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| 12/22/1997 12:00:00 AM

"SOY UN REBELDE FRENTE AL PODER"

Hector Osuna acaba de renunciar al diario 'El Espectador'. Su salida ha sido el golpe más duro para un periódico que durante 38 años tuvo en el genial caricaturista el símbolo más respetado de la independencia periodística. Osuna habló con SEMANA sob

"SOY UN REBELDE FRENTE AL PODER" "SOY UN REBELDE FRENTE AL PODER"
Semana: ¿Por qué renunció?
Hector Osuna: Por compromiso con mis propios antecedentes. Me fui a disgusto de mí mismo. Obligado porque siempre había tenido una línea con la que quise ser coherente.
Semana: ¿Cuáles antecedentes? ¿Usted no tenía pleitos con el Grupo Santo Domingo?
H.O.: Pero tenía antecedentes de rebeldía. De resistencia a la concentración del poder. Muchas peleas casadas, no propiamente con el Grupo. Con éste no he tenido ni un sí ni un no. Pero sí he tenido un pleito toda mi vida con los factores de poder. Y creo que tengo que ser consecuente. Sé que todos los medios tienen dueño. Pero uno tiene derecho a escoger con qué dueño trabaja.
Semana: ¿Si los Santos hubieran comprado el periódico usted se hubiera quedado?
H.O.: Por supuesto que tampoco.
Semana: ¿Existe alguna diferencia para usted en trabajar con los Santos o con Santo Domingo?
H.O.: Yo no trabajaría con ninguno de los dos pero existe una gran diferencia. Hay que ir al origen de las cosas. Los Santos comenzaron y siguen siendo fundamentalmente periodistas. El éxito empresarial y la moda de la multimedia los acabó convirtiendo en grupo. Eso para mí es diferente a que un grupo económico, para aumentar y consolidar su poder, decida también volverse grupo de medios de comunicación.
Semana: ¿Cuánto tiempo trabajó en El Espectador?
H.O.: 38 años.
Semana: ¿En esos 38 años cuál fue la mejor época de El Espectador?
H.O.: Hubo épocas muy buenas. Yo creo que desde el punto de vista de beligerancia política, la época del gobierno del doctor Turbay Ayala, con el Estatuto de Seguridad. Había mucho desafío.
Semana: ¿A qué atribuye usted la decadencia de El Espectador?
H.O.: Al asesinato de don Guillermo Cano. Eso desalentó a todo el mundo. Había un espíritu y eso se acabó. El lo era todo en el periódico. No se necesitaba hablar con gerentes, con contadores o con editores. Uno hablaba directamente con él.
Semana: ¿Y qué pasó después de su muerte?
H.O.: Se nombró una dirección colectiva para diversificar el riesgo en términos de seguridad personal. Fue ahí donde entraron los dos hijos de don Guillermo. Creo, sin embargo, que se cometió un error. En ese momento debieron haber nombrado a José Salgar. El era el hombre. Tenía toda la experiencia y credibilidad para hacerlo.
Semana: Se rumora que usted está molesto porque lo dejaron por fuera en toda la negociación que hubo entre El Espectador y el Grupo.
H.O.: A mí no me gusta que a uno lo vendan como un equipo de fútbol. Implícitamente eso fue lo que ocurrió. Terminamos siendo parte del paquete accionario que se vendió. Parte del inventario. Por la colaboración de tantos años, yo personalmente me sentía como un socio espiritual de El Espectador.
Semana: La deuda y la situación económica de El Espectador no aguantaban. Los Cano no tenían una alternativa diferente a lo que hicieron. ¿O usted cree que existía otra?
H.O.: Ellos han debido salirse completamente del asunto. Haber vendido el ciento por ciento y, si la vocación periodística era tanta, la alternativa era revivir El Independiente, como ocurrió en la época de la dictadura del general Rojas Pinilla. Yo creo que los Cano solucionaron el problema económico pero perdieron un patrimonio que para mí era mucho más valioso: el patrimonio de la independencia periodística.
Semana: ¿Usted está triste?
H.O.: Sí. Muy triste.
Semana: ¿En otras oportunidades había renunciado a El Espectador?
H.O.: Sí, yo había desacreditado las renuncias. A lo mejor por eso no se me creyó mucho. Tengo un cajón lleno de renuncias. Todas bonitas. Por eso en esta oportunidad no quise ser tan enfático. Esta vez fue rodeada de más simbología, pero más firme.
Semana: ¿Una de sus renuncias frustradas fue cuando trajeron al periodista español Miguel Angel Bastenier para realizar el último rediseño del periódico?
H.O.: Esa es una de las razones. Sí. Yo me rebelé contra la intromisión ostentosa de ese visitador español. Cómo no me iba a rebelar ahora con la llegada del imperio.
Semana: ¿Usted qué va a hacer?
H.O.: Sobrevivir. Ojalá rescatar un tiempo para la pintura.
Semana: ¿En cuanto a trabajo?
H.O.: No he tenido tiempo de pensar porque desde que salió la columna no he tenido tiempo de salir de mi casa porque el teléfono no ha dejado de sonar.
Semana: ¿El Espectador alguna vez censuró sus caricaturas?
H.O.: Nunca.
Semana: ¿Usted cree que el Grupo lo habría censurado?
H.O.: No creo. Al menos en las primeras de cambio.
Semana: ¿Usted conoce personalmente a Julio Mario Santo Domingo?
H.O.: No. Aunque tuvimos un contacto indirecto en una ocasión hace muchos años. Un día lo saqué en una de mis caricaturas con sombrero de copa. Algo así como Rico Mac Pato. Al tipo aparentemente le fascinó. A través de Gustavo Vasco me hizo saber que quería tener el original. Me preguntó que cuánto valía. En esa época por casualidad yo vendía los originales, pero no era mi negocio. En todo caso tenía una tarifa. Y se la hice saber a través de Vasco. Cuando Santo Domingo supo el costo me mandó a decir en forma muy amable que era demasiado barato y que estaba dispuesto a pagar más. Yo le contesté que me moría de la pena pero que yo no podía negociar mis precios. Me pagó lo que le pedí y pocos días después me llegó una caja de Chivas Regal. Yo no sabía qué hacer y me fui donde don Guillermo Cano a consultarle qué hacía con la caja. Finalmente me quedé con ella, cogí una botella para mí y terminé regalándole las demás a mis amigos.
Semana: ¿Qué imagen tiene de él?
H.O.: La imagen física todavía es buena a pesar de los desastres del tiempo. Tengo el recuerdo de la corbata amarilla y el pañuelo blanco de puntos negros que lleva en el bolsillo de la solapa del saco. La otra imagen que tengo es la de un hombre lleno de poder.
Semana: ¿Usted qué futuro le ve a El Espectador en manos del Grupo? ¿Cree que le va a ir bien?
H.O.: Yo creo que sí. En lo material va a reconstruirse, va a mejorar el papel, creo que se va a olvidar lo de Bastenier, se volverá a replantear que las páginas editoriales son importantes, se va a llenar de columnistas, las caricaturas volverán a la página impar del editorial en la parte superior, como en todos los periódicos del mundo.
Semana: ¿Si usted fuera el director de El Espectador qué sería lo primero que haría?
H.O.: Renunciar.

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