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| 9/24/2001 12:00:00 AM

Monsanto y la "guerra de las drogas" en Colombia

Monsanto y la "guerra de las drogas" en Colombia Monsanto y la "guerra de las drogas" en Colombia
21 de agosto del 2001



Deriva Tóxica

Monsanto y la "guerra de las drogas" en Colombia



Jeremy Bigwood

(Especial para Corpwatch)

www.corpwatch.com

Traducción Germán Leyens



Un prominente senador estadounidense y otros funcionarios gubernamentales de Washington y Bogotá estaban de pie sobre la ladera de una montaña colombiana, encima de campos de coca color verde lima —planta sagrada de los indios de los Andes, pero también fuente de la conflictiva cocaína. Esperaban una demostración de fumigación de un herbicida aéreo, parte de la guerra de las drogas de los Estados Unidos en Colombia. El espectáculo, preparado por la embajada de ese país en Bogotá en diciembre pasado, debía disolver las dudas del senador Paul Wellstone, sobre la precisión y la seguridad del programa de fumigación auspiciado por su nación. Wellstone, un demócrata de Minnesota, es un virulento crítico de la ayuda militar a Colombia y la demostración tenía que ser perfecta, para conquistarlo para el uso de los herbicidas pulverizados desde el aire. La noche antes, funcionarios estadounidenses habían respondido a las escépticas preguntas del senador, asegurándole que la pulverización se concentraría sobre los campos de coca, sin dañar los cultivos de alimentos.

"Dijeron que utilizan imágenes de satélites, que podían dar en el blanco objetivos muy precisos sin ningún peligro para los cultivos cercanos", dijo Jim Farrell, portavoz de Wellstone, que también estuvo presente. Sin embargo, resultó que no era así. "En la primera pasada del avión de fumigación el senador estadounidense, el embajador de los Estados Unidos en Colombia, un teniente coronel de la Policía Nacional Colombiana, y otros miembros del personal de la embajada y del congreso fueron totalmente rociados —empapados, realmente— con el pegajoso, tal vez peligroso, (herbicida) Roundup".

"Imaginen lo que sucede cuando no está presente una delegación parlamentaria de alto nivel", señaló Farrell, subrayando que la demostración aérea había sido cuidadosamente preparada. Wellstone partió de Colombia sin que la embajada lo pudiera convencer. Estados Unidos ha diseminado toneladas de Roundup y de Roundup Ultra, producidos por el gigante químico y biotecnológico Monsanto, basado en St.Louis, durante la guerra de la droga que ya cumple 24 años en Colombia.

El uso de estos herbicidas (nos referiremos a ambos como Roundup en este artículo) ha producido de continuo quejas por problemas de salud de los campesinos del campo colombiano. Esas quejas han sido ignoradas en su mayor parte por los funcionarios gubernamentales en Washington y por los jerarcas corporativos de Monsanto. Entretanto, la sórdida historia de Monsanto como fabricante del Agente Naranja, un defoliante utilizado durante la guerra de Vietnam, motiva serias dudas sobre su papel en la guerra de la droga de Colombia y sobre la necesidad de lograr transparencia sobre sus manejos con Washington.

Un mes antes de que Wellstone fuera rociado con Roundup, dirigentes indígenas colombianos visitaron el Congreso para expresar su opinión contra la fumigación: "Los doce pueblos indígenas han estado sufriendo bajo esta plaga como si fuera un decreto gubernamental para exterminar nuestra cultura y nuestra propia supervivencia",·dijo José Francisco Tenorio, el único dirigente que no temió utilizar su nombre real. "Nuestros cultivos legales —nuestro único sustento— mandioca, bananas, palmas, caña de azúcar, y maíz, han sido fumigados. Nuestras fuentes de agua, arroyos, ríos, lagos, han sido envenenados, exterminando nuestros peces y otros seres vivientes. En la actualidad, el hambre es el único pan nuestro de cada día. En nombre de los indígenas amazónicos solicito que las fumigaciones se detengan de inmediato".

Hasta ahora, las peticiones de Tenorio no han sido escuchadas. El verano pasado, el Congreso aprobó 1300 millones de dólares para el Plan Colombia para realizar allí la guerra de la droga y se agregarán más fondos en la Iniciativa Regional Andina, un proyecto que actualmente está pasando por el Congreso.



