Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 4/19/1993 12:00:00 AM

¿Qué hacer con Escobar?

Enfentamiento entre el Presidente y el Fiscal en torno a la entrega.

¿Qué hacer con Escobar? ¿Qué hacer con Escobar?
POR ESTOS DIAS HAY VIENTOS DE CONFLICTO en los corredores del poder. La cordialidad que había existido de tiempo atrás entre la Fiscalía y la Presidencia ha comenzado a agrietarse. Y el motivo es uno solo: la entrega de Pablo Escobar. Públicamente ninguna de las dos partes quiere hacer evidente este distanciamiento. Pero en privado se están conformando dos bandos contrarios, con posiciones cada vez más radicales.
La piedra de la discordia es la revelación de que los abogados de Escobar han notificado que lo único que está pendiente para la entrega de su cliente son tres puntos sobre las condiciones de reclusión y algunos acuerdos sobre la seguridad de su familia.
Concretamente, la semana pasada se hizo público que el jefe del cartel de Medellín estaría dispuesto a entrar a la cárcel de máxima seguridad de Itaguí si se satisfacen los siguientes tres requisitos: en primerlugar, la autorización de hacer tres llamadas semanales a su familia, en el entendido de que las llamadas podrían ser monitoreadas. En segundo término, que se abra la cocina de la cárcel y que se comience a preparar la comida desde ahí. Desde que se inauguró la cárcel, la comida para los presos la enviaban desde afuera sus propios familiares y ahora Escobar considera que es más seguro que se prepare "en casa". Como cosa increíble sus abogados, en tono muy respetuoso, preguntaron si les podían colocar una nevera más grande, pues la, existente es bastante chiquita. Por último, se solicita que se pavimente uno de los patios de la cárcel con el argumento de que cada vez que llueve se convierte en un barrial.
Las anteriores son los aspectos relacionados con las condiciones de reclusión. En lo que se refiere a la seguridad de la familia hay otras dos solicitudes. Que el Gobierno autorice el desplazamiento de su mujer y de sus hijos en dos carros blindados de su propiedad. Además de esto, Escobar solicita que el Ejército le dé seguridad a su familia, que viviría recluida en un bunker acondicionado por él.
Este último capítulo de la infinita telenovela de la vida de Pablo Escobar ha desconcertado un poco a todo el mundo. Algunos consideran que las cosas que pide, como condiciones de reclusión, son absolutamente insignificantes y ni siquiera deberían ser objeto de un debate.
En lo que se refiere al teléfono, todo el mundo asume que en cualquier cárcel tiene que haber un teléfono para uso de los presos. En cuanto a la cocina, lo que sorprendió fue la revelación de que no se cocinaba adentro, pues la gente lo consideraría lógico. Y en cuanto a la pavimentación, nadie entendió muy bien de qué se trataba pero no parecía un asunto de principio como para justificar la continuación de una guerra.
Si las peticiones sobre la cárcel parecían insignificantes, las peticiones sobre la familia parecían más bien exóticas. Pedir permiso para tener dos carros blindados tenía un toque de ironía. Al fin y al cabo Pablo Escobar era prácticamente el hombre que había generado en Colombia la necesidad de andar en carro blindado. Pocas personas sabían que andar en este tipo de vehículos requería un permiso del Estado. Y a nadie le parecía muy importante, pues todos los carros blindados son iguales a los no blindados.
El requerimiento de que el Ejército protegiera a su familia llamaba la atención por poco práctico. Después de una década de guerra contra el mayor delincuente en la historia de Colombia, no es probable que pueda haber mucho entusiasmo por parte de la fuerza pública para salvaguardar a su familia. No significa esto que no se pueda hacer, sino más bien que no debería garantizarle mayor seguridad a Escobar que otras alternativas. Al fin y al cabo él siempre ha contado con una organización de hombres armados a su servicio, fanáticos de su causa y con compromisos de lealtad inquebrantables. Con una fortuna de la dimensión de la que él podría integrar sin mayor problema una escolta de 50 ó 100 personas, de su propia gente y a toda prueba.
