunto vallenato, trío de música de carrilera, champaña, whisky, aguardiente y cerveza, según lo recuerdan con claridad los declarantes que han entregado los testimonios gracias a los cuales las autoridades judiciales han reconstruido los hechos.
Al calor del licor y de la fiesta fueron muchos los temas que se discutieron esa noche. En especial se habló de la prosperidad del negocio, de los errores cometidos en los últimos embarques que habían caído en manos de las autoridades, de la competencia por parte del cartel de Cali, de la buena campaña de los equipos de fútbol antioqueños, pero, sobre todo, se habló sobre la situación del país, en especia] sobre el tema de la extradición y de la campaña presidencial que se avecinaba para la elección del nuevo presidente de la República.
Fue ahí, en ese momento, cuando Pablo Escobar tomó la palabra y les dijo a sus compañeros: "Los periódicos y las encuestas muestran que Galán será el próximo presidente. Eso nos jode a todos. Si gana Galán, que es un moralista aliado con los gringos, todos nosotros vamos a parar a las cárceles de allá como le ocurrió a Lehder". A las palabras de Escobar siguió un gran silencio en el salón de fiestas de la casa de Nápoles. Y Escobar prosiguió: "Antes d que Galán llegué al Palacio de Nariño hay que apretar el gatillo. . . ".
El más atento a la sentencia que profirió Escobar fue Rodríguez Gacha, "El Mexicano", quien tomó entonces la palabra: "Estoy con usted. Si queremo continuar tranquilos en el negocio y sin la angustia de que nos vayan a extraditar a los Estados Unidos, hay que eliminar al doctorcito Galán". Esa noche no se habló más del asunto. La fiesta se prolongó durante dos días más y antes de finalizar, Escobar y ""El Mexicano" concretaron una reunión privada para tratar más en detalle el asunto de Galán.
La cita fue dos semanas después. Se llevó a cabo en la hacienda Chihuahua, de propiedad de Rodríguez Gacha y ubicada en el municipio de Pacho, en Cundinamarca. A ella asistieron, además de Escobar, su primo Gustavo Gaviria y seis de sus más allegados lugartenientes. A diferencia de la reunión anterior en Nápoles, en esta oportunidad no hubo ni trago ni música ni fiesta. La conversación sólo giró en torno de un tema: el asesinato de Luis Carlos Galán.
LO QUE SE PLANEO EN CHIHUAHUA
La vocería de la reunión la llevó Pablo Eseobar. Durante dos horas argumentó los motivos por los cuales Luis Carlos Galán debía ser asesinado. "Mas que argumentos lo que el patrón presentó fue un plan muy concreto sobre cómo debíamos eliminar al doctor Galán", relató uno de los testigos a las autoridades.
Sin embargo, no todos los presentes estuvieron de acuerdo con la decisión que había tomado Escobar. Uno de ellos pidió la palabra y dijo: "Yo respeto y apoyo todas las decisiones que tome don Pablo, pero sí quiero decir que si nos embarcamos en este negocio las cosas se nos van a poner de pa' arriba. Es que si matamos al doctor Galán nos echamos al país encima y esto no es otra cosa que declararle la guerra no sólo al Gobierno sino a los gringos".
Escobar lo interrumpió y de manera enérgica dejó en claro quién era el que daba las órdenes. "La decisión ya la tomé y todos los que están aquí tienen que estar conmigo ". No se dijo una palabra más y Escobar comenzó a esbozar su plan. Lo primero que aclaró fue el escenario del crimen. Este no podía cometerse en Medellín porque, según sus propias palabras, las autoridades de inmediato lo señalarían a él como el directo responsable del asesinato.
El segundo planteamiento que hizo durante la reunión fue que el crimen no se llevaría a cabo de inmediato. Se requería de un plan muy bien diseñado que por lo menos necesitaba seis meses antes de su efectiva ejecución. Y el tercer punto que Escobar dejó en claro fue quiénes tendrían la responsabilidad de llevar a cabo el magnicidio. Y volvió a repetir: "¿Quiénes van a tirar del gatillo?". La pregunta no se respondió en esa reunión. Los asistentes se levantaron de sus asientos y acordaron que 15 días más tarde se volverían a encontrar para últimar los detalles del asesinato.
LA ESTRATEGIA
La respuesta a la pregunta de Escobar la tenía "El Mexicano". La siguiente reunión tres semanas después se llevó a cabo en uno de los apartamentos de Escobar en el lujoso barrio de El Poblado en Medellín. Ese día se repartieron responsabilidades entre cada una de las personas que había participado en las reuniones anteriores. Escobar escogió a su más cercano amigo y socio, "El Mexicano", como el jefe de la operación. Bajo sus órdenes quedaron todas las personas que participarían en el magnicidio. Para Escobar, tanto la lealtad de Rodríguez Gacha como su terquedad y persistencia en el logro de los objetivos militares del cartel, aseguraban el éxito de la operación. Su primo Gustavo Gaviria quedó encargado de las finanzas de la macabra empresa. Pagaría a los sicarios, financiaría la compra del armamento, el aquiler de apartamentos, los carros y todos los gastos imprevistos que se generaran.
