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| 6/4/1990 12:00:00 AM

Open House

A pesar de requisas y controles, Eldorado está de puertas abiertas. Más de un centenar de muertos en un año lo comprueban.

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Más que cualquier otro sitio, el aeropuerto Eldorado se ha convertido en escenario ideal para atentados y actos terroristas. José Antequera y Ernesto Samper, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro y la bomba que voló en noviembre pasado un jet de Avianca -crímenes que se han realizado en un año- son razones suficientes para que el terminal aéreo sea objeto de un replanteamiento total en lo que se refiere a sus sistemas de seguridad.
Lo cierto del caso es que después de cada uno de estos atentados se han implementado nuevas medidas de seguridad. Pero es evidente que estas no han funcionado y que el aeropuerto es una de las edificaciones más vulnerables del país. SEMANA dialogó con varias de las personas encargadas de la vigilancia y seguridad del terminal aéreo bogotano y estos son algunos de sus puntos débiles:
·Muchos encargados, pocos responsables. No hay una entidad que se responsabilice de toda la seguridad del aeropuerto. Por un lado, la policía aeroportuaria, creada en 1988, tiene el control de las puertas de acceso al público, las cercas que rodean al terminal, la entrada a las salas de espera y el tráfico en los alrededores. Pero la policía tiene acceso restringido a ciertas áreas que son manejadas por entidades como el DAS, la Aduana y las compañías privadas de aviación que contratan servicios de vigilancia con empresas particulares. Así, las requisas de buena parte de las 6.596 personas que laboran allí, no está a cargo de la institución que incluso tiene vedado el acceso a varias zonas. Por ejemplo, el personal de mantenimiento de las empresas privadas tiene sus propias vías de acceso y sus propios controles. De esta forma la policía no puede tener un control absoluto de Eldorado, y a la hora de repartir responsabilidades solo le corresponde una tajada de la torta a pesar de que fue creada como un cuerpo especializado en problemas aeroportuarios.
Esta atomización de funciones necesariamente ha desembocado en un vacío de responsabilidades. La administración del aeropuerto apenas se limita a contratar los servicios de limpleza y a cuidar unas pocas puertas internas. En lo que tiene que ver con los terminales de carga, la Aduana es dueña y señora de esos lugares donde las requisas a empleados y visitantes son escasas. Extranjería es territorio del DAS, que actúa por su cuenta y riesgo, aunque en ocasiones sus agentes prestan servicios de vigilancia pero sin entrar en coordinación con la policía aeroportuaria.
Pero uno de los puntos más vulnerables está en la entrada a las oficinas de las pequeñas empresas privadas que ofrecen servicios de charter. Una puerta vigilada por un celador privado es el único control de acceso a cerca de 15 compañías que están ubicadas en plena pista. Apenas hay una radiopatrulla para recorrer todos esos hangares por los que se pasean desde presidentes de compañías hasta personal de limpieza y curiosos. Sin embargo, este no es el único sitio de acceso a la pista. Con 3.500 metros de longitud y rodeada por una valla difícil de cuidar, la pista de Eldorado está prácticamente abierta al público. En varios puntos está rota y los fines de semana es común que los paseantes ingresen en la zona verde que la circunda a recoger balones de fútbol o simplemente a disfrutar del sol mientras observan decolar y aterrizar aviones. Todo esto es posible, en buena parte, por la falta de personal de policía. En la actualidad hay 248 agentes y se requieren por lo menos 800 para una adecuada vigilancia.
·Problemas de diseño. Abierto al público en 1960, cuando el terrorismo no se conocía en Colombia, Eldorado presenta serias fallas de seguridad en su diseño. Una de las más protuberantes se localiza en los muelles de acceso a las aeronaves, donde se mezclan los pasajeros que llegan con los que salen. Esto ha llevado a pensar que en el caso de algunos atentados, las armas con que se realizaron, pudieron llegar en un vuelo procedente de otra ciudad y ser entregadas sin inconvenientes al sicario dentro de las instalaciones del terminal aéreo.
.Equipos obsoletos. Parte importante en todo este andamiaje juegan los equipos electrónicos. Detectores de metales, rayos X, cámaras de video y demás, son imprescindibles como medidas de apoyo a las requisas. Pero en el caso de Eldorado estos elementos o son insuficientes o están mandados a recoger. Las viejas pantallas en blanco y negro de rayos X no tienen nada que hacer con los modernos monitores en color que se utilizan en otras partes del mundo y que permiten establecer con exactitud cual es el contenido de una maleta. Los de Eldorado, cuando funcionan, son poco confiables y pueden ser burlados fácilmente.
Al cierre de esta edición ya se estaban dando algunos pasos para buscar soluciones a estos problemas. El gobierno estaba a punto de promulgar algunas medidas tendientes a regular la entrada de pasajeros y empleados a los terminales aéreos del país. También la policía determinó aumentar el pie de fuerza en los terminales, pero estas dos medidas son solo un paso para convertir los aeropuertos en lugares seguros que alguna vez lo fueron.

EDICIÓN 1879

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