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El historial de un testigo clave en el caso de Luis Alfredo Ramos

Aníbal Ochoa Escobar llegó al puerto de Cartagena para liderar su privatización y asumir la presidencia de su junta directiva. Su nieto, Aníbal Ochoa Zorrila, quien trabaja en el área comercial del Grupo Puerto de Cartagena lo entrevista. Este es un homenaje a su labor.


ANÍBAL OCHOA ZORRILLA: ¿Dónde nació y dónde se crió?

ANÍBAL OCHOA ESCOBAR: Nací en Juradó, Chocó, en una finca que tenía mi papá. Allá no había nada, era un pueblo en el límite con Panamá. De ahí me llevaron a Buenaventura: éramos tres hermanas y yo. En Buenaventura me crió mi tío porque mi padre había muerto; se llamaba Ricardo Ochoa y tenía una fábrica de chocolates.

A.O.Z.: ¿Como llegó al mundo marítimo?

A.O.E.: Empecé a trabajar de mensajero en Agentes Marítimos Echeverri y Compañía, una empresa muy grande. Para entonces yo ya era muy ‘avispado’ y aprendí mecanografía, y a raíz de eso me subieron de puesto. Un día el puerto de Cartagena se congestionó, entonces Echeverri y Compañía mandó a cinco empleados de Buenaventura a que ayudaran en la oficina de Cartagena. Así llegué a esta ciudad. Cuando pasó la congestión, los otros cuatro se devolvieron, pero yo conocí a Cecilia, mi mujer, y me quedé aquí y me casé con ella cuando yo tenía 18 años.

A.O.Z.: ¿Cómo fue progresando en Cartagena?

A.O.E.: Una vez en Cartagena los socios de la empresa se dividieron, fundaron otra que se llamó Aduanera Colombiana y a mí me llamaron para que fuera socio, así que me retiré de Echeverri y Compañía. Fui gerente, pero me quedé poco tiempo porque quería fundar Aníbal Ochoa y Cía. Para lograrlo saqué mi patente para ser agente de aduana y de vapores, en una época donde no había casi movimiento en el puerto. Luego de unos años Aníbal Ochoa y Cía tuvo prestigio en Cartagena.

A.O.Z.: ¿Cómo era la vida en el puerto en ese entonces?

A.O.E.: Todas las terminales del país estaban muy mal manejadas y perdían plata. Los sindicatos se los comían vivos: no trabajaban, no dejaban hacer nada y, además, el Gobierno no sabía qué hacer con eso. Estaba perdiendo mucha plata.

Todo cambió cuando llegó César Gaviria a la Presidencia; él dijo que iba a entregar las terminales a las empresas privadas y a los alcaldes les dio la orden de buscar gente para manejar las terminales. El alcalde me llamó y dijo que me encargara de eso. Nadie lo quería, era un elefante blanco. Entonces puse algunas condiciones; por ejemplo, que no podía seguir trabajando nadie de la anterior administración de Colpuertos. El alcalde aceptó y conseguí algunos amigos –entre esos el capitán Salas– para fundar la compañía: cada uno aportó 10.000 pesos, ¡que en ese momento era una cantidad de plata!

Una vez fundada la compañía tuvimos dos gerentes iniciales. Pero yo luego llamé al capitán Salas, que era socio. Le dije que él había estado en la Armada y que necesitaba que asumiera la gerencia: “Necesitamos sacar esto adelante”. Y desde ese entonces él ha sido el gerente de la Sociedad Portuaria de Cartagena y yo el presidente de la junta directiva.

A.O.Z.: ¿Qué es lo mejor que tiene el puerto?

A.O.E.: ¡La gente, la gente, la gente! Es el logro más importante que hemos tenido: son muy buenos, entrenados y capacitados. El equipo humano que hoy tiene el Grupo Puerto de Cartagena no lo tiene ningún puerto en el mundo.

A.O.Z.: ¿Y cuáles han sido los mayores desafíos?

A.O.E.: Uno de los desafíos más grandes ha sido trabajar con distintos gobiernos locales y nacionales durante los 25 años. Cada uno implementa nuevas políticas y desconoce en gran medida lo que se hace.

También fue un gran desafío la compra de la primera grúa, que, afortunadamente, gracias a las excelentes relaciones con Bancolombia, pudimos obtenerla.

A.O.Z.: ¿De qué forma ha ayudado el puerto a la ciudad de Cartagena?

A.O.E.: El puerto de Cartagena es muy importante para la ciudad. Por ejemplo, hemos sido galardonados diez veces en la categoría Mejor Puerto del Caribe, según la Caribbean Shipping Association. Este reconocimiento de excelencia a nivel mundial le da a Cartagena un prestigio y una importancia que no tenía antes, que solo era reconocida por su turismo.

A.O.Z.: ¿Qué siente al ver a dos de sus nietos trabajando en el puerto?

A.O.E.: Ellos no están ahí porque sean nietos míos; eso es lo importante. Ellos están trabajando en el puerto porque tienen las condiciones: educados en buenas universidades y ambos con maestría. Ellos se prepararon para trabajar sobre lo que se ha construido.

A.O.Z.: ¿Alguna vez imaginó que el puerto sería lo que es hoy?

A.O.E.: Yo me paro aquí y siento una gran felicidad al ver lo que hemos construido. Siento mucho agradecimiento por todo el respaldo que he tenido como presidente de la junta directiva. Agradecimiento hacia el capitán Salas, los socios y los empleados. El respaldo ha sido constante y eso hay que agradecerlo.