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| 12/8/2003 12:00:00 AM

Un milagro navideño

Este año la tradicional feria decembrina de Artesanías de Colombia busca que sus productos se pongan de moda en el mundo entero.

Un milagro navideño Un milagro navideño
"Ahora a mi trabajo se lo puso en otro sitio, uno donde la gente de cualquier parte del mundo lo aprecia más", dijo Miguel de la Cruz, artesano nariñense que descubrió la manera de convertir los ancestrales paisajitos de madera y tamo de cebada en una nueva expresión, más abstracta y quizá más universal. Hoy, con los mismos materiales de su tierra se inventó la forma de mostrar su paisaje, esa colcha de retazos de todos los verdes, en vasijas, cestas, figuras campesinas. Su arte, que siempre fue admirable, saltó un milenio, sin perder lo autóctono, lo propio.

Lo que dijo Miguel, "darle otro sitio" al trabajo de los artesanos es de lo que se trata sobre todo Expoartesanías 2003, la feria favorita que los colombianos esperan cada diciembre como un milagroso regalo de Navidad. Porque no es más que un milagro que, cuando Colombia arde de guerra por los cuatro costados, cientos de artesanos -este año, 828, para ser exactos- lleguen, como hormigas laboriosas, a montar sus stands en Corferias, en el centro de Bogotá, y que esos stands, cada año sean más bellos y sofisticados.

Esta feria consolida y dispara el trabajo que en los últimos años ha venido haciendo por todo el país Artesanías de Colombia para poner a conversar al diseño con la artesanía. Con el mundo y la sofisticación del primero y la sabiduría y el sentido artístico de la segunda, se busca hacer la pareja perfecta, que se pueda lucir en cualquier casa del planeta. Un mercado sin límites, cientos de miles de colombianos, aun los más pobres o marginados, ganándose la vida a punta de creatividad y paciencia.

"La feria muestra una alternativa de desarrollo que le da poder a las comunidades y ofrece igualdad de oportunidades a los artesanos", dice Cecilia Duque, gerente de Artesanías de Colombia.

Este año la feria tiene un foco especial: meter la artesanía en la moda. Que haga parte del vestuario de los bogotanos, de las joyas de los neoyorquinos, de las salas de los londinenses. Por eso este diciembre Expoartesanías estrena pasarela. Es un proyecto que armó la empresa estatal junto con Inexmoda y la Oficina de la Primera Dama, que llevó a los diseñadores de moda María Luisa Ortiz, Olga Piedrahita, Lina Cantillo, Francesca Miranda, Juan Pablo Martínez a todo el territorio nacional a encontrarse con artesanos, para renovar su espíritu y compartir sus ideas. Ortiz les sugirió a los sombrereros de Sandoná, Nariño (7.000 tejedores en 11 municipios) que les cambiaran el color y les agrandaran las copas a sus sombreros; ellos ensayaron y les gustó. Los wayúu le mostraron a Miranda sus mochilas y malokas redondas, que siguen el hilo de la vida, y ella le introdujo a su colección faldas con las rancherías guajiras pintadas alrededor.

Poner la artesanía en la órbita de la moda también implica montar empresa, crear imagen corporativa, vender calidad y hacerlo notar. Nada de esto sería posible si no hay una comprensión más de fondo acerca de cómo crear una colección que sea coherentemente colombiana en los materiales, el diseño, los colores, la expresión, la identidad. De eso se trata el proyecto de Casa Colombiana este año, 40 diseñadores trabajando 12 meses en los laboratorios de diseño de Artesanías, inspirados en las hojas del trópico. En cierta forma, el concurso nacional de diseño volcado a la artesanía, esta vez con el tema de "espacios para la relajación: la habitación y el baño", también busca lo mismo: descubrir lo propio para trascender afuera.

La feria esta vez tiene otra particularidad: empresas, como Telecom, entre otras, con estantes de fique y madera porque quieren que sus marcas se asocien con los valores de la artesanía colombiana de hoy: la calidad, el respeto por el ambiente, la fuerza de la mujer, la paz.

"Yo trabajo con la arcilla, porque me gusta que la gente viva el barro, esa gente que viene a esta feria que está llena de sensibilidad", dice Omaira Vélez, una escultora-artesana que trabaja con su compañero y socio Enio del Río en el barrio colonial bogotano de La Candelaria.

Venir a la feria para vivir el barro, y a la vez maravillarse con las vajillas de Omaira. Venir a vivir lo entrañable para mostrarlo orgullosos al mundo.



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