Desmentido oficial



Los funcionarios de EE.UU. se enorgullecen por la gran cantidad de hectáreas de coca y amapolas erradicadas, como prueba de que la fumigación tiene éxito. Pero frenan enérgicamente todo intento de los periodistas de seguir investigando los efectos de la fumigación aérea. En enero pasado, durante una reunión con personal de la embajada de EE.UU. en Bogotá, el funcionario máximo de la Sección de Narcóticos del Departamento de Estado puso gran énfasis y usó un tono amenazador al bramar, escupiendo saliva,: "¡No se puede mencionar a Monsanto!". CorpWatch se quedó algo sorprendido, pero también se divirtió. Monsanto es una parte importante de la historia sobre Colombia, y no hay manera de ignorarla.

Entretanto, un funcionario del Departamento de Estado en Washington informó recientemente a Corpwatch que la relación entre el gobierno de EE.UU. y Monsanto "es información restringida a nosotros y a nuestro proveedor. Está eximida también de los requerimientos de la FOIA (ley sobre la libertad de información), de manera que no creo que pueda obtenerla".

Monsanto también ha mantenido un silencio hermético. "No divulgamos información sobre a quién vendemos nuestros productos, ni sobre el tamaño del contrato o cualquier cosa similar, de manera que no puedo confirmar eso... No confirmaré que sea nuestro producto el que está siendo utilizado en Colombia," dice Janice Armstrong, directora de Relaciones Públicas para Roundup en Monsanto.



¿Quién se beneficia?



Casi 70.000 galones de Roundup han sido pulverizados en Colombia en lo que va de este año, según cálculos basados en las cantidades pulverizadas por hectárea. El año pasado, aproximadamente 145.750 galones fueron pulverizados sobre 53.000 hectáreas, según un funcionario del Departamento de Estado que pidió que no se le identificara. Estas cifras no incluyen toda la fumigación de cosechas de estupefacientes con Roundup en Colombia desde 1978. A un precio entre 33 y 45 dólares por galón, y un precio al por mayor que tal vez sea menos de la mitad (Monsanto se negó a confirmar el precio al por mayor para esas cantidades), esto significa centenares de miles, o más, de dólares del contribuyente estadounidense.

Mientras tanto, Monsanto alardea de ventas de casi 5.500 millones de dólares el año pasado. Esas ventas generaron casi 150 millones de dólares en beneficios. Roundup es el herbicida número uno del mundo y el producto insignia de la compañía. Monsanto también está implicado en el desarrollo de la agricultura biotécnica y ha fabricado soja Roundup Ready y otros cultivos que resisten al herbicida. El gigante corporativo no es un extraño en los corredores del poder en Washington. Emplea una prestigiosa firma especializada en trabajo de grupos de presión para que represente sus intereses en el Capitolio. La Secretario de Agricultura del Presidente Bush, Ann Veneman, estuvo en el consejo de Calgene, otra compañía biotecnológica que fue comprada por Monsanto. Monsanto donó 12 mil dólares directamente a la campaña presidencial de Bush, y contribuyó a PACs (comités de acción política) de la industria. Durante las elecciones de 2000, Monsanto gastó 74.000 dólares en campañas parlamentarias, la mayor parte de republicanos.



Agente Naranja, ¿déjà vu de nuevo?



Para muchos, el Roundup de Monsanto es un caso de déjà vu. No es la primera vez que un producto herbicida de Monsanto ha sido acusado de perjudicar el entorno y dañar a seres humanos durante una guerra. Para comprender las ramificaciones potenciales del uso de Roundup en Colombia, es útil considerar los daños causados por el Agente Naranja en Vietnam. Durante la guerra de Vietnam, EE.UU. utilizó una serie de agentes defoliantes químicos, nombrados según los anillos verdes, rosados, azules, púrpura, y naranja alrededor de los bidones. El concepto era eliminar la cobertura de follaje que protegía a la guerrilla, para hacerla vulnerable al ataque. Uno de los herbicidas utilizados era llamado Agente Naranja (una mezcla 50:50 de los herbicidas 2,4D y 2,4,5-T) y demostró ser muy efectivo. Sin embargo, hubo un problema: la mezcla contenía cantidades variables de un producto de descomposición del tipo de la dioxina llamado TCDD.

