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| 4/8/1991 12:00:00 AM

LO MISMO DE ANTES

Pese a los esfuerzos oficiales, la ayuda a la cuenca del río Páez no está llegando con la prisa requerida.

LO MISMO DE ANTES, Sección Nación, edición 462, Apr  8 1991 LO MISMO DE ANTES
La situación de la cuenca del río Páez parece enlodada. A pesar de los múltiples esfuerzos gubernamentales y de la solidaridad internacional por sacar adelante a los habitantes de esa región afectada por la avalancha, lo cierto es que hay muchos resultados por verse. La semana pasada, por ejemplo, el Ministerio de Hacienda anunció que ya giró los primeros 6.000 millones de pesos para recuperar las vías dañadas por el barro, y todo el mundo pensó que la solución iba viento en popa. Sin embargo, al poco tiempo diversas comunidades indígenas denunciaron que el plan de atención a la zona afectada se cumple en forma extremadamente lenta desde hace tres meses, cuando ocurrió la tragedia.
Quién tiene la razón, es algo difícil de establecer. No obstante, nadie puede ocultar que la lentitud en la toma de decisiones con respecto a la Corporación para la Reconstrucción de la Cuenca del Río Páez Nasa Kiwe (Nuestra Tierra) no ha hecho notar como se merece el caudal de los 17.000 millones de pesos que se han destinado para favorecer a las víctimas de la tragedia del 6 de junio pasado. Un informe reciente de una comisión accidental del Senado concluyó que el gobierno obró de manera diligente, pero reconoció que faltaron medidas de fondo.
Entre tanto, en el interior de varios grupos indígenas y en los mismos albergues se han formado grupos que buscan presionar que las cosas mejoren de una vez por todas. Ante el desorden en el manejo de entrega de alimentos y recursos, y la falta de soluciones prácticas en materia de salud y aseo, gobernadores y capitanes de cabildos y comunidades paeces comenzaron a designar voceros para que logren lo que la Corporación u otras autoridades no han conseguido en 90 días de incertidumbre. Así lo pudo establecer SEMANA con documentos entregados por voceros de los albergues de Miraflores, el Liceo Humbold, San José y Mosoco, entre otros.
Julio Rivas, gobernador suplente paez, denuncia que la situación de la comunidad es dramática. "Uno no está enseñado a vivir en estas condiciones. Aquí estamos desesperados. Sufrimos más que todo por leña, por agua. Todavía hay algo de comida, aunque no es la mejor. Estamos amontonados y así no se puede vivir", sostiene. Y como en Silvia se aglutinan 137 familias en hacinamiento total, agrega: "Estamos aburridos de comer arroz, alverja, lenteja, fideos. Queremos yuca, papas, plátanos, arracacha, repollo".
Pese a todo, lo curioso del asunto es que los mismos líderes indígenas no se ponen de acuerdo en torno del manejo de la tragedia. Jesús Enrique Piñacué, ex candidato a la Vicepresidencia de Antonio Navarro Wolf, dice que la labor de Gustavo Wilches Chaux al frente de la Corporación Nasa Kiwe ha sido buena. "Que sean ciertas las irregularidades no significa que un ciudadano voluntarioso pueda cambiar en un mes la terrible vocación de reincidencia en los errores". Como quiera que sea, de acuerdo con otros ecologistas los indígenas de Tierradentro han recibido un trato deprimente. Para la ecologista Lida David la situación es preocupante: "En los medios de comunicación se dice que tienen de todo, pero eso es falso. Al principio hubo la atención de las hermanas Lauritas, pero ya se fueron y no han vuelto. A la gente se le olvidó a qué saben la carne y los huevos. Aquí ni se conocen".
Y ese no es el único testimonio dramático. Delfina Campo, promotora salubrista cerca de Silvia (Cauca) sostiene que un mes después de la tragedia ningún profesional de la salud se ha acercado a los damnificados. Agrega que no hay transporte, que aumentan las gripas, las fiebres, las diarreas y que no hay termómetros. En síntesis, mientras unos atacan y otros defienden la atención a los damnificados, lo cierto es que, a pesar de experiencias como Armero, Colombia parece no haber aprendido lo que significa manejar la tragedia.

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