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Maquinarias, en declive en las elecciones presidenciales | ¿Qué está pasando?

A los partidos cada vez se les dificulta más endosar a un candidato presidencial los votos que obtienen en los comicios legislativos.


Lo sucedido con Federico Gutiérrez este domingo, quien a pesar de tener a las fuerzas políticas con la estructura regional más poderosa no alcanzó a pasar a segunda vuelta presidencial, recuerda lo que ocurrió con el exvicepresidente Germán Vargas Lleras hace cuatro años.

Tanto Fico como Vargas, ambos reconocidos como candidatos con buenas credenciales, contaban con el respaldo de las fuerzas políticas tradicionales, que habían logrado estar con el ganador en las últimas elecciones. Pero se estrellaron contra fenómenos de opinión que, más allá de sus cualidades individuales, les quitaron la posibilidad de llegar a la Casa de Nariño.

Ya son dos elecciones presidenciales consecutivas en las que, contrario a los comicios legislativos, las maquinarias no logran prender motores a la hora de llevar a un candidato a la Casa de Nariño. Hay varios elementos que explican este fenómeno.

El primero de ellos es que a la hora de elegir al presidente de la República, los ciudadanos se mueven más por las emociones y por su intuición. Es lo que se llama el voto de opinión, una decisión libre de estructura o de lo que les indique su líder.

Esto se entiende porque, según explicó el politólogo de la Universidad Nacional, Rodrigo Sánchez, a la hora de escoger quién va a ocupar la Casa de Nariño durante los próximos cuatro años los ciudadanos “sienten mayor responsabilidad” y consideran que lo que se decida allí les puede afectar más que cuando se escoge un senador, un representante a la Cámara o un concejal.

A esto debe sumarse el hecho de que, como es apenas natural, la ciudadanía va cambiando. El país que va ahora a las urnas tiene una mala imagen de los partidos, poco confía en las instituciones y está hastiado de quienes lo han gobernado por tantos años.

Los resultados de este domingo demostraron que los ciudadanos hoy rechazan todo lo que está asociado con la política tradicional, en especial los partidos políticos. Prueba de ello fue que los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta, Gustavo Petro y Rodolfo Hernández, fueron los que se mostraron como el cambio.

Por eso quienes se rodean de estas estructuras políticas tradicionales, como fue el caso de Fico, terminan derrotados en las urnas.

Un tercer elemento tiene que ver con que no necesariamente con recibir el apoyo de un partido político significa que automáticamente se va a mover la estructura regional.

Prueba de que las estructuras regionales no siempre se encienden fue lo ocurrido este domingo en el Atlántico, un departamento en el que tiene su hegemonía la poderosa casa Char, de Cambio Radical, pero donde Petro dobló la votación de Fico.

Este hecho se lo confirmó a esta revista un congresista de la casa Char, quien manifestó que “el esfuerzo ya se hizo hace dos meses en las (elecciones) legislativas”.

Según reveló el parlamentario, Gutiérrez recibió los apoyos de todos los partidos, se tomó la foto y llegó a acuerdos de tipo programático, como ocurrió con el Partido Liberal, pero rehusó a sentarse a hablar de cuestiones burocráticas, que es lo que muchas veces ‘motiva’ a los líderes para moverse en cada región.

No se puede dejar de lado que para organizar reuniones y mover a los votantes el día de las elecciones requiere una logística que no siempre los líderes están dispuestos a mover.

Además, los congresistas y los concejales se emplean a fondo en los comicios legislativos, que es cuando deben salvar su propio ‘pellejo’. Pero en las presidenciales no necesariamente están dispuestos a hacer el gasto.

Esto también se ve reflejado en el poco arraigo que tienen los parlamentarios en sus partidos. Con tal de llegar al poder, a las fuerzas políticas muchas veces no les interesa entregar avales a personas que no representan los ideales de la colectividad. Esto hace que se pierda la cohesión y que los militantes poco sigan las instrucciones del partido.

Cada vez ha venido quedando más revaluado el papel de las estructuras políticas en las elecciones presidenciales. Con una ciudadanía que no cree en los partidos y a la que le interesan más las emociones que le despierte su candidato, en vez del logo que tenga en el tarjetón, la forma de hacer política se ha venido transformado en Colombia.