Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 5/29/2005 12:00:00 AM

A mansalva

La masacre del Concejo de Puerto Rico es una bofetada para la Fuerza Pública. Pero también es un acto suicida de las Farc.

A mansalva Al estupor por la masacre se sumó la indignación porque ningún funcionario del gobierno nacional asistió al sepelio.
Hace 17 años en Segovia, un pueblo de Antioquia, una camioneta llena de paramilitares entró hasta la plaza del pueblo masacró a 43 personas de la Unión Patriótica, sin que la Policía reaccionara. El martes pasado la escena que se vivió en Puerto Rico, Caquetá, parecía calcada de aquella. Sólo que esta vez los asesinos eran de las Farc.

A las 2:40 de la tarde irrumpieron en el parque principal del pueblo, en una camioneta roja, cerca de 12 guerrilleros vestidos como soldados del Ejército y armados con fusiles y granadas. Su objetivo era masacrar a todos los concejales y, posiblemente, al alcalde del municipio. Ese día estaba a punto de terminar una de las últimas sesiones del Concejo, en la que el alcalde les rendía cuenta a los ediles. En un salón de apenas 15 metros cuadrados estaban literalmente apiñados 12 concejales (uno de ellos en silla de ruedas y otro con muletas), el secretario y una camarógrafa que grababa en video todas las discusiones que cada noche eran transmitidas por el canal comunitario.

Cuando el alcalde salió de la reunión y los concejales estaban a punto de concluir su trabajo, se oyeron los primeros disparos. Mientras unos apuntaban contra la garita de la Policía, dos irrumpieron en la sede del Concejo. De entrada mataron a Herman Rodríguez, el secretario, y a Willard Villegas, un concejal que alcanzó a desenfundar, pero no a disparar su revólver. En medio de la confusión todos intentaban salvarse. Léniz Collazos, la periodista, alcanzó a mover a su hermano Gerardo Collazos en su silla de ruedas y meterse con él y con Luis Enrique Fierro, al baño. Allí fueron acribillados. Gerardo murió. Fierro y la periodista quedaron gravemente heridos. Mientras tanto Yesid Castaño, despojado de sus muletas, se escondió junto a María Luisa Félix bajo el mesón de la cocina. Herido, John Ferney González también encontró refugio en la alberca, donde se hizo el muerto. En el patio, Julio Casas y Horacio Chocué habían saltado un muro de tres metros de altura y huyeron por un solar. Igual salto dio Wilmer Lizcano. Sobre la tapia tuvo tiempo de recibir a su hijo de 7 años de manos de José A. Olarte, quien segundos después fue acribillado mientras intentaba saltar, al igual que Silvio Mesa. Luz Estella Puerto, con ocho meses de embarazo, se dio cuenta de que no podría huir como sus compañeros y se tiró al piso, a esperar la muerte. Pero, posiblemente por su gravidez, los guerrilleros no le dispararon.

En la plaza todo era estupor. Algunos escoltas de los concejales alcanzaron a disparar con sus pistolas. También lo hizo el policía apostado en una garita a escasos 20 pasos de la sede del Concejo. Y una patrulla de soldados campesinos alcanzó a intercambiar tiros con los guerrilleros. Luego se sumó la Policía. Pero ya era tarde. Habían pasado algo más de cinco minutos cuando los asesinos huyeron por una calle que desemboca en el río Guayas, llevándose consigo a un guerrillero herido. Más adelante quemaron el carro y se internaron, aguas abajo, en lo profundo del Caguán.

Las preguntas que deja esta masacre son muchas.¿Cómo pudo pasar esta masacre en las narices del Ejército y la Policía? ¿Qué buscaban las Farc?

"¿A quién le cabía esto en la cabeza?", dice el coronel Carlos Rubiano, comandante del Batallón Cazadores. Aunque en el pueblo apenas hay 90 soldados, entre regulares y campesinos nadie se explica por qué el río Guayas, una vía navegable que une a Puerto Rico con el Caguán no tiene suficiente control del Ejército, a sabiendas de que por allí se moviliza el frente 14. "Estábamos ejerciendo control sobre otras zonas del pueblo que son usadas por la columna móvil Teófilo Forero" dice Rubiano, quien considera que esta acción pudo ser obra del frente 14 y no de la columna Teófilo Forero, como piensan otras autoridades del Caquetá.

