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| 10/10/1994 12:00:00 AM

UN MES TIRANDO LINEA

En cuatro semanas de gobierno, Ernesto Samper demuestra que, a pesar de haber cambiado, sigue siendo el mismo.

UN MES TIRANDO LINEA UN MES TIRANDO LINEA
LOS INVITADOS AL ACTO en Medellín se habían congregado para escuchar al Presidente de la República. Cuando Ernesto Samper se acercó al micrófono, su diagnóstico fue directo: "El país -dijo- vive una difícil coyuntura inflacionaria. No solamente porque los factores que estaban presionando el aumento de los medios de pago, como los precios internacionales del café, parecen no ceder en el corto plazo; sino porque estamos entrando en una inflación de costos (...); el encarecimiento del dinero y el efecto combinado que los anteriores producen, (generan) explicables expectativas por mejores salarios en los trabajadores. ¿Qué puede hacer la empresa privada para reducir esta nueva forma de elevación de precios? Es decir ¿qué puede hacer además de quejarse de ella? Pública y concretamente la invitamos a firmar con el gobierno un pacto social contra la inflación".

¿Son acaso estas palabras sacadas del acto de aniversario de los 50 años de la Andi, que tuvo lugar el miércoles pasado en la capital antioqueña? Nada de eso. En realidad, fueron pronunciadas hace 15 años, para ser más precisos el 11 de mayo de 1979, con ocasión de la quinta asamblea de afiliados de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, a la sazón dirigida por el hoy primer mandatario de los colombianos.

Una mirada a los textos de esa época revela términos que están de nuevo en boca de los funcionarios de la administración: solidaridad social, concertación, empleo masivo, microempresas. Temas, en fin, que conforman la agenda del nuevo gobierno que está poniendo en práctica las tesis de Ernesto Samper a lo largo de 20 años de vida pública, y que le acompañaron en su paso por el Senado, en la campaña de 1990 y en el Ministerio de Desarrollo del gobierno Gaviria.

Claro que el Samper modelo 94 no es el mismo del año 1975. Atrás han quedado las épocas en las cuales el entonces niño terrible del sistema financiero colombiano sacudía al establecimiento con sus propuestas provocadoras que lo llevaban a escudriñar en todos los rincones de la vida nacional. Enterradas han quedado iniciativas como la de legalización de la marihuana o mensajes como el de la desaparición de la clase media.

El estadista de hoy ha aprendido con los triunfos y los descalabros a medir sus actos y sus palabras.

Sin embargo, Samper mantiene una consistencia ideológica notoria, particularmente a la luz de los acelerados cambios que ha experimentado el mundo a lo largo de estas dos décadas. El mismo cuenta que para elaborar su discurso de posesión, se dedicó durante su descanso en Europa a mirar textos de intervenciones viejas, sacando un párrafo de aquí o una idea de allá. El haber masticado durante muchos años tantos temas, explica también porqué el nuevo gobierno se ha apresurado a tomar decisiones con una velocidad sorprendente. El consabido Conpes de los martes se ha vuelto ya una cita obligatoria en la cual se congrega al alto gobierno para adoptar estrategias en áreas diversas. La creación de la Red de Solidaridad Social, la nueva política agropecuaria, la instauración del Consejo Nacional de Competitividad, las medidas para apoyarla tasa de cambio, son capítulos de un mismo libreto, escrito hace muchos años, cuando este abogado bogotano comenzó a soñar con la posibilidad de convertirse algún día en Presidente de la República.

Quizás por eso, durante el acto de la Andi de la semana pasada, Samper anotó: "Algunos analistas (...) han mostrado su extrañeza porque el gobierno esté adoptando las medidas que ofreció en el curso de la pasada campaña. Lo extraño, a mi juicio, sería que no hiciéramos lo que entonces dijimos que haríamos".

Tal cual. A pesar de que se puede estar en desacuerdo con lo realizado por Ernesto Samper en el mes largo que lleva gobernando a Colombia, la verdad es que el nuevo Presidente está haciendo lo que anunció en su discurso de posesión, el pasado 7 de agosto. Así como le dijo el mismo Samper a SEMANA, "no he hecho otra cosa que tirar línea".

¿Y en que consiste ésta? Aunque no se puede decir que el nuevo gobierno siga una escuela de pensamiento definida, lo cierto es que lo ocurrido con Samper es similar a la experiencia de algunos socialistas europeos que de 'cocos' del sistema, pasaron a ser vistos como gente razonable, con la cual se podía entender el sector privado y que era capaz de tomar las decisiones dolorosas, cuando estas eran necesarias.

