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| 8/31/1998 12:00:00 AM

SE TREPO VALDIVIESO

Contra todos los pronósticos, Alfonso Valdivieso terminó fortalecido y gobernando gracias a su alianza con Andrés Pastrana.

SE TREPO VALDIVIESO SE TREPO VALDIVIESO
Muchos opinaban que Alfonso Valdivieso no había hecho más que cometer errores desde que renunció a la Fiscalía General de la Nación. El entusiasmo que despertaba su candidatura presidencial se evaporó rápidamente después de su salida del cargo. Algunos de los que consideraba 'propias tropas' se fueron retirando del movimiento y en la mayoría de los casos terminaron en las toldas de Horacio Serpa, a quien el ex fiscal veía como su archirrival. Despojado de la colosal máquina de noticias que en Colombia es la Fiscalía, sus apariciones en los medios se fueron haciendo cada vez menos frecuentes. En contraste, sus adversarios políticos encontraban cada día más espacio para cuestionar su gestión y acusarlo de haber usado el cargo para construirse su propio trampolín de lanzamiento. El rumbo que fueron tomando algunos procesos y decisiones tampoco parecía favorecer su balance al frente de la entidad y Valdivieso se vio precisado a aparecer permanentemente justificando su gestión como fiscal en lugar de proyectarse como candidato presidencial. El surgimiento de los que en cada momento fueron fenómenos de opinión de la pasada campaña, como Harold Bedoya y Antanas Mockus, le iba restando diariamente fuerza a su aspiración y las encuestas que inicialmente lo tenían como favorito registraron pronto cómo descendía a los últimos lugares de la tabla.
La verdad es que Valdivieso, cuando tomó la decisión de renunciar, pareció haber subestimado la relación entre la popularidad que había ganado gracias al proceso 8.000 y los poderosos enemigos a los que se hizo por cuenta de esas mismas decisiones. Ernesto Samper y Horacio Serpa notaron rápidamente que Valdivieso no era el coloso que pintaban las encuestas meses atrás y el candidato oficial del liberalismo empezó a usar contra él la más mortífera de las armas políticas: ignorarlo totalmente. En este negocio Serpa no tenía pierde, en la medida en que debilitara a Valdivieso y a las demás opciones no partidistas conjuraba la posibilidad de que la división liberal se entronizara y favorecía en cambio la candidatura de Pastrana. Se trataba de convertir la elección presidencial en un nuevo enfrentamiento entre un candidato liberal y un candidato conservador a sabiendas de que la mayoría histórica de su partido terminaría favoreciéndolo. El cálculo era impecable, desde el punto de vista de lo conocido hasta el año pasado, pero los hechos terminaron contradiciéndolo. Andrés Pastrana, que por esos días tenía a cuestas la mayor impopularidad que se recuerde, terminó venciendo esos índices y además convirtiéndose en el candidato más claro del anticontinuismo. En ese sentido la operación le salió mal a Serpa, pero en lo que sí fue demoledora fue en el arrasamiento de la aspiración de Valdivieso.
El ex fiscal padeció lo que los expertos en imagen llaman un caracter assasination y en pocos días pasó de ser el favorito a estar en la lista de los rezagados. En esa condición empezaron los primeros acercamientos con Andrés Pastrana. Hasta ese momento solo existía una conversación informal en la que Pastrana le había dicho que lo apoyaría si en enero de este año estaba por debajo de él en las encuestas. Cuando los números se hicieron angustiosos, en noviembre del año pasado, el hoy Presidente electo intentó el acercamiento con la ex canciller Noemí Sanín y con Alfonso Valdivieso. Inicialmente mediante una carta en la que proponía la construcción de un movimiento plural encabezado por él. A Sanín no le sonó, pero Valdivieso no cerró del todo la puerta. Rafael Pardo, su entonces jefe de campaña, continuó hablando del tema con Guillermo Fernández de Soto, quien cumplía las mismas funciones en la campaña de Pastrana. Los dos aspiraban a que el movimiento en el que militaba el otro terminara respaldando a su candidato porque, aunque rezagados, los dos aún tenían chance. Al comenzar este año las cifras apabullaron del todo la viabilidad de la candidatura de Valdivieso y fue entonces cuando llegó el momento de buscar alternativas.

