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| 9/1/1986 12:00:00 AM

LO BUENO, LO MALO Y LO FEO

LO BUENO, LO MALO Y LO FEO, Sección Nación, edición 222, Sep  1 1986 LO BUENO, LO MALO Y LO FEO
El resultado en cifras de la gestión económica de este gobierno es, en términos generales, negativo. Al terminar su mandato, Betancur se lleva dos honores dudoso para cualquier líder. Como primer, medida, el desempleo alcanzó niveles desconocidos en la historia del país en junio pasado, la tasa de desempleo llegó a un 15.1% en las cuatro ciudades más grandes. En segundo lugar, el comportamiento de la actividad productiva fue definitivamente pobre. Aun contando en forma optimista con un crecimiento del 6% en el Producto Interno para 1986, el crecimiento promedio de la economía durante los últimos cuatro años sería inferior al 3% anual, apenas por encima del crecimiento de la población. En dos años (1983 y 1985), el producto per cápita cayó y todo parece indicar que para finales de este año, se estará superando por un escaso margen el PIB per cápita de 1982.
Sin embargo, un balance de la gestión económica tiene necesariamente que diferenciar entre lo que es responsabilidad del gobierno y lo que obedece a factores que se encontraban fuera de su control. En el caso de este cuatrienio, ha primado sin duda lo segundo sobre lo primero.
Para muchos, la polémica sobre la gestión económica de Betancur comienza con lo que recibió del gobierno que lo antecedió. El entonces presidente saliente, Julio César Turbay, dejó una economía frágil, pero no en un estado grave. Para citar apenas dos ejemplos: a pesar de que las reservas internacionales estaban en más de 5 mil millones de dólares, el déficit comercial era considerable y estaba creciendo, mientras que en el frente fiscal había ya un faltante apreciable.
Todo esto sin mencionar otros problemas como la debacle del sector financiero, la crisis de los sectores agrario e industrial, etc. Sin duda alguna, esta herencia jugó algún papel en lo que sucedió después. Sin embargo más que la herencia que recibió, el problema de Betancur fue lo que no hizo para afrontarla. El Presidente le dio al tema económico un tratamiento secundario. Según lo indican ciertas informaciones, el 6 de agosto de 1982, Betancur aún no tenía conformado su equipo económico y, menos todavía, conocía las más elementales cifras sobre la situación económica del momento. A esto se agregó la imprevisión que caracterizó la gestión del primer ministro de Hacienda, Edgar Gutiérrez Castro.
Mucho más determinante que cualquier factor interno, sin embargo, era, en esos momentos la recesión mundial, la más grave desde la famosa crisis de 1929. El comercio internaciona decayó considerablemente y la mayoría de las economías industrializadas enfrentaron problemas serios de recesión y empleo. Ante estas circunstancias, era aún más necesaria la rápida intervención del nuevo gobierno para tomar medidas conducentes a preve las crisis del sector externo.
Como si fuera poco, en agosto de 1982 sucedió algo que cambió de plano las circunstancias en que se venía desenvolviendo la economía mundial. Ante el asombro de los banqueros, México declaró que no podía atender los pagos de su deuda externa, con lo cual las puertas del crédito internacional se cerraron súbitamente. Varios meses más tarde los vecinos de Colombia, Ecuador y Venezuela, adoptaron sendos problemas de austeridad que incluyeron una devaluación abrupta de sus respectivas monedas y restricciones comerciales intensas.
Semejantes circunstancias fueron tomadas con calma absoluta por el gobierno. Con su tono alegre y dicharachero Edgar Gutiérrez le insistió al país sobre la inminencia de la recuperación y la solidez colombianas. A pesar de que en 1983 las reservas internacionales del país cayeron en casi 3 mil millones de dólares, se afirmaba que había crédito externo disponible y las ruedas de prensa anunciando tal o cual empréstito se volvieron casi cotidianas en el Ministerio de Hacienda. En el intermedio se presentaron tropiezos con la introducción de una reforma tributaria que fue declarada inexequible por la Corte Suprema y acabó volviéndose ley a través de Congreso de la República. Como consecuencia, se aumentó sustancialmente el volumen de recursos que empezaron a manejar los municipios y en abril de 1984 se empezó a aplicar el sonado Impuesto al Valor Agregado (IVA).
