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| 2/26/2006 12:00:00 AM

Ni rajan, ni prestan el hacha

Está abandonada la finca que la Nena Cano donó hace 10 años a los Hogares Juveniles Campesinos. Ahora no la ceden a otra institución que pueda hacer algo útil con ella.

Ni rajan, ni prestan el hacha En los otrora hermosos jardines y hoy descuidados potreros de la finca Acandaima, no se ha formado ningún niño como era el deseo de Helena Cano Nieto
Cómo voy a vender algo tan significativo para mí y tan lleno de buenos recuerdos para mucha gente?", fue lo que se preguntó Helena Cano Nieto cuando le recomendaron que por prudencia era mejor no ir tan seguido a su finca Acandaima, en Mesitas del Colegio. Razones tenía de sobra. No sólo eran 26 fanegadas de las mejores tierras en el que es considerado uno de los mejores climas del país, rica en aguas, con potreros y ganado importado, exuberantes jardines muy bien cuidados repletos de frutales, orquídeas y otras flores; sino que también había sido sitio de descanso de muchas de las más distinguidas familias bogotanas, desde cuando su padre, Luis Cano Villegas, uno de los fundadores del diario El Espectador, se la había heredado.

A Helena, conocida como la Nena Cano desde su meritoria labor como educadora al frente de su colegio el Gimnasio de Nuestra Señora, salir de la encrucijada no le costó mucho trabajo. "Voy a regalarla para que eduquen niños con dificultades económicas", fue su decisión. Se comunicó con Roberto Arias Pérez quien, más que su abogado, era una persona de entera confianza y que entendía este tipo de actos por su trayectoria en el sector social. La asesoró en buscar quién era el mejor guarda para que se quedara con su tesoro.

Hubo varias entidades interesadas y la seleccionada fue la Fundación Hogares Juveniles Campesinos, una entidad de gran trayectoria en la educación de niños en el campo y que en ese momento era dirigida por monseñor Iván Cadavid. Algo clave para la decisión porque la Nena quería que la finca fuera administrada por una entidad que tuviera el respaldo de la Iglesia Católica. Sin más apremios, el 25 de octubre de 1995 se firmó la escritura donde quedaba expresa la voluntad de que el terreno era para usarse para la educación de niños, y sólo se permitiría vender el 25 por ciento del terreno, con el fin de utilizar esos recursos para financiar el proyecto.

Diez años después, ningún niño ha sido formado en los otrora hermosos jardines y hoy descuidados potreros de Acandaima. En la finca vive una persona sola a la que le arrendaron la finca por tres años con un canon mensual de 550.000 pesos.

"Quisimos montar una granja integral demostrativa", dice Carlos Muñoz, el gerente de la Fundación, buscando explicar lo sucedido "hicimos 'lobby' con la alcaldía, y con una entidad suiza para buscar recursos, pero nada se consiguió. Al contrario, con el pago de impuestos y mantenimiento, hemos perdido dinero". Para el padre Pompilio Lopera, actual director social de la Fundación, "el problema es plata, porque ganas de trabajar tenemos muchas".

Al enterarse de la situación de abandono de la finca, Roberto Arias se acercó a la Fundación para tratar de encontrar alguna alternativa para que la Nena Cano, que hoy tiene 90 años, alcance a ver en marcha el proyecto que soñó. Ha sido claro que no está buscando que se devuelva lo donado, sino que se le pueda dar un buen uso, más cuando hay otras entidades que tienen los recursos y están interesadas en el terreno. Pero la junta directiva de los Hogares Juveniles Campesinos sólo accedió a cederla en comodato por cinco años. Algo difícil de aceptar por cualquiera otra entidad de este tipo, que no va a hacer una cuantiosa inversión para luego entregársela a otra.

No hay duda sobre el prestigio de los Hogares Campesinos y el gran aporte social que han hecho al país. Pero, ante la imposibilidad económica para sacar el proyecto adelante, convendría dar espacio para que otro lo haga. Ya han pasado 10 años en que, como dice el refrán, ni rajan, ni prestan el hacha. Mientras tanto, son muchos los niños que se podrían haber educado en los jardines de Acandaima.

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