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| 4/19/1993 12:00:00 AM

Nueva pesadilla

Eustorgio Colmenares es el primer periodista asesinado por la guerrilla, después de que decenas lo fueran por narcos y paramilitares.

Nueva pesadilla Nueva pesadilla
EL ASESINATO DE EUSTORgio Colmenares, director de diario La Opinión de Cúcuta causó una mezcla de indignación sorpresa. Indignación por tratarse de alguien que a lo largo de su trayectoria periodística se distinguió por su vocación de, servicio a la sociedad.
Y sorpresa, porque hasta ahora uno de los pocos principios que la guerrilla había respetado -a diferencia del narcoterrorismo y los paramilitares- era el de no atentar contra la vida de periodistas. Y ahora que en el caso de Colmenares, por primera vez las balas guerrilleras han censurado de manera definitiva su voz, no hay nmguna razón para pensar que el proceso de criminalización de los grupos alzados en armas no vaya a convertir el asesinato de periodistas de excepción a regla.
Pero con este caso no sólo se rompe una regla, sino que se alcanza una cifra dramática. Con Colmenares, son 100 los periodistas que han sido asesinados en los últimos cuatro años en el país y con él, Colombia confirma su indiscutible primer lugar en el mundo en la macabra clasificación de naciones de mayor peligro para los comunicadores.
Esta escalada de violencia contra la prensa y contra los periodistas siempre había sido relacionada de manera directa y proporcional con el crecimiento del narcotráfico y en especial con la alianza que posteriormente se fraguó entre éste y los paramilitares. De los 100 periodistas que han sido asesinados, cerca de un 70 por ciento lo han sido por la postura que han asumido frente al narcotráfico y el narcoterrorismo o por sus denuncias contra las organizaciones paramilitares.

PENA DE MUERTE
EI primer directivo de medio que fue asesinado por el narcotráfico fue Raúl Echeverría Barrientos, subdirector del diario Occidente, de Cali, el 17 de septiembre de 1986, después de que en su columna editorial hablara con franqueza del fenómeno del narcotráfico y pidiera para los capos la pena de muerte. Pero esta pena se la aplicaron fue a él, y aunque este crimen permanece en la impunidad e incluso se desconoce la identidad de sus autores, el de Echeverría Barrientos fue entendido como el primer campanazo de terror del narcotráfico contra los medios. En diciembre de ese mismo año sería asesinado Guillermo Cano,-director del diario El Espectador, luego de que escribiera un editorial en favor de la extradición. Hace pocas semanas la Fiscalía General vinculó a Pablo Escobar al proceso penal por este caso, al sindicarlo como autor intelectual.
Pero si con este asesinato el cartel de Medellín pretendía intimidar a los medios, logró exactamente lo contrario. Los principales periódicos, revistas, cadenas radiales y noticieros de televisión consolidaron un frente común y durante más de seis meses publicaron todos a una los mismos informes con las primeras grandes denuncias que se divulgaban de manera masiva en el país sobre la actividad de las organizaciones criminales traficantes de cocaína.
Los carteles fueron así los primeros enemigos mortales de los medios. Pero no los últimos. Durante e] año que siguió a la muerte de Cano, los narcotraficantes avanzaron hacia una nueva fase de criminalidad al constituir en varias regiones rurales del país alianzas antiguerrilleras con empresarios del campo y esmeralderos -en algunos casos con el apoyo de personal militar-, y dar nacimiento al narcoparamilitarismo.

EN LA MIRA PARAMILITAR
Pronto a la amenaza del narcotráfico se le sumó la del paramilitaris mo que por espacio de unos años con formó una alianza en el país, teniendo como epicentro al Magdalena Medio y al "Mexicano" como su más importante exponente.
Con el Magdalena Medio como epicentro y con Gonzalo Rodríguez Gacha, el "Mexicano" como principal inspirador, estos grupos mataron a muchos periodistas como Jorge Enrique Pulido, Silvia Duzán y Daniel Chaparro.
El proceso de paz del EPL en Córdoba y los acuerdos a que ese grupo llegó con los paramilitares de esa región, así como los conflictos internos y la desmovilización de buena parte de los paramilitares del Magdalena Medio, han disminuido las dimensiones de esta amenaza. En cuanto al narcoterrorismo, no es que los periodistas ya no estén en la mira sino que ahora lo están prácticamente todos los colombianos como consecuencia de las acciones cada vez más indiscriminadas de estos grupos.
En cambio los que parecen estar afinando la puntería contra los medios son los grupos guerrilleros. Ahora ya casi nadie está interesado en entrevistar a sus jefes y el grueso de los periodistas está convencido de que ya no es la ideología sino el lucro el móvil de los alzados en armas. En los medios, en vez de comunicados y declaraciones desde la clandestinidad guerrillera, lo que se encuentra son severas críticas a los socios de la Coordinadora, entre los cuales el más molesto por esta actitud es el ELN.
Esta organización que nunca se ha preocupado mucho por vender su imágen y que tradicionalmente ha demostrado con su fundamentalismo un gran desprecio por la libertad de prensa, ya había divulgado amenazas generales contra periódicos, revistas y noticieros porque según el cura Manuel Pérez y sus compañeros, los medios se habían convertido en instrumento del "militarismo". Después de meses de amenazar a La Opinión y a Vanguardia Liberal, finalmente el ELN disparó en forma directa contra el corazón del diario cucuteño. Y con ello quedó en claro que si antes los periodistas eran asesinados por estar en favor de la extradición, hoy lo pueden ser por estar en contra de la guerrilla, por cuestionarla y por decidir, como lo hizo Colmenares antes de su muerte, que su periódico no sacaría ninguna informacion sobre el ELN.

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