Más tarde –y demasiado tarde para mucha gente- se demostró que TCDD producía efectos tóxicos muy serios. Según el Séptimo Informe Anual sobre Carcinógenos de 1994, el Agente Naranja causa "efectos tóxicos en animales incluyendo el síndrome de consumición, úlceras gástricas, alteraciones del sistema inmunitario, daños hepáticos, lesiones vasculares, cloracné, deformaciones de fetos, problemas neurológicos y de desarrollo, problemas en la función reproductiva, y endometriosis". También demostró ser tóxico para seres humanos. La aplicación del Agente Naranja y de TCDD no sólo deforestó grandes áreas de Vietnam, sino que causó más de 50.000 defectos al nacer y cientos de miles de casos de cáncer tanto entre civiles como entre soldados vietnamitas, así como en soldados estadounidenses que sirvieron en Asia del Sudeste. Los efectos del Agente Naranja aún están ocurriendo, 26 años después del fin de la guerra.

Como si esto no fuera suficiente, después de la guerra se supo que Monsanto tuvo conocimiento de esta toxicidad muchos años antes, desde principios de los años 40, y había tratado de ocultarla. En esa época, trabajadores de Monsanto se habían enfermado regularmente con síntomas como erupciones cutáneas, dolores en las coyunturas y en las extremidades, después de haber sido expuestos a 2,4,5-T, el componente específico del Agente Naranja que se descompone para formar TCDD. Después del fin de la guerra, veteranos de Vietnam estadounidenses demandaron a Monsanto por haber causado sus enfermedades. La compañía resolvió la disputa extrajudicialmente, pagándoles unos 80 millones de dólares en daños. Las víctimas vietnamitas no recibieron nada.

Considerando esta historia, no sorprende que ni los funcionarios estadounidenses ni los ejecutivos de Monsanto quieran que se enfoque el uso de los productos de la compañía en Colombia, donde muchos de los síntomas sufridos por personas rociadas con Roundup después del contacto con el producto, son similares a los observados por empleados de Monsanto en los años 40 y por soldados y civiles afectados por el Agente Naranja en Vietnam.

A diferencia del Agente Naranja, Roundup es también vendido para uso civil como un herbicida seguro. Hasta ahora, no ha habido quejas confirmadas sobre toxicidad grave para seres humanos que se compare con el Agente Naranja. Por cierto, en EE.UU. existe como un herbicida en venta al por menor en la mayor parte de las ferreterías estadounidenses. "Roundup tiene una larga historia de uso seguro, cuando es utilizado según las instrucciones", dice la portavoz de Monsanto Janice Armstrong, que señala que el herbicida es vendido en 130 países.

Sin embargo, las propias advertencias de Monsanto recalcan la toxicidad: "Roundup destruirá casi cualquier planta verde que esté en crecimiento activo. Roundup no debiera ser aplicado a masas de agua, como estanques, lagunas o arroyos, ya que Roundup puede ser dañino para algunos organismos acuáticos. Después de que un área ha sido pulverizada con Roundup, la gente y las mascotas, (tales como gatos y perros) debieran permanecer alejados del área hasta que esté perfectamente seca. Recomendamos que animales que pastan como caballos, ganado, ovejas, cabras, conejos, tortugas y aves, permanezcan fuera del área tratada durante dos semanas. Si Roundup es usado para controlar plantas indeseadas alrededor de árboles frutales o árboles de frutos secos, o viñedos, deje pasar veintiún días antes de consumir frutos o nueces".



