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| 5/2/1994 12:00:00 AM

MR.GAVIRIA GOES TO WASHINGTON

Estas son las intimidades de la batalla final librada por la canciller, Noemí Sanin, para voltear en favor de César Gaviria más de media docena de votos del costarricense Bernd Niehaus en la carrera por la Secretaría de la OEA.

MR.GAVIRIA GOES TO WASHINGTON MR.GAVIRIA GOES TO WASHINGTON
POCO ANTES DEL MEDIOdía del Domingo de Ramos y mientras aún resonaban los aplausos en el salón de las Américas del edificio de la OEA en Washington, la canciller Noemí Sanín tomó el teléfono celular que la embajada colombiana en esa ciudad le había asignado días antes y marcó el número de la Casa de Nariño, en Bogotá. A los pocos segundos tuvo a su jefe, el presidente César Gaviria, al otro lado de la línea: "Presidente, le cumplimos", le dijo casi a gritos.
Había sido una sesión corta pero trascendental. En poco menos de media hora, los 34 países que integran de manera activa la Organización de Estados Americanos -Cuba, el número 35, está suspendido desde hace tres décadas- habían emitido sus votos para elegir al nuevo Secretario General. Los minutos dedicados al conteo de los sufragios habían sido los más emocionantes. El canciller costarricense, Bernd Niehaus, único contendor de Gaviria, había comenzado ganando, pero luego, después de estar varias veces empatados, Gaviria tomó ventaja y obtuvo todos los sufragios restantes, salvo uno que fue para Niehaus. El resultado final fue de 20-14, pero los aplausos estallaron desde cuando Gaviria alcanzó los 18 votos que marcaban la mayoría absoluta.
El golpe para Niehaus fue duro. En una salida destemplada que confirmó que hubiera sido un error elegirlo, leyó un discurso de derrota que tenía preparado de antemano. Culpó -sin mencionarlos- a Estados Unidos de ejercer presiones para cambiar votos ya comprometidos. Aunque injustificable por venir de un hombre forjado en las lides diplomáticas, su postura se explicaba por el hecho de que seis meses antes, cuando Gaviria no estaba en el abanico, Niehaus había contado con 22 votos de países que se habían comprometido a respaldarlo.
¿Cómo explicar que con 22 votos comprometidos oficialmente, Niehaus hubiera terminado sólo en 14? La historia que permite entender este fenómeno arrancó hace varios meses y es una mezcla de la diplomacia seductora de la canciller colombiana, Noemí Sanín, la diplomacia persuasiva del departamento de Estado americano y la habilidad de los tres mosqueteros que trabajaron para la reina de la diplomacia colombiana: el embajador en Washington, Gabriel Silva, quien mantuvo a Estados Unidos activo en favor de Gaviria, el consejero internacional Martín Carrizosa, quien viajó con Noemí por todo el continente, y el embajador ante la OEA Julio Londoño, quien movió los hilos de ese organismo internacional.
Hace dos años cuando el Canciller costarricense inició su larga campaña, a nadie pareció importarle mucho que este profesional de la diplomacia aspirara a suceder al brasileño Joao Baena Soares. Más por indiferencia que por convicción, uno a uno los distintos países de Centroamérica, el Caribe y algunos de Suramérica, comenzaron a brindarle su apoyo. Niehaus sabía que debía construir una alianza de países chicos, pues con el apoyo en bloque de los 6 centroamericanos y con el de 12 de los caribes, tendría los 18 votos que le garantizarían la mayoría absoluta. Fue entonces cuando empezó a cabalgar sobre la antipatía que estos países pequeños sentían por los grandes que se habían impuesto durante décadas en la OEA.

LA PERSUASION GRINGA
Por todo lo anterior, Gaviria dudó mucho antes de oficializar su postulación. Lo invitaron a aceptarla el presidente argentino Carlos Menem, el mexicano Carlos Salinas y el peruano Alberto Fujimori. Otros que vieron con muy buenos ojos el nombre de Gaviria fueron los norteamericanos. Desde diciembre, en toda reunión de funcionarios de los departamentos de Estado o de Comercio con representantes de los gobiernos del continente, los delegados de Washington comenzaron a expresar, cada vez con mayor claridad, su apoyo a Gaviria.
Fueron esas conversaciones las que Niehaus denunció como maniobras destinadas a torcerle el brazo a los débiles. Según fuentes costarricenses, Estados Unidos habría presionado de manera abierta a varios países que iban a votar por Niehaus, amenazándolos con golpearlos en el terreno comercial bilateral.
La verdad es que esta puede ser una visión exagerada de la labor nortcamericana. Primero porque a Washington no le interesa tanto la OEA como para echar sus restos de esa manera con países como los caribes, con quienes tiene alianzas políticas y comerciales de cierto valor estratégico. Y segundo, porque a Estados Unidos no le hace falta ser tan explícito a la hora de invitar a un pequeño aliado a acompañarlo en una votación en un foro como el de la OEA.
Lo que los funcionarios norteamericanos hicieron, en especial algunos como el representante comercial de Washington, Mickey Kantor, fue dejar en claro que la única posibilidad de que Estados Unidos se comprome tiera en un gran esfuerzo por construir un bloque comercial continental era que un hombre como Gaviria -un economista de ideas aperturistas- fuera elegido como secretario general. No en vano Gaviria había repetido una y otra vez en sus viajes al exterior, que había que luchar por construir una zona de libre comercio desde Alaska hasta la Patagonia.

