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| 7/27/2003 12:00:00 AM

Un Congreso difícil

Desde la presidencia del Senado, el uribista Germán Vargas Lleras tendrá que conducir un Legislativo cada vez más incómodo con el modelo anticlientelista de Uribe.

Un Congreso difícil Un Congreso difícil
Dificilmente ha tenido el Congreso días de tantos desafíos como los que se avecinan. De cómo resulte la próxima legislatura, presidida por Germán Vargas Lleras en Senado y por Alonso Acosta en Cámara, dependerá en gran parte que el gobierno de Alvaro Uribe consolide su ambiciosa revolución institucional. Pero más importante aún, dependerá la estabilidad económica del año entrante. El Congreso tendrá que estudiar cerca de 200 proyectos de ley, algunos que redefinen las reglas de juego de la vida pública en Colombia: como la reforma a la justicia, el estatuto antiterrorista, la nueva ley de contratación estatal, las nuevas versiones de los códigos de Procedimiento, Penal y Penitenciario y la que reforma las entidades que, como la Comisión Nacional de Televisión o Inravisión, tienen rango constitucional. Pero los congresistas también tendrán que volver a tapar el redescubierto hueco fiscal. Así que habrá otra reforma tributaria y otra pensional, sin la certeza de que con eso alcance. Porque si no pasa el referendo las cuentas tendrán que hacerse otra vez porque no habrá ni congelamiento de salarios ni fin de los privilegios pensionales establecidos en las convenciones colectivas de trabajo. Y además este Congreso, que arrancó sesiones el 20 de julio, hará la transición a un sistema de participación por bancadas, según lo contempla la reforma política. Es decir si pasa la ley de bancadas en el primer semestre, cada partido o grupo tendrá que organizarse en bancadas, discutir su posición, llegar a un consenso y presentar un solo vocero ante las comisiones o las plenarias. "Se acabará la política al menudeo, con la cual el Ejecutivo se podía ganar el voto de un congresista a cambio de un halago", dice el presidente de la institución, Germán Vargas Lleras, quien está decidido a estrenar el método aún antes de que se apruebe la ley. Claro está que deberá tener en cuenta que ningún Parlamento democrático del mundo les impide a sus integrantes deliberar. Cada senador o representante, además de pertenecer a una bancada partidista, puede querer hablar por su región, por los grupos sociales que representa, por los temas que conoce a fondo. Así que el reto será darle orden y disciplina al Congreso, pero sin desvirtuar su naturaleza. Por si todo lo anterior sumado no significara ya una misión medio imposible, encima el país -y, claro está, sobre todo el Congreso- estará en doble campaña electoral: la de autoridades locales y la de referendo. Así que la concentración no será la mejor. No serán procesos exentos de violencia. El propio Congreso está bajo graves amenazas. La semana pasada capturaron a un hombre que venía frecuentando el Capitolio a unas cuadras de allí con dos bombas en su poder -al parecer pertenece a la columna móvil de la Farc Teófilo Forero-. Al frente de estos desafíos múltiples estará el senador bogotano de 41 años, abogado de la Universidad del Rosario, Germán Vargas Lleras. Comenzó a hacer política a los 20 años como concejal de varios pueblos de Cundinamarca y de Bogotá y ha sido senador por nueve años. Sus colegas -amigos y críticos- coinciden en cuatro de sus virtudes: es juicioso y hace la tarea; es hábil operador político y constructor de consensos entre legisladores; es tolerante con las minorías y es muy valiente. De esto último dan fe sus iniciativas: extradición de narcotraficantes por vía administrativa, extinción de dominio de bienes malhabidos, legislación draconiana contra la guerrilla y apoyo irrestricto a las Fuerzas Armadas. Eso le valió un atentado de las Farc que le voló tres dedos de su mano izquierda. "Eso me ha templado el carácter y me ha reafirmado en mis convicciones", dice Vargas. La representante Gina Parodi y el senador Rafael Pardo, uribistas también pero ahora agrupados en un partido diferente al de Vargas, lo califican con 5 sobre 5 por