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| 8/3/2003 12:00:00 AM

¡Se puso bueno!

Se calienta la campaña por la Alcaldía de Bogotá.El beneficiario, por ahora, es Lucho. Encuesta de SEMANA.

¡Se puso bueno! ¡Se puso bueno!
La elección a la Alcaldía de Bogotá se volvió de la noche a la mañana de dimensión presidencial. Con el ingreso de Juan Manuel Santos o Jaime Castro como candidato oficial del liberalismo, y Eduardo Pizano quedan sobre el tapete un ex candidato a la Presidencia de la República (Garzón), un ex alcalde (Castro), un ex designado (Santos), una ex candidata a la Vicepresidencia (Mejía), y un ex precandidato a la Vicepresidencia (Pizano). Paradójicamente el único que no era percibido con dimensión presidencial es el que les va ganando a todos: Juan Lozano.

Lozano, quien era un columnista prestigioso y director de Citytv, se escapó del pelotón, lanzándose de primero. Mientras era una incógnita si iba o no iba a haber elecciones de alcalde, Lozano se la jugó y monopolizó la atención de los bogotanos durante tres meses, lo cual le permitió dar el gran salto de curiosidad electoral a candidato viable. Cuando se lanzó tenía 6 por ciento en las encuestas y hace apenas una semana llegó a la sorprendente cifra de 39 por ciento, mientras sus dos rivales más cercanos, María Emma y Lucho, apenas superaban 20 por ciento

La razón de haberse lanzado de primero no es la única por la cual llegó a esos niveles de popularidad. Al igual que Andrés Pastrana, quien aprovechó su popularidad de presentador de noticiero, Lozano hizo lo propio en Citytv. El canal bogotano, aunque de poca sintonía en el norte de Bogotá tiene una alta penetración en las clases medias y populares. Esto hizo que él tuviera la oportunidad de familiarizarse con los problemas de la ciudad y que los bogotanos, a su turno, pudieran familiarizarse con sus inconfundibles facciones de hidalgo español casi como salido de un cuadro de El Greco.

En su campaña, si bien abstracta en su discurso y demasiado centrada en su identificación con Enrique Peñalosa y Alvaro Uribe, Lozano se ha proyectado como un hombre formal, inteligente, sencillo y transparente. Hoy por hoy es el candidato con más posibilidades. Sin embargo es muy difícil que siga subiendo por el ingreso de todos los pesos pesados que están detrás de sus mismos votos. El gran interrogante es cuánto bajará y si el 26 de octubre, día de las elecciones, esa caída será suficientemente leve como para mantener el liderazgo y quedarse con el premio gordo. En todo caso, si esto no sucede y es derrotado en las urnas, Lozano, quien hace poco tiempo no era más que un importante columnista de prensa, ya adquirió en esta campaña la estatura de una figura política de mucho calibre y de proyección nacional.

Según la encuesta contratada por SEMANA con Invamer Gallup, la segunda es María Emma con 24 por ciento. Este es un repunte sorprendente y nunca antes se había acortado tanto la distancia entre ella y el líder. La situación de la ex ministra en la actualidad no puede ser más diferente de lo que fue en la última contienda por la Alcaldía, cuando fue derrotada sorpresivamente en el sprint final por Antanas Mockus. En esa época había sólo un gran rival que aspiraba a ser reelegido, María Emma venía de ser candidata a la Vicepresidencia y su fórmula con Horacio Serpa le había ganado la primera vuelta a Andrés Pastrana. Ese posicionamiento le permitió obtener la altísima votación de 500.000 votos, pero no el triunfo.