A su vez el comandante del puesto de Policía, mayor Mauricio Ortiz, defiende la actuación de sus 25 policías, quienes han sido duramente cuestionados, entre otros, por el alcalde Jorge Calderón que sostiene que "no hubo reacción". La prueba que da Ortiz sobre su eficacia es que justamente el 10 de mayo había hecho un simulacro de ataque al Concejo y "los concejales sobrevivieron gracias a las recomendaciones que les hicimos". La víspera de la masacre, la Policía había hecho un sorpresivo simulacro de toma guerrillera al parque principal, donde funcionan todos los despachos públicos, y viven los concejales y el alcalde, justo para estar bajo la mirada permanente de la Policía. "Teníamos información de una campaña de las Farc para liberar presos de las cárceles", dijo Ortiz.

A pesar de los constantes combates del Ejército con las Farc y de que la Policía aparentemente estaba preparada para un ataque, el factor 'sorpresa' dejó al descubierto que ambos estaban, como se dice popularmente, 'con los calzones abajo'.

Es evidente, por ejemplo, que la Policía y el Ejército no tienen buena coordinación. Los policías dicen que inicialmente pensaron que los guerrilleros eran soldados del Ejército, sin embargo entre las dos fuerzas existe un código de reconocimiento que no funcionó. También queda claro que la mera presencia de la Fuerza Pública no garantiza la seguridad. Se necesita mucho más que hombres armados, con botas y uniforme para recuperar la tranquilidad en una zona. Se requiere mejor inteligencia y una estrategia para ganarse la confianza de la población civil. En últimas, un concepto menos militarista y más integral de la seguridad. Esa parece ser una fisura gigante en la estrategia de seguridad democrática del gobierno. "El problema es que unos (las Farc) hicieron mucha inteligencia, y otros (Policía y Ejército) ninguna", dice el sacerdote Jaime Suárez. Y es que en Puerto Rico todos están convencidos de que desde el parque, delante de todos, alguien de civil estuvo en comunicación con los guerrilleros.

La falta de confianza de la población civil con la Fuerza Pública, principalmente, viene de la guerra contra la coca. "La gente siente que nosotros les quitamos el pan de la boca cada vez que les decomisamos los insumos o la base de coca. Nunca nos van a dar información", dice un oficial que reconoce los vacíos en la inteligencia. Adicionalmente las fumigaciones y la falta de otras alternativas de empleo están lanzando a la juventud hacia las filas guerrilleras. "No tienen más opciones", dice el sacerdote Suárez. El abandono en que está Puerto Rico quedó más que demostrado cuando el jueves pasado durante el sepelio de los concejales nadie del gobierno nacional llegó a acompañarlos.

El desconcierto de la Fuerza Pública también se explica porque con esta masacre las Farc ratifican que están cambiando su modo de operación. Se están reacomodando para dar la pelea en un nuevo escenario de la guerra, con temerarias acciones tipo comando, realizadas no por niñitos inexpertos sino por fuerzas especiales altamente entrenadas y objetivos muy precisos, especialmente la clase política. No hay que olvidar que con acciones similares secuestraron a los diputados en Cali y a varios congresistas en Neiva. El secuestro sin embargo parece ser una estrategia ineficaz para presionar a este gobierno. ¿Es esta masacre un anuncio de que iniciarán una campaña de exterminio político? Es posible. Pero también es posible que ante la ofensiva del Plan Patriota las Farc quisieran darle una bofetada al gobierno y demostrar fortaleza. Sin embargo enviaron el mensaje opuesto. Se necesita audacia mas no fortaleza para matar a concejales desarmados e inermes (como Gerardo Collazos en su silla de ruedas). Seguramente porque quieren destruir con violencia la institucionalidad que ya no controlan. Los presupuestos municipales que ya no expolian. Pero sólo logran convertir en repudio y odio el miedo que suscitan entre la población. Una población que hoy se siente más desprotegida y en riesgo que nunca.

Este ataque, que rememora la masacre de Segovia, develó una de las peores miserias de la guerra. Es la gran facilidad con la que los enemigos (en este caso guerrilla y paramilitares) terminan pareciéndose.

EDICIÓN 1896

PORTADA

El dosier secreto de las Farc

SEMANA revela explosivos detalles del más completo informe realizado sobre la historia, finanzas y los crímenes de la desmovilizada organización guerrillera.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1898

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.