Según el testimonio de los declarantes secretos, para seleccionar a los sicarios que iban a tirar del gatillo, se escogió a Dan Denys Muñoz Mosquera, más conocido como "La Quica" y quien por aquella época coordinaba las redes de matones al servicio de la organización de Escobar. A Luis Carlos Aguilar Gallego, alias "El Mugre", se le encomendó la tarea de conseguir las casas y apartamentos donde iban a estar hospedados los sicarios que fueran seleccionados para el asesinato. A Mario Alberto Castaño Molina, "El Chopo", se le entregó la responsabilidad de conseguir el armamento que se utilizaría en el crimen y el adiestramiento de los asesinos en las escuelas de sicarios que se habían montado por el cartel de Medellín en los municipios de La Estrella y Sabaneta. Una vez definidas las tareas de cada uno de los asistentes, la reunión se levantó y se acordó que la próxima cita sería para diseñar el plan definitivo.
EN LA MIRA
La campaña política para elegir el candidato liberal a las elecciones presidenciales estaba empezando a agitarse en mayo de 1989. Luis Carlos Galán había emprendido sus primeras giras por el país, a pesar de que en su casa así como en su oficina se habían comenzado a recibir llamadas telefónicas amenazantes, que parecían confirmarse con algunas informaciones de inteligencia que apuntaban hacia que algo grande se estaba preparando en contra del candidato presidencial. Una tras otra, las encuestas confirmaban que ninguno de los aspirantes liberales o conservadores que estaban en la palestra podría derrotarlo. Esta tendencia de los sondeos apresuró la decisión de Escobar para ejecutar su plan. "Los jefes estaban muy nerviosos. No querían saber nada más de Galán. Me acuerdo que un día de mayo el patrón decidió que había que hacer una nueva reunión en una de sus fincas cerca de Medellín," relata uno de los testigos.
Ese día Pablo Escobar le dijo a Rodríguez Gacha que echara a andar el plan que se había diseñado. Durante tres meses la gente de la organización le siguió los pasos a Luis Carlos Galán. Lograron establecer sus horarios de trabajo, las rutas que utilizaba para desplazarse de su casa al trabajo, interceptaron muchas de sus líneas telefónicas en la casa y la oficina, e indagaron sobre el itinerario de sus giras.
Esta tarea la realizó un grupo selecto que hacía parte de la organización. Para evitar apostarle a un solo grupo de sicarios y a un solo intento de asesinato, el cartel ubicó seis escuadrones en igual número de regiones: Bogota, la Costa, los Santanderes, el Valle y el eje cafetero. La obsesión de los jefes era tal, que querían garantizar que por nada del mundo Galán sobreviviera a la campaña. Cada grupo estaba integrado por 10 hombres. Dos tenían la misión específica de disparar el gatillo. Otros dos debían servir como elementos distractores, cargando pancartas y banderas. Tres más estaban encargados de establecer cómo se movilizaba la escolta que acompañaba a Galán. Y los tres restantes tenían la misión de comunicarse con sus jefes una vez ejecutado el plan, y de preparar la logística para la huída del grupo.
EL FESTEJO
La penúltima reunión que convocó Escobar con su gente fue el 17 de agosto de 1989. Ese día, en una finca localizada en La Pintada, Antioquia,se decidió que el plan del asesinato se ejecutaría en Soacha. "Los hombres que seguían a Galán enviaron un mensaje asegurando que al día siguiente iban a participar en una manifestación en un pueblo cercano a Bogotá. "El Mexicano" dijo que era el mejor momento para actuar porque todo estaba a nuestro favor, pues en en pueblo no iba a haber tanta seguridad como en una capital.Además la huída de los muchachos sería mucho más fácil una vez cumplido el trabajo".
Con el eonsentimiento de Escobar, se autorizó el operativo. Antes de levantar la reunión, el jefe del cartel de Medellín invitó a sus hombres a una fiesta que daría el 18 de agosto en la noche en una de sus haciendas en Puerto Triunfo. "Esa noche en la finca había por los menos 150 personas. Pero muy pocos sabíamos lo que iba a pasar. Mientras la gente tomaba y bailaba, nosotros estábamos pendientes de la radio y de una llamada. A eso de las ocho de la noche escuchamos las noticias que hablaban del atentado. Unos minutos más tarde entró la llamada. Nuestro hombre dijo que la misión se había cumplido. El patrón apagó la radio, se tomó un aguardiente y se metió en la fiesta... ".
EL PROCESO
Todo lo anterior tiene inmensas implicaciones jurídicas, incluso si algunos apartes de las narraciones de los testigos puedan desafiar la credibilidad. Si se logra consolidar este expediente -sin duda uno de los más importantes de la historia de Colombia- Pablo Escobar y su organización estarán ante la más grave acusación demostrada en su contra.
Pero esta no será una tarea fácil. Basar un proceso exclusivamente en testimonios de testigos que se han acogido a regímenes especiales de protecciónc puede ser insuficiente a la hora de presentar el caso ante los jueces. Además, es indiscutible que los mecanismos para proteger a los declarantes tendrán que afinarse, para que no les suceda lo que aconteció con los autores materiales del asesinato de Galán, que fueron asesinados uno tras otro, algunos de ellos después de colaborar con las autoridades a cambio de una protección que a todas luces resultó insuficiente (ver recuadro).