En resumen, Pablo Escobar tiene derecho a exigir protección para su familia, pero no le debería interesar. Sitios desconocidos protegidos por sus amigos tienen que garantizar más seguridad que sitios públicos protegidos por sus enemigos.
Independientemente de lo que se piense de todas estas exigencias -o solicitudes- lo que es un hecho es que ya crearon un enfrentamiento entre los dos hombres más importantes del país hoy: César_ Gaviria Trujillo y Gustavo de Greiff. Cada uno ha conformado un bando propio. El del Presidente incluye al ministro de Defensa, Rafael Pardo, y al ministro de Justicia, Andrés González. El del Fiscal cuenta con el apoyo, ni más ni menos, del procurador General de la Nación, Carlos Gustavo Arrieta, que es el otro funcionario clave en todo este proceso. Arrieta, quien ha tenido diferencias con De Greiff en el pasado y por lo general ha sido solidario con el Gobierno, en esta oportunidad está alineado en forma categórica con el Fiscal.
¿En qué consiste realmente el conflicto? En que el Fiscal y el Procurador estiman que hay que hacer efectiva lo más rápidamente posible la entrega de Pablo Escobar, la cual no debe ser obstaculizada por consideraciones intrascendentes como un teléfono o una cocina. El Presidente, Rafael Pardo y Andrés González, por su parte, son de la idea de que no hay absolutamente nada que discutir con Pablo Escobar. Si se quiere entregar, existe una política de sometimiento a la justicia a la cual no tiene sino que acogerse.
La diferencia de opinión más sustancial consiste en determinar si facilitar la entrega de Escobar en este momento es negociar o no. Negociar es el verbo al que todo Colombia le teme en la actualidad. El estruendoso fracaso de la primera entrega y de la fuga de La Catedral se le atribuye a que fue una entrega "negociada". Todo lo que huele a "negociación" se expone a acabar en los titulares de primera página del New York Times y del Washington Posty en las columnas de Carlos Lemos y Enrique Parejo. Conceptos tan importantes: como el de soberanía o dignidad del Estado acaban siendo medidos en términos tan insignificantes como el tamaño de una nevera.
La posición del Presidente y particularmente la del ministro de Defensa, Rafael Pardo, es que con Pablo Escobar nada es tan sencillo como parece. Al igual que la guerrilla, siempre está dispuesto a dialogar por un lado y disparar por otro. Y aunque si bien es cierto que en materia de terrorismo ha mantenido un perfil bajo desde la aparición de los Pepes, las tres y media toneladas de dinamita que aparecieron en la cercanías de Bogotá y Medellín el viernes pasado, no dejan la impresión de un hombre cuya única preocupación sea una nevera mas grande. Los subalternos de Escobar capturados en esos operativos del fin de semana revelaron que estaban planeando una nueva ofensiva de una dimensión superior a las anteriores. Por todo esto, el Presidente y sus ministros no están muy convencidos ni de la sinceridad de la entrega ni de la conveniencia de hacer concesiones. No entienden cómo algo tan de vida o muerte para él, como es su entrega, puede depender de algo tan insignificante como la pavimentación de un patio. Además de esto, desde hace días reina en el país un ambiente de caída inminente de Escobar y todos consideran que si se aguanta unos días la cosa puede definirse. Están de acuerdo en que Escobar es mejor capturado que entregado y aunque ninguno lo reconoce todos piensan que es mejor muerto que capturado.
El Fiscal y el Procurador, por cuenta de los mismos hechos, llegan a conclusiones diametralmente opuestas. Si aparecen tres y media toneladas de dinamita, para ellos es obvio que si se acelera la entrega de Escobar es más probable que no explote. En lo que se refiere a controlarlo en la cárcel, según Carlos Gustavo Arrieta "el Estado pierde toda autoridad moral si tiene que matar a un tipo como única alternativa por no poderlo custodiar".
