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| 2/22/2004 12:00:00 AM

Los impostores

El caso de un hombre que fingiendo ser primo del presidente Álvaro Uribe estafó a cientos de incautos es el último de una serie de grandes farsantes en la historia de Colombia.

A mediados de enero pasado, una persona llamó a la redacción de Noticias Uno para denunciar que un trabajador del Congreso de la República lo había estafado. Dijo que se trataba de un hombre bien vestido que, con una credencial parlamentaria y diciendo ser primo del presidente Álvaro Uribe, le había prometido empleo a cambio de una suma de dinero. El denunciante les dijo a los periodistas que el hombre le suministró un número telefónico que supuestamente pertenecía a la oficina de protocolo del Congreso, en donde le iban a informar cuando llamara que el 'primo del Presidente' sólo pasaba por las mañanas y que era difícil encontrarlo.

Durante cinco semanas, los periodistas de Noticias Uno investigaron el caso y la semana pasada desenmascararon a un estafador de alto nivel. Se trata de Luis Fernando Uribe Botero, un abogado de 61 años de edad que, aprovechándose de la circunstancia de tener el mismo apellido del Presidente, convencía a desempleados de que podía conseguirles trabajo utilizando su parentesco con el Presidente y sus relaciones con amigos políticos.

Los interesados en conseguir la ayuda del supuesto primo del Presidente debían comunicarse con su secretaria a un número que él les suministraba. Ella les informaba que para iniciar las gestiones ante los funcionarios correspondientes debían entregar una suma de dinero que oscilaba entre 500.000 y cuatro millones de pesos.

Un día después de que fue emitida la nota periodística, oficiales de la Dijin de la Policía arrestaron al 'primo del Presidente' y a su secretaria, que tenían en su poder más de 200 hojas de vida de los estafados.

Este es el último de una serie de casos de grandes embaucadores que han pasado a la historia judicial del país por haber utilizado el nombre de presidentes, industriales o reconocidos personajes públicos para hacer caer en sus trampas desde celadores hasta primeras damas.

El pionero en la historia de los grandes farsantes fue Juvenal Torrentes. A comienzos de los años 60, este hombre llegó a Neiva, Huila, hablando con un acento extraño. En una ciudad pequeña y en una época en donde no era usual ver foráneos, el acento del recién llegado fue asociado con el de un extranjero.

Torrentes, que en esa época tenía 30 años, no dudó en capitalizar la situación y dijo que era el maharajá Rahama Machaka, embajador de la India. La noticia de la visita del ilustre visitante recorrió rápidamente las calles de la ciudad y el alcalde y su gabinete en pleno corrieron a atender al 'embajador'. Lo hospedaron en el Hotel Plaza, el más lujoso de la ciudad, donde fue homenajeado por la sociedad opita. Aunque nunca enseñó sus credenciales, y nadie se las pidió, se hicieron fiestas en su honor y las matronas del pueblo lo halagaban con la esperanza de tenerlo como yerno.

Durante varias semanas, Torrentes gozó y bebió a costa del erario público hasta cuando fue descubierto. La historia del falso embajador hindú fue tan famosa que incluso a mediados de los años 80 se hizo la película El embajador de la India, basada en el caso.

Trapitos al sol

Pero si Juvenal Torrentes se hizo famoso por haber engañado a toda una ciudad, Liliana Cáceres, 30 años más tarde, consiguió embaucar a toda la nación.

En diciembre de 1997, el país se conmovió cuando un noticiero de televisión presentó la historia de Liliana Cáceres, una humilde barranquillera de 16 años que esperaba dar a luz entre seis y nueve bebés. Conmovidos por la historia de la joven de escasos recursos, un medio de comunicación organizó una campaña nacional para recoger pañales, ropa, comida, dinero y otras cosas para la futura madre.

Mientras los noticieros narraban el drama de la joven que no tenía nada que comer ni mucho menos con qué alimentar a sus futuros hijos, la ayuda comenzaba a llegar desde todos los rincones del país a Barranquilla. Aunque Liliana tenía supuestamente seis meses de embarazo, un grupo de médicos sospechó que había algo raro ya que, excepto por su monumental barriga, la joven no tenía ninguna otra alteración en el cuerpo.

Los galenos le ofrecieron atención médica gratuita ya que ella decía que nunca había ido al médico por no tener recursos económicos. A pesar de sus reiteradas negativas, la convencieron de ir al hospital y el gigantesco engaño quedó al descubierto: la enorme barriga de Liliana no era más que un envuelto de sábanas y trapos amarrados a la cintura.

Al verse descubierta, la joven lloró, pidió perdón y confesó haber planeado todo para evitar que la dejara Alejandro, su novio de 22 años. Él se había escondido de la prensa durante los días en que el país estuvo pendiente del múltiple embarazo para escapar del apodo de 'macho man' que ya le habían puesto por sus poderes sexuales. Liliana confesó que durante seis meses alimentó con trapos su barriga y así consiguió engañar a su novio, su familia y al país entero.

Los extranjeros

Pero si son memorables los embaucadores 'criollos' como Liliana Cáceres, también lo son los estafadores extranjeros. Ese fue el caso Michael King Kennedy. Sus refinados modales, su simpatía arrolladora y la vieja excusa de que se le habían perdido sus documentos le permitieron a este inglés pasear gratis durante 10 años por casi toda Colombia a punta de 'carreta'.