La tercería
Los asesores de Valdivieso pensaban por esos días que lo único inviable era una candidatura de partido. Todos partían del precepto de que ese era el mejor escenario para Serpa. Si la gente buscaba el cambio nada mejor que las alternativas distintas al bipartidismo. Lo que parecía claro en teoría tenía enormes dificultades en la práctica: El antipartidismo estaba fragmentado en opciones tan diversas como Noemí, Bedoya, Mockus y el propio Valdivieso. Como si fuera poco, la carrera de 'los terceros' iba marcando un orden totalmente contrario a las aspiraciones de Valdivieso. Ante el peligro de que la polarización creciente llevara a que los únicos candidatos viables fueran Serpa y Pastrana, pensaron en la posibilidad de la unión de independientes. Por eso las conversaciones con Pastrana quedaron congeladas.
Al principio le jalaron a la tercería en el convencimiento de que Valdivieso la encabezaría. Cuando las encuestas empezaron a marcar a favor de Noemí se acabó el entusiasmo. Además, por esos mismos días, dos hechos convencieron a Valdivieso que seguir en la tercería podía ser una decisión equivocada. Por un lado las elecciones de Congreso arrojaron un resultado muy favorable a la mayoría oficialista liberal. Amigos suyos, como Enrique Parejo, no alcanzaron una curul en el Senado. Por otro, empezó a hacer carrera la tesis según la cual la tercería favorecía la candidatura de Serpa. Así las cosas, Valdivieso decidió retirarse de esa opción. Hoy el propio ex fiscal confiesa que se equivocó al subestimar la viabilidad de esa candidatura, pero también dice que su presencia era más útil en la campaña de Pastrana que en 'Opción Vida'.

La alianza
El fin de semana siguiente a su salida de la tercería Valdivieso tenía la certeza de que el único que podía atajar a Serpa era Andrés Pastrana, siempre y cuando su aspiración fuera verdaderamente multipartidista y no solamente conservadora. El ex fiscal conservaba aún una prevención: terminar unido con Pastrana parecía darle sustento a la teoría de la conspiración contra Ernesto Samper, por esa razón el acercamiento no era sencillo. Ese fin de semana se reunió cuatro veces con el hoy Presidente electo. Al final de estas reuniones, a las que fue acompañado por Rafael Pardo, Humberto de la Calle, Néstor Humberto Martínez, Luis Guillermo Giraldo y Jorge Mario Eastman Jr., se lograron los acuerdos que le dieron cuerpo a la 'Gran Alianza por el Cambio'.
Ese mismo día Valdivieso dijo que ya no aspiraba a la Presidencia, pero tampoco a la vicepresidencia. Sin embargo, una semana después, volvió a salir a colación la posibilidad de que fuera el compañero de fórmula de Andrés Pastrana. Pero Valdivieso ya había dado todo lo que podía dar. Esa alternativa podía traer más problemas que ventajas para Pastrana y mataba la novedad que podía generar otro nombre como fórmula vicepresidencial. Entonces Valdivieso empezó a recorrer el país extendiéndole credencial multipartidista a la candidatura de Andrés Pastrana. Algunos pensaron que Valdivieso había pasado de mariscal de campo a teniente pastranista. Pero él persistió y los resultados terminaron dándole la razón.

