sociedad civil e instituciones religiosas

Solidaridad sin límites

En medio de las circunstancias difíciles de movilidad, acceso a alimentos y confinamiento, las organizaciones humanitarias ejercieron un liderazgo decisivo para que millones de Colombianos tuvieran acceso a alimentos, medicinas y elementos básicos de proyección para la coyuntura de la pandemia. En 2020 la solidaridad de las asociaciones humanitarias fue fundamental.


Durante todo este 2020 el mundo ha sido testigo de la agudización de la pobreza, la inseguridad alimentaria, la violencia de género y los efectos latentes de la guerra. Se ha visto cómo se pierden miles de vidas y cómo muchos pasan hambre, pero también cómo la solidaridad se convirtió en ese salvavidas que rescató a miles de personas de su peor momento.

Según estimaciones de la ONU, cerca de 168 millones de personas en el mundo necesitarán ayuda humanitaria por culpa del coronavirus, todo un reto que han asumido los Gobiernos, la empresa privada y en especial la sociedad. En un año marcado por la desigualdad, las ONG, organizaciones sociales, la Iglesia y quienes las apoyan se pusieron la camiseta para trabajar por el prójimo y liderar algunos frentes de batalla contra los estragos causados por la pandemia.

En Colombia, organizaciones como el Programa Mundial de Alimentos (PMA), Médicos sin Fronteras y Partners in Health han redoblado su trabajo social para asistir a la población vulnerable que ahora se encuentra más afectada. WFP ayudó a 400.000 personas entre las que se encontraban migrantes, comunidades indígenas, víctimas de la violencia armada, menores de edad y en general personas afectadas por la pandemia.

Las iglesias, a pesar de permanecer cerradas por meses, lograron canalizar la empatía y generosidad de cientos de ciudadanos y fueron fundamentales para llevar alimento, abrigo o asistencia psicológica a los más golpeados por la crisis. Uno de los casos más exitosos es el del Banco de Alimentos, una fundación de la Iglesia católica bogotana que ha logrado unir los esfuerzos de la empresa privada y la sociedad para entregarles comida a los más necesitados. Desde el primero de enero hasta el 12 de diciembre, el Banco de Alimentos había entregado cerca de tres millones de kilogramos de alimentos, beneficiando a 1.473.240 personas y vinculando a más de 3.500 voluntarios. Un ejemplo de liderazgo puro.

Por otro lado, varias ONG y otros organismos multilaterales como Amnistía Internacional también han duplicado su trabajo para evitar que las violaciones de los derechos humanos se profundicen durante la pandemia. Entidades como Acnur se han ocupado de la población desplazada y refugiada, que se ha visto perjudicada por el cierre de fronteras en unos 168 países.

Estas y muchas otras organizaciones luchan día a día sin ningún interés político o económico gracias a la independencia que les ofrecen millones de personas en el mundo con sus donaciones o voluntariados. Sin embargo, la pandemia también ha limitado su acción y sus recursos, por lo que hoy más que nunca es necesario reconocer su labor titánica y promover la solidaridad ciudadana para seguir salvando miles de vidas.