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| 6/15/2019 11:54:00 PM

“Ojalá que Duque reconozca la importancia de los partidos”: presidente de la Cámara

Alejandro Carlos Chacón, se ha convertido en un fuerte líder político del Congreso. Pasó de liberal duquista a ser visto como una piedra en el zapato para el Gobierno. SEMANA habló con él sobre política y gobernabilidad.

“Ojalá que Duque reconozca la importancia de los partidos”: presidente de la Cámara Alejandro Carlos Chacón.

Hasta hace poco, Alejandro Carlos Chacón era un político desconocido. Sin embargo, el año que cumple al frente de la Presidencia de la Cámara de Representantes le permitió ganar reconocimiento y ser visto en el mundo político como una nueva estrella. Este nortesantandereano llegó a la Cámara en 2010, después de haber hecho su carrera política en Cúcuta. De estirpe Liberal, Chacón fue uno de los primeros de su partido en apoyar a Iván Duque en la segunda vuelta presidencial.

Sin embargo, con el paso de los meses al Gobierno le fue más difícil tenerlo cerca de sus objetivos. Para sus colegas, Chacón es un político experimentado que sabe apretar la tuerca cuando se trata de temas relacionados con representación política. Para otros, hizo una gestión lucida en la Cámara en la que dio garantías para que gobiernistas y oposición discutieran temas tan complejos como las objeciones a la JEP. Desde la Presidencia de la Cámara de Representantes, Chacón se opuso vehementemente a la reforma a la justicia y apoyó la integridad del acuerdo de paz.

SEMANA: Ya pronto se cumple el primer año de Duque en el Gobierno. Como congresista y presidente de la Cámara, ¿qué balance hace de la gestión del presidente?

ALEJANDRO CARLOS CHACÓN: Creo que, ante el Congreso, al jefe de Estado le ha faltado decisión y, sobre todo, tener una orientación clara. Duque se ha concentrado en peleas ideológicas que no son de él, sino del Centro Democrático, y ha tratado de hacer tantas cosas al tiempo que la gente todavía no identifica su bandera. También hay quienes dentro de su partido están incómodos porque perciben que no tiene un rumbo claro. En el Congreso se cree que los problemas de Duque son más por bienintencionado que por malo. Él ha querido solucionar todo a la vez y precisamente por eso no ha podido solucionar nada.

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SEMANA: Pero los liberales, entre los que se encontraba usted, fueron los primeros en salir a respaldar a Duque cuando pasó a segunda vuelta. ¿Hoy ve esa adhesión como un error?

A.C.C.: No. Estábamos ante dos extremos: Petro y Duque, y nosotros teníamos que tomar una decisión. Sin embargo, uno de esos extremos, el que representaba Iván Duque, tenía vertientes dentro del Partido Liberal. Haber apoyado a Duque sirvió para acercar el partido hacia el centro. Frente al tema del Gobierno, nosotros seguimos creyendo que Duque es un hombre bienintencionado. Sin embargo, le ha hecho falta tener un equipo con más conocimiento de la cosa pública. Los técnicos son buenos, pero no necesariamente quienes fueron profesores en la universidad o tienen pergaminos académicos son buenos ministros.

SEMANA: Usted tiene fama de ser un político hábil. ¿No cree que la molestia del Congreso se reduce a que Duque no le hubiera dado puestos a los parlamentarios?

A.C.C.: Es normal que un gobernante trabaje con sus amigos y con quienes lo acompañaron en campaña. Los liberales, evidentemente, tenemos una diferencia con el presidente en el tema de la paz, pero también es claro que hubiéramos podido participar para sacar adelante políticas públicas que compartimos en temas como la educación, la salud y el empleo. Hubiera sido bueno que Duque recordara el desgaste político que el partido sufrió por apoyarlo y que pusiera a algunos de nuestros miembros al frente de esas carteras. Lo mismo hizo con Cambio Radical. Igualmente, el Centro Democrático y los conservadores sienten que no tienen representación política en el Gobierno. El presidente se ha rodeado solo de sus amigos, pero para gobernar se necesita gente que represente también a los partidos, no solo al jefe del Estado. Al confundir mermelada con representación, Duque se ha equivocado.

SEMANA: ¿Cómo ve al Partido Liberal? ¿Es posible que los liberales se pasen de la independencia a la oposición?

A.C.C.: No. El Partido Liberal está enfocado en demostrarle al país que desde la independencia puede ayudar en proyectos de interés nacional. Ser partido de gobierno nos impediría asumir posiciones en contravía de lo que piensa el Ejecutivo. La independencia nos ha permitido eso y ahí nos vamos a quedar. El liberalismo volvió a ser el partido beligerante que asume posiciones políticas pensando en el país y no en consideraciones burocráticas.

SEMANA: Usted dice que no tienen consideraciones burocráticas, pero si les dan uno o dos ministerios, los liberales estarían dispuestos a entrar al Gobierno...

