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| 11/21/1988 12:00:00 AM

VECINOS Y ENEMIGOS

Dos colegios de Medellín cambian la guerra de tizas por bombas y trabucos.

VECINOS Y ENEMIGOS, Sección Nación, edición 338, Nov 21 1988 VECINOS Y ENEMIGOS
Las inolvidables épocas de las guerras de tiza entre los diferentes cursos de bachillerato, han quedado atrás. Y ya no son "intercursos", sino que ahora son intercolegiadas. Esto parece ser lo que se desprende de los enfrentamientos que han protagonizado dos colegios vecinos, ubicados en el barrio Robledo de Medellín, donde la tiza ha sido remplazada por la piedra, la varilla, el palo y hasta por la bala y las bombas. Los colegios Pascual Bravo (departamental) y Liceo Antioqueño (filial de la Universidad de Antioquia), que durante más de una década se disputaron el diploma de "solidaridad combativa", están hoy enfrentados en una guerra que si bien no se puede decir que sea a muerte, sí puede llegar a tener serias consecuencias.
De hecho, durante el episodio que se registró el pasado 13 de octubre, cuando cerca de 200 estudiantes del Liceo Antioqueño se tomaron las instalaciones de su "rival" y las destruyeron, hubo un herido a bala. Y, aunque por suerte no sucedió nada más grave, la furia con que se desarrolló la "asonada" contra el Pascual Bravo sí dejó preocupados a estudiantes, profesores, directivos y padres de familia de ambas instituciones. Puertas violentadas, vidrios rotos, baños destrozados y hasta computadores hechos pedazos, formaron parte del escenario que dejaron los asaltantes.
En un acto, que para la mayoría de los estudiantes del Pascual Bravo resultó digno de algún grupo de jóvenes bajo los efectos de la droga, se intimidó brutalmente tanto a los celadores y aseadoras como a un pequeño número de estudiantes que se encontraba en ese momento en el edificio. El episodio se desató luego de que los estudiantes del Liceo Antioqueño fueron rechazados en una fiesta del Pascual Bravo. Esto ocasionó algunos empujones, uno que otro "madrazo" y una despedida amenazadora.
Pero no pasaron dos días después del primer agarrón, cuando un bus en el que viajaban los estudiantes del Pascual Bravo, que pasaba por el frente del otro colegio, fue atacado a piedra por los del Liceo. Los del bus se bajaron, respondieron el ataque y destrozaron un buen número de ventanales del Liceo Antioqueño. Tres días después se produjo el extraño asalto al Pascual Bravo. La represalia de los estudiantes del Liceo Antioqueño dejó pérdidas cercanas a los 10 millones de pesos. Aparentemente, este era el punto más dramático a que había llegado la nueva modalidad de pelea entre colegios, y la intervención de las autoridades, tanto educativas como policivas, hizo pensar que el enfrentamiento había sido superado. La militarización de la zona y las medidas tomadas por las directivas de los planteles tranquilizaron a los padres de familia y a la mayoría de los estudiantes.
Sin embargo, a la semana siguiente, en una operación típica de una organización terrorista o de algún grupo de hampones, los del Pascual Bravo esperaron que se produjera un descuido de la policía y cobraron venganza. Un número de estudiantes parecido al que había atacado a su colegio, pero armados de revólveres y trabucos, se tomaron las instalaciones del Liceo Antioqueño y las destruyeron de la misma manera que una semana antes lo habían hecho sus "enemigos". Esta vez, los daños superaron los 30 millones y la situacion causó mayor alarma entre la ciudadanía. Han sido tan inusuales estos actos, que algunas autoridades afirman que es posible que no sean estudiantes, sino elementos ajenos a las instituciones educativas, los que están protagonizando este tipo de violencia v vandalismo.
Aunque no ha sido fácil ni para las autoridades ni para las directivas de los dos planteles educativos, dar con el origen real de los acontecimientos, SEMANA se ha enterado de que existen dos hipótesis que se manejan en medio del estudiantado. La primera indica que fue orquestado por un grupo de estudiantes expulsado del Colegio Pascual Bravo, que no contó con la solidaridad de sus compañeros. Según esta hipótesis, la solidaridad si la encontraron en el otro colegio, cuyos activistas estudiantiles habrían decidido dar una reprimenda a sus colegas por "aliados de la represión oficial".
La segunda versión indica que estos dos colegios han dejado a un lado el fervor revolucionario que los caracterizó durante la década pasada, para dar paso a cierta febrilidad vandálica que pretende calcar las actitudes de las bandas y pandillas de los Estados Unidos.
De cualquier forma, los únicos que han salido perdiendo son los estudiantes que no sólo quedaron con sus aulas semidestruídas, sino que se han ganado una nueva fama: la de vándalos.

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