King se hizo pasar por médico, ingeniero de la petrolera Shell, ejecutivo de la British Petroleum, miembro del servicio diplomático británico y hasta teniente de la Interpol. Con estos argumentos consiguió hospedarse en los hoteles y recibir la atención de gobernantes y de la sociedad de pueblos y ciudades pequeñas.

En octubre de 1999, el extranjero fue detenido por el DAS en Neiva cuando se hospedaba en un hotel de esa ciudad con las credenciales de un diplomático. Como su estadía en el país era legal y nadie lo había denunciado a pesar de sus suplantaciones, el multifacético inglés fue liberado pocos días después y hoy posiblemente siga haciendo de las suyas.

Este falso enviado de la corona británica fue sucedido en el 'trono' de la farsa, por un hombre que llegó a finales de octubre de 2001 a la recepción del Hotel El Prado, en Barranquilla, presentándose como el príncipe de Andorra. El extranjero aseguró estar en misión oficial ya que su país, un pequeño principado de los montes Pirineos entre España y Francia, estaba interesado en apoyar el programa de desplazados del gobierno.

Sin más pruebas que su palabra para demostrar sus supuestos títulos nobiliarios, obtuvo una confortable suite. A la hora de comer siempre pedía langosta a la thermidor, consumía abundantes litros de cerveza y las salchichas importadas nunca faltaron en su habitación. Convencido de su calidad de noble europeo llegó a visitarlo incluso el alcalde Humberto Caiaffa. Una semana después de disfrutar de todas las comodidades, el impostor quedó al descubierto cuando le pasaron la cuenta de cobro y el supuesto príncipe dijo que no tenía cómo pagarla. Llamaron entonces a la Policía y quedó en evidencia que era en realidad un alemán de 45 años llamado Christian Syrcke Hesse.

Cuando el DAS investigó sus antecedentes descubrió que había hecho lo mismo en otras ciudades. El farsante dijo en una rueda de prensa que sólo había mentido acerca de su reino pues en realidad era "hijo adoptivo del rey de Marruecos". Como nadie formuló una denuncia formal en su contra, el falso príncipe quedó en libertad pocos días más tarde.

El rey de la farsa

Pero entre todos los embaucadores que han vivido a sus anchas en el país se destaca Néstor David Escorcia, considerado el rey de los farsantes por las autoridades. Su historia poco tiene que envidiarle al personaje interpretado por Leonardo Di Caprio en la película Atrápame si puedes.

La primera vez que las autoridades oyeron hablar de Escorcia fue en mayo de 2000. A comienzos de ese mes y cuando tenía tan sólo 18 años, se presentó ante las autoridades municipales de Barranquilla como un enviado de la corona británica y de la Unicef. Dijo que quería hacer una donación de 20 millones de dólares para programas sociales de la ciudad.

Ante semejante oferta, las autoridades no dudaron en atender a cuerpo de rey al ilustre enviado. Por cuenta del erario público lo hospedaron en un hotel cinco estrellas, le asignaron vehículo blindado y le pusieron escoltas. El supuesto enviado de la corona alcanzó incluso a contarle sus planes de donación a la primera dama de ese entonces, Nohra Puyana de Pastrana.

Cuando estaba en Barranquilla reunido con varios funcionarios y empresarios, agentes del DAS le pidieron sus documentos para verificar su identidad. Frente al desconcierto de quienes lo atendían, quedó al descubierto que se trataba de un humilde muchacho, oriundo de Fundación, Magdalena. Fue retenido, pero quedó libre días después al no comprobársele delito alguno.

Unas semanas después de este episodio, Escorcia se trasladó a Medellín. Allí dijo ser nieto del industrial Julio Mario Santo Domingo. Con este argumento entabló amistad con el dueño del Hotel Charleston y consiguió que lo enviara a San Andrés con dos de sus hijos. También logró que le entregaran un millón de pesos para el viaje y una tarjeta de crédito para altos ejecutivos. Sin embargo, el dueño del hotel pidió a sus empleados verificar su parentesco con Santo Domingo. Al darse cuenta de que era mentira, viajó de inmediato a San Andrés y lo hizo capturar.

Permaneció un mes tras las rejas. Obtuvo la libertad a través de un abogado que contrató, aparentemente con engaños, diciéndole que él era un personaje importante. Varias semanas después apareció en Cali, donde embaucó al gobernador. Diciendo que iba enviado por Adriana Sarmiento, la hija del banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo, hizo organizar una fiesta del más alto nivel con el pretexto de recolectar dineros para la niñez desamparada.

El farsante aseguró que ya había organizado eventos similares con la participación de las primeras damas de los departamentos. Que eso era posible gracias a que era amigo de la primera dama Nohra Puyana de Pastrana. Durante la fiesta apareció el jefe de seguridad de la organización Luis Carlos Sarmiento Angulo, que lo detuvo frente a los invitados.

Después de permanecer varios días detenido recobró nuevamente su libertad y viajó a Ibagué. En esa ciudad llamó a la gerente de Celumóvil y simuló una voz femenina. Dijo ser la esposa de Santo Domingo y le pidió que atendiera de manera especial a Javier Moreno, un protegido suyo que llegaría a la ciudad en un avión privado de la organización. El personaje era él mismo. Escorcia fue capturado, por séptima vez, cuando disfrutaba de las atenciones de funcionarios de la sociedad tolimense.

Éste, así como el reciente caso del falso primo del presidente Uribe, tan sólo es una muestra de que la capacidad para aprovechar la ingenuidad de los demás no tiene límites.

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