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| 9/3/2001 12:00:00 AM

No hay nadie que se niegue a mediar en el proceso de paz colombiano

Oscar Arias Sánchez, ex presidente de Costa Rica, obtuvo el Premio Nobel de la paz en 1987 y hoy es miembro activo de la fundación Arias para la paz y el progreso humano, SEMANA.COM lo entrevistó.

No hay nadie que se niegue a mediar en el proceso de paz colombiano No hay nadie que se niegue a mediar en el proceso de paz colombiano
SEMANA: ¿Qué información tiene usted de Colombia?

O.A.: Es un país que ha sufrido durante mucho años por una guerra que parece no terminar a través de las últimas cuatro décadas. Se han hecho esfuerzos para buscarle una salida silenciada a las discrepancias que vive la familia colombiana. Todas estas sin éxito, ya que hoy se esta pasando por un momento crítico y es un desafío al mundo civilizado que nos toca vivir. Es un desafío a la cordura, porque si esas fueran las virtudes que primaran, pues encontraríamos en la mesa de negociación una salida.

SEMANA: ¿A qué atribuye usted que el conflicto armado en Colombia no se haya podido poner de acuerdo para dar resultados?

O.A.: Evidentemente yo no soy experto en los problemas que enfrenta Colombia ni en sus posibles soluciones. Pero soy un latinoamericano que ama a este pueblo y desearía verlo en paz. Que sufre en carne propia la violencia que impera en Colombia y que se da cuenta de que la violencia sólo engendra violencia. Cada vez va a ser más difícil el poder sanar esas heridas, el poder acabar con los odios y rencores que deja más de cuatro décadas de violencia.

SEMANA: En Colombia hay una discusión entre las personas que piensan que la salida negociada se acabó y quienes quieren dar paso a una salida militar, ¿usted que piensa de esto?

O.A.: Que están equivocados, que una y otra vez casi todos los conflictos que hemos vivido, digamos en la segunda mitad del siglo pasado, la guerra no produjo un ganador o un derrotado. En todos esos conflictos hubo derrotados. Después el proceso de reconciliación ha sido muy difícil. El llevar a los responsables de esa violencia inhumana a los tribunales fue muy doloroso y muy difícil. Y eso es cierto para muchos conflictos. Desde Suráfrica hasta Camboya, una guerra de ocho años entre Irán e Irak. Y si creen que el conflicto de ustedes es complejo compárense con el de el Oriente Medio. Hay conflictos que ya fueron resueltos. Así es que la historia nos demuestra que no es por el camino de las armas que se va a solucionar el conflicto colombiano, tiene que ser mediante el diálogo, ese es el medio por el que la gente racional tiene que acabar con las diferencias.

SEMANA: Hay unas posturas que en Colombia parecen irreconciliables. La guerrilla dice que hay muchas diferencias sociales y que ve que el gobierno no quiere hacer reformas. Por su lado, el gobierno dice que es intolerable que secuestren civiles, que haya pescas milagrosas. ¿Cómo poner de acuerdo las dos partes?

O.A.: Estas argumentaciones no son nuevas para mí, en los 80 las escuché en Centro América. El conflicto era tan complejo, tan irreconciliable entre las partes, que jamás se podría encontrar una salida pacífica, que tenía que ser por medio de la fuerza bruta. Yo me rehusé a aceptar esa solución como una solución válida. En ese entonces la solución era plantearle a mis colegas presidentes una salida pacífica y hicimos un plan de paz y encontramos la voluntad. Esto nos llevó a probarle a 30 millones de centroamericanos que ellos tenían todo el derecho de vivir en paz. Quizás en ese momento era más difícil porque existían dos partes, como decíamos las superpotencias daban las armas y nosotros los muertos. Difícilmente uno puede entender porque la violencia, porque por medio de la fuerza militar no se va a acabar el conflicto. Yo entiendo cómo la gente tiende a perder la paciencia, pero entre las cualidades esta el ser muy paciente, darse cuenta que hay que trabajar mucho, porque la paz no es que sea fácil, nada fácil, pero es necesaria para que pueda vivir una nueva generación de colombianos.

SEMANA: Hay un pare en las negociaciones de paz, se está pidiendo que haya una tercería. ¿Su presencia acá es para participar como tercería o usted aceptaría una participación para destrabar las negociaciones?

O.A.: Hay muchos países amigos que han querido ayudarles a los colombianos. Ante su pregunta mi respuesta es que yo he venido acá a inaugurar el Transitional Justice Workshop y a participar en un seminario sobre justicia en sociedades en transición. Tuve la oportunidad de escuchar a los candidatos a la Presidencia de la República y otros sectores de la sociedad civil y del gobierno, y yo pienso que no hay nadie que se niegue a mediar en un proceso de paz colombiano. Pero a mí nadie me lo está pidiendo ni nadie me lo ha pedido hasta ahora.

SEMANA: ¿Cómo cambia la perspectiva sobre los procesos de la negociación en Colombia después del 11 de septiembre?

O.A.: Los últimos 11 años que no ha habido guerra fría, se acabó el comunismo que apareció en la Unión Soviética, y se acabó el mundo bipolar con el que habíamos vivido desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Yo le decía a mis amigos norteamericanos que Estados Unidos era un país en busca de un enemigo. Hay que conocer la historia de Estados Unidos para darse cuenta de que es un país que nació peleando contra los ingleses, después en 1912 , después en los 40 con México, después tuvieron su guerra civil, después con España, después en las dos guerras mundiales y en América Latina se involucraron en muchos países. A veces para imponer dictadores, si el dictador era su amigo, entonces de un momento a otro el mundo bipolar se acabó porque una de las potencias se desintegró. Estados Unidos necesitaba una excusa para aumentar su gasto militar, han aumentado más o menos 245 millones de dólares, que es el presupuesto que tiene el Pentágono. El 11 de septiembre les apareció el enemigo, el terrorismo, un enemigo contra la humanidad, contra la civilización. El mundo entero ha entendido que es el enemigo de todo el mundo y por eso ha habido esta solidaridad con la acción militar en Afganistán. Son muchas las consecuencias para los conflictos regionales, muchos países van a perder el interés por estos.

Pero un conflicto como el de Colombia no pierde interés, es necesario que los colombianos le pongan mayor empeño porque ustedes mismos son los que están interesados y eso cuesta.

SEMANA: ¿Cómo afecta el narcotráfico la guerra en Colombia?

O.A.: Tiene muchas implicaciones. En buena parte es una fuente de financiamiento. No hay como en el pasado que andar detrás de las superpotencias para que se le ayude. El narcotráfico puede financiar fácilmente esta guerra, de tal manera que es una guerra bastante autónoma, eso lo hace más difícil.

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