El actual director de Planeación Nacional, José Antonio Ocampo, lo explica de una manera mucho más coloquial: "nosotros seguimos creyendo en los mismos ideales de la generación de los 60", dice.

La marcha del mundo ha ayudado a que el proyecto de Samper parezca hoy totalmente sensato. La euforia de la década pasada, con las doctrinas de Reagan y la Thatcher, ha quedado enterrada en la memoria. Hoy, el péndulo de la historia se está devolviendo y una vez más buena parte de los principios de la social democracia vuelven a hacer carrera en el planeta. Pero estos principios se han permeado también de elementos que hace un tiempo le parecían sacrílegos a los puristas. Hoy, por ejemplo, se acepta que el sector privado es mucho más eficiente que el Estado a la hora de proveer un sinnúmero de servicios, como es el caso de las telecomunicaciones o la generación de electricidad.

Samper, incluso, siendo candidato tuvo la oportunidad de hablar en México con el presidente Salinas y, aparte del tema de Solidaridad (el sistema que utilizó ese gobierno para hacer más presencia social), quedó particularmente impresionado con el programa de construcción de carreteras por concesión al sector privado. Hoy es uno de los más ardientes defensores de ese esquema.

Pero al mismo tiempo, la retórica política en las democracias ha evolucionado de nuevo hacia la preocupación por lo social. Así le ocurrió a Clinton en Estados Unidos o a Frei en Chile, dos mandatarios elegidos dentro de la nueva onda que representa hoy por hoy la línea dominante en el pensamiento contemporáneo. Tal como le dijo a SEMANA el canciller Rodrigo Pardo, "se ha abierto un espacio que permite que haya coherencia entre el pasado de izquierda de Samper y las realidades del presente" .

Curiosamente, esa nueva retórica le cae como anillo al dedo a la realidad colombiana. Por lo menos eso es lo que opina el politólogo Fernando Cepeda, quien afirma que los programas de Samper "le dan sostenibilidad al nuevo modelo económico". Dicho de otra manera, Cepeda está de acuerdo con que la apertura necesitaba corazón, tal como decía uno de los lemas de campaña del nuevo Presidente. "Incluso uno nuede suponer que si Gaviria se hubiera podido reelegir, estaría haciendo las mismas cosas que Samper: más plata para el sector social, más ayuda a la agricultura y trataría de buscar de nuevo la paz con la guerrilla", agrega el ex ministro liberal.

Ya en el terreno de las realidades, la verdad es que en la práctica Samper se distingue sobre todo por dos cosas. En primer lugar, por creer en los arreglos "a las buenas". El actual Presidente piensa -para sólo citar un caso- que verdaderamente es posible bajar la inflación, si todos los interesados suscriben en noviembre próximo el Pacto Social. En segundo término, Samper cree en una mayor intervención del Estado, tanto en la economía como en otros aspectos de la vida nacional. Lo que ha ocurrido con las medidas para aumentar la devaluación del peso, demuestra que el Presidente piensa que el mercado también responde a las decisiones administrativas.

No obstante, también ha habido evoluciones notorias. "Quizás el cambio más radical, es la actitud ante la inversión extranjera", reconoce Samper. "Hace 20 años no me gustaba. Hoy pienso que no es posible desarrollar verdaderamente al país, sin inversión extranjera y que hay que salir a buscarla".

De manera similar, en el terreno del orden público, el actual Presidente ha resultado más duro de lo que se preveía, una circunstancia que según Cepeda, ocurre por lo general con los mandatarios en Colombia. "Cuando se es candidato se tiende a ser más blando. Después las cosas son a otro precio", anota.

¿Son entonces grandes las diferencias entre Gaviria, el neoliberal, y Samper, el del modelo de desarrollo alternativo? El actual Presidente afirma que "hay dos escuelas, con coincidencias de fondo". Otros, como Cepeda, creen que estas son más de matices y responden a las circunstancias del país.

Sea como fuere, la verdad es que Samper ha logrado cambiar, siendo el mismo de antes en muchas cosas. Así parece cuando se lee que "la administración actual es plenamente consciente de que bajo ninguna circunstancia el fin de su política está supeditada exclusivamente a la meta del crecimiento, de ahí que proponga al país un alcance de mayor proyección. Esperamos que este enunciado se mantenga incólume y podamos, al evaluar el desarrollo de la estrategia, registrar con satisfacción que nuestra población ha podido experimentar alguna mejoría en su diario y angustioso vivir". Ojalá que tales palabras, escritas en marzo de 1979, tengan por fin su concreción antes de agosto de 1998.

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