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| 2/26/2006 12:00:00 AM

Un menú diverso

SEMANA presenta los perfiles de algunos candidatos al Congreso, seleccionados de diferentes listas.

Un menú diverso Un menú diverso
Carlos García
 
Carlos García llegó tarde a la política y por un camino poco común: es médico, graduado en Francia, y alcanzó a hacer carrera en esa profesión. Fue uno de los primeros en utilizar el microscopio en cirugía neurológica, y fue profesor universitario.

Desde cuando ingresó a la política en su departamento del Tolima, sin embargo, se ha concentrado en el tema económico. Ha sido senador desde 1994. Fue presidente de la comisión económica en varias ocasiones y de la del Parlamento Latinoamericano, y fue presidente del Senado .

Desde la aprobación de la reforma política propuso la creación de un partido de avanzada social, con opciones para la integración, la comunicación abierta, la disciplina de bancada, los métodos democráticos para la escogencia de candidatos y la participación de jóvenes, intelectuales y bases populares, con el fin de superar la obsolescencia de los partidos tradicionales. Después de militar durante varios años en el liberalismo, García fue uno de los 16 parlamentarios –la mayoría ex afiliados a la ‘Ele’ roja– que constituyeron el núcleo creación del Partido Social de Unidad Nacional, el uribista Partido de la U.

En la campaña actual está hablando mucho sobre el tema tributario. Considera que se debe profundizar el debate sobre la racionalidad de los impuestos, exigiendo pocas tarifas, simplificación del recaudo para impedir la evasión. Como senador hizo un debate crítico sobre el Portafolio de Inversiones Cafeteras en el cual defendió la tesis de establecer una contribución mínima de cuatro centavos de dólar por libra de café exportada para obtener un aumento automático del precio de la carga al productor. También ha participado en la redacción de leyes para el sector económico: la ley del mercado de títulos valores, bonos, acciones y el cambio de las normas para el control de la Bolsa de Valores.

Su propuesta bandera para los próximos cuatro años: cambiar el programa de subsidios a la demanda por un sistema de pago de la tasa de intereses de los créditos para compra de vivienda nueva o usada, o su mejoramiento, que se otorguen a los estratos económicos inferiores.

Juan Fernando Cristo

C­risto es el arquitecto del actual proceso de unidad liberal. Como presidente transitorio de la Dirección Nacional Liberal, facilitó el ingreso del gavirismo y la elección del ex presidente Gaviria como jefe único, para escoger al candidato por consulta popular. Esta actitud le generó no pocas antipatías entre sus compañeros del oficialismo, serpistas y samperistas.

Aunque se ha movido en varios campos (periodismo, diplomacia), lleva la política en las venas. Y en 1997 dejó la embajada de Colombia en Grecia para tomar las banderas de su padre, el senador Jorge Cristo, asesinado por el ELN. Ha sido elegido en dos ocasiones (y ahora busca la tercera) y en ese breve tiempo, con 40 años de edad, se coló en la cúpula del oficialismo liberal.

Es un trabajador incansable, selecciona unos pocos temas y se empeña en sacarlos adelante con terquedad y paciencia. La insistencia se extiende a causas difíciles: ha sido el mayor crítico de la Comisión Nacional de Televisión, pero sus intentos de reforma han chocado contra las acciones defensivas de sus miembros. En el campo de las telecomunicaciones, su favorito y en el cual se le reconoce autoridad, fue ponente de la ley que permitió la entrada de la tecnología PCS en la telefonía móvil.

Como liberal, ha estado en la oposición a Uribe. Sin embargo, apoyó el referendo de 2002 en contravía a la dirección nacional, en ese entonces encabezada por Piedad Córdoba, que adoptó como política la abstención electoral. Y fue uno de los gestores de la reforma política que busca fortalecer los partidos.

Aunque persistente, es conciliador. Pronuncia la ‘erre’ como un francés, juega tenis con excelente nivel, y no odia a sus enemigos. Se ganó, desde muy joven, la camiseta de peso pesado del liberalismo. Una jerarquía que se consolidaría si sale bien librado de la próxima elección.

Salomón Kalmanovitz

Salomón Kalamanovitz tiene una bien ganada imagen de técnico y académico. Sin embargo, la política, de alguna u otra forma, siempre ha hecho parte de su vida. Después de una larga trayectoria en la universidad y en el Banco de la República, acaba de volver a la política. Cambió la tranquila jubilación por una agitada campaña electoral como cabeza de la lista mockusista al Senado. Y retomó, de esta forma, un hilo perdido de una vocación que ya se había notado en los años 60, cuando el impacto de la oratoria de Jaime Arenas lo atrajo a la izquierda de la época.