A.C.C.: Yo creería que sí, pero podríamos hacerlo sin necesidad de volvernos partido de gobierno. Así ha pasado en otros momentos y así han construido la gobernabilidad presidentes como Virgilio Barco. Ojalá que en beneficio de la gobernabilidad, en un futuro, Duque reconozca la importancia de los partidos, y los liberales tengamos la oportunidad de liderar alguna política pública, desde el Gobierno.

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SEMANA: Como presidente de la Cámara, insiste en que hay que apoyar al Gobierno. Sin embargo, en temas clave como las objeciones o la reforma a la justicia, usted ha sido un palo en la rueda. ¿No es esa una posición contradictoria?

A.C.C.: El presidente Duque me conoce y ha sido compañero mío en el pasado. Él sabe que yo, como él, soy un hombre de convicciones ideológicas fuertes, pero no un opositor terco. Yo creería que nosotros hemos sido mucho más eficientes para el Gobierno que el propio presidente del Senado, Ernesto Macías.

SEMANA: ¿Se le atravesó o no a la reforma a la justicia?

A.C.C.: A mí me atribuyen el hundimiento de tres reformas a la justicia. Pero es que no se han dado cuenta de que nunca han presentado una verdadera reforma, sino un acto legislativo que solo sirve para quitarles independencia y autonomía a las Cortes. Si Duque quiere que le vaya bien, la nueva ministra de Justicia, Margarita Cabello, tendrá que presentar una reforma estatutaria que le suba el presupuesto a la rama y que se ocupe de los problemas que le importan al ciudadano de a pie. La llegada de la nueva ministra es un buen paso porque es una mujer que conoce la rama. Si se le asignan 2 o 3 billones adicionales a la rama para lograr, entre otras cosas, que los jueces no tengan más procesos de los que pueden asumir, la reforma que presente el Gobierno podría tener futuro.

“En el Congreso se cree que los problemas de Duque son más por bienintencionado que por malo".

SEMANA: En el Congreso se dio una profunda tensión y división política en torno a las objeciones a la JEP que propuso el Ejecutivo. ¿Usted cree que entre el Congreso y el Ejecutivo puede haber un choque de trenes?

A.C.C.: Yo creo que una de las grandes equivocaciones del presidente Duque ha sido repetir el error del senador Ernesto Macías. Es decir, pensar que representa solo a un partido. Duque ya no es el presidente del Centro Democrático, sino de todos los colombianos. La figura del jefe de Estado debe propender por el trabajo armónico entre las ramas –el Congreso, el Ejecutivo y las Cortes– y no enfrentarlas para darle gusto a un partido. El debate sobre las objeciones y las posturas de los partidos frente al mismo dejó en evidencia que tiene que moderar ciertas posiciones ideológicas para no generar esas fisuras. En eso el presidente ha sido irresponsable.

SEMANA: ¿Cree que las tensiones entre el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial pueden afectar la separación de poderes?

A.C.C.: La rama judicial y la legislativa tienen la labor de recordarle al presidente que estamos en un régimen democrático, no presidencialista. Al Ejecutivo le corresponde cumplir y acatar la ley y no cuestionarla, y si él considera que algo está mal, puede proponer un cambio por la vía legislativa. Para eso está el Congreso. Lo que no debe es salir a cuestionar la justicia en los micrófonos con declaraciones ideologizadas.

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SEMANA: A usted le tocó, como presidente de la Cámara, presenciar la tormentosa llegada de Jesús Santrich al Congreso ante un país indignado. ¿Cómo vio ese episodio?

A.C.C.: Como yo era el citante del debate en la Comisión VII, donde él se estrenó, no podía presidir la sesión. Puede que muchos estemos incómodos con la presencia de Santrich, pero yo no hubiera levantado la sesión. Él está posesionado, y a personajes de ese tipo lo que hay que hacer es derrotarlos políticamente. A Santrich lo han sobredimensionado y le han dado mucha importancia. La Cámara tiene todos los elementos para anularlo y hacerle ver que somos más, y que en política la forma de mostrar jerarquía es con votos.

SEMANA: En contraste con usted, el presidente del Senado, Ernesto Macías, se la ha jugado a fondo por el Gobierno. ¿Cómo ha sido el trabajo con su colega?

A.C.C.: Macías en la Presidencia del Senado representa a un partido. Mi posición es que yo no solo representaba los intereses del Partido Liberal. Creo que termino mi gestión con una buena relación con todos.

SEMANA: Finalmente, y como político, ¿qué mensaje le mandaría al presidente para mejorar la gobernabilidad?

A.C.C.: Él debe ser fiel a sus convicciones y ser amigo de quienes lo acompañaron. Pero también debe reconocer que uno no siempre se las sabe todas. Duque es un hombre de buenas maneras y es un buen académico. Pero podría oír más los consejos de quienes saben de la cosa política.

SEMANA: Pero eso suena a burocracia o clientelismo...

A.C.C.: No. El presidente podría buscar un consenso sobre los grandes temas, como el económico. Si la economía funciona, el manejo de la política es mucho más fácil. Para que el Congreso le camine, lo más importante es que entienda que no es el presidente de un partido, sino el presidente de Colombia.

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