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| 1/20/1986 12:00:00 AM

LAS TUMBAS DEL CAUCA

Los macabros hallazgos de Tacueyó indican que la guerra en el Cauca se complica

LAS TUMBAS DEL CAUCA LAS TUMBAS DEL CAUCA
Y ahora, tumbas. Fosas comunes llenas de cadáveres: hasta ahora 28 en la jurisdicción de Tacueyó, cerca a Toribío, con 81 cadáveres, y siete más en las cercanías de Corinto, con un número todavía no precisado de despojos humanos. Esa región desolada de la cordillera caucana es desde hace muchos meses teatro de una guerra con múltiples protagonistas. Se han dado allí combates entre el Ejército y las guerrillas, y de los grupos guerrilleros entre sí (el XIII Frente de las FARC, el M-19, el Frente Ricardo Franco, la guerrilla indígena Quintín Lame), y son frecuentes los asesinatos de indígenas acusados por unos de colaborar con otros: con el Ejército, con la guerrilla, con los terratenientes. Es una zona de terror. Pero nunca, en los treinta años de la historia a menudo feroz de las guerrillas colombianas, se había registrado una masacre de tales proporciones y de tan espeluznantes características.
Los muertos hallados hasta ahora son hombres y mujeres --diez, una de ellas embarazada-- e incluso niños de trece o catorce años. Están enterrados casi a flor de tierra, semidesnudos o con prendas de uniforme militar que en muchos casos llevan insignias del grupo Ricardo Franco, pero con los bolsillos arrancados y sin ningún papel de identificación. No son indígenas paeces de la región, sino "muchachos de la ciudad, con ropa interior fina", según dicen los campesinos que encontraron las tumbas.
Muchos están atados de pies y manos, con los rostros destrozados a golpes y con señales de tortura. Fueron asesinados a garrotazos o estrangulados con cuerdas o bejucos, y rematados luego de una puñalada en el esternón, encima del estómago. De los hallados hasta ahora, sólo uno tiene un balazo. Y según los habitantes de la zona, hay todavía más tumbas.
Los primeros hallazgos --cinco fosas con los cadáveres de ocho mujeres y veinticinco hombres-- fueron hechos por tropas de la III División que seguían informaciones de campesinos en la vereda La Estrella, cerca a Tacueyó. En el primer momento, el ministro de Defensa declaró que podían haber sido víctimas de un enfrentamiento con el Ejército y enterrados por sus propios compañeros, para esconderlos; pero las características de la muerte descartaron esa idea. Luego aparecieron más fosas en Chimicueto, en La Gallinaza, en La Campana, en La Calera, a lo largo del camino que, según dicen los reticentes campesinos, siguió una tropa de la guerrilla que acampó en La Calera el 3 de diciembre. Los indígenas hablan poco: les ha tocado suficiente violencia y desde demasiados ángulos, no sólo en los últimos años sino en los últimos siglos, como para que conozcan bien el valor de la discreción y el silencio. Pero dicen que eran unos ciento cincuenta hombres, y que llevaban a muchos amarrados. No saben quiénes eran ni para dónde iban, pero el camino está sembrado de lemas de combate del Frente Ricardo Franco.
Sin embargo, es difícil todavía establecer con certidumbre la identidad de unos y otros, de los asesinados y de sus asesinos. El general Gómez Barros, comandante de la Tercera Brigada, se mostraba cauteloso: "Sabemos que fue un enfrentamiento entre grupos guerrilleros, o interno dentro del Ricardo Franco, pero no tenemos la evidencia absoluta de eso y por lo tanto nosotros mantenemos nuestra posición de ser objetivos en la información". Las Fuerzas Armadas excluyen la posibilidad de que hayan muerto en combate con sus tropas, y también de que hayan perecido en los recientes bombardeos practicados por ellas en la zona. Un dirigente del XIII Frente de las FARC, interrogado en Tacueyó por un periodista, dijo que "posiblemente fueran del Ricardo Franco", pero negó la versión de que hubieran sido ejecutados por las propias FARC. Circulaba también otra, muy poco verosímil, al parecer inspirada en la lectura de informes de prensa sobre las actividades del grupo peruano Sendero Luminoso, de que podía tratarse de una reacción de venganza de la población indígena contra los guerrilleros. Y finalmente había otra más: la "purga interna" del Ricardo Franco, avalada por un comunicado del M-19 que circuló en Cali.
Según el comunicado, firmado por el comando superior del M-19, encabezado por Alvaro Fayad, se trató de un "crimen exasperante" de los "francos" de "una purga de raíz totalitaria" realizada "con la excusa inaceptable de investigaciones sobre infiltrados de los servicios de inteligencia del Ejército". El "Eme" pide la expulsión del Ricardo Franco de la Coordinadora Guerrillera, y condena vehementemente "la locura, el sectarismo y la injusticia criminal" de sus antiguos aliados, cuyas "perversiones" atribuye a "la intolerancia, el dogmatismo, el canibalismo, el hegemonismo" y a "todas las deformaciones de raíces antidemocráticas que la izquierda colombiana mantiene".
Pero el descubrimiento de las tumbas y el comunicado condenatorio del M-19, no cierran el caso, ni muchísimo menos. Por el contrario, hacen presagiar nuevos capítulos de horror, pues anuncian la apertura de un nuevo frente de combate en el atormentado Cauca: además de la guerra entre el Franco y las FARC, y de la pugna entre las FARC y el Quintín Lame, comienza ahora el enfrentamiento entre el Franco y el M-19. Muchos, empezando por los militares, pensarán que en ese caos "no hay puñalada perdida". Pero los indígenas del Cauca, que sirven de involuntario telón de fondo a esos choques entre aparatos armados, empezarán a pensar que quedarse callados ya no es suficiente.--

EDICIÓN 1879

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