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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Los juguetes de Chávez

La carrera armamentista de Venezuela ya es un hecho. ¿Qué busca Chávez? ¿Cómo se afecta el equilibrio militar con Colombia?

Los juguetes de Chávez Una semana después de la reunión de Uribe y Chávez, el ministro de Defensa de España, José Bono, (izquierda)se reunió con el presidente Uribe y la canciller Barco para ofrecer en venta aviones de combate. España ya acordó el suministro de aviones Casa-295 a Venezuela, para completar una flota de diversos modelos: Super Tucanos brasileros, y en el futuro buscaría adquirir MiG-29 y Su-35 rusos.
Del dicho al hecho no hay tanto trecho, al menos, en la agresiva política de compra de armas que desde hace algunos meses había anunciado el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Y que ya está en marcha: de los 100.000 fusiles que le compró a Rusia, 28.000 ya llegaron en octubre; 35.000 más serán recibidos en este diciembre, y los otros 37.000, en marzo. España, además, acaba de reconocer en forma pública que le suministrará un paquete de 12 aviones y ocho fragatas por valor de 1.800 millones de euros. Hace meses se habla de la carrera armamentista iniciada por Venezuela. Sin embargo, España había suspendido las ventas a raíz de la crisis con Colombia surgida por la captura del guerrillero de las Farc Rodrigo Granda, y su ministro de defensa, José Bono, había cancelado una visita a Caracas para mantener una posición neutral con Colombia. La semana pasada rehizo la agenda, se entrevistó con Hugo Chávez y anunció las ventas, y después visitó al presidente Álvaro Uribe, a quien le ofreció 21 aviones en venta y cuatro helicópteros en donación. Aunque los suministros a Venezuela están sellados, pagados de un contado y por adelantado, los de Colombia son apenas una alternativa, de connotaciones todavía confusas y de financiación difícil. Colombia tiene necesidades de gasto muy diversas y su presupuesto de inversión de las Fuerzas Armadas se agotó con la compra de 20 aviones brasileros Tucano. Sin embargo, el enviado del gobierno de Rodríguez Zapatero quedó bien en Caracas y en Bogotá. Las compras de equipos por parte de Chávez van viento en popa. Estados Unidos ha expresado, a través de un vocero del Departamento de Estado, Lou Fintor, que "estos planes plantean gravísimos problemas para la región". La semana pasada, Estados Unidos volvió a expresar su preocupación y el gobierno Bush anunció la apertura de una investigación para establecer si algunos de los equipos que está adquiriendo Chávez tienen componentes o tecnología estadounidense, en cuyo caso, de acuerdo con las normas vigentes, necesita de su permiso. Pero la actitud de Estados Unidos, que tiene una relación cada vez más confrontable con Venezuela, es distinta a la de otros países. Chávez es un presidente con chequera, en plena bonanza petrolera, y tiene interés en fortalecer sus Fuerzas Armadas. Los productores de artefactos bélicos lo tienen en la mira. El paquete de compras es enorme. Las embarcaciones adquiridas a España, cuatro corbetas F-30 y cuatro patrulleras, son viejas (modelo de hace 25 años), pero son especiales para mares cerrados, como el Caribe. Los 12 aviones (C-295) son de transporte. Chávez también ha firmado contratos con Brasil para adquirir 26 Super Tucanos; con Rusia ha tenido conversaciones para hacerse a aeronaves MiG-29 o Su-35, que son más modernas y 10 helicópteros MiG-35; y con gobiernos de Austria, Bélgica, Suiza y el Reino Unido, ha tenido conversaciones para alargar la lista. Venezuela ha conseguido 10 radares de defensa aérea y 600.000 bombas. La política armamentista de Venezuela ha generado reacciones diversas. Estados Unidos cuestiona todas las adquisiciones, sin diferenciar sus detalles. Colombia ha sido prudente, pero el gobierno considera que algunos aspectos dirigidos a mejorar la seguridad en la frontera son legítimos. Otros simplemente están ansiosos de vender. ¿Qué significa en realidad todo esto? ¿Regresa el armamentismo? ¿Cuáles son los propósitos de Chávez? ¿Se afecta el equilibrio con Colombia? "No hay una estrategia bien armada, pero sí hay intenciones ofensivas. Aunque no use las armas, le sirven a Chávez para presionar y chantajear", dice Román