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| 10/10/1994 12:00:00 AM

SE ROBO EL 'SHOW'

El debut de Fernando Botero demuestra que el Ministerio de Defensa se ha convertido en la mejor plataforma política del país.

SE ROBO EL 'SHOW' SE ROBO EL 'SHOW'
CUANDO FERNANDO BOtero le comunicó a su padre, el pintor, que quería ser Ministro de Defensa este creyó que se había enloquecido. En calidad de coordinador general de la campaña de Ernesto Samper, Botero podía escoger el ministerio que quisiera. En esas condiciones generalmente todo el mundo aspira a la Cancillería un cargo que tiene buena pantalla, buena burocracia y pocos riesgos. Botero padre no entendía qué interés podría tener su hijo en hacerse cargo del orden público en un país que vive prácticamente en guerra. El manejo de generales parecía una ciencia ajena para un 'niño bien' con edad de capitán. Y esto sin mencionar los problemas de seguridad personal que el cargo conlleva. A su padre, y a todos los que le reiteraban su sorpresa ante la selección de ese cargo, Botero les decía que había meditado mucho esa decisión y que había estudiado el asunto con mucho cuidado.

Hoy todos sus allegados entienden lo que quiso decir. Botero, que es un hombre de grandes aspiraciones había detectado que el Ministerio de Defensa era de lejos la mejor plataforma política de Colombia. En un país donde todo gira en torno del orden público, el joven político descubrió que todos los caminos conducen a Mindefenza. Y si Rafael Pardo, un hombre no particularmente ambicioso, bastante introvetido, lacónico en su comunicación y que nunca buscó el puesto, acabó convirtiéndose en una figura de talla presidencial por cuenta del cargo, cuál no sería el potencial de ese ministerio en manos de un hombre con ambiciones presidenciales, garra política y comunicador profesional. Esta fue la carta que se jugó Botero y los resultados le han dada la razón de sobra.

Desde el 7 de agosto Botero ha estado vinculado en una u otra forma en todos los temas que encabezan los titulares en los medios de comunicación. Fue protagonista en el caso del asesinato del senador comunista, Manuel Cepeda Vargas; también en el episodio del coronel Velásquez, el militar víctima de un chantaje sexual del narcotráfico. No había terminado esto, cuando la reforma de la Policía de Cali se volvió la noticia. Inmediatamente después vino el debate de los derechos humanos seguido de la purga en la Policía y del mano a mano entre los cuatro mosqueteros y el Ministro alrededor de los fusiles Galil.

Como si todas estas situaciones reales fueran poco, Fernando Botero es un experto en el manejo de medios de comunicación y consciente como pocos de que la política contemporánea requiere algo de espectáculo. En un vuelo en helicóptero con el ministro del Interior de la Gran Bretaña, Michael Howard, los ocupantes de la aeronave fueron sorpresivamente informados de que acababan de ser ubicados, justo debajo de ellos, dos laboratorios de cocaína. Esto hizo sentir al flemático funcionario inglés que había entrado al mundo de James Bond y todos los noticieros de la noche registraron el descreste de Howard con la eficiencia y audacia del gobierno colombiano y del joven Ministro, quien interrogó a los trabajadores del laboratorio, mientras las llamas detrás de él incineraban la cocaína.

Al debate de los fusiles Galil en la Cámara de Representantes, Botero se presentó con 20 suboficiales mujeres que se paseaban en el recinto mostrando las armas a todo el auditorio. Al día siguiente la primera página de El Tiempo tenía una foto enorme a todo color del Ministro con el Galil en mano en pos de francotirador. Y esa misma noche, todos los noticieros de televisión abrieron con las imágenes de los dos niños adorables del Ministro, vestidos de soldaditos, acompañando a su padre en la ceremonia del reconocimiento de la tropa. Esta tercera generación de Boteros, dando declaraciones a las cámaras, resultó más taquillera ante la teleaudiencia que el abuelo pintor o el padre Ministro.

Pero Botero no es sólo pantalla. Es también sustancia y mucha. Como dato curioso, aunque nunca pasó por el cuartel, su personalidad siempre ha tenido rasgos de militar. Es una persona totalmente metódica y disciplinada que estudia todos los temas a fondo hasta que los domina. Antes de posesionarse como Mindefensa ya se había leído las biografías de los grandes conquistadores militares de la historia. Los propios generales, un tanto escépticos inicialmente ante su juventud y aparente inexperiencia, se han sorprendido del conocimiento que tiene en cualquier discusión y de la autoridad que refleja. Sus procesos mentales consisten en llegar en minutos a la definición del meollo del problema y proceder de inmediato a estudiar las alternativas de solución. Estos son atributos que se ajustan al manejo de las decisiones militares y de orden público que requieren, ante todo, rapidez y capacidad de mando.

La mayoría de las actuaciones o intervenciones del ministro Botero han sido acertadas. Su postura frente a la violación de los derechos humanos fue bien recibida no sólo en el país sino en el exterior. Su intervención en el debate de los Galil lo dejó como el ganador de ese mano a mano. Y su discurso del día del reconocimiento de la tropa fue elocuente y de fondo. Lo que no le salió bien, sin embargo, fue el manejo de la crisis interna de la Policía que no dejó satisfechos a muchos (ver artículo de carátula). También fue controvertida su frase en Cali en el sentido de que el gobierno "no permitirá que el país caiga de nuevo en una narcoguerra", pues esa eventualidad no depende de la actitud del gobierno sino de la de los narcotraficantes. Pero en términos generales el balance de su debut ha sido favorable.

Sería prematuro calificar a Botero como Ministro estrella, pues el gobierno prácticamente no ha empezado y por lo menos la mitad del gabinete de Samper ha causado una excelente impresión. No obstante, en cuanto a posicionamiento ante la opinión pública, Botero se escapó del pelotón. Muchas cosas pasarán de ahora en adelante y no se puede pronosticar quiénes serán las figuras de este gobierno. Pero lo que sí se puede anticipar es que, de ahora en adelante, los políticos con grandes aspiraciones, cuando estudien sus opciones ministeriales, comenzarán pensando en el Ministerio de Defensa.

EDICIÓN 1879

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