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| 7/29/1996 12:00:00 AM

TODO POR UNA T

INTIMIDADES DEL CAUTIVERIO DE UN GRINGO DEL CIAT SECUESTRADO POR LAS FARC, QUE LO CONFUNDIERON CON UN AGENTE DE LA CIA.

TODO POR UNA T TODO POR UNA T
En la mañana del 23 de septiembre de 1994 Thomas Hargrove se dirigía en su jeep Nissan por la autopista que une a Cali con Palmira, apresurado por su tardanza camino a la sede del Centro Internacional de Agricultura Tropical Ciat), donde trabajaba como jefe de comunicaciones. Al llegar a una intersección de la carretera Panamericana, en lugar de atravesar Cali con el tráfico pesado de esa hora, prefirió esquivarla por una carretera de paisajes del valle que no habían terminado de asombrarlo, a pesar de que llevaba viviendo tres años en Colombia. Fue la última decisión que tomó en casi un año. A pocos kilómetros, fue detenido por un retén de las Farc. Un joven vestido de militar le recibió la identificación que él se apresuró a mostrar pensando que lo salvaría de cualquier contratiempo. Era un carné de la Ciat, (Centro de Investigaciones de la Agricultura Tropical) entidad creada por la Fundación Rockefeller en 1967, en cooperación con el gobierno de Colombia, para ayudar a los campesinos pobres a hacer más productivo el campo. Las Farc no son capaces de secuestrar a un científico de la Ciat, pensaba Hargrove, mientras veía al guerrillero examinar los papeles. "La Ciat no tiene ganancias, no vende nada, no explota ninguna fuente natural. Nuestro propósito es mejorar la vida de las familias más pobres del mundo y de las ciudades que dependen de su producción". El guerrillero informó a su supervisor sobre las características del detenido en una corta charla en la que lo único que Hargrove entendió fue la palabra gringo. En ese momento se escuchó un disparo, todo el mundo corrió y al gringo lo subieron a empellones en una camioneta bajo la vigilancia de un guerrillero de no más de 13 años que cargaba un fusil AK-47. "Yo trabajo para la Ciat", les dijo en su torpe español Hargrove a los guerrilleros en la camioneta. Nadie respondió. "¿Saben que es la Ciat?", insistió. Unos de los jóvenes dijo entonces: "CIA, esa es la agencia de inteligencia de Estados Unidos". "No", le dijo el gringo casi gritando. "No es la CIA, sino Ciat, el Centro de Agricultura Tropical". Pero las explicaciones no parecieron convincentes y desde ese momento los esfuerzos del agrónomo y periodista texano de 50 años, para ponerle la T a su libertad, fueron infructuosos. Las Farc creían tener en su poder a un agente de la CIA. Hargrove es ahora considerado un héroe en Estados Unidos. Su libro, Long March to Freedom (Una larga marcha a la libertad) con las memorias de su cautiverio de 331 días que escribió en las hojas de las chequeras del Banco Real de Colombia y del National Bank de Rotan, su ciudad natal en Texas, y en un cuaderno escolar de 50 hojas en cuya pasta aparece un pato con la leyenda 'Contigo soy feliz', ha recibido elogios de los críticos de The New York Times y el Washington Post. Desde el primer día hasta el último de su cautiverio, Hargrove describió con lujo de detalles, no sólo sus largas horas de tedio y angustia en los gélidos y lluviosos páramos del Valle del Cauca, sino las imágenes de la vida perniciosa de sus captores, un grupo de niños revolucionarios armados que por lo menos una vez a la semana se entregaban a una bacanal suicida de basuco, sexo, brandy y ráfagas de metralla al aire. En el día 9 ya sabía cuánto ganaban más o menos los guerrilleros. Cirle, una combatiente de 17 años, le dijo que hacía tres millones de pesos al año y que su grupo tenía en promedio de 12 a 15 enfrentamientos armados con las autoridades anualmente. Parte de la vida de los guerrilleros era cuidar plantíos de amapola y su nivel de adoctrinamiento era tan vergonzoso, según el diario del secuestrado, que en varias ocasiones escuchó decir a Mono, uno de los jefes del grupo, que Colombia debía conquistar el socialismo como lo hicieron Cuba, China y Japón. A pesar de los ajustes, en los primeros días las situación era menos agobiante que en el epílogo del secuestro. Hargrove podía salir a caminar, se daba reconfortantes baños en las aguas cristalinas de las cascadas cercanas, salía a pescar truchas con los guerrilleros y aprendió con ellos a jugar fútbol. En los días finales del cautiverio las cosas cambiaron. El gringo permanecía encadenado día y noche bajo carpas con goteras o en bohíos húmedos, asaltado por un llanto repentino, orinando en sus botas y con sus dos oídos goteando pus debido a una infección incontrolable. "Lluvia. Solitario. Oh Dios, ayúdame o mátame, o llévate mi mente y mi memoria", escribió. En el día número 50 del cautiverio -viernes noviembre 11 a las 4:15 p.m.- y en medio de una de las balaceras al aire de un guerrillero borracho en un desolado paraje de una cordillera anotó: "Si llego a publicar un libro sobre esta experiencia, quiero quedarme con los derechos en español o garantizar que una edición en español será publicada, y ponerla a disposición en Colombia. Tal vez entonces podré decirles a estos bastardos lo que yo pienso. Desafortunadamente, ellos no leen". En los últimos días las medidas de seguridad se hicieron más estrictas, en parte debido a que 'el comandante de las Farc' recibió información de que el supuesto enlace de la CIA había sido además coronel del ejército en Vietnam y experto en la lucha contra guerrillas. Hace pocos meses el testimonio del texano sobreviviente, y quien había sido asesor agrícola en Vietnam del Sur durante la guerra, ocupó un segmento completo del prestigioso programa 60 Minutes, donde por primera vez se revelaron las conversaciones con los emisarios de las Farc que fueron grabadas en Cali. En una de las charlas los guerrilleros dicen que la oferta de rescate no sirve ni siquiera para pagar la información del lugar donde enterrarían al gringo. Asesorada por una compañía extranjera, la familia del agrónomo pagó el rescate dos veces. Aparentemente los secuestradores no quedaron contentos con el primer pago y exigieron un segundo por la misma cantidad. Sumadas ambas no sobrepasan un millón de dólares y mucho menos alcanzan los seis millones que pedían los secuestradores originalmente. Hargrove fue liberado el 22 de agosto de 1995 en algún lugar del Parque Nacional Nevado del Huila. En su correa con bolsillos secretos llevaba el diario que sus captores nunca conocieron. Desde un lugar en Estados Unidos, que pidió que no fuera identificado, el agrónomo dijo a SEMANA que prefería no hablar de su secuestro y que todavía no había tomado una decisión respecto a la traducción de| libro.

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