Nueva mayoría en el Congreso
Con presidente elegido, como es costumbre, empieza la puja interna por cobrar los méritos. Solo en ese momento se sabría si la operación de Valdivieso había valido la pena en términos políticos y personales. La noche de la elección de Pastrana el tema principal era el manejo que debía dársele a la mayoría liberal en el Congreso. Por esos días el ex ministro Juan Manuel Santos, que se había mantenido al margen de la campaña de Serpa pero sin untarse las manos en la de Pastrana, vio la ocasión de capitalizar para su causa la división liberal. La oportunidad se la dio Serpa cuando llamó a la oposición y Santos dijo que no le jalaba, asumiendo la vocería del bloque parlamentario liberal que no quería quedarse sin puestos.
La aparición de Santos en el escenario iba en detrimento directo de la fortaleza de Valdivieso. Una columna de D'Artagnan cayó como una bomba sobre el ex fiscal. En ella se decía que Pastrana debía estar pensando en premiar con embajadas a los liberales de la alianza, pero en gobernar con los que verdaderamente manejaban el Congreso, encabezados por Juan Manuel Santos. Pocas cosas pueden estar más lejos de la intención del Presidente que darle gusto a quien se considera el vocero oficial del gobierno de Samper. Pero la realidad política del momento parecía darle la razón al columnista.
El Aspirante más firme a la presidencia del Senado era Luis Guillermo Vélez, santista que podría lograr el apoyo del serpismo. En el círculo cercano a Andrés Pastrana ya se asumía como cierto que el presidente del Senado sería liberal y parecía buen punto que por lo menos no fuera serpista.
Sin embargo Valdivieso no se resignaba. Con una habilidad política de la cual no había hecho gala durante su campaña y secundado por la hábil manzanilla de Fabio Valencia Cossio, empezó a diseñar una carambola que parecía imposible. Se trataba de poner un conservador de la Alianza por el Cambio en la presidencia del Senado. Así Pastrana obtendría mucho más de lo que unos días antes consideraba óptimo, Valdivieso se posicionaba como el ingrediente liberal necesario para construir una nueva mayoría en el Congreso y, al mismo tiempo, Juan Manuel Santos quedaba totalmente bloqueado.
La aspiración de Valencia Cossio arrancaba con 37 senadores. Era necesario conseguir 15 más, y para ello se debía destruir la unidad monolítica del bloque costeño. Cuando Serpa se dio cuenta de la jugada apostó los restos y trató de persuadir a la bancada costeña postulando la candidatura de Carlos Espinosa Facio-Lince. Ya era demasiado tarde. La 'lentejización' costeña había empezado en dos hoteles de Cartagena. El oficialismo estaba reunido en el Hotel Santa Clara en la ciudad amurallada. Valencia Cossio, Valdivieso y De la Calle en las Américas, cerca del aeropuerto. Previamente se había acordado que un grupo de cinco congresistas liberales, que ya estaban en diálogos con Valencia Cossio, irían a la reunión de los serpistas para conseguir clientes para la causa. El primero en anunciar de frente el apoyo a Valencia fue el sucreño Alvaro García, después cada uno de los cinco acordados. A medida que se salían de la reunión cundía el pánico en la tolda oficialista. Para ellos era claro que los puestos estaban en el otro hotel. Al final 19 taxis con sendos congresistas llegaron al Hotel Las Américas, en ese momento Valencia Cossio se convirtió anticipadamente en el nuevo presidente del Senado.
Cuando el presidente Pastrana se enteró en Europa del éxito de la operación los laureles de Valdivieso reverdecieron minuto a minuto. Pero el ex fiscal quería más. Ahora tenía entre ceja y ceja repetir la carambola en la presidencia de la Cámara. Era claro que era imposible elegir otro conservador, pero sí un liberal colaboracionista. El candidato de Serpa era Guillermo Gaviria. Los colaboracionistas eran Francisco Canossa y Emilio Martínez. Estos últimos se reunieron con Valdivieso y Rafael Pardo en el Club de Ejecutivos. Valdivieso actuó como garante y les puso una meta para escoger el candidato único: sería designado el que consiguiera más apoyo de liberales serpistas. Canossa logró 10, Martínez 25. Dicen que para esa elección Valdivieso trabajó más que para su propia campaña presidencial. Visitó parlamentarios, hizo desayunos, Rafael Pardo los acercaba, los persuadía, y Valdivieso cerraba el trato. Al lograr la elección de Emilio Martínez, Valdivieso estaba listo para cobrar por ventanilla.

Los premios
Los éxitos de Valdivieso hicieron que el 'premio mayor' del gobierno fuera para uno de los suyos: Néstor Humberto Martínez fue designado ministro del Interior. También le tocó uno de los 'premios secos', el nuevo ministro de Salud, Virgilio Galvis, es uno de sus amigos más cercanos y el único valdiviesista en la poderosa familia Galvis de Santander, dueña del diario Vanguardia Liberal. Con el Ministerio de Justicia sacó la 'mejor aproximación', aunque Parmenio Cuéllar llega al gabinete a nombre de los liberales independientes que ingresaron a la Alianza, es también muy cercano al ex fiscal. Y aún le quedan saldos por reclamar: dos importantes embajadas serán para hombres de su cuerda.
La racha arrasadora de Valdivieso lo deja muy bien parado, pero también terminó por golpear a uno de sus amigos. Humberto de la Calle no estará en el gabinete, según dicen porque no hay cargo suficientemente bueno para alguien que ya fue vicepresidente. Armando Estrada Villa y Alberto Calderón Zuleta, hombres claves del delacallismo, tampoco han sido tenidos en cuenta. Valdivieso es el hombre fuerte del liberalismo en el gobierno de Pastrana. En la entrevista que Ernesto Samper le dio a D'Artagnan para SEMANA dijo que el ex fiscal había empezado como locomotora y terminado como vagón. Tal vez tenga razón, pero lo cierto es que hoy es un vagón de primera y lleno de puestos.

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