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| 8/1/1988 12:00:00 AM

PENA DE MUERTE

Con el asesinato en Bucaramanga de Reynaldo Orduz, el ELN aplica a la guerra sucia un remedio peor que la enfermedad.

PENA DE MUERTE, Sección Nación, edición 322, Aug  1 1988 PENA DE MUERTE
"Guerra sucia a la guerra sucia", parece ser la consigna que el Ejército de Liberación Nacional escogió ahora como complemento de su actividad terrorista en contra de la industria petrolera. La eliminación física de aquellas personas a quienes el ELN considere vinculadas a la guerra sucia en contra de las organizaciones de izquierda, actividad que ya contaba algunos muertos en regiones de influencia de ese grupo guerrillero, cobró el martes 28 una nueva víctima en cabeza del dirigente bumangués Reynaldo Orduz Arenas.

Un grupo de pistoleros que horas antes había secuestrado un taxi, interceptó el vehículo de Orduz cuando éste se dirigía a su oficina. Le disparó en cuatro ocasiones con ráfagas de ametralladora a plena luz del día. Poco después, un comunicado firmado por la Unión Camilista--ELN, llegó a los distintos medios de comunicación, dejando en claro que los responsables del crimen no se avergonzaban en lo más mínimo por haberlo cometido. Según el documento, a Orduz el ELN le había aplicado la "justicia revolucionaria" por "su estrecha colaboración con los militares" y por ser "promotor de los grupos paramilitares". Según el grupo guerrillero, Orduz se dedicaba a "presionar a los comerciantes para que mensualmente dieran cuotas para financiar grupos paramilitares, a quienes les prestaba vehículos para facilitar la acción de los sicarios".

Orduz era un destacado dirigente cívico, que llevaba cerca de 13 años al frente de la administración del acueducto de Bucaramanga. Era además presidente de la Cámara de Comercio. Si algo lo caracterizaba eran sus permanentes denuncias en contra de los grupos alzados en armas. Fue uno de los más fervientes impulsores de la construcción de Comandos de Acción Inmediata (CAI's) en la capital santandereana, y en más de una ocasión pidió "mano dura" contra el terrorismo. Por su beligerancia y porque no tenía pelos en la lengua a la hora de decir lo que pensaba, era, según un periodista bumangués consultado por SEMANA, "una especie de Fabio Echeverri de esta ciudad". Decano de la facultad de arquitectura de la Universidad Santo Tomás y activo participante en distintas épocas de su vida del Comité de Gremios de Santander, era un hombre que tenía una especial afinidad con los militares y como profesional, había adquirido el grado de capitán de la reserva del Ejército.

Lo de su "estrecha colaboración con los militares" no es una mentira del ELN. Pero es perfectamente lógico teniendo en cuenta el alto cargo en la administración municipal que Orduz desempeñaba, asi como su papel al frente de las campañas de seguridad promovidas por la Cámara de Comercio que él presidía. Si eso es un motivo, son muchos los funcionarios públicos y los dirigentes gremiales en el país que van a tener que temerle a un atentado criminal. En cuanto a la acusación de promover la formación de grupos paramilitares, es uno de esos casos en que no se sabe muy bien dónde queda, en la mente del ELN, la frontera entre lo real y lo imaginario.

Pero independientemente de eso, la verdad es que este grupo guerrillero parece dispuesto a darle una vuelta aún más sucia a la guerra sucia. Se trata de la dramática contradicción de hacer exactamente lo mismo que se combate, de cerrar el circulo vicioso de la violencia política. Asi como en distintas regiones del país hay hacendados que creen estar haciéndole un servicio al país asesinando campesinos por tener vinculos sindicales con organizaciones guerrilleras, hay también gentes como las del ELN que creen estar haciendo otro servicio mantando a aquellos que, según ese grupo, patrocinan las muertes de simpatizantes de izquierda. Como dijera a SEMANA un alto funcionario de la Casa de Nariño, "asesinar a un supuesto organizador de bandas de sicarios, aplicando para ello el mismo mecanismo de los sicarios, deja sin piso cualquier pretensión de quien lo hace de ser abanderado en la lucha contra la guerra sucia".

Pero viéndolo bien, esas son exactamente las contradicciones que se pueden esperar de un grupo que ha hecho historia en el país fusilando a sus propios miembros, o matándolos en la ciudad una vez dejan el monte; que no ha tenido empacho en dinamitar oleoductos y regar en vastas zonas de las selvas y montañas del oriente del país, el petróleo que acaba con la flora, la fauna y la fuente de trabajo de centenares de familias campesinas un grupo en fin, para quien el fin siempre justifica los medios, incluso cuando esos medios van en franca contravia con ese fin.--

EDICIÓN 1879

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