Pero en todo caso y aunque lo revelado tras las últimas pesquisas pueda no ser muy sorprendente para muchos por coincidir con lo que millones de colombianos habían sospechado siempre, no deja de impactar que gracias a los testimonios de los testigos secretos, se haya logrado dibujar un cuadro tan completo de lo sucedido.
AUTORES MATERIALES: TODOS ASESINADOS
LA MUERTE DE JAIME EDUARDO Rueda Rocha significó la pérdida de la última ficha que podría llevar a las autoridades a armar el rompecabezas del asesinato de Luis Carlos Galán Sarmiento. Rueda Rocha era el único de los autores materiales que quedaba vivo. Se trataba, además, de la primera persona que había confesado su participación en la muerte de Galán. En su declaración voluntaria reconoció que disparó contra el candidato en la noche del 18 de agosto de 1989 en la plaza de Soacha.
Rueda Rocha murió el 23 de abril del año pasado en la vía que de Honda conduce a Puerto Boyacá, al enfrentarse a integrantes del Grupo Operativo Especializado de la Policía (GOES), meses después de una espectacular fuga de la penitenciaria La Picota de Bogotá. Al parecer, la información sobre su paradero fue suministrada por paramilitares del Magdalena Medio fieles a Gustavo Londoño, alcalde de Puerto Boyacá, muerto, presuntamente, por hombres de Rueda Rocha. La muerte de este último desencadenó una ola de asesinatos que involucraron también al nuevo jefe de las autodefensas, Luis Eduardo Ramírez, "El Zarco", quien había reemplazado a Ariel Otero, comandante de las autodefensas también asesinado. El siguiente es un resumen de la serie de asesinatos que ha llevado a la tumba, con sus secretos, a los autores materiales de la muerte de Galán, en una dramática secuencia que parece demostrar que los autores intelectuales de este crimen están ,ante todo, interesados en que quienes puedan comprometerlos no logren nunca declarar ante un juez. Como le dijo a SEMANA un funcionario de seguridad del Gobierno, "debido a la obsesión de Escobar por borrar las huellas de sus crímenes, trabajar para él en un asesinato importante equivale a tener desde ese momento los días contados sea porque luego la gente de Escobar lo mata, o porque lo sapean para que muera en un operativo de las autoridad es ".
JOSE ORLANDO CHAVEZ FAJARDO:
El hombre de la pancarta, como lo llamaron los medios de comunicación, se convirtió en uno de los mejores informantes de las autoridades. El fue la persona que denunció a Rueda Rocha como autor material del asesinato de Galán. Rueda Rocha me ofreció dinero, una casa y un carro para que participara en el asesinato del doctor Galán", dijo en su confesión. Meses después de su captura recuperó la libertad y se acogió al llamado sistema de protección de testigos. Pero poco le sirvió: fue muerto en Bogotá el 5 de agosto de 1990 por desconocidos en momentos en que no contaba con ninguna protección. En su declaración libre y espontánea ante las autoridades reconoció que la noche del asesinato participó como elemento distractor no sólo al portar una enorme pancarta que impedía ver todo lo que sucedía en la tarima donde se encontraba el candidato sino que, al realizar varios disparos al aire, confundió a la fuerza pública. Hasta el momento las autoridades desconocen la identidad de los asesinos del hombre de la pancarta.
ERNESTO RUEDA SILVA:
Hermano de Jaime Eduardo Rueda Rocha. Los dos nacieron en Yacopí (Cundinamarca) y fueron en sus comienzos miembros de un frente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), antes de conocer a Gonzalo Rodríguez Gacha, "El Mexicano", quien los reclutó en sus filas. También fue una de las personas denunciadas por el hombre de la pancarta. Una vez capturado admitió su participación en el asesinato de Galán. La forma como fue muerto sirvió para reafirmar la tesis de las autoridades, según la cual Pablo Escobar no deja huellas de sus magnicidios: fue asesinado el 29 de junio de 1992 en uno de los pabellones de máxima seguridad de la cárcel La Modelo. Las autoridades sindicaron a Efrén Peña Mateus, sargento (r.) del Ejército, quien también se hallaba detenido.
ENRIQUE CHAVEZ VARGAS:
Primo hermano de Orlando Chávez Fajardo y quien igualmente se había acogido a la protección de testigos por delación. También le había contado a las autoridades su participación en el asesinato de Galán a la vez que delató a Rueda Rocha y a Rueda Silva. Fue asesinado el 9 de agosto de 1990 en Bogotá junto con Chávez Fajardo por individuos que vestían uniformes de la Policía Nacional y que se movilizaban en una moto. Al igual que en los casos anteriores, los autores del asesinato no dejaron rastros y hasta el momento nada saben las autoridades sobre su identidad. Durante el atentado a Galán, sirvió como factor de distraceión de las autoridades al portar también un pasacalles.

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