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| 11/17/1986 12:00:00 AM

"TENGO ENEMIGOS DE CLASE"

BERNARDO GUERRA SERNA

"TENGO ENEMIGOS DE CLASE" "TENGO ENEMIGOS DE CLASE"
Por el poder político que representa y por la estridencia de las denuncias que lo llevaron a renunciar, la caída de Bernardo Guerra Serna como gobernador de Antioquia fue, junto con la elección de designado, el batatazo de la semana. SEMANA viajo a Medellín para hablar con el gobernador después de su renuncia.
SEMANA: Después de todo el episodio, para la opinión pública la idea es que usted cayó por estar borracho y amenazar de muerte a un periodista. ¿Eso es cierto, sí o no?
BERNARDO GUERRA SERNA: No. Me había tomado unos tragos, cierto. Esa noche estaba alegre, distensionado. Digamos que copetón, pero en pleno uso de mis facultades. Pero no me pasé de tragos y mucho menos amenacé al señor César Pérez Berrío.
S.: ¿Entonces qué fue lo que pasó?
B.G.S.: Yo estuve en una comida con diputados conservadores en el restaurante Salvatore, entre las nueve y las diez de la noche de ese día (martes 30 de septiembre). Después de eso, en compañía de Bernardo Ruiz Velásquez, senador de la República, de Antonio Yepes Parra y del propio dueño del restaurante, llegué a Los Recuerdos. Nos acomodamos, pedí permiso para ir al baño y de regreso a la mesa los dueños del sitio me invitaron a un trago, pero les dije que había entrado por mera necesidad y que tenía unos amigos esperándome. Cuando ya iba a llegar a mi mesa, me encontré con el señor periodista Pérez Berrío. Nos saludamos cordialmente. Me invitó a su mesa y le dije que lo había estado buscando para devolverle unas llamadas. La conversación se inició sobre la situación de TeleAntioquia y lo que pasó en un consejo directivo de ese canal el día anterior. Hablé de que las informaciones estaban distorsionadas y le dije que los medios de comunicación y usted, amigo César, pueden prestarnos una gran colaboración, porque el sensacionalismo hace que sea más el tiempo que uno gasta rectificando que gobernando. Le conté un problema que había pasado dos días antes en el Atrato, en Vigía del Fuerte, a donde tuve que viajar inesperadamente por la muerte de cinco indígenas, entre ellos el gobernador indígena, le dije que estábamos en tiempos de problemas y que él sabía hasta dónde había avanzado la corrupción y recordé que cuando era alcalde de Medellín había descubierto una táctica de mentes desviadas consistente en arrojar cadáveres en establecimientos o en residencias con el ánimo de desprestigiar o llevar problemas a sus propietarios y que así aparecían lo que denominan aquí los célebres muñecos...
S.: ¿Fue ahí donde surgió la palabrita... ?
B.G.S.: ...Bueno, surgió en ese momento de la conversación, pero esa es una palabra muy empleada aquí para describir eso... Le dije que para hacerle frente a todo eso se necesita la colaboración de todos... Le dije, hombre César, vé, no se trata de periodistas, sino de unos amigos que estamos aquí dialogando sobre unos problemas. Después hablamos de los problemas de inseguridad y de lo complicado que es manejarlos. Le dije, hombre César, me tengo que ir, porque mañana es la instalación de la Asamblea y tengo que preparar unos papeles... No hubo ninguna discusión. Conversamos, me dijo. Cómo no César, cuantas veces usted quiera. Ahí queda el doctor Ruiz Velásquez que canta tangos... Si piensan quedarse les dejo un carro y unos guardaespaldas. No, no, gracias, me dijo César. Yo tengo transporte y llevo al doctor Ruiz. Ahí mismo salí. Después supe que ellos se quedaron un tiempo más en Los Recuerdos. Al día siguiente me contaron que había una carta que estaba circulando en los periódicos donde Pérez Berrío decía que yo lo había amenazado de muerte y todas esas otras cosas... Traté ese día de hablar con él y no fue posible... La secretaria me dijo que creia que él mismo había contestado al teléfono y se había negado. Me sentí tan indignado que, cierto, intenté por todos los medios de que esa carta de la denuncia no se publicara... Pero ya esa carta se había repartido en todos los periódicos.
S.: Si lo que usted dice es cierto y todo fue un invento del periodista, ¿por qué renunció?
B.G.S.: Porque me pareció prudente quitarle al señor Presidente esa incomodidad y para poder hablar sobre el episodio, ya que desde el día siguiente de la publicación de la carta pedí a la Procuraduría que me investigara y, como funcionario público, no podía dar declaraciones. Mientras tanto, la otra parte si hablaba y los periodistas tomaron partido en el hecho: ya no hablaban de denuncias contra el gobernador, sino que preguntaban sobre la persecución política que yo iba a desatar contra los conservadores.
S.: Pero es que no encaja bien que a un político de su garra lo tumbe una calumnia...
