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| 6/21/1999 12:00:00 AM

LENTO PERO SEGURO

Cuatro meses después del terremoto Jeison y el Quindío tienen todavía las cicatrices del <BR> sismo pero muestran signos alentadores de recuperación.

LENTO PERO SEGURO LENTO PERO SEGURO
Hoy más que nunca Armenia hace honor a su calificativo de 'Ciudad Milagro'. Esta
semana, cuando se cumplen cuatro meses del terremoto que asoló al eje cafetero, la capital quindiana
y sus municipios vecinos muestran signos alentadores de recuperación. Si bien no puede decirse
que todo vuelve a la normalidad, pues el terremoto partió en dos la historia de esta región y del país
entero y ya nada volverá a ser igual que antes, la vida continúa para los sobrevivientes. SEMANA
habló con algunos de los protagonistas de la tragedia, cuyas historias registró en su momento para
esta revista el periodista Germán Santamaría. Jeison Andrés López, de 13 años, estuvo atrapado
más de 30 horas entre los escombros del edificio Garzón Franco, en la calle 18 con 29, donde
murieron su madre, sus dos hermanos menores y un sobrino. Su rescate marcó un hito en la
tragedia que afectó de manera directa, según cifras reportadas por el Dane, a 400.483 personas en 27
municipios de los departamentos de Quindío, Valle del Cauca, Risaralda y Tolima. En estos
momentos Jeison vive con su padre y con su hermano mayor, el teniente del Ejército Oscar López,
quien fue trasladado de Barrancabermeja a Armenia poco tiempo después de ocurrido el sismo. John
Jairo López, el otro hermano, ingresó al Ejército para hacer la carrera de oficial a los 20 días de la
catástrofe. Los López comparten su casa en el barrio Popular con otra familia, una mujer sola con
cuatro hijos y dos nietos, que se quedó en la calle. Jeison no habla mucho, sólo mira con ojos
curiosos. Es un muchacho delgado, de piernas largas como de basquetbolista y pies grandes. En el
derecho exhibe las cicatrices que le dejaron las cirugías que le hicieron en el hospital San Juan de
Dios y la Clínica Nueva, luego de lo cual usó muletas durante más o menos un mes. Todavía cojea un
poco de la pierna del mismo lado. Esta es la única huella visible que dejó el terremoto en su cuerpo,
que igual no le impide sacarle el jugo a la bicicleta que le regaló su papá. Otras secuelas son menos
tangibles. Algunas son sorprendentes, como la capacidad que dice tener Jeison ahora para saber
cuándo va a temblar. Otras dolorosas, como lo reconoce el propio padre: "El niño ha cambiado
mucho. De noche le dan sobresaltos, brinca. Yo, como duermo con él, me le acerco, le acaricio la
cabeza y él vuelve y se queda dormido. Nunca le he preguntado ni él me ha dicho qué es lo que
sueña". Comenzar de nuevo Jeison no es el único que tiene pesadillas. Como él hay miles de
personas que sufren lo que los especialistas en salud mental denominan síndrome de estrés
postraumático. Algunos de los afectados combaten este mal con ayuda de antidepresivos, esencias
florales y hasta agüitas aromáticas. Los casos más severos son remitidos a consulta especializada y
los que pueden se internan en la clínica de reposo de Filandia. El médico Jorge Raúl Ossa,
subdirector del hospital San Juan de Dios, conoce bien esta situación. Su madre murió en el edificio
ubicado frente al Teatro Bolívar, a un costado de la Catedral de Armenia. El doctor Ossa apenas tuvo
tiempo para enterrarla en medio del ajetreo y el acelere de las primeras horas de la emergencia.
Tiempo después tuvo que hospitalizar a su padre, quien se encontraba muy mal sicológicamente,
muy deprimido. Sólo hasta hace dos semanas comenzó a organizar su hogar de nuevo. Los ojos se le
llenan de lágrimas al recordar estos momentos y los que le siguieron: "Hay una sensación de vacío
irreemplazable. El día de la madre fue muy duro. Cada vez que uno pasa por el centro y ve el lote
vacío donde estaba el edificio siente mucho dolor. La ciudad se deformó, cambió el paisaje". En
Armenia la transformación física fue radical. Hasta la semana pasada el número de construcciones
caídas, bien por efecto del terremoto o de las demoliciones posteriores, era de 8.800. La Galería, el
Teatro Bolívar, la Asamblea y el Concejo Municipal, por ejemplo, ya no existen. El Batallón Cisneros
tendrá que ser reubicado. "Nos quedamos sin historia", dice Nancy López, una calarqueña que
había regresado a Armenia en agosto del año pasado luego de vivir 15 años en Bogotá. La madre de
ella murió en el mismo edificio que la del médico Ossa, pero su tragedia no terminó allí. Aún faltaba
por venir lo inimaginable. A la familia López le tocó pagar un millón de pesos por un cajón.
Subieron el ataúd en una camioneta y lo llevaron hasta el cementerio Jardines de Armenia, ubicado
en el sur de la ciudad. En el camposanto tuvieron que abrir la fosa con sus propias manos y luego
bajar el féretro con sus propios cinturones. De regreso a la ciudad Nancy tuvo que hacer frente, junto
con otros familiares, a la turba que asaltó y saqueó el Supermercado Centenario. Hasta las nueve de
la noche de un día que prefiere olvidar resistieron el asedio. Llegar a su casa no fue ningún aliciente
porque también la encontró afectada por el sismo. Hoy todavía duerme en la sala y, al igual que el
médico Ossa, hasta hace dos semanas, apenas comenzaron a disminuir las réplicas, empezó a
reorganizarla. La ayuda sicológica que ha recibido le ha servido pero es consciente de que para seguir
adelante depende de sus propias fuerzas. Esta semana va a lanzar una empresa que
comercialice productos elaborados con base en el café. Para Nancy es un nuevo comienzo:
"Necesitamos volver a empezar... estamos cogiendo impulso".


