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| 9/10/2001 12:00:00 AM

Sin frontera

La zona de distensión ya llegó hasta Neiva. Esa es la nueva interpretación del secuestro masivo en esa ciudad

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El secuestro masivo perpetrado hace dos semanas, cuando guerrilleros de las Farc se llevaron a nueve personas de un edificio de lujo en Neiva, causó conmoción en el país. Pero sobre todo dejó en evidencia un hecho preocupante. Para muchos observadores fue un acto destinado, entre otras cosas, para dejar en claro que las Farc ampliaron de hecho la influencia de la zona de distensión hasta la propia capital del Huila.

En efecto, aunque esa organización guerrillera no está en capacidad de sostener una toma por varias horas de ninguna ciudad grande o mediana, inclusive alejada de los centros urbanos, como sucedió con Mitú hace dos años, los hechos ocurridos en Neiva recientemente demuestran que sí tienen los hombres y la logística para realizar actos terroristas que sorprendan a las autoridades y atemoricen a la ciudadanía.

Se trata, por supuesto, de una violación a todos los acuerdos adquiridos por las Farc con el gobierno. Un alto oficial del Ejército consultado por SEMANA dijo que al factor sorpresa con que actúan las Farc, como sucedió en el edificio Miraflores, se suma la cercanía de la zona de distensión que les sirve para protegerse. “La zona de distensión es su guarida”, declaró el oficial.

No obstante el analista Alfredo Rangel considera que el asunto es bastante grave y va mucho más allá al afirmar en su columna habitual en El Tiempo que “el Huila se ha convertido en el área donde las Farc están extendiendo su control de la zona de despeje”. El politólogo concluye diciendo que “hay que recuperar el Huila e impedir la toma de Neiva”.

De cualquier manera los hechos denunciados por las personas secuestradas, que señalan que han sido trasladadas por las Farc a la zona de despeje, son sumamente graves. Se trataría de un verdadero desafío para las autoridades, que tendrán que responder militarmente al reto planteado por las Farc a Neiva.

Los testimonios

Siempre que un secuestrado era liberado en el Huila llegaba contando una historia según la cual había estado en un campamento guerrillero a pocos minutos de Neiva donde se había encontrado, además, con otros secuestrados. Y de tanto contar el cuento terminaron por acostumbrarse a la historia del llamado ‘hotel opita’, que no es otra cosa que los campamentos donde los guerrilleros de las Farc llevan a los secuestrados de la región. Allí permanecían hasta que los subversivos llegaban a un arreglo económico con los familiares de las víctimas. “Toda la comida que nos daban allá nos la cobraban las Farc 50 veces”, dijo a SEMANA uno de los secuestrados, quien logró su libertad después de pagar una millonaria suma de dinero.

Hubo momentos —según relató a esta revista— en que en el tristemente célebre ‘hotel opita’ llegaron a estar detenidos hasta 12 secuestrados: “Yo no sé por qué están hablando de un hotel cuando lo que hay que decir es que eso es una cárcel. Ni la comida ni la dormida son buenas. Por el contrario, la comida es la misma todos los días: arroz, sopa helada, papa y garbanzos o frijol. Y se duerme en cambuches o trojas donde lo único que hay para protegerse del frío es un pedazo de plástico. No se puede hablar con nadie y uno siempre tiene el temor de que de un momento a otro va a llegar el Ejército y no se va a salvar nadie”.

Usos y abusos

Pero los relatos de los secuestrados, aunque dramáticos y conmovedores, no dejarían de ser una anécdota más sino fuera porque encierran una cruda realidad que compromete el futuro del proceso de paz. En efecto, los testimonios demuestran que, como lo habían denunciado los organismos de seguridad del Estado, la zona de distensión es utilizada por las Farc para realizar acciones criminales. Ello deja sin piso el argumento del gobierno y de los voceros de esa organización subversiva, según el cual ese territorio sólo serviría para llevar a cabo las conversaciones con el gobierno, efectuar las llamadas audiencias públicas y realizar los encuentros con las delegaciones internacionales.

Todos los testimonios coinciden en afirmar que el ‘hotel opita’ está en plena zona de distensión, entre las poblaciones de Balsillas y Guayabal a pocos kilómetros de San Vicente del Caguán (ver mapa). Balsillas es el límite entre Huila y Caquetá y es el último sitio donde puede operar la Fuerza Pública entes de que comience la zona de distensión.

Según el alto oficial, las operaciones militares contra las Farc sólo pueden llegar hasta Balsillas, “porque si nos metemos más allá nos acusan de estar violando la zona de distensión”. Pero el secuestro masivo de Neiva parece demostrar que para los subversivos ese límite no existe.

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