La información aparece lentamente



Como Monsanto y los funcionarios de EE.UU. insisten en que es seguro pulverizar Roundup desde aviones, periodistas y científicos están comenzando a revelar algunos hechos nuevos. En diciembre pasado, la periodista holandesa, Marjon Van Royen investigó los informes sanitarios sobre el terreno en Colombia, y descubrió que "debido a que el producto químico es pulverizado en Colombia desde aviones sobre áreas habitadas, ha habido constantes afecciones sanitarias [en seres humanos]; ojos inflamados, mareos y problemas respiratorios, han sido las más frecuentemente registradas". Aunque Roundup es anunciado como "seguro" para mamíferos, incluyendo seres humanos (pero no para algunos insectos o la vida acuática) por el Departamento de Estado de EE.UU., ha habido informes demasiado persistentes sobre problemas cutáneos y de otro tipo después de incidentes de fumigación involucrando a campesinos y sus animales, para que sean ignorados. Profundizando en su investigación, Van Royen descubrió algo alarmante: otro aditivo llamado Cosmo-Flux 411F estaba siendo agregado para aumentar la toxicidad de Roundup. La mezcla de Roundup y Cosmo-Flux 411F nunca ha sido científicamente evaluada, ni se ha informado al público, en EE.UU. o en Colombia, sobre esta práctica.

Recientemente, la Dra. Elsa Nivia, bióloga y química colombiana, demostró que el aumento de la toxicidad mediante el aditivo podía haber causado los problemas para la salud humana atribuidos a Roundup. En mayo, en una conferencia en la Universidad de California en Davis, la Dra. Nivia declaró: "la mezcla (de Roundup Ultra) con el surfactante Cosmo Flux 411F puede cuadruplicar la acción biológica del herbicida, produciendo niveles relativos de exposición que son 104 veces más elevados que la dosis recomendada para utilizaciones normales en la agricultura en Estados Unidos; dosis que, según el estudio mencionado, puede intoxicar y hasta matar rumiantes". El uso de este Roundup fortalecido no sería aceptable en EE.UU. sin ensayo previo y sin evaluación científica.

Además, la etiqueta de Roundup advierte que: "es una violación de la ley federal utilizar este producto en alguna forma que sea inconsistente con su etiquetado. No utilice este producto de manera que pueda entrar en contacto con trabajadores u otras personas, ni directamente ni por deriva. Sólo operadores protegidos deben permanecer en el área durante la aplicación".

La "deriva" es un tema de importancia, como descubrió de primera mano el senador Wellstone. Los pequeños aviones y los helicópteros pulverizadores que dispersan los herbicidas químicos en Colombia, a menudo vuelan demasiado alto para poder apuntar con exactitud a las cosechas de estupefacientes. Por ejemplo, un pequeño avión volando a 65 pies, está sometido a los frecuentes vientos de costado que caracterizan la ecología de la selva tropical. Esos vientos pueden fácilmente aventar o "derivar" el herbicida a zonas no seleccionadas como objetivo, produciendo la destrucción de otros cultivos, de bosques tropicales o de masas de agua. La primavera pasada, GTZ, la versión del gobierno alemán de USAID (de EE.UU.), presentó serias quejas en contra de la fumigación porque intencionalmente, o por la "deriva", la fumigación estaba destruyendo el proyecto colombiano de "piscicultura" que estaban apoyando –estanques de peces que suministraban proteína para la subsistencia de los campesinos.

La Oficina del Defensor del Pueblo para los Derechos Humanos del propio gobierno colombiano, llamó a terminar con la fumigación a principios de este año. Repetidas quejas sobre erradicación de cultivos alimenticios, el envenenamiento de estanques de piscicultura y efectos sobre la salud, habían llevado a algunos grupos de campesinos e indígenas en Colombia a conjeturar que el programa anti-drogas de EE.UU. los estaba atacando como supuestos partidarios de la guerrilla, una acusación que rechaza mucha gente que vive en el campo. Dicen que los funcionarios de EE.UU. quieren desplazarlos de las zonas conflictivas, produciendo así miles de refugiados. Mientras la destrucción ecológica y el impacto sobre la salud humana pueden no ser una parte deliberada de la política de Washington, lo menos que se puede decir es que los funcionarios de EE.UU. parecen indiferentes al "daño colateral" causado por la guerra de las drogas. Y Monsanto, que trató de encubrir los peligros inherentes al Agente Naranja hace 30 años, tiene más que perder que un lindo contrato del gobierno. Si su herbicida insignia, vendido en todo el mundo, demuestra que es dañino en Colombia, los consumidores podrían preguntarse si es seguro para fumigar sus jardines.

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