En la formación de sus creencias y valores tuvo mucho peso la temporada de estudios en Estados Unidos. Allí militó en grupos como los Estudiantes por una Sociedad Democrática (SDS) y otro con camilistas colombianos. No olvida a Bob Dylan, a quien conoció y admiró, ni la noticia del asesinato de Jaime Arenas, por parte del ELN, que le llegó desde Colombia.

Cuando regresó al país, en 1970, se vinculó a la Universidad Nacional y al Bloque Socialista, que era una agrupación trotskista. Trabajó en el Dane y en 1972 fue destituido de la Universidad Nacional, junto con 50 profesores más, incluido a Antonio García, por revoltoso. Los restituyeron en 1975, una vez que el gobierno de López Michelsen nombró a Luis Carlos Pérez como rector. Nunca dejó de ser el cerebro e ideólogo del trotskismo colombiano. Sin embargo, por el camino de la búsqueda de fórmulas para que la economía funcione, se fue moviendo al centro y, para algunos, alcanzó la orilla neoliberal.

En 1993 fue nombrado codirector del Banco de la República. A Antanas Mockus lo había conocido en la universidad, y en su rectoría colaboró activamente en la reforma de la institución. Desde hace varios años mantiene contacto y lo asesora en temas de instituciones y privatizaciones, siempre con un bajo perfil obligado por las reglas de discreción.

Ahora, este profesor, con trayectoria de maestro, voz de docente y reputación de sabio, encabeza la lista al Senado. Según dice, está convencido de que “si Bogotá pudo democratizarse y modernizarse, ¿por qué no lo puede hacer Colombia también?”.

Jaime Dussán

L­a vida profesional de Jaime Dussán ha girado en torno a tres actividades: educador, sindicalista y político. Sus amigos dicen que durante los 20 años en que trabajó como maestro en su natal departamento del Huila hizo política. Y su récord demuestra que en los 12 que lleva como senador, se ha concentrado en proyectos e iniciativas que tienen que ver con la educación y con las condiciones del magisterio.

Su hoja de vida, por lo anterior, gira en torno a esos pilares: dos décadas como educador, dos años como diputado del Huila, cuatro como presidente de la Federación Colombiana de Educadores (Fecode), y 12 como senador. Tiene un estilo directo e incisivo y por eso tiene contradictores. Lo que nadie le niega es su coherencia y su tenacidad: es de los que no desisten de una causa, hasta que la logra.

Ahora quiere repetir Senado, en la lista del Polo. Había fundado en 1998 el Partido Socialdemócrata Colombiano (Psoc), del cual fue su presidente hasta 2003 y elegido como senador en dos períodos. Y fue uno de los partidos que le dio origen y nacimiento al Polo Democrático Independiente (PDI), en 2003.

En el Parlamento colombiano se ha concentrado en la defensa de la educación pública, los derechos de los educadores, trabajadores, mediante proyectos de ley y debates con varios ministros de Educación. Pero también es uno de los líderes naturales del Polo, y seguramente jugará un papel clave en la definición de su futuro.

Rafael Amador

S­u ‘goma’ es Bogotá. Ha sido concejal y representante a la Cámara por la capital del país, cuyos temas han concentrado la mayor parte de los esfuerzos como legislador. Hizo sus pinitos en la materia al lado de Luis Carlos Galán, en cuyas campañas participó siempre. Ha sido presidente del Directorio Liberal de Bogotá y ahora encabeza la lista del Partido Liberal, para la Cámara, por esta circunscripción.

Sin embargo, Amador se ha interesado por otros temas. En la legislatura que culmina presentó un proyecto de reforma a las funciones del Banco de la República, para que tenga a su cargo la defensa de las políticas de generación de empleo. En su campaña, está proponiendo disminuir los requisitos de edad, para que los jóvenes puedan acceder a las corporaciones públicas de elección popular, y establecer la obligatoriedad para que los partidos incluyan dentro de sus listas un mínimo del 10 por ciento de jóvenes menores de 25 años.

Sus debates le han apuntado a cuestionar la privatización de Telecom, la contratación y la ejecución de las obras TransMilenio y la política social del gobierno en la lucha contra la pobreza. Ha criticado en el Congreso el TLC y se opuso al cobro del Impuesto al Valor Agregado (IVA), a los productos de la canasta básica familiar.

