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| 1/20/1992 12:00:00 AM

RAMIRO MENESES, VICTORINO ESTRELLA

Este año la temática de los dramatizados nacionales demostró que o sólo de novelones vive el televidente.

RAMIRO MENESES, VICTORINO ESTRELLA RAMIRO MENESES, VICTORINO ESTRELLA

ESTE AÑO EL MEDIO DE LA TELEVISION SUfrió cambios importantes. La Ley 14 dio a las programadoras una serie de nuevos rcursos que, en el conjunto, le dan mayor coherencia y estabilidad al medio. La posibilidad de quedarse si muestran méritos frente a una adjudicación cuyo plazo se extendió de cuatro a seis años, induce ahora a que las programadoras compitan por calidad y se desarrollen como empresas, haciendo verdadera industria en el medio.
Como una anticipación de lo que será el enfrentamiento de la programación a la hora de producir los programas más taquilleros -los dramatizados- en 1991 los televidentes vieron surgir un género que es de vieja data, pero que este año exhibió una calidad temática y de producción inusualmente buena. Series de alta popularidad como Escalona, producciones de muy buena calidad técnica como María y especiales de gran profundidad temática como Cuando quiero llorar no lloro, fueron una buena muestra de eso.
Además de las obvias bondades que representa para el televidente que las programadoras se esfuercen por hacer mejor televisión, este fenómeno de los especiales dramatizados permite el surgimiento de actores que tienen que exigirse más para estar a la altura de los esfuerzos de productores, libretistas y directores. En el conjunto de este año que termina, Ramiro Meneses simbolizó un intento temático televisivo, que levantó ampolla en algunos sectores pero contó con la aprobación general de los televidentes.
La serie Cuando quiero llorar no lloro que terminó apodada por el público como

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