Ortiz, profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Los Andes, especialista en estos temas. Se pueden plantear varias hipótesis. Las más benignas a Chávez aseguran que las Fuerzas Armadas venezolanas habían atravesado una larga crisis. El gasto militar había descendido a 1,3 por ciento del PIB en 2003. Los fusiles estaban obsoletos y los vehículos de transporte no habían recibido mantenimiento adecuado. Los F-16 estadounidenses que habían sido la columna vertebral de la Fuerza Aérea estaban inservibles y sus repuestos estaban en tela de juicio por las malas relaciones de Chávez con Estados Unidos. Una vez inflados los ingresos fiscales por el alto precio del petróleo, Chávez decidió ponerse al día. En concreto, frente a las necesidades de fortalecer la presencia en la frontera con Colombia, la adquisición de helicópteros rusos tiene sentido. Y la búsqueda de proveedores diferentes a Estados Unidos es lógica a la luz de la creciente enemistad entre Bush y Chávez. Una segunda explicación, según Mark Bromley y Catalina Perdomo, quienes elaboraron un estudio para el Real Instituto Elcano de España, es "un cambio en la doctrina militar venezolana (.) sustentado por la percepción de que la revolución es vulnerable a un ataque por parte de Estados Unidos y que Venezuela debe estar preparada para defenderse, como lo hizo Cuba en Bahía de Cochinos en 1961". La idea, que se le atribuye al general Melvin López, es preparar una respuesta asimétrica y de baja intensidad frente a una eventual invasión estadounidense. La tercera explicación es que se necesita fortalecer la revolución. El brazo militar complementa la diplomacia petrolera en la construcción de un plan continental dirigido a conseguir aliados y aumentar la influencia. Desde este punto de vista, incluso la exageración con que algunos enemigos de Chávez cuestionan la carrera armamentista, le sirve al presidente venezolano para proyectar una imagen de poder. La percepción de una potencia militar que, además, tiene aliados políticos como Cuba (y Evo Morales, si consolida su triunfo en Bolivia), gobiernos simpatizantes como los de la cada vez más numerosa izquierda latinoamericana, y amigos agradecidos por la 'solidaridad petrolera', como Ecuador, Argentina y Nicaragua. Otro análisis relevante tiene que ver con la manera como estas compras afectan el equilibrio con Colombia. Román Ortiz dice que "Colombia es un blanco de todas estas compras". Y Alfredo Rangel, experto en seguridad y desde la semana pasada candidato al Senado en la lista de Cambio Radical, afirma que "se profundiza la ventaja tradicional que tiene Venezuela, sobre todo en lo marítimo y en la fuerza aérea". (Ver recuadro) Sobre todo porque Colombia en la actualidad no está en condiciones de responder. No cuenta con recursos de inversión tan grandes como los que tiene Venezuela y, si los tuviera, tendría que utilizarlos en otras prioridades como el fortalecimiento de la capacidad de enfrentar a la guerrilla. Las necesidades del conflicto interno, en términos de armas y equipos, son muy distintas a las que determinan el equilibrio estratégico internacional. El balance militar no es el único desafío para el tratamiento de la seguridad entre Colombia y Venezuela. Hay graves problemas de confianza. Algunos sectores en el país vecino consideran que el desequilibrio comenzó con la ayuda de Estados Unidos al Plan Colombia, a pesar de que esta va dirigida a combatir enemigos internos como el narcotráfico y la guerrilla. La cooperación entre las fuerzas armadas de los dos países se ha reducido, y se limita a las conversaciones esporádicas entre los presidentes Uribe y Chávez, o a los contactos informales entre los comandantes de las zonas de frontera. Pero la relación militar, como la del resto de la agenda, está desinstitucionalizada. Chávez es prácticamente el único interlocutor de su gobierno para Colombia. Un esquema ineficiente, que impide que los temas fluyan. La famosa carrera armamentista de Venezuela ya no es verbal ni confusa. Puede no tener los alcances que le dan la oposición o algunos sectores antichavistas por fuera de ese país. Pero Chávez, que había demostrado su intención de comprar armas, ahora tiene los recursos para hacerlo y se ha encontrado con vendedores ávidos.

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