Ha centrado su campaña para regresar al Congreso en tres puntos fundamentales: la eliminación de los sobrecostos en el precio de la gasolina; simplificar las tarifas de los servicios públicos, eliminar el cobro de los intereses sobre intereses en los créditos educativos otorgados por el Icetex.

David Luna

A los 30 años de edad, David Luna considera que le llegó la hora de pasar de la ciudad a la política nacional. Abogado rosarista y con dos posgrados en derecho administrativo y políticas públicas, ha sido edil de Chapinero y dos veces concejal de la capital.

Lo apasiona la ciudad. Inició su carrera como independiente, pero se encontró en el Concejo con Enrique Peñalosa, con quien tiene una gran amistad personal y una gran convergencia sobre la visión de la ciudad. Ahora encabeza la lista del ex alcalde para la Cámara por Bogotá, a pesar de que no es tan uribista como su jefe. Concibe el proyecto de las ‘peñalistas’ como un paso más en el trabajo de la ciudad, ahora extensible a otros centros urbanos del país, y como un proyecto que en el largo plazo es independiente, tiene entidad propia y se ejecuta con un grupo coherente y una ideología definida. La lista peñalosista, por eso, es cerrada.

Los amigos definen a Luna como un ‘pilo’. No para de hablar por celular, rara vez ha faltado a una sesión del Concejo y el proyecto ‘Concejo Cómo Vamos’ –coordinado por varios medios de comunicación y entidades de la capital– lo designó en dos ocasiones como el mejor concejal de la ciudad. Innovó la práctica de rendir cuentas sobre su gestión mediante el envío por correo electrónico de un informe a 60.000 bogotanos sobre su trabajo. Habla con vehemencia y con una pose gaitanista que le ha generado el apodo de ‘El Negro’.

Sus temas de énfasis son semejantes a los de Enrique Peñalosa: el respeto a los espacios públicos, la calidad y la cobertura de la educación y los servicios públicos, con un excelente transporte público y con capacidad de ofrecer calidad de vida, es decir, una ciudad competitiva. Cree que hacia el futuro la ciudad debe tomar determinaciones de fondo: la aprobación de nuevos tributos, la entrega en concesión del sistema escolar, la construcción de la red de bibliotecas y la ampliación del Sistema de Transporte Masivo, entre otras.

Armando Benedetti

Armando Benedetti hoy es reconocido como un ‘uribista de tiempo completo’. Lo es. Sin embargo, durante años militó en el Partido Liberal, donde hizo sus pinos. Fue uno de los primeros miembros de esa colectividad en dar el paso hacia las toldas gobiernistas. Y al hacerlo, se convirtió en un defensor a ultranza del Presidente y de todas las iniciativas gubernamentales, en la Cámara de Representantes, para la cual fue elegido en 2002. Entre ellas: el referendo, la reelección presidencial y la ley de garantías electorales para los candidatos que aspiran al primer cargo público del país.

Tiene 38 años y una larga carrera, propia de alguien de mayor edad. Después de un breve paso por el periodismo, su profesión universitaria, en la redacción política e internacional del diario El Tiempo y como reportero del noticiero de televisión QAP, se entregó de lleno a la política. Hizo su primer contacto en 1991, cuando se desempeñó como asesor en la Asamblea Nacional Constituyente, y luego fue concejal para el período de 1998-2000, distinguiéndose durante este tiempo por su acucioso control político a la gestión de la administración del alcalde Enrique Peñalosa. Fue, tal vez, el principal y más persistente crítico de esa administración en el Concejo. Debatió, entre otros temas, los sobrecostos en la construcción de los bolardos, el puente de la calle 92 y los puentes peatonales y las suntuarias inversiones en las oficinas públicas. Se opuso a los proyectos sobre peajes y alumbrado público.

Su carta de presentación favorita, por estos días, es la de ‘uribista de tiempo completo’.

César Negret

César Negret encarna el relevo de la política en su departamento, Cauca. Una región de tradiciones, de prohombres y de grandes políticos. Los últimos, de quienes, de alguna manera, recibió la antorcha, fueron Aurelio Iragorri y Víctor Mosquera Chaux, aunque el primero de ellos compite como candidato al Senado en la lista de ‘La U’. Es decir, en un proyecto rival –disputa el mismo electorado en el Cauca–, pero de la misma familia uribista.