De Greiff, por su parte, considera que el antecedente de la cárcel de La Catedral es tan vergonzoso que algo tiene que haber aprendido el país por cuenta de esa experiencia. Al fin y al cabo La Catedral era un country club. La cárcel de máxima seguridad de Itaguí es realmente "de máxima seguridad".
Cualquier funcionario que tenga en el futuro el control de Escobar no se expondrá al inmenso desprestigio que acarrearía el más mínimo relajamiento en las condiciones de reclusión. "El Estado tendría que ser muy pendejo si permite que eso se repita", afirmó De Greiff a SEMANA.
La gran pregunta es si la posición del Fiscal y el Procurador significa alguna concesión o es el principio de una negociación. Para Gaviria y Pardo cuando uno se sienta a discutir con Escobar sabe dónde comienzan las cosas pero no sabe dónde acaban. Por eso desde el mismo día de la fuga de La Catedral han rehusado a acceder a cualquiera de sus peticiones. Escobar se fugó de la cárcel en la madrugada de un miércoles y al jueves siguiente ya estaba fijando unas condiciones para su regreso. Señaló que estaba dispuesto a aceptar una cárcel en Antioquia pero no en Itaguí. Y que lo tenía que cuidar la Marina, que era el cuerpo de las Fuerzas Armadas que menos peligro le representaba.
Inmediatamente estas exigencias fueron negadas.
Esa misma noche llamó telefónicamente a la casa de Juan Gossain, donde se encontraban los periodistas Enrique Santos y María Isabel Rueda. Entre las 10 de la noche y las cinco de la mañana hablaron varias veces con el prófugo y éste volvió a formular una serie de requisitos. Los periodistas le dijeron que si quería solucionar el problema, en lugar de hacer exigencias debería hacer ofrecimientos. Por medio de este camino se llegó a que manifestara que estaba dispuesto a entregarse en la cárcel de Bellavista o incluso en una guarnición militar. Entre las 12 de la noche y las cinco de la mañana del día siguiente a su fuga tuvieron lugar contactos entre Escobar y los periodistas, que a su turno le informaban al Presidente. Finalmente, al amanecer Gaviria dejó claro que después de la fuga la línea de conducta del Gobierno sería solamente una: entrega incondicional.
Algunos meses después, y varios muertos después, reapareció Escobar con otra solicitud. Estaba dispuesto a entregarse si el Gobierno tumbaba un muro que dividía la cárcel de Itaguí en dos. Según los emisarios del jefe del cartel esta pared no tenía ningunas implicaciones de seguridad, pero sí limitaba considerablemente el espacio vital de los presos. Varios intermediarios llegaron tanto al Gobierno como a la Fiscalía con el mensaje del muro.
La teoría seguía siendo la misma: tan pronto lo tumbaran, Escobar se entregaría.
El Presidente y el Ministro de Defensa desde un comienzo se negaron. ¿Qué pasaría si tumbaran el muro y Escobar no se presentaba? ¿O qué pasaría si después de tumbarlo formulaba otra exigencia? De Greiff desde ese momento comenzó a estar en desacuerdo con ellos. Públicamente manifestó en el noticiero QAP que por cuenta de un muro, que no tenía ningún significado en términos de seguridad, no tenía por qué posponerse la solución del problema más grande del país. Pero la decisión final no estaba en manos de la Fiscalía sino del Ministro de Justicia, que es subalterno del Presidente. Por esto el muro nunca se tumbó y ahí comenzó la racha de carros bomba.
Después de esto, con posterioridad, Pablo Escobar anunció la creación de un nuevo movimiento llamado Antioquia Rebelde, cuya meta era obtener un tratamiento de delincuencia política para el narcotráfico. En otras palabras, buscar una amnistía o un indulto. Y si por alguna razón tuviera que haber cárcel, no estaba dispuesto a aceptar la de Itaguí, con o sin muro.