Hoy, tres años después, las circunstancias son totalmente diferentes. Gradualmente se distanció del oficialismo liberal y su cercanía con los sectores populares y los temas sociales la ha hecho virar hacia la centroizquierda. Esta nueva realidad política la percibe el electorado ya que todas las encuestas demuestran que la ex ministra tiene una gran fuerza en los estratos 2, 3 y 4 y poco arraigo en los estratos 5 y 6. Esto no deja de ser sorprendente en una mujer de una singular distinción y belleza proveniente de la más alta alcurnia antioqueña. En todo caso la nueva María Emma es una candidata mucho más madura de lo que fue en 2000. En ese momento era una estudiosa de los temas bogotanos. Hoy los conoce y los domina. Su campaña ha sido mucho más fluida y contundente y eso se refleja en las encuestas. Su obsesión por lo social la ubica hoy más cerca de Lucho que de Juan Manuel Santos, Jaime Castro o Juan Lozano. Políticamente ha quemado varias naves. Después de haber pasado trabajos con todas las corrientes del Partido Liberal hoy la fuerza de su candidatura radica más en su prestigio personal que en cualquier representatividad política. Y hasta ahora eso le ha bastado para estar en la pelea en forma seria.

Al cierre de esta edición la gran incógnita era quien iba a ser el candidato oficial del liberalismo. El asunto iba a ser definido fundamentalmente a través de una encuesta que se llevó a cabo a fines de la semana pasada. Aparentemente los resultados fueron tan cercanos que las directivas del Partido dejaron la decisión en manos del Colegio Electoral de la colectividad para dirimir este voto finish entre Santos y Castro. Cada uno de estos candidatos tiene grandes ventajas y limitaciones. Medidos por la hoja de vida tienen el mismo número de kilates. Santos ha sido designado, dos veces ministro y aspirante a la presidencia. Castro, por su parte, ha sido alcalde, también dos veces ministro y precandidato presidencial.

De todos los candidatos a la alcadía el que más conoce el tema Bogotá es Jaime Castro por su condición de ex alcalde. Su tránsito por ese cargo fue casi tan importante para la ciudad como las etapas de Mockus y Peñalosa que siguieron. Le tocó la ingrata tarea de poner la casa en orden. Su manejo de las finanzas y el Estatuto de Bogotá fueron los cimientos sobre los cuales se contruyó el nuevo modelo de ciudad.

Lamentablemente para él, la dinámica de la política colombiana es tan rápida y el electorado de Bogotá es tan joven que pocos se acuerdan de esto. Para el bogotano raso, su figura evoca a alguien que fue importante hace muchos años. Y esta percepción va en contravía de un electorado que cree que la creación del mundo en materia distrital comezó con Peñalosa y Mockus y todo lo anterior es prehistoria.

En cuanto a Santos no es exagerado afirmar que de todos los aspirante es el que menos conoce la problemática de la ciudad. Pero el ex designado cuenta con una artillería que pocos tienen en Colombia y que el Partido Liberal valora. En maquinaria, plata y medios es imbatible. Además de esto su prestigio personal y su ascendiente sobre la clase política lo ubican como un peso pesado del liberalismo en momentos en que todo el mundo reniega de ese partido y pretende ser independiente. Y si bien a nivel de masas no es carismático, su figura encarna más dentro del concepto de la política moderna.

El dilema para el liberalismo es cual de los dos aglutinaría con más entusiasmo a un partido huérfano de poder que lleva una década de humillaciones electorales en la capital de la república. En el momento lo dos registran muy pocos puntos en las encuestas, pero la expectativa es que la sed de poder del liberalismo es tan grande que una vez que se defina un candidato único se produzca un despege.

De Eduardo Pizano muchos creían que era el mejor candidato y el que menos posibilidades tenía de ganar. Este escepticismo se basaba en tres factores: su origen conservador, su lanzamiento sin el respaldo de ese partido y su relativo desconocimiento ante la opinión pública. Sin embargo, en apenas una semana de campaña ha logrado perfilarse como una opción atractiva y renovadora. Su intención de voto en las encuestas pasó de 2 a 4 ó 5 por ciento con el sólo lanzamiento de su candidatura. En una elección en la cual la mayoría de las propuestas de los candidatos suenan como lugares comunes su propuesta de vivienda y empleo gusta mucho y se ve muy seria. Este programa no es el resultado de sondeos o focus groups, sino de una obsesión que Pizano ha tenido de tiempo atrás con el tema en el cual se volvió un experto. Así lo demostró durante su paso por el Ministerio de Desarrollo del gobierno de Andrés Pastrana a tal punto que la semana antepasada el presidente Alvaro Uribe le ofreció ser el zar de la vivienda de su gobierno, ofrecimiento que declinó por lanzarse a la Alcaldía.