El supuesto éxito en la gestión económica fue anunciado con bombos y platillos por Gutiérrez Castro a mediados del año, antes de su retiro para ocupar un alto cargo en el Banco Mundial. Curiosamente, el país boyante que presentara el ministro saliente pasó a ser un país quebrado según el ministro entrante, Roberto Junguito, quien en apenas 20 días pintó un cuadro verdaderamente apocalíptico. Según Junguito, Colombia se encaminaba irremediablemente a una crisis cambiaria en diciembre de 1984 y el panorama fiscal era desolador. Los gastos del Estado estaban fuera de control y los ingresos no crecían satisfactoriamente, lo cual hacía necesaria una acción inmediata en ese terreno.
Como consecuencia de ese nuevo panorama, Colombia se acostumbró a términos poco trajinados con anterioridad: ajuste y Fondo Monetario Internacional. En pocas semanas, el país se apretó el cinturón al máximo con el objeto de ganar credibilidad ante los bancos extranjeros y las entidades multilaterales de crédito. La estrategia acabó teniendo éxito y en diciembre de 1985, Colombia fue uno de los pocos países del Tercer Mundo que acabó firmando un crédito por mil millones de dolares sin la intervención explícita del FMI. A cambio, el precio que tuvo que pagar el país fue elevado: recorte en el gasto público, aumentos de los salarios por debajo del índice de inflación, devaluación acelerada, eliminación de subsidios, aumento en las tarifas de los servicios públicos y la discusión del programa macroeconómico colombiano, incluyendo la fijación de metas cuantitativas, con el Fondo Monetario en Washington. Betancur, quien llegó a hacer temblar a los banqueros con su iniciativa de formar un frente común de países deudores en junio de 1984, tuvo que influir en abril de 1985 para que Paul Volcker del Banco de la Reserva Federal y Jacques de la Rosiere del FMI, apoyaran la iniciativa colombiana. La ayuda de ambos personajes fue definitiva. No es en vano que la semana pasada Volcker, el baquero más poderoso del mundo, recibiera la Cruz de Boyacá en el Palacio de Nariño. El panorama de sufrimiento cambió para 1986 con la llegada de la bonanza cafetera. No sólo el programa de ajuste resultó exitoso al alcanzar prácticamente todos sus objetivos, sino que Colombia, que había estado mendigando recursos externos doce meses antes, se vio enfrentada a un exceso impresionante de divisas. El aumento en el precio interno del café se reflejo inmediatamente sobre el poder de compra de la población y en pocos meses se empezó a vivir una recuperación económica llamativa. A pesar del aumento en el desempleo aun los más escépticos reconocen que el crecimiento en 1986 será el mejor de la década y los optimistas sostienen que los mejores tiempos están por venir.
Al final, Betancur puede de todos modos reclamar algunos logros, como la solución del problema cambiario, el crecimiento de las exportaciones, el relativo control del déficit fiscal, la consecución de préstamos externos e incluso, el cumplimiento de su principal promesa de campaña: construir 400 mil viviendas populares.
Teniendo eso en cuenta se podría pensar que, como en los cuentos de terror, el de la administración Betancur vivió muchos sustos pero tuvo final feliz. Pero aparte de un cuento de terror, el mandato económico de Betancur fue también una película de vaqueros: con buenos y malos. El malo fue sin duda el ex ministro Edgar Gutiérrez, el bueno Roberto Junguito y el sheriff que los vio desfilar por las calles del pueblo fue Betancur. Junguito hizo todo lo que tocaba hacer, pero dos años más tarde de lo requerido. Y todo eso hubiera sido mucho más fácil de hacer, si Gutiérrez Castro no hubiera dejado pasar esos dos años. El mayor logro de Junguito es sin duda la recuperación del crédito externo con una relativa independencia del FMI. El éxito de esta gestión fue tan grande, que Colombia se convirtió en el país modelo del llamado Plan Baker para solucionar los problemas de deuda externa del Tercer Mundo. En cuanto al actual ministro, Hugo Palacios, no es mucho lo que se puede decir, excepto que a pesar de algunas metidas de pata, ha sido un continuador de los planes trazados por Junguito.--

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