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| 9/14/1998 12:00:00 AM

UNA CUPULA TODO TERRENO

Con un alto mando de lujo las Fuerzas Militares entran a manejar la peor crisis de su historia.

UNA CUPULA TODO TERRENO UNA CUPULA TODO TERRENO
En la mañana del pasado domingo 10 de agosto el presidente Andrés Pastrana decidió realizar una tarea que había planeado para el día siguiente: el relevo total de la línea de mando de las Fuerzas Militares. Muy temprano el jefe del Estado hizo llamar a la Casa de Nariño a su ministro de Defensa, Rodrigo Lloreda, con quien acordó una estrategia para hablar con los generales del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea que iban a ser ascendidos y con los que debían pasar al retiro. La primera decisión que adoptaron fue la de ratificar en su cargo al director de la Policía, general Rosso José Serrano. El Presidente y su Ministro de Defensa concluyeron que la labor del alto oficial ha sido eficaz tanto en la persecución de la delincuencia como en el desarrollo de la depuración iniciada en 1998. La Policía, al decir de los dos, Pastrana y Lloreda, está funcionando bien con Serrano como director y por esa razón no había necesidad de relevarlo.Así, después de una hora de análisis sobre lo que el nuevo gobierno quiere hacer en materia de paz y de orden público, Lloreda se encargó de comunicarles a los generales Mario Hugo Galán, Norberto Adrada Córdoba y Fabio Zapata y al almirante Edgar Romero que la cúpula militar iba a ser renovada en su totalidad y que por lo tanto era inevitable que dejaran sus cargos. Pastrana habló personalmente con el general Manuel José Bonett para informarle su determinación. Mientras esto ocurría, los generales Fernando Tapias, Rafael Hernández, Jorge Enrique Mora, Manuel José Sandoval y Rosso José Serrano, y el vicealmirante Sergio García, fueron citados a la Casa de Nariño con intervalos de media hora cada uno. La intención del Presidente era que los generales no se encontraran al mismo tiempo en los pasillos del palacio presidencial. Pastrana y Lloreda fueron cordiales pero directos en su charla con los generales. Primero se refirieron a la paz. El jefe del Estado les dijo a cada uno de los oficiales que la decisión de su gobierno era la de buscar los caminos necesarios para negociar con la guerrilla y que el primero de ellos era el despeje de una zona del sur del país para facilitar los acercamientos. El mandatario agregó que las políticas de paz iban a ser manejadas directamente por él. El segundo tema fue el de la guerra. En tono seguro, Pastrana les dijo a los militares que era indispensable que recobraran el control del orden público, porque a su juicio las FF.MM. están perdiendo espacio frente a la subversión. El Presidente se refirió a los últimos reveses del Ejército y dijo que era indispensable adoptar mecanismos para evitar más descalabros como los ocurridos en los últimos tres años. Finalmente, Pastrana y su Ministro de Defensa instaron a los generales a intensificar las políticas sobre protección de los derechos humanos. Al término del diálogo los nuevos comandantes, sin excepción, se comprometieron con el jefe del Estado a cumplir sus órdenes en materia de paz y a reorganizarse para la guerra. Uno de ellos, el director de la Policía, le dijo al Presidente que "la paz es algo que nos conviene a todos por la alta cuota de sangre que ponen quienes intervienen en el conflicto. Presidente, esta es la última oportunidad, sino nos vamos a terminar matando todos". Sin cuestionamientos
Tras su elección como presidente de la República, Andrés Pastrana tenía ante sí dos enormes retos: escoger a la persona indicada para superar la actual crisis económica y seleccionar a los mejores hombres de las Fuerzas Armadas para enfrentar los resonantes triunfos de la guerrilla. En ambos casos puede decirse que Pastrana salió airoso. Nadie discute los amplios conocimientos y la experiencia de Juan Camilo Restrepo al frente de la cartera de Hacienda. Por el lado de los militares, Pastrana y Lloreda lograron confeccionar una línea de mando que está abierta a hacer la paz, pero que también está capacitada para hacer la guerra. Con la designación de Tapias en el comando general de las FF.MM., de Hernández en el estado mayor conjunto, de Mora en el comando del Ejército, de Serrano en la Policía, y de Sandoval y García en la Fuerza Aérea y la Armada, respectivamente, el nuevo gobierno hizo una tacada a tres bandas en la que a todas luces le fue bien. De entrada, con la nueva cúpula castrense queda despejado un punto crítico de las relaciones de Colombia con Estados Unidos. En los últimos cuatro años varios generales del Ejército fueron señalados por autoridades estadounidenses de tener presuntos nexos con el narcotráfico y de violar los derechos humanos. En esta línea de mando ninguno de sus integrantes ha sido objeto de reparos por Washington y, por el contrario, como no ocurría hace mucho tiempo, el general Tapias es considerado como un oficial del Ejército que goza de la amistad del zar antidrogas de Estados Unidos, Barr McCaffrey. Recientemente, durante una conferencia en la capital norteamericana sobre Colombia, un periodista le preguntó al general Charles Wilhelm, jefe del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos, que en su concepto quién sería el general Serrano que necesitaban las FF.MM. colombianas. El oficial estadounidense no dudó en responder que ese hombre era el general Tapias Stahelin. En Estados Unidos están convencidos de que el