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| 8/18/2003 12:00:00 AM

Salida en falso

Con sus regaños recientes a los generales el presidente Alvaro Uribe debilita su liderazgo, desmoraliza a los militares y desorienta a los ciudadanos.

No alcanzo el pais a celebrar el primer año del gobierno de Alvaro Uribe con aplausos por su desempeño en materia de seguridad cuando el Presidente lanzó un primer llamado de atención a los militares: "Que todos nuestros generales, de día y de noche, durante todos los fines de semana, en todos los sitios del país, estén al frente de los operativos (...) para devolverle a Colombia la paz más rápido de lo que es previsible. En lugar de quedarnos en el coctel o en la fiesta debemos estar a toda hora trabajando para cumplir con esas responsabilidades", les dijo Uribe el 7 de agosto en la inauguración del monumento a los Héroes Caídos.

Apenas cuatro días después, tras una reunión con los mandos castrenses para analizar la sucesión de bombas en Meta y Arauca que dejaron dos muertos y 20 heridos, un Uribe enérgico exigió mayores resultados: "Los comandantes que vayan bien, magnífico, los que vayan mal y no den resultados, que vayan presentando la renuncia".

La frase fue corta pero tan destemplada que hacia adentro causó roncha y afuera confusión. Como apenas días antes el gobierno había mostrado con estadísticas contundentes una gran mejoría en seguridad en el primer semestre, eso mandó señales contradictorias. ¿Si eran tan ineficientes los militares, cómo podían haberse obtenido estos resultados? Frente al mismo período del año anterior se logró una caída de 34 por ciento en secuestro (el más bajo desde 1997); de 61 por ciento en ataques a poblaciones; de 53 por ciento en ataques con explosivos y de 58 por ciento en atentados contra las torres eléctricas. Las cifras demuestran que el Presidente les dio menos crédito a las Fuerzas Armadas del que merecían. Y con ello saboteó su propia política de seguridad democrática que fijó como objetivo principal mejorar la protección de los ciudadanos, que es lo que precisamente está alcanzando.

El otro efecto, quizá más grave, es hacia adentro. "Nosotros en el Ejército procuramos no sancionar en público", dijo un general que mantuvo su nombre en reserva. "El Presidente debe evitar llamar la atención en público porque desmoraliza a la tropa, dijo el general (r) Jaime Ernesto Canal. La ropa sucia se lava en casa". Y el general (r) Manuel José Bonett aseguró que los militares están acostumbrados a que se les trate duro, pero en privado. "Al Presidente se le salió la vena política con las tropas y hacer política con el Ejército es un pecado". Otra fuente aseguró que están dolidos porque están haciendo su mejor esfuerzo para ir al ritmo del Presidente, "pero no es fácil, y eso lo desespera, lo frustra".

¿Qué, entonces, llevó al Presidente a repetir regaño, si podía ser injusto y además podía causar el efecto contrario al que busca, el de desmoralizar a la tropa en lugar de motivarla? Hay dos razones que cita otro general. Una, que perdió el control en un momento de ofuscación. La otra, que el mensaje iba sobre todo para el general Richard Myers, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, de visita en Bogotá, para que quedara claro que la exigencia del poder civil sobre el militar es grande.

En efecto, según pudo establecer SEMANA, los estadounidenses han criticado la falta de decisión ofensiva de los militares colombianos contra la guerrilla, y de ahí han venido las dudas a si deben continuar su ayuda a Colombia. Pero dado el talante de Uribe es poco probable que esa presión haya sido la principal causa.

En todo caso la salida del Presidente fue errada. El mismo ha demostrado que no es así como se ejerce el liderazgo de las Fuerzas Armadas. Les ha conseguido dinero, compromiso social, apoyo político y ha trazado unos objetivos y estrategias claras. Además su gobierno ha impuesto un mayor control civil de los recursos. Eso es liderazgo. Los regaños ocasionales del Presidente -a los generales, a la ONU, a los ministros- son producto de rabietas que sólo debilitan su imagen y su gestión. En eso, el Presidente, debería tener mayor cuidado.

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