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| 11/15/1993 12:00:00 AM

Reflexiones sobre la corrupción

El historiador británico Malcolm Deas escribió un artículo sobre la corrupcion para el próximo número de la revista Política Colombiana, de la Contraloría General de la República. SEMANA lo reproduce.

Reflexiones sobre la corrupción Reflexiones sobre la corrupción
1. En la escala latinoamericana y mundial de los países corruptos, dónde esta Colombia? Pienso que The Economist no acertó en poner a Colombia muy arriba en su lista de los países más corruptos tal vez lo hizo bajo la impresión que causan las modalidades sensacionales de la corrupción relacionada con el narcotráfico. Su juicio no es compartido por otros evaluadores con más experiencia, como ciertas compañías multinacionales de envergadura. Entre las grandes de América Latina yo calificaría a Colombia como nación menos corrupta que México, Venezuela, Argentina y Brasil, y más que Chile.
En términos mundiales me siento menos informado, pero no me parece que haya existido acá el alegre contubernio entre Estado, partidos y conglomerados potentes, como el que se desnudó recientemente en Italia.

2. ¿Importa hacer estas distinciones? Sí, porque pienso que un hábito que favorece la corrupción es precisamente exagerar. Comparto lo que una vez dijo Albert Hirschman sobre los colombianos: juntan problemas distintos hasta que tienen en frente un problema enorme, que, obviamente, no ofrece solución; entonces lo dejan así. Si todo es corrupto, si todos somos corruptos, no hay nada que hacer. Entonces nada hacemos. La exageración lleva al fatalismo.

3. ¿Cuál ha sido la historia de la corrupción en Colombia? Por muchos años este ha sido un país pobre, con un gobierno pobre, con bastante competencia política y una fuerte tradicion crítica hacia sus gobernantes. No daba para serruchos ni robos grandes. Aunque no por virtud más bien por celos y por odios sus políticos hasta cierto grado se fiscalizaban mutuamente. Además, la pequeña escala de la clase acomodada hacía muy visible cualquier ascenso repentino a la riqueza. No fueron corrientes los casos de gobernantes que salieron ricos tras ejercer el poder. Y los burócratas, mucho menos.
En las tres últimas décadas el panorama ha cambiado: el pais y el Gobierno se han enriquecido mucho, y la vieja sociedad, intima, ha sido ahogada bajo la urbanizacion masiva y la democratización.
Han aparecido nuevas tentaciones y oportunidades en un nuevo ambiente.
Dieciséis años del Frente Nacional y sus secuelas han producido un sistema político dentro del cual casi nadie quiere hacer oposición. Menos aún la guerrila, que aspira a tomarse el poder.
Todos prefieren estar por dentro, aunque para muchos, me parece, esto deriva de un cortoplacismo mal calculado. De cualquier modo, el país no tiene una oposición política que haga bien su rol fisealizador. Sin una oposición de tal naturaleza, las instituciones fiscalizadoras de la administración pública no van a funcionar plenamente.
Pienso que el país es más corrupto que antes.

4. Cualquier persona-político, periodista, académico, dama distinguida o chofer de taxi puede facilmente denunciar la corrupción. Lo difícil es denunciarla efectivamente, en particular. Eso requiere coraje.

5. Es necesario hacer distinciones. Clientelismo y corrupción no son la misma cosa, ni la una siempre deriva de la otra, ni se explica por ello. El clientelismo puede tener un nexo con la corrupción, pero no siempre es sencillo.
Fue bien interesante, por ejemplo, haber leído hace poco la lista detallada de los auxilios de Bogotá. Había algunas corruptelas folclóricas, como el "Club de Amistoso", en Subachoque. Era otra muestra de esa desviación que ya debe estar en vías de extinguirse como las multitudinarias becas, pan de cada día del clientelista y su clientela.
Pero son pocas nueces, o, por lo menos, pequeñas nueces. Los auxilios no son la más funesta de las prácticas clientelistas. Están los grandes peculados en el manejo de las ciudades.
6. En la política, como en casi todas las actividades humanas, hay cuentas que se deben pagar. Hacer política en Colombia, a cualquier nivel, cuesta más y más. No hay controles efectivos del gasto en las campañas ni se ha pensado cómo reemplazar los antiguos auxilios. El Estado debe garantizar que sea posible hacer política honradamente, y aún con cierta economía. Los que la hacen con su chequera buscan, por lo general recompensarse ampliamente.
7. Recuerdo que Lauchlin Currie escribió que Colombia debe a las recomendaciones de la Misión Kemmerer la confuncion entre auditoría y contabilidad, que produce una multiplicación de auditorías simultáneas y que figura de manera conspicua entre sus prácticas administrativas, ocupando tanta gente en modo improductivo y poco convincente en el control, lo cual es, en sí mismo, fuente de corrupción. Es esta una demostración de otra forma de ser colombiana, tal vez inconsciente, de lo que anotó Hirschman acerca de juntar los problemas: diseñar sistemas en los cuales es imposible decir quién asume la responsabilidad. Ejemplos grandes: el Guavio, el apagón, la Catedral, etc.

EDICIÓN 1888

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