la labor que realizó el último año como presidente de la comisión constitucional. Antonio Navarro, senador del Polo Democrático Independiente (PDI), opuesto a Vargas en materia ideológica, destaca su pluralismo y que cumple su palabra. Y Luis Alfredo Ramos, presidente saliente del Senado, no duda de que hará "una presidencia exitosa". El respaldo de sus colegas, que se ganó uno a uno, fue casi unánime: 92 votos del total de 102 . No obstante, por tratarse de un político que tiene vuelo propio, su gestión enfrenta algunos desafíos particulares. Es un uribista declarado, sobre todo en materia de seguridad y justicia. Y desde el Congreso, Vargas le podría dar a Uribe una buena mano para consolidar su gobierno. Es que el poder de un presidente del Senado no es poco. Es el que impone la agenda de los debates al gobierno,; le da el orden de entrada y discusión a los proyectos de ley; nombra las comisiones de conciliación que definen las versiones finales de las leyes aprobadas, "Es el gran coordinador del trabajo parlamentario", explica Ramos. ¿Será Vargas el leal uribista que empuje los proyectos del gobierno o más bien jugará a político independiente, cuya carrera en grande puede arrancar en este escenario? Unos esperan que sea lo primero. "Se lo debe a Alvaro Uribe", dicen. Otros adivinan que será lo segundo. "Jugará a ser candidato a la Presidencia", dice el representante Armando Benedetti, crítico de Vargas. El presidente del Senado no duda en su respuesta: "Como senador apoyaré el programa del presidente Uribe. Como presidente del Senado tengo, por reglamento, que preservar la independencia de la corporación, que se vaya notificando el gobierno". De hecho, pragmático como es en política, Vargas Lleras apoyó el voto preferente en contra del Ejecutivo porque con eso se ganaba los votos conservadores para la Presidencia. Por eso no es extraño que, por encima de la agenda del gobierno, esté la de su propia carrera política y cuanto pueda brillar desde su nueva y destacada posición. Su otro desafío proviene de la forma como ha construido su caudal electoral. En esto también coinciden sus colegas: es un político tradicional. Como dijo Navarro, "en política no es selectivo". Esto quiere decir que se alía con quien le ayude a triunfar, sin mirar mucho sus métodos. Por ejemplo se juntó con Emilio Martínez, el ex presidente de la Cámara que perdió la investidura, y en su alianza salió elegida a la Cámara la hermana de Martínez, Rosmery. En sus relaciones con el Congreso, Uribe ha hecho lo posible por establecer una gobernabilidad que no se base en repartija burocrática, y lo logró en el primer año. Pero la tensión se está haciendo sentir. La prueba fue la derrota al Ejecutivo en las leyes que se votaron en junio, como la de televisión, y en la reforma política que se aprobó en contra de la petición explícita del propio Presidente. Y el hambre burocrática de los congresistas arrecia en tiempos electorales. Por eso Vargas Lleras va a estar en tensión: o supedita sus alianzas tradicionales al modelo uribista o defiende las exigencias de los congresistas. De nuevo, no duda en la respuesta un segundo: "La política de Uribe de no dar puestos, ni contentillo burocrático, es irreversible y yo concuerdo plenamente con ella". No le será fácil sostenerse. La presión del Congreso será intensa. Por último, enfrentará la tensión ideológica. Vargas Lleras ha sido un hombre de derecha, y es de esperar que le dé prioridad a los proyectos afines a su línea en materia de orden público y de justicia. Corre el riesgo de que el debate de estos temas se extienda demasiado en detrimento de asuntos económicos más urgentes. El sostiene que no será así. "Mantendré el orden de los proyectos en estricto rigor", dice. Marca esta nueva etapa del Congreso un giro radical, y, si bien cuenta con un presidente que a todas luces tiene con qué conducir la corporación, los desafíos son múltiples y las tensiones con el Ejecutivo vienen creciendo. Pero como se sabe en política, las carreras de gran aliento nacen cuando la gente se luce en los momentos más difíciles.

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