El candidato menos conocido es Miguel Ricaurte. Es un conocedor del Distrito que cuenta con el respaldo del movimiento Sí Colombia, en cuyas filas militó durante la campaña de Noemí a la Presidencia y aspira a que lo respalde el Partido Conservador. También cuenta con la simpatía de importantes jerarcas del Partido Conservador como Enrique Gómez.

Y, por último, está Lucho. La proliferación de candidatos del Establecimiento es su mayor activo electoral. Lozano, María Emma, Santos, Castro, Pizano y Ricaurte se canibalizan los votos los unos con los otros. Los de Lucho son aparte. El es el Polo Democrático, la izquierda, y el único contestatario. Su campaña no se basa en hablar bien de Uribe y Peñalosa sino en resaltar sus defectos. A nivel nacional está en contra del referendo y a nivel distrital su mensaje es el de acabar con la miseria y no el de hacer grandes obras. En síntesis, es el candidato de la oposición. En circunstancias normales esta línea política representa más a la minoría ruidosa que a la mayoría silenciosa. Pero la actual coyuntura lo favorece. En lo político sus rivales están atomizados. Y en lo social, a pesar del prestigio del Presidente, la gente está sin empleo y con hambre. La estrategia de Garzón está en montarse en la onda de Lula da Silva con la esperanza de que el péndulo ideológico del país gire hacia la izquierda como en el resto del continente.

Por otra parte, Garzón es un candidato taquillero. Es espontáneo, tiene cancha y un gran sentido del humor. En los debates de televisión, que serán determinantes en este proceso electoral, tendrá oportunidad de lucirse. Su posicionamiento como contraparte del Establecimiento le da una identidad política única. Así como Andrés Pastrana logró llegar a la Alcaldía de Bogotá por la división del Partido Liberal en 1988, entre Juan Martín Caicedo y Carlos Ossa, Lucho aspira a colarse al Palacio de Liévano, pasando por entre las piernas de los candidatos de los partidos tradicionales. No es seguro que lo logre. Pero es muy probable que mientras sus contendores peleen entre sí él se beneficie. Y si pelean contra él, también. La primera decisión de Juan Manuel Santos cuando anunció su lanzamiento fue decir que su verdadero rival en esa elección sería Garzón. Esta estrategia de convertir la elección en un mano a mano entre el centro y la izquierda es real y no hará más que polarizar la campaña entre Lucho y los demás en los tres meses que faltan. Esto, inicialmente, con seguridad subirá su votación. Pero en la medida que suceda aumentará el temor de su victoria. Es muy factible que gane la Alcaldía si todos los candidatos que están hoy sobre el tapete llegan al día de las elecciones. La ventaja de Juan Lozano sobre sus rivales seguramente se va a acortar y podría en cualquier momento cruzarse con la curva ascendente de Lucho. Por lo tanto es previsible que así como en la eleccion presidencial de 1998 la obsesión de atajar a Serpa produjo un frente que se denominó Tocoser (Todos contra Serpa), si Lucho llega a liderar las encuestas se podría conformar un fenómeno parecido denominado Toconluch. En ese momento algunos de los candidatos tendrían que retirarse. Las elecciones de alcalde a Bogotá de 2003 serían sin duda las más emocionantes de la historia reciente.










* Ficha tEcnica.
ENCUESTA REALIZADA POR GALLUP
COLOMBIA PARA SEMANA
Tamaño de la muestra: 400 encuestas. Fecha de realización de trabajo campo: 30 al 31 de julio de 2003.
Margen de error: más o menos un 5% con un 95% de confiabilidad.
Metodología
Cubrimiento: Bogotá 100% = 400 encuestas. Escogencia de la muestra: Aleatoria sistemática a partir del directorio telefónico de Bogotá.
Personas entrevistadas:
Hombres y mujeres de 18 ó más años.
Tipo entrevista: Telefónica.
Factores de ponderación: Con el fin de ajustar los datos obtenidos al peso real del
universo estudiado, se utilizaron los factores de ponderación por clase social y grupos de edad.

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