Negret se considera una persona innovadora por naturaleza: como gobernador del Cauca, en 1998, hizo una reforma administrativa del departamento; en el gobierno de Pastrana criticó el proceso de paz con las Farc, posición que lo acercó al actual jefe de su partido, Germán Vargas Lleras, quien como senador hizo un famoso debate sobre lo que consideraba un gran fracaso en el Caguán. Ahora rompió los viejos lazos, suyos y de su familia, con el liberalismo oficialista, a pesar de su cercanía con el actual director nacional, César Gaviria,

Aspira al Senado por primera vez. Considera que no debe haber congresos eternos, y que un elegido sólo debería tener opción de estar una vez en cada cámara. También propone un cambio en la forma como se redistribuyen las regalías del petróleo para que no haya regiones que lo tienen todo y otras condenadas a la pobreza. Ambas preocupaciones, la de un Congreso más representativo y la de mayor igualdad regional, lo llevan a una de sus propuestas centrales: regresar a la circunscripción regional para que cada departamento tenga como mínimo dos senadores.

Alfredo Rangel

Cada vez que un medio de comunicación, nacional o extranjero, necesita luces sobre los problemas de orden público, llama a Alfredo Rangel. Este boyacense inteligente y estudioso cambió el rumbo que llevaba a finales de los 80 la corriente de violentólogos del país: más que defender, como causa ideológica, ‘la salida negociada’ (la cual defiende, pero desde una posición realista y con presión militar) y la ‘corrección de las condiciones objetivas que facilitan la violencia’, se puso a pensar en términos estratégicos cuál era la mejor manera de acabar con la violencia y derrotar a la guerrilla.

Por innovadora y realista, su visión pegó. Ha sido consultor de Naciones Unidas, del Banco Interamericano de Desarrollo y del Departamento Nacional de Planeación; ha participado en la definición de políticas de seguridad nacional en varios gobiernos, asesor presidencial de seguridad nacional y asesor de varios ministros de Defensa. Inspiró y acompañó el reciente proceso de modernización y fortalecimiento de las Fuerzas Militares, y de su pluma salieron los primeros borradores de la Política de Seguridad Democrática del gobierno de Álvaro Uribe.

Durante más de 10 años ha mantenido una columna en el diario El Tiempo dedicada a los temas de la seguridad y la paz; creó y dirigió la Fundación Seguridad y Democracia, el único centro de estudios independiente y civil que en el país se dedica a analizar, evaluar y proponer políticas públicas de seguridad nacional.

Su propuesta consiste en consolidar los avances en seguridad y abrirles paso a diálogos de paz serios y definitivos con la guerrilla. No cree que la paz sea gratis, por eso considera necesario hacer reformas económicas, sociales y políticas para alcanzarla. Nunca había participado en política. Con su candidatura le apunta a llevar al Congreso, en una época en que la opinión pública les da especial atención a los asuntos de seguridad, su conocimiento especializado en la materia.
 
Álvaro Araújo  
Un costeño de tierra fría. Ese es Álvaro Araújo Castro, pues desde los 9 años vive en Bogotá. Proviene de dos troncos familiares de pura cepa vallenata y estudió primaria y bachillerato en el cachaco y tradicional Gimnasio Moderno de la capital. Deportista, ex actor de televisión y room mate en Londres del director del DAS Andrés Peñate durante su época de estudiantes, comenzó su carrera política a los 26 años, y hoy, a los 39 cumplidos, se propone volver al Senado para completar 16 años continuos de vida parlamentaria.
Se ha concentrado en los temas económicos (es economista, con estudios en la Universidad sde Los Andes de Bogotá y graduado del Externado de Colombia) y, en particular, energéticos: trabajó la ley que instituyó el Código Minero. Apoya la seguridad social y los beneficios patrimoniales para las parejas homosexuales. Es partidario del intercambio humanitario y apoyó con entusiasmo el proceso de desmovilización con los grupos paramilitares. Esta posición, y su conocida mano dura con la guerrilla, lo puso en el ojo del huracán en relación con el controvertido tema de la presencia para en la región.
Uribista total (aunque se ha apartado de algunas posiciones del gobierno) y hermano de la ex ministra de Cultura María Consuelo Araújo, se marginó de ‘La U’ y de Cambio Radical, porque le parecían “demasiado centralistas y coyunturales” e ingresó al movimiento Alas fundado en Cesar. Después se alió con el senador antioqueño Luis Alfredo Ramos, de donde saló la fórmula de Alas-Equipo Colombia, y ahora encabeza la lista para el Senado. 

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