Empieza la reconstrucción La tragedia del eje cafetero se convirtió en una oportunidad para Colombia:
la de demostrar que se había aprendido de los errores cometidos en el manejo de las catástrofes
de Popayán y de Armero. Por eso en esta ocasión todo se ha hecho de manera diferente y los
resultados, aunque lentos, ya comienzan a verse. El cerebro detrás de este proceso ha sido el Fondo
para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero (Forec). Este organismo fue creado por el
gobierno con una estructura simple pero efectiva, acorde con principios modernos de administración y
gerencia, con el propósito de darle una respuesta integral a la catástrofe. A su cabeza está Luis
Carlos Villegas, presidente de la Asociación Nacional de Industriales (Andi), y en el terreno su
mano derecha es María Mercedes Botero. En los primeros cuatro meses después de la catástrofe el
Forec ha desarrollado, de manera prioritaria, labores de coordinación y planeación. Su labor ha
puesto de moda en la región las palabras "tejido social". Su presupuesto es de un billón de pesos,
incluidos recursos de la Nación, dinero de créditos de la banca multilateral, cuya destinación fue
redireccionada, y donaciones. La semana pasada Manuel López, director de la Unidad Financiera
y de Donaciones del Forec, advirtió que más o menos 8.000 millones de pesos de donaciones para
la zona se encontraban en unas 120 cuentas bancarias en las que su oficina no tenía ninguna
responsabilidad, por tanto ellos no respondían por el uso que se le diera a esa plata. El Forec como
tal no ejecutará todos estos recursos. El área afectada por el terremoto fue dividida en 31 zonas,
cada una de las cuales estará a cargo de una organización no gubernamental (ONG) que actuará
como una gerencia zonal encargada de administrar por delegación el dinero del Fondo y de
subcontratar las obras que sean necesarias para la recuperación del territorio que le fue asignado.
Cuatro ONG ya comenzaron a operar: Antioquia Presente en La Tebaida, la Asociación
Compartir-Cundinamarca en Montenegro, el Fondo Nacional de Cafeteros en el área rural de los 27
municipios afectados y la Cámara de Comercio de Armenia en el centro de la capital quindiana. Las
dos primeras estiman que en 14 meses estará listo el trabajo de reconstrucción de dichos
municipios. Nadie duda de que esto será así a juzgar por los resultados que han mostrado hasta
ahora. En La Tebaida un grafito habla por sí solo: "Si Dios no fuera quindiano, seguramente
sería antioqueño". En Montenegro, por ejemplo, existe un albergue modelo en el sitio Nuevo
Jerusalén. Cuenta con 500 alojamientos temporales hechos en guadua, teja de zinc y plástico. El
lugar está dividido por manzanas y cada una de éstas cuenta con su propio salón comunal, dotado
de televisor, baños, duchas y lavaderos con espejo, un detalle recomendado por los sicólogos que
trabajan con los damnificados. Las familias que viven en este sitio son de propietarios a quienes se
