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| 2/26/2006 12:00:00 AM

¿Por qué le pareció injusta la baja del general Castellanos?

El general (r) Manuel José Bonet Locarno le contesta a María Isabel Rueda.

¿Por qué le pareció injusta la baja del general Castellanos? La sociedad le entrega al Ejército lo más bajo, gente que llega de los barrios marginales, que trae un prontuario, que a veces entra para evadir la justicia Foto: Semana
M.I.R.: ¿Qué sintió cuando vio la carátula de la penúltima edición de SEMANA?

M.J.B.: Un malestar muy grande, desagrado, sorpresa. Pero también cierta tranquilidad porque eso no es usual entre las Fuerzas Militares y porque tenía la seguridad de que ya se estarían tomando las medidas correctivas del caso. Efectivamente, el general Castellanos me contó que desde enero había gente detenida y que la investigación estaba en proceso.

M.I.R.: ¿Llegó a pensar que ese Ejército que protagonizó los hechos que relata SEMANA no era el mismo Ejército que usted dirigió alguna vez?

M.J.B.: Es que no es el Ejército. Es un grupo reducido de personas, ocho o 10, que no sólo han manchado a la institución militar, sino a Colombia. Debo decir que por eso también me ha producido profundo desagrado la manera como se ha generalizado el incidente y se ha querido darle a entender a la población que eso está pasando en el Ejército y que todo el Ejército es el culpable.

M.I.R.: Acudo a sus luces para preguntarle entonces cómo debemos interpretar los civiles este episodio. Cuando usted dice que son ocho o 10 los responsables, pues eso significa que no fue uno solo. Es un piquete que practicaba torturas contra subalternos. No es un caso aislado…

M.J.B.: Sí es un caso aislado, y con eso no le estoy quitando la importancia. Merece una investigación cuidadosa y una sanción muy severa. Pero eso no es de ocurrencia en el Ejército.

M.I.R.: ¿En su época de comandante hubo un caso parecido?

M.J.B.: Nunca recibí una denuncia semejante. En una institución sometida al estrés y al trato rudo como son los ejércitos del mundo, eventualmente se presentan casos individuales de maltrato, pero eso se sanciona inmediatamente. El código penal militar y el disciplinario son muy enfáticos en prohibir y sancionar lo que se llama un ataque al inferior. Y si viene acompañado de lesiones personales, es mucho peor todavía.

M.I.R.: ¿Ese proceso lo debe adelantar la justicia ordinaria o la militar?

M.J.B: La justicia penal militar, pero parece que el señor Fiscal se dejó arrollar por el tsunami de los medios y ahora opina que debe ser la justicia ordinaria.

M.I.R.: ¿Pero acaso es un acto del servicio torturar a un subalterno?

M.J.B.: Usted es abogada, María Isabel…

M.I.R.: A la orden, mi general.

M.J.B.: Entonces entenderá que es un acto del servicio, pero no por razón o causa del mismo. Es la definición técnica del problema. Si yo estoy en un retén cuidando que nadie pase por ahí y pasa una niña y la violo, es un acto del servicio porque a mí me pusieron ahí, pero no me dijeron: viole la niña.

M.I.R.: ¿La diferencia está entre violarla con uniforme y sin uniforme?

M.J.B.: No, no. Esa no es la diferencia. Estoy de servicio, pero el servicio no produce el delito. En lo que el incidente toca con la justicia militar es en el delito de ataque a un inferior.

M.I.R.: ¿Qué diferencia hay entre la rudeza que necesariamente requiere una formación militar y los hechos de Piedras?

M.J.B.: Pues la misma diferencia que hay entre una instrucción de tekuondo e ir a coger a garrotazos a una persona. Lo que sucedió en el Batallón Patriotas fue un hecho anormal, ilegal, criminal, y así debe ser juzgado.

M.I.R.: ¿Cómo después de unos hechos tan evidentes, confirmados por fotografías, por testimonios, por testigos, pasa un mes y no sucede nada?

M.J.B.: ¿Quién dijo que no pasó nada? Hay un juez de instrucción penal militar que está nombrado desde el primer día, él está instruyendo su sumario, pero está sujeto a la misma reserva del sumario. También hay detenidos. Y eso no se generó por la publicación de SEMANA.

M.I.R.: Pero ni siquiera ante la gravedad de los hechos el general Castellanos le informó de lo sucedido al Presidente o a su Ministro de Defensa. ¿Usted cree que en eso se equivocó?

M.J.B.: No me atrevo a juzgarlo. Yo le hubiera informado al comandante general.

M.I.R.: ¿El general Castellanos fue chivo expiatorio de este episodio?

M.J.B.: No lo voy a calificar, pero la decisión de su salida no la comparto para nada.

M.I.R.: ¿Por qué no?

M.J.B.: Porque un hecho como este no justifica que un general que le estaba prestando verdaderos servicios al país y mostrándole los resultados de la justicia de seguridad democrática al Presidente y que fue el responsable de la pacificación de Cundinamarca, de la vía al Llano, de la vía a Ibagué, de la vía al Magdalena Medio, de la vía a Boyacá, de la Operación Libertad uno y la dos, y aunque los comandantes tenemos que responder, se haya dado de baja. Su salida fue injusta y yo no la habría aprobado.