LA ESTRATEGIA DEL BANANO
Pero aún con la poderosa intervención de los norteamericanos, la cancillería colombiana tenía claro que la pelea podía perderse. De ahí que Noemí Sanín decidiera lanzarse, a mediados de febrero, en una tarea de diplomacia directa por vía aérea, no sin despertar en el país algunas críticas. La idea de la Canciller era la de auscultar la opinión de las naciones que tenían su voto comprometido con Niehaus.
El Caribe dió la clave. Después de visitar una docena de islas de las Antillas en menos de una semana, Noemí comprendió que había un asunto que podía romper la solidaridad caribe con Niehaus. En los últimos meses había surgido un contencioso entre los Estados del Caribe oriental y Costa Rica, por el acceso de sus exportaciones de banano a la Unión Europea. Mientras los caribes gozaban de preferencias comerciales otorgadas por los europeos a sus ex colonias en Africa y las Antillas, Costa Rica deseaba que se eliminaran esas preferencias y se diera libre acceso a todos los países exportadores de la fruta.
Colombia -Nación bananera también- no estaba del todo identificada con la posición caribe, pues había ganado, a fines del año pasado, un par de demandas en el GATT contra las decisiones europeas de elevar los aranceles a sus exportaciones de banano. Sin embargo, desde cuando Gaviria se reunió en octubre -en compañía de sus colegas del Grupo de los Tres, Carlos Salinas y Ramón J. Velásquez- con los mandatarios de la comunidad caribe -Caricom-, sostuvo ante ellos una postura conciliadora en el sentido de preservar las preferencias para los caribes y a la vez desmontar -al menos en parte- los obstáculos a la entrada del banano centro y suramericano al Viejo Continente.
Esta posición despertó simpatías que la ministra Sanín confirmó durante su viaje por las Antillas. Mientras Colombia y los caribes se acercaban cada vez más, Costa Rica y sus aliados bananeros de Centroamérica se quedaban solos defendiendo la idea del libre acceso a Europa de todos los bananos americanos. Fue así como los países del Caribe oriental como Grenada, Dominica, Santa Lucía, Antigua y San Vivente, que dependen en gran proporción de sus exportaciones bananeras, se fueron liberando de su compromiso con Niehaus. El jueves anterior a la elección, Antigua hizo pública su decisión de votar por Gaviria. Desde el punto de vista numérico, era sólo un voto. Pero era la prueba de que el bloque caribe proNiehaus se estaba rompiendo.
Niehaus reaccionó de modo desesperado. El tema lo había comenzado a inquietar desde principios de marzo. Para tratar de evitar un rompimiento con los bananeros del Caribe, Costa Rica envió el 12 de ese mes a su ministro de Comercio Exterior, Roberto Rojas, a Bruselas, sede de la Unión Europea. Rojas presentó ante los europeos un cambio de postura: aceptar las ventajas otorgadas a los antillanos a cambio de una reducción del 50 por ciento de los aranceles al banano centroamericano. El problema de esta oterta era que no había sido consultada con sus vecinos bananeros de Centroamérica, que terminaron por enterarse de la maniobra de Costa Rica. Niehaus estaba en una sin salida: si su país aceptaba las preferencias europeas al banano antillano, consolidaba el apoyo de los países del Caribe pero arriesgaba el de sus vecinos de Centroamérica; si persistía en la postura del libre acceso en Europa a todos los bananos, mantenía de su lado a Centroamérica pero perdía a los caribes orientales.
Aun así, la cancillería costarricense creyó que era más difícil que se le voltearan sus vecinos de Centroamérica, y el sábado se jugó sus restos: el propio presidente costarricense, Rafael Calderón, le envió una carta al primer ministro de San Vivente, James Mitchell, en la cual aceptaba sin condiciones las preferencias europeas al banano caribe. Era la segunda vez que Costa Rica cambiaba de posición en menos de un mes. Esto contrastaba con lo que había hecho Colombia. Como le dijo a SEMANA la canciller Sanín "desde cuando Gaviria habló ante el Caricom, mucho antes de lanzarsu candidatura a la Secretaría de la OEA, y propuso una solución que respetara las preferencias al banano caribe, nunca cambiamos de posición, nunca aparecimos cambiando banano por votos, y eso nos dio credibilidad.
El domingo en la mañana, minutos antes de que se iniciara la sesión de elección del secretario general, Niehaus se reunió por última vez con los países de Caricom. Las diferencias por cuenta del banano saltaron a la vista y algunos representantes caribes le sugirieron que retirara su nombre para evitar una derrota: el bloque caribe se había desmoronado. Por momentos se llegó a hablar de una tercería, y fue mencionado el nombre del ex presidente chileno, Patricio Aylwin, contra quien los bananeros del Caribe nada tenían. La delegación colombiana se enteró rápido y entró en pánico: si Niehaus aceptaba una tercería y se retiraba, toda la estrategia del banano se podía venir al suelo. La delegación colombiana convenció entonces a las demás de que la sesión se iniciara de inmediato con la votación una vez los nombres de los dos candidatos quedaran inscritos. Así fue.
Cuando arrancó la sesión, las cartas estaban jugadas. Niehaus conservó el respaldo de Centroamérica (6 votos, incluido el de su propio país), el de Chile -fiel a su palabra-, el de Venezuela, que había retirado días antes a su candidato Miguel Angel Burelli en favor de Niehaus,pero sólo el de 6 del Caribe. Gaviria sumó a los 13 votos norte y suramericanos, 7 del Caribe, y ganó. Con excepción de la delegación de Costa Rica, los países que respaldaron a Niehaus se sumaron al aplauso. Como le dijo a la canciller Sanín uno de sus colegas que votó por Niehaus: "Somos unos felices perdedores". -

EDICIÓN 1879

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