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| 6/3/1996 12:00:00 AM

POR QUE SE FUE

HAY MUCHAS VERSIONES E INTERPRETACIONES SOBRE LA SALIDA DEL MINISTRO GUILLERMO PERRY. CUAL ES LA VERDAD?

POR QUE SE FUE POR QUE SE FUE
Son tan graves las co-sas que pasan con el proceso 8.000 que ya nada sorprende. En circunstancias normales el retiro de un ministro de Hacienda en medio de una crisis política podría constituir el golpe de gracia para un gobierno. En Colombia, donde la noticia es que los ministros vayan a la cárcel, una renuncia sin implicaciones penales fue rápidamente superada por el Presidente. En cuestión de horas Guillermo Perry fue reemplazado por el Director de Planeación Nacional, José Antonio Ocampo, neutralizando así cualquier posible acusación por vacío de poder o falta de continuidad en la política económica. En estas circunstancias la salida de Perry, que amenazaba ser un terremoto, terminó siendo sólo un temblor.Aún así, al país no le quedó muy claro por qué se fue Perry. La disculpa oficial fue que se retiraba para defender al gobierno desde afuera, lo cual sonó elegante pero no convincente. Sobre todo si se tiene en cuenta que el ex ministro era el riñón de Samper y una deserción dentro de la familia tiene más impacto que la de alguien de fuera. Tanto es así que el Presidente, que no quería que su ministro se retirara, se indignó cuando fue informado de que la decisión era irrevocable, aunque ya se ha restablecido la comunicación entre ambos y están hablando todos los días. No ha sucedido lo mismo con algunos de sus ex colegas samperistas, quienes en privado lo tildan de 'traidor'.Se ha afirmado también que Perry abandonó el barco por enfrentamientos con el Presidente sobre el manejo de la política económica. Para sobreaguar en la crisis se requiere girar, y un ministro de Hacienda responsable no es un firmón. Esta interpretación, que ha sido ampliamente difundida, no es del todo cierta. Perry ha tenido enfrentamientos fuertes con varios ministros pero no con el Presidente, quien por lo general ha sido más bien el mediador en estos conflictos, estando muchas veces del lado de él frente a la voracidad presupuestal de algunos de sus colegas. Sobre los nombres de los voraces, Perry es bastante discreto y se limita a puntualizar que la ministra de Agricultura, Cecilia López, no está en la lista.Otra justificación que se había mencionado para su renuncia es su cercanía con Hernán Echavarría Olózaga, cabeza visible del Grupo Corona y quien en la actualidad lidera un movimiento de empresarios paisas que busca la renuncia de Ernesto Samper. El patriarca antioqueño es pariente y padrino de la esposa del ex ministro, Claudia Sáenz, y particularmente allegado a ella. Sin embargo esta vinculación familiar tampoco tuvo que ver con la salida de Perry. Ni Echavarría ha pretendido imponer sus puntos de vista sobre el ex ministro, ni viceversa. A pesar de sus diferencias, cada uno ha sido muy respetuoso de la opinión del otro. Recientemente tuvo lugar la única reunión que los dos han sostenido para hablar del asunto. Fue una comida con esposas en la casa de Echavarría solicitada por Perry, quien consideraba que su pariente estaba asumiendo posiciones demasiado radicales en su oposición al gobierno. Echavarría le manifestó que él consideraba que una crisis de la dimensión de la actual requería soluciones drásticas y que, por principio, no iba a asumir actitudes tibias. Aunque el debate fue intenso, cada uno salió de la comida con la misma posición con que entró y la relación quedó tan cordial como siempre.Entonces, ¿por qué se fue? En el fondo, por razones políticas. Perry, quien tiene imagen y empaque de técnico, es un hombre de convicciones políticas, de criterio político y de ambiciones políticas. Para algunos de sus ex colegas en el gabinete, esas ambiciones son tan grandes que Perry se considera una alternativa presidencial como solución a la crisis, en calidad de ser el único samperista de primera línea no untado. Según estas versiones, aspira a ser la fórmula de transacción y transición elegida por el Congreso. El ex ministro, por su parte, rechaza categóricamente esta interpretación. Reconoce que hay consideraciones políticas, pero no personales. Después de un año de estar en el ojo del huracán de la crisis por el proceso 8.000 llegó a la conclusión de que durante la campaña electoral tuvieron lugar unos hechos muy graves que no se pueden desconocer. Está convencido de que sucedieron sin el conocimiento del presidente Ernesto Samper, pero que eso no le quita seriedad al asunto. El ex ministro considera que el hecho de que el primer mandatario sea inocente no significa que el escándalo sea ficticio y que pensar que estos dos hechos son excluyentes es lo que ha llevado a una radicalización del país que él considera muy peligrosa.Para Perry son tan ciegos los detractores del Presidente como sus defensores a ultranza. Los primeros, porque tratan a Samper como un delincuente, lo cual para él es un exabrupto. Los segundos, porque ven conspiraciones hasta donde no las hay. No comparte el manejo que le ha dado a la crisis el sanedrín del Presidente y considera absurdo que con el argumento de la conspiración se hayan roto por completo los canales de comunicación con De la Calle. En su concepto, el Presidente y el Vicepresidente más que personas son instituciones, especialmente en una crisis como la actual y la comunicación entre ambos es indispensable. Si va a haber negociación entre ambos, es necesario que dialoguen. Fue precisamente su ofrecimiento de servir como mediador en ese puente roto, lo que generó la indignación del Presidente.Sin embargo, más absurda que la posición del sanedrín, le parece la de los enemigos del Presidente que creen que la única salida que tiene la crisis es exigirle la renuncia, como si tuvieran una superioridad moral sobre él o sobre los fallos de la justicia. La posición de los gremios en la reunión de la semana pasada le pareció equivocada e ilusa. Y fue esa precisamente una de las razones que lo llevó a apartarse de su cargo. En forma un poco mesiánica, cree que la mejor contribución que se puede hacer en este momento es abrirle los ojos a los conductores y a los pasajeros de dos trenes que están a punto de estrellarse. Perry está convencido de que simplificar la situación tratando al Presidente como un delincuente no conducirá a nada. Tampoco acorralarlo y descartar de entrada todas sus propuestas. Para él, con Ernesto Samper se puede conversar pero no se le pueden dar órdenes, ni se puede esperar que él ceda todo y las otras partes no cedan nada. "El más lúcido de todos los que están en Palacio hoy es el Presidente", afirma sin titubear. Buscando fórmulas con él se puede llegar a soluciones, pero no buscándolas contra él. Piensa, sin embargo, que los acuerdos tienen que buscarse antes del fallo del Congreso y no después, como Samper cree.Hoy existe un elemento de nostalgia en el estado de ánimo de Guillermo Perry: el proyecto económico del Salto Social. El, quien lo trabajó con Ernesto Samper durante muchos años, lo considera el más coherente que ha tenido el país en los últimos tiempos y que es una tragedia que por unas cajas llenas de billetes en una elección se olvide este esfuerzo o se desdibuje el resultado. "A corto plazo, mi prioridad es tratar de contribuir a la solución de la crisis, dice. Pero a mediano plazo será defender lo que hicimos, que fue mucho".

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