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La llegada de venezolanos tiene dividido al país

Según la más reciente encuesta de Invamer, si bien el 47,3 de los colombianos quiere que Colombia cierre la frontera con Venezuela, el 51 por ciento quiere que el gobierno acoja a los migrantes que vienen de ese país.


Este martes en Bogotá se llevó a cabo el traslado a un campamento humanitario transitorio de 400 venezolanos que ocupaban desde junio un parque del sector de El Salitre y sus alrededores. Una decisión necesaria -en vista de la problemática social a la que pretendía dar fin- pero riesgosa en la medida en que, si bien el campamento que creó la Alcaldía no pretende ser un campo de refugiados y solo durará 3 meses, existe el riesgo de que esos migrantes no logren integrarse socioeconómicamente a la sociedad.

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El hecho generó todo tipo de reacciones y se volvió noticia porque, aunque los migrantes en cuestión solo representan el 0,2 por ciento del total de venezolanos que hay en Bogotá (238.758) y el 0,03 de los que hay en Colombia (1.032.016), lo que ocurría en el asentamiento informal de El Salitre, sumado al rechazo de los vecinos del nuevo campamento humanitario ubicado en la carrera 69 con calle 47, reúne muchas de las complejidades propias de la actual crisis migratoria.

De ahí la pertinencia de los datos sobre este tema que arroja la más reciente encuesta de Invamer para SEMANA, Caracol Televisión y Blu Radio.

Uno de los hallazgos más relevantes de la medición es que, contrario a lo que se creía, el rechazo hacia los venezolanos por parte de los colombianos no es tan grande como se percibe en redes sociales: el 49.4 por ciento de los colombianos tiene una imagen desfavorable de las personas de esta nacionalidad, pero a la vez, el 51 por ciento apoya que el gobierno nacional acoja a estos migrantes.

Sin embargo, ante la pregunta ‘¿Cree usted que el gobierno debería cerrar la frontera con Venezuela para que no ingresen más venezolanos o seguir como estamos para que los venezolanos puedan seguir entrando al Colombia?‘, el 47,3 por ciento estuvo a favor.

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Esto no es más que un indicador del dilema humanitario que representa la situación de estos migrantes pues si bien hay evidentes y constantes muestras de solidaridad por parte de los colombianos hacia los venezolanos, la masividad del flujo migratorio existente apabulla a la gente. Según datos de la OIM y Acnur, más de 2 millones 300 mil venezolanos han abandonado su país en los últimos años y, de ellos, cerca del 50 por ciento está radicado en Colombia.

Bogotá, que queda a 400 kilómetros de la frontera entre Norte de Santander y Venezuela, ahora es el departamento con más venezolanos del país -238.758- y al día, nada más por el terminal de transportes de El Salitre, a la capital llegan 350, sin contar los caminantes.

El hecho de que “los venezolanos le estén quitando el trabajo a los colombianos”, como dicen coloquialmente, es otro motivo de rechazo hacia esta población. Sin embargo, ese fenómeno suele ser malinterpretado, pues si se da es porque los empleadores colombianos contratan venezolanos informalmente para pagar salarios por debajo de lo que dicta la ley (hasta el momento el gobierno ha sancionado 287 empresas por incurrir en esta práctica). Los migrantes, por su parte, simplemente aceptan el trabajo para sobrevivir.

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Estar indocumentados (muchos no tienen pasaporte porque en Venezuela ya no los expiden y, por ende, no pueden acceder a una visa de extranjería en dado caso de que tengan una oferta laboral formal), sumado a que ningún venezolano que haya llegado a Colombia después del 8 de junio puede tramitar el Permiso Especial de Permanencia (PEP), el documento que les permite ejercer cualquier ocupación legal en el país, los lleva a aceptar trabajos en esas condiciones.

Al respecto, el gobierno nacional dice que Migración Colombia está trabajando en la creación de nuevas medidas de flexibilización migratoria para que los venezolanos que llegaron después de esa fecha puedan regularizarse y se integren socioeconómicamente a la ciudad, pues si eso ocurre, competirían en igualdad de condiciones con los colombianos y la xenofobia disminuiría.

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Otro de los puntos que tocó la medición fue el de la cooperación internacional. Un asunto determinante en la resolución de esta crisis y al que poca atención se le ha dado. A la pregunta ‘¿Cree usted que la situación entre Colombia y Venezuela debe ser resuelta bajo la unión de los países de la región, o solo entre ambos países‘, la gente respondió así: 58,8 por ciento, bajo la unión de los países de la región y 36,6 por ciento, de manera bilateral.

Y es que según el informe que el Banco Mundial publicó la semana pasada sobre la migración de venezolanos a Colombia, el país deberá destinar cerca de 3,9 billones del PIB anual a este tema, pero, en el último año, solo se han anunciado compromisos de cooperación internacional por unos  370.000 millones de pesos (no ejecutados en su totalidad), es decir, menos del 10 por ciento del gasto en el que el país incurriría. Sin contar que el informe advierte que los cálculos no incluye las inversiones en infraestructura que el Estado deberá hacer para atender a los migrantes.

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La percepción que tienen los colombianos del régimen de Nicolás Maduro es otra medición de esta encuesta que deja ver el dilema que este tema representa para los colombianos pues si bien cerca de la mitad quiere que se cierre la frontera y tiene una imagen desfavorable de los venezolanos, el 94 por ciento desaprueba el gobierno del mandatario venezolano.

Así mismo, si algo jugará un papel clave en las próximas elecciones en Colombia, será este tema pues el 49 por ciento de los encuestados teme que en un futuro Colombia atraviese una situación similar a la de Venezuela y el 68 por ciento de ellos no cree que la relación entre ambos países prospere.

Hoy, sin embargo, según la encuesta el 53,7 de los colombianos desaprueba la forma como el gobierno nacional está enfrentando la situación con el vecino país, a pesar de que hay esfuerzos contundentes del Estado por flexibilizar las medidas migratorias hacia estos migrantes y de que entes territoriales como Bogotá, por ejemplo, hayan incluso creado políticas de atención integral dedicadas a esta población. Todo para evitar que situaciones como la del asentamiento de El Salitre se repliquen en el resto del país y el tema se salga de control.