B.G.S.: Yo no podía dejar empañar mi imagen y mi trayectoria por una infamia de esa indole. Por eso fui yo quien pidió la investigación a la Procuraduría. Sé que es doloroso y frustrante. Aparentemente esa renuncia es un gran sacrificio, pero yo necesito que eso se aclare. Le repito: yo como funcionario público, sometido a la investigación de la Procuraduría, no podía defenderme. Estaba atado. Por eso, ahora ya como ciudadano común y corriente, puedo hablar y decir que es una infamia.
S.: Parece que el asunto quedó en un duelo de palabra: la suya contra la del periodista. Canó la del periodista, porque fue su cabeza la que rodó...
B.G.S.: Eso es apariencia pasajera. No me siento derrotado por el señor Pérez Berrío. Se presentó un incidente que probablemente aplazará unos deseos míos y los de unas gentes que han creído en mí, todo en busca del esclarecimiento de un hecho que me parece calumnioso. Por eso le digo que me siento satisfecho de haber renunciado para prestarle un servicio al gobierno del doctor Barco. Y también prestarle un servicio a Antioquia para que un ambiente de incertidumbre no se siguiera explotando.
S.: Ese servicio, doctor Guerra, puede salirle muy caro, dicen algunos. Que en esto no sólo usted perdió su gobernación, sino que su grupo político entró en barrena...
B.G.S.: Este es un episodio. La batalla continúa. La lucha sigue.
S.: De todo este episodio, ¿qué queda, doctor Guerra? ¿Por lo menos la experiencia de que el trago no se puede mezclar?
B.G.S: Es cierto que yo estaba tomando ron y me pasé a aguardiente pero en ese episodio no fue dañina la mezcla. Dañina es cuando a uno le cae mal y le hace perder las facultades, lo que a mí no me ocurrió. Pero yo no sé por qué en este episodio le ha dado a la gente por mencionar sólo el trago y la borrachera... Ni que la historia política del país no tuviera otros muchos casos de tragos...
S.: En el informe del viceprocurador lo único que se afirma en su contra es que sí estaba pasado de tragos. Además es que se dice que usted es hombre de malos tragos.
B.G.S.: Eso depende del punto de vista de donde se mire. Las reacciones de cada persona que está tomando trago son distintas, según el momento. Ese día estábamos en la mayor armonía y yo, personalmente, no estaba irascible ni nada. Estaba contento, distensionado. Contento, entre otras cosas, por mi encuentro con los diputados conservadores. Yo no digo que Bernardo Guerra Serna no se enardezca a veces con tragos. Soy humano.
S.: Su caída ha sido interpretada por algunos como la demostración de que el gobierno de caciques no funcionó. Para esa interpretación se menciona su caso, el de Mestre, el de Name...
B.G.S.: En esa interpretación está claro el deseo que existe de crearle problemas al gobierno del presidente Barco. Y más allá de ella me parece que lo que hay que dilucidar es para qué servimos los políticos. Si servimos para sostener la democracia, para mantener unas instituciones, para dirigir o canalizar unas opiniones. Que vayan definiendo el problema, porque los que hacemos política si anticipamos una cosa: aspiramos al poder. Para eso se hace política.
S.: ¿Cree que fue Alvaro Gómez el que más contribuyó a su caída?
B.G.S.: Debo agradecer la actitud de los dirigentes conservadores de Antioquia en todo este caso. Pero ¿quién intervino? El doctor Hugo Escobar Sierra. El se sintió con derecho siendo costeño, de intervenir en los problemas de Antioquia. Y, con un gran entusiasmo, el doctor Alvaro Gómez Hurtado. ¿Por qué? Porque en Antioquia estaba de gobernador una persona que canalizó un gran descontento y una gran inconformidad que existe contra Gómez Hurtado. Aquí no se votó en contra del Partido Conservador, sino en contra de Gómez Hurtado. En las elecciones pasadas fue la primera vez que aquí el liberalismo ganó al conservatismo, pero yo no diría conservatismo sino contra el nombre de Gómez. Por ese rechazo fue que aquí mismo surgió la contraparte de Gómez: el doctor Jotaemilio Valderrama que, en todas las plazas de Antioquia, dijo que Gómez no era garantía para su partido. Por eso la intervención de Gómez no es fiscalizadora, sino vengadora de su derrota, para no hacer el análisis de cuáles fueron las causas verdaderas de la catástrofe electoral conservadora.
S.: Por lo que haya sido, doctor Guerra, que un peso pesado como usted hubiera salido de la Gobernación por un incidente con un periodista suena muy raro, ¿no le parece?
B.G.S.: Sí. Es cierto. Yo diría que es estridente. E impresionante para la gente. Desde el mismo momento en que me nombraron gobernador del departamento, sentí que mucha gente se alebrestó. Porque yo tengo enemigos normales por las cosas de la política. Y también enemigos de clase, porque yo represento una clase en Antioquia. Hay una gente que tiene todo y que cree que le corresponde todo. Seguramente todos estaban preparados para caerme. Seguramente están complacidos, pero no me voy con amargura.

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