M.I.R.: ¿Quién entonces se debería haber caído?

M.J.B.: Yo creo que los que están presos. Gente muy joven, con niveles muy bajos en la jerarquía.

M.I.R.: ¿Que le falló al Ejército en la educación de esos muchachos para que hubieran terminado tratando tan salvajemente a sus subalternos?

M.J.B.: La sociedad colombiana, que tanto se lava las manos, no le entrega al Ejército lo mejor que tiene. Le entrega lo más bajo, gente sin educación, gente que ya llega mal educada. La gente que llega al Ejército no es ni siquiera de la clase media, sino de los barrios marginales, de las invasiones, que trae detrás un prontuario y que se mete muchas veces al Ejército para evadir acciones de la justicia. La sociedad, ustedes, no le entregan al Ejército ni siquiera lo medianamente bueno. Llegan muchos campesinos, que son gente muy buena, pero hay 10 por ciento de personas que traen un historial y ese historial se va conociendo en las acciones de esas personas. Uno cuando va a patrullar descubre que hay soldados violentos, algunos que tratan mal a los pasajeros, o en la requisa de un bus a las mujeres, o en un barrio maltratan a sus habitantes…

M.I.R.: Pero general, en el episodio de Piedras había varias personas que llevaban años con el Ejército, siendo educados y entrenados…

M.J.B.: Son cabos, qué grados tienen… Personas de tres y cuatro años de servicio. Usted no encuentra ahí a un sargento primero, a un coronel… Son muchachos que máximo llevan cinco años en el Ejército.

M.I.R.: ¿Pero no falla algo en el hecho de que cometan esos atropellos después de llevar cinco años recibiendo ejemplos de la institución?

M.J.B.: Claro que sí, la falla está en todas partes. En la sociedad, que le está entregando a la Fuerza Pública muchachos que se criaron viendo a su papá pegándole a su mamá. O al tío que mató al hermano por la disputa sobre una cerca. O que violaron a la hermanita. Muchachos que vienen de hogares donde la mamá es una prostituta. Algunos muchachos de esos se mejoran, pero hay que mantener un control muy fuerte sobre ellos porque el lenguaje y muchas actitudes los traen desde la cuna. Y cuando no se los están vigilando, y de noche quedan al mando de unos soldados, esa cosa atávica -y el colombiano de por sí es violento- inmediatamente sale. Por eso el castigo debe ser tanto de cárcel como sicológico. Y por eso en los batallones hay sicólogos, porque sabemos qué tipo de gente estamos manejando.

M.I.R.: Me dijo hace un rato que había hablado con el general Castellanos. ¿Está muy dolido?

M.J.B.: Él siente decepción. Dice que le sirvió tanto al Presidente, que le sirvió tanto al país, que cuidó tanto que su doctrina de seguridad democrática funcionara, sobre todo en la zona andina, que era la zona más vital…¡Acuérdese, María Isabel, de las tomas de Guayabetal, de Puente Quetame, de Fosca, de Gutiérrez, de lo que era la carretera Bogotá -Villavicencio!…Este hombre se entregó y capturó a todos los jefes de cuadrilla que había en la zona andina. Por eso es que yo, como amigo y jefe que fui de él, y como artilleros que somos, me parece que la medida contra el general Castellanos fue exagerada. Y más han debido pagar allá abajo los verdaderos responsables del mando de esa gente, los jefes locales, que de pronto no tenían suficiente experiencia de mando.

M.I.R.: ¿Qué tal es el reemplazo del general Castellanos?

M.J.B.: Un hombre muy brillante. Al general Montoya lo conozco hace mucho tiempo. Fue alumno mío. Lo veo cada 15 días desde que soy del consejo superior universitario y profesor de la Universidad del Magdalena porque yo lo invito a mi clase y él me invita con mi clase al batallón. El transmite mucho, emociona a la gente cuando habla.

M.I.R.: ¿Este relevo no será saludable para la operación militar en sí?

M.J.B.: Apartando el afecto y el malestar que me produjo la baja del general Castellanos, tengo una fe absoluta en el general Montoya porque es un guerrero, un soldado, un comandante y sé que va a mantener al Ejército en el camino de la victoria.

M.I.R.: En su retiro, usted se ha dedicado a la docencia. ¿Qué diferencia hay entre manejar un ejército de soldados y uno de estudiantes?

M.J.B.: A los muchachos los manejo como jóvenes que son. No hago diferencia entre tropa y alumnos. Lo mismo da un soldado de 18 años que un universitario de 18 años. Les gusta la forma tropera como yo hablo. A nadie, ni a las mujeres, que son mayoría entre mis alumnos, les molesta.

M.I.R.: ¿Qué es más satisfactorio: ser profesor, o general?

M.J.B.: Ambas son muy buenas. Pero estoy de profesor por un dedazo del Presidente de la República. Ser general me costó 35 años, dos atentados, cuatro tiros, tres malarias, tres paludismos… Para mí, es mejor que me digan general.

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