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Tik Tak: las cojeras del caso 01 de secuestro en la JEP

El reconocimiento de responsabilidad de las Farc ante la JEP deja muchas preguntas abiertas. Luego de unas verdades a medias, el país aguarda que ahora venga la justicia y la reparación. Escuche a María Isabel Rueda.


A las 6:59 a. m. suena el segundo Tik Tak de hoy miércoles 22 de junio en SEMANA y suena por los lados de las cojeras más vistosas que se cometieron durante la primera audiencia ―de tres― de las extintas Farc ante la JEP en el llamado caso 01, que está relacionado con el delito del secuestro.

Cuando Timochenko dice que nunca entendió, por ejemplo, lo de las cadenas al cuello de los secuestrados, eso le quedó cojo, porque le parecía un trato muy humillante y que incluso alcanzó a consultarle al Mono Jojoy, uno de los jefes militares de la organización, si eso de las cadenas era necesario.

Cínica, más bien, una declaración como esta, en la cual Timochenko no plantea si llegó a pensar que todo el delito de esa humanidad que implica quitarle la libertad durante años a 20.000 personas era justificable, solo se lo parecía el capítulo de las cadenas, que únicamente aumentaban el tratamiento inhumano de los cautivos.

Lo que debió hacer Timochenko fue preguntarse, y preguntarle a Jojoy, si el secuestro, en sí mismo, era justificable por su crueldad intrínseca. Otra parte coja es que Pablo Catatumbo reconoce que la decisión de secuestrar personas (ojo) para forzar el canje humanitario fue equivocada, irracional e inhumana. ¿Pero dónde queda el reconocimiento de que secuestraron a cambio de dinero?

Se supone que la audiencia de hoy será sobre ese capítulo del secuestro con fines financieros ―que lo fueron en su gran mayoría―, pero es curioso que la JEP se haya dado oportunidad de partir en dos el secuestro. Es que no es que en la guerra sea menos grave secuestrar para canjear un secuestrado por un guerrillero preso, que secuestrar a cambio de una suma de dinero.

No deja de ser un poco incomprensible que las audiencias sobre el secuestro, como digo, se partan en estas dos clasificaciones. El secuestro es el secuestro y punto. Y queda también cojo el reconocimiento de la crueldad del acto mismo, porque produjo mucha rabia cuando Pastor Alape dice que no necesariamente a Ingrid Betancourt y a Clara Rojas las trataban tan mal como dicen, pues cuando se visitaba el campamento donde las tenían, ni se notaba la diferencia de que ellas eran secuestradas y no guerrilleras porque hasta tenían parrilla para asar carne.

Tan cínico sonó, que alguna magistrada les recordó a las Farc que no estaban allá para repasar cuando los secuestrados los trataron mejor que peor. Y quedan cojos, finalmente, el capítulo justicia y el capítulo reparación. Justicia se supone que habrá ahí en unos tres meses, cuando el tribunal de paz de la JEP les imponga las sanciones con pérdida efectiva de la libertad, lo cual aún parece muy incierto, porque no se sabe dónde será ni cómo será, si podrán seguir acudiendo al Congreso

Y queda pendiente la reparación que, por ahora, parece que vendrá cuando San Juan agache el dedo. ¿Qué mejor esto que nada? Eso es cierto, mejor esto que nada, pero deja muchas heridas abiertas en un país que lo que ha visto hasta ahora es a estos señores que admiten haber perdido control sobre sus tropas armadas, mientras desfilan por la pasarela del Congreso.