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| 9/24/2001 12:00:00 AM

Pan y circo

El debate del Banco del Pacífico tuvo un poco de todo. ¿Quién ganó?

Pan y circo Pan y circo
Cuando tuvo lugar el famoso primer debate presidencial en televisión en 1960 entre John Kennedy y Richard Nixon sucedió algo curioso con la medición de los resultados. Los que lo vieron en televisión pensaron que había ganado Kennedy. Y los que leyeron el contenido de los debates en el periódico pensaron que lo había hecho Nixon.

Algo similar sucedió el miércoles pasado con el debate del Banco del Pacífico. El show en televisión no fue un triunfo para el gobierno de Andrés Pastrana. Sin embargo la lectura del contenido de los debates en la prensa no fue un triunfo para los promotores de la citación.

El caso del Banco del Pacífico tenía el mayor número de coincidencias con la mala presentación que pueda tener cualquier escándalo político: amistades personales, nexos políticos, impuestos desaparecidos, créditos no pagados, abogados compartidos, fiestas en casa de huéspedes, etc, etc. Hilando todos estos elementos se podía tejer una telaraña en la que se cruzaban negocios particulares con favoritismos políticos en algo que parecía un carrusel de la felicidad pastranista.

Pero en el fondo contra los funcionarios públicos del momento sólo había una acusación concreta: negligencia. Y esta no es fácil de demostrar porque la omisión es siempre más difícil de probar que la acción. El meollo de todo el asunto era determinar si esos funcionarios —Juan Camilo Restrepo como ministro de Hacienda, Sara Ordóñez como superintendenta bancaria y Fanny Kertzman como directora de la Dian— habían actuado lentamente en lo referente a la intervención del Banco del Pacífico.

La estrella de la jornada fue Juan Camilo Restrepo. Con una combinación de experiencia parlamentaria e indignación personal fue contundente en la enumeración y la cronología de los hechos para demostrar que en el caso del banco ecuatoriano no hubo mano suave. Igualmente convincentes estuvieron Sara Ordóñez, con su languidez característica, y Fanny Kertzman, con su ferocidad de siempre, al explicar sus respectivas actuaciones. De esta trilogía ninguno se dejó meter un gol.

Por el contrario, Juan Camilo Restrepo metió un gol olímpico cuando reveló que los créditos del Banco del Pacífico a Moisés (Jacky) Bibliowicz, el supuesto símbolo de la rosca pastranista, habían sido otorgados durante el gobierno de Ernesto Samper.

Pero los anteriores personajes eran apenas un abrebocas. Los platos fuertes para la galería eran los pesos pesados Luis Alberto Moreno y Luis Fernando Ramírez. Como estos no eran funcionarios públicos en el momento de los hechos la acusación contra ellos no era de negligencia sino de ser amigos de los negligentes. Ramírez, quien poco tenía que ver con todo este enredo, se había convertido para la opinión pública en uno de los protagonistas centrales. Por eso sus palabras despertaban mucha expectativa. Su intervención arrancó bien y aclaró en forma satisfactoria todo lo que tenía que aclarar. Sin embargo cometió el error de salirse del tema del debate y meterle política al asunto, resaltando su gestión al frente del Ministerio de Defensa, lo cual no venía al caso.

Le tocó el turno a Luis Alberto Moreno quien, como se dice en el mundo de los toros, tuvo una mala tarde. Su intervención inicial fue elocuente, pero el mano a mano con el representante Hernando Carvalho alrededor de si era o no accionista del banco fue el momento más dramático del debate. El episodio acabaría resultando insignificante con la revelación de que las acciones tenían un valor de cinco dólares, pero en la mitad de la faena fue una cornada dolorosa.

Uno que salió bien parado fue el ministro de Hacienda, Juan Manuel Santos, quien no tenía velas en ese entierro y decidió casar una pelea que no era suya. Hizo una defensa con mucha altura criticando el espíritu destructor de la política colombiana en la actualidad. Desconcertó un poco que para ilustrar su teoría se lanzara a defender en forma emocional a la ex secretaria de Salud de Enrique Peñalosa, Beatriz Londoño, quien a pesar de haber figurado en el debate era un personaje desconocido y marginal dentro de éste.

Los dos congresistas citantes, Gustavo Petro y Hernando Carvalho, tuvieron una buena tarde. Habían hecho la tarea, estaban preparados, armaron bien su telaraña y desempeñaron eficazmente su papel como fiscales. Petro, no obstante, cometió un error. Su teoría de que detrás de todo lo que había era un intento de los amigos de Pastrana para conformar el tercer grupo económico del país, después del de Santo Domingo y Ardila, era tan absurda que le restó seriedad a su papel de denunciante.

Finalizado el debate adquirió una nueva dimensión un personaje que hasta el momento no había sido el protagonista central: Nicolás Landes. Este era el antiguo presidente del Banco Popular del Ecuador, quien controlaba el Banco Andino en Colombia e intentó fusionarlo con el del Pacífico. Landes era un banquero audaz y popular en Ecuador hasta que la crisis financiera de ese país —y posteriormente la colombiana— lo llevaron a hacer toda clase de maromas para intentar salvar su imperio financiero. Este finalmente colapsó y el banquero acabó con varias demandas penales en su contra y una solicitud de extradición. Hoy es un prófugo de la justicia que vive en Miami.

Tanto Juan Camilo Restrepo como Fanny Kertzman lo señalaron a él como el inspirador de todo el escándalo del Banco del Pacífico. Una de las maromas que hizo antes de su caída fue sacar del Banco Andino en Colombia 50 millones de dólares y pasarlos a un paraíso fiscal a través de Miami. Como el banco tenía impuestos retenidos de los contribuyentes colombianos la Dian lo demandó penalmente en Colombia y en Estados Unidos. Landes contrademandó al país por 100 millones de dólares alegando que la acción jurídica en su contra en Estados Unidos había llevado a la quiebra a la filial de su banco allá.

La teoría de Juan Camilo Restrepo y de Fanny Kertzman era que para ganar su batalla jurídica contra el Estado colombiano Landes necesitaba mostrar que las autoridades habían sido arbitrarias en el caso de su banco y los tolerantes en el caso del Banco del Pacífico. Por eso se reunió con los periodistas y los congresistas colombianos que han promovido el escándalo.

Esta interpretación sobre el papel de Landes es en buena parte cierta. Pero la verdad es que el debate del Banco del Pacífico no hubiera despegado si no tuviera suficientes coincidencias para convertirse en un escándalo político. Las tenía y los opositores del gobierno, ni cortos ni perezosos, las explotaron al máximo.

Pero a pesar de ser jugoso, el caso no tenía sustancia. Por eso los acusados pudieron defenderse sin mayor problema y para todos los efectos prácticos el escándalo murió al terminar el debate. Sin embargo el daño quedó hecho. El sólo espectáculo de ver en televisión media docena de altos funcionarios del gobierno de Pastrana, sentados contra la pared como niños de colegio acusados, fue un round a favor de los promotores del escándalo.

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