les vino la casa al suelo, que luego serán ubicados en un sitio conocido como Alaska: 20 fanegadas
de tierra, sobre las que se construirán 800 viviendas de seis por 12 metros y un colegio. La casa
modelo quedó lista hace un mes y se ha convertido en un símbolo de la reconstrucción del Quindío.
Otra recuperación que no da espera por el valor histórico y económico que tiene dicha área es la
del centro de Armenia. De acuerdo con Rodrigo Estrada Reveiz, presidente de la Cámara de Comercio
de la ciudad, el 55 por ciento de la actividad económica del departamento se concentraba ahí, en 60
hectáreas, divididas en 128 manzanas, donde vivían 45.000 habitantes en 11.000 predios. Eso era
el centro de la capital quindiana. En la actualidad el panorama es otro. Se ven muchos lotes vacíos,
se respira mucho polvo de los edificios que están acabando de tumbar o de los escombros que están
recogiendo, pero igual, también se encuentran optimistas como el propio Estrada, quien desde el tercer
día del terremoto despacha en la oficina de la Cámara, ubicada en el centro. Su visión es optimista:
"Armenia es la ciudad donde va a haber más desarrollo en los años siguientes". El quiere dejarle
una ciudad diferente a los mellizos que tuvo su esposa, antes de lo esperado como consecuencia del
terremoto, el pasado 6 de abril. Epílogo En los últimos días han estado recorriendo la zona del desastre
en el departamento del Quindío, por invitación del obispo de Armenia, los Caballeros de la Virgen.
Ocho de ellos están en peregrinación, junto con una imagen de la Virgen de Fátima, a la que no
desamparan ni a sol ni a sombra. Su periplo comenzó en Calarcá, continuó en Córdoba y Barcelona y
este fin de semana estuvieron en la capital quindiana. La ceremonia que realizan es solemne y
conmovedora y toca las fibras de un pueblo devoto por naturaleza que está ávido de esperanza y de fe
para mover montañas. Y quién mejor que la Virgen para transmitirla, según el caballero Saúl
Castiblanco, "porque lo propio de la Madre no es tanto la justicia como la misericordia. Ella viene a
traer consuelo, trae fortaleza para resistir cualquier sufrimiento, pero quiere que nos arrepintamos".
Jeison López no necesita escuchar este mensaje para saber lo que significa el amor de una
madre. Le basta con recordar la suya, la que perdió hace cuatro meses y sobre cuya tumba deja
claveles y lirios cada domingo mientras su padre se sienta a rezar llorando. Es probable que alguna
vez se hayan cruzado en el camposanto con Nancy López, quien va a visitar a su madre. En el
cementerio Jardines de Armenia fueron sepultados 570 de los muertos del terremoto. La mayoría
ocuparon los sectores 13, 14, 15 y 17. Nancy, aunque también sintió la pérdida y el desamparo, sabe
por la experiencia que le han dado los años y esta prueba tan dolorosa que la vida sigue. Por eso
cada vez que sale a la calle y se encuentra con amigos o conocidos los abraza emocionada
mientras les repite con alegría: "¡Estás vivo!, ¡estás vivo!".

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