Antioquia Rebelde parecía la mayor amenaza en el país hasta que aparecieron los Pepes. La ola de terror que desataron liquidando todo lo que tuviera que ver con Escobar, desde carros viejos hasta parientes, logró tener a raya a Escobar. Simultáneamente las autoridades apretaron más las tuercas y la cacería humana contra él se desencadenó en la misma intensidad por dos frentes: el del Gobierno y el de los Pepes. El Bloque de Búsqueda, que resultó ser el cuerpo armado más eficiente hasta la fecha en la persecución del hombre más buscado del mundo alteró de la noche a la mañana la ecuación de fuerzas de esta contienda. De ahí en adelante Escobar pasó de la ofensiva a la defensiva y así se ha mantenido hasta ahora.
El desmantelamiento de los restos de su organización que se ha registrado en las últimas semanas fue el que llevó a Roberto Uribe, abogado de Pablo Escobar, ante la Fiscalía, a manifestar el 4 de marzo una nueva disposición de entrega. Han transcurrido dos semanas desde entonces y se ha delimitado la entrega a los tres puntos relativamente insignificantes que ya el país conoce y a la solicitud de que el Ejército cuide a su familia. Esta última ha sido la única que ya fue oficialmente negada por De Greiff, quien está dispuesto a ofrecer algún tipo de seguridad o de vigilancia, pero no a comprometer al Ejército Nacional en este episodio. El Gobierno, por su parte, en el comunicado del pasado viernes, reafirmó su disposición de proteger a la familia de Pablo Escobar, pero sin especificar la modalidad.
Con el problema de la seguridad de la familia resuelto sólo quedan los puntos relativamente intrascendentales del teléfono, la cocina y el patio. Y es alrededor de este punto en donde se agriaron las relaciones entre el Presidente, de un lado, y el Fiscal y el Procurador por otro. El Fiscal hizo públicamente unas declaraciones en las cuales señalaba que no consideraba los tres puntos de Escobar como condiciones sino más bien peticiones que no tienen mayor relevancia.
Agregó que el reglamento penitenciario estipula que los presos tienen derecho a un teléfono y que las comidas se cocinan en la cárcel.
Por lo tanto más que una concesión se trata del cumplimiento de unas normas vigentes. La pavimentación del patio no tiene por qué representar el cierre de una puerta para la entrega. Parece inclusive que desde antes de que el abogado de Escobar mencionara el aspecto del patio, ya se había tomado la decisión de solucionar ese problema.
El Presidente, por su parte, y Rafael Pardo mantienen su oposición a cualquier intercambio de ideas con Escobar. Ni siquiera están preocupados por el teléfono o la cocina en si sino por el tinte de negociación que estos aspectos triviales puedan llegar a tomar.
La prensa internacional les ha dado un poco de razón y la semana pasada varios periódicos norteamericanos titularon que Colombia estaba aceptando las condiciones de Pablo Escobar para su rendición. El New York Times registra que el jefe del cartel es considerado un jugador de póker que tiene como norma nunca dejar ver sus cartas. Eso parecen haberlo confirmado los hechos cuando aparecieron las tres y media toneladas de dinamita. En todo caso esta semana la partida continúa y lo único que es seguro es que ni Escobar ni el Presidente ni el Fiscal tienen póker de ases.

VIDEOS MÁS VISTOS

  • "Es mi deber que las cosas sean como son": hijo de Pizano a María Jimena Duzán

    "Es mi deber que las cosas sean como son": hijo de Pizano a María Jimena Duzán

    close
  • "El gobierno va a cumplir todos los temas del acuerdo que ya están contemplados en la ley"

    "El gobierno va a cumplir todos los temas del acuerdo que ya están contemplados en la ley"

    close
  • "Se necesita un timonazo en la estrategia del presidente frente al Congreso y la opinión"

    "Se necesita un timonazo en la estrategia del presidente frente al Congreso y la opinión"

    close
  • En video: Consejos para ser exitosos de Rigoberto Urán

    En video: Consejos para ser exitosos de Rigoberto Urán

    close
  • La línea del tiempo del escándalo por los audios de Jorge Enrique Pizano y el Fiscal

    La línea del tiempo del escándalo por los audios de Jorge Enrique Pizano y el Fiscal

    close
MÁS VIDEOS

EDICIÓN 1906

PORTADA

“La gran bandera del gobierno es la equidad”

El presidente explica sus prioridades, qué problemas encontró, cómo quiere cambiar la política y cómo va a manejar su gobernabilidad.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1907

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.