nuevo comandante de las Fuerzas Militares pondrá en marcha un vigoroso proceso de cambio en el Ejército. En el frente interno, Pastrana resolvió dos problemas claves para el funcionamiento de la fuerza pública: de un lado, a partir de ahora queda atrás la polarización interna que afectó a las Fuerzas Militares durante la crisis política del gobierno de Ernesto Samper. Para nadie es un secreto que el Ejército en particular se dividió entre quienes apoyaban o estaban en contra del Presidente. Tanto que hasta llegó a hablarse de ruido de sables y de golpe de Estado. De otro lado, termina una larga etapa de conflictos soterrados entre el Ejército y la Policía. Los celos institucionales y las rencillas privadas entre generales de una y otra fuerza dieron al traste muchas veces con la posibilidad de propinar golpes certeros a la delincuencia. Este aspecto parece haber quedado subsanado con la llegada de Tapias, quien fue compañero de curso con el general Serrano y quienes a la vez tienen una estrecha amistad.
¿Quiénes son?
Con respecto a la paz y a la guerra, quienes conocen a Tapias, Hernández, Mora, Serrano, Sandoval y García dijeron a SEMANA que en ellos el presidente Pastrana tiene una cúpula todo terreno, es decir, que igual le puede jalar a la paz o a la guerra. A la paz, porque los nuevos comandantes de las Fuerzas Militares y del Ejército pertenecen a una nueva generación de oficiales con capacidad autocrítica, mentalidad amplia y afanes de renovación. Los generales Tapias y Mora no son pantalleros y por esa razón es previsible que sus opiniones sobre el eventual proceso de paz no sean ventiladas ante los medios de comunicación. La nueva línea de mando castrense sabe que la paz es una de las soluciones más viables para el conflicto que vive el país y es claro que si se dan pasos seguros en esa dirección desde sus cargos no intentarán torpedear el proceso. "La paz hay que hacerla, pero hay que prepararse para la guerra", dijo a SEMANA un alto oficial del Ejército que siguió de cerca el proceso de renovación de la cúpula. Y para la guerra porque los nuevos generales han sido formados en los campos de batalla. No se trata para nada de generales de escritorio. Tapias es un hombre con una amplia formación académica que es además experto en operaciones de inteligencia. Hernández es un tropero de tiempo completo que tiene gran ascendencia sobre sus subalternos. Mora conoce en detalle las zonas más críticas de orden público y es considerado un buen estratega. Es un oficial místico y modesto. El despeje de cinco municipios anunciado por el presidente Pastrana como requisito de la guerrilla para sentarse a negociar, va a ser la primera prueba de fuego de la nueva cúpula militar. Ahí es donde se va a medir la capacidad de aguante de los generales. Adicionalmente a estos retos, la nueva línea de mando tiene otra enorme tarea por delante. El Ejército va a tener que reestructurarse en serio en medio de la guerra. Las tropas oficiales se encuentran en su peor momento de motivación y la guerrilla atraviesa su mejor momento político y militar en años. Por cuenta de sucesivas crisis, tanto políticas como de corrupción, al finalizar el siglo XX el Ejército llegó a afrontar reveses inimaginables. Desde agosto de 1996 la guerrilla ha golpeado salvajemente a las tropas y les ha causado las peores derrotas en su historia. Esto ha llevado a que los analistas afirmen sin titubeos que incluso han llegado a perderse el espíritu de lucha y la fe en la causa que movía a los militares.Esta percepción de los problemas del Ejército también parece creerla el nuevo gobierno. Por eso la exigencia del ministro Lloreda es concreta: se debe recuperar el control del orden público. Según dijo el funcionario a SEMANA, "se trabajará en dos frentes: hacia adentro para corregir errores, depurar, motivar y reorganizar. Y hacia afuera para mejorar la imagen y confiabilidad de la fuerza pública. En el campo operativo es urgente aumentar la capacidad de combate y mejorar la inteligencia militar. Para ello será necesario reasignar personal de soporte a los frentes de batalla y adquirir tecnología más sofisticada". La nueva cúpula castrense deberá adoptar nuevos procedimientos para enfrentar a una subversión que cambia rápidamente en sus modos de operar. En menos de tres años, y como consecuencia de las debilidades mostradas por los militares, los subversivos, pero especialmente las Farc, pasaron de la tradicional guerra de guerrillas a la guerra de posiciones, es decir, de la fase prerrevolucionaria a la revolucionaria. Los generales Tapias, Hernández y Mora saben que esta cúpula se juega el futuro de la guerra.En la Policía Nacional la situación es totalmente distinta. El general Rosso José Serrano y su gente fueron ratificados como una clara muestra de su respaldo a la institución. Porque como se dice en el fútbol, "equipo ganador no se cambia".Aun cuando la tarea que hay por delante es muy difícil, es claro que tanto la designación de Lloreda como ministro de Defensa, así como los nuevos nombramientos en la cúpula, fueron muy bien recibidos por los mandos medios y bajos del Ejército y las Fuerzas Militares. Nadie espera milagros a corto plazo. La situación interna del Ejército es muy difícil por estos días y la moral está más baja que nunca. Recomponer un Ejército que, aparte de recibir golpes militares, es asediado desde diversos flancos en forma implacable, será una